Zahara de los Atunes.
12.09.09 @ 21:12:23. Archivado en Análisis
Reconozco tener una cierta afinidad con los hoteles Sol Meliá que, desde luego, no nace -no nace sólo- en la coincidencia del primer nombre del Grupo hotelero mallorquín con mi primer apellido de origen leridano; tanta es la afinidad, que no me importa no ser compensado por la utilización de mi apellido -bueno si: frecuentemente con un trato especialmente amable-,… como tampoco nos importa ya a mí o a mis hijos no recibir agradecimiento alguno por tantos usos como nuestra Comunidad -antes mera provincia sólo- y nuestro Ayuntamiento dan por doquier a nuestro apellido.
Ni siquiera guardo rencor al recordar que sí hubo antes algunas aproximaciones y muchas amables palabras de ambas Instituciones cuando, durante los años 70 por ejemplo, en cada edición anual yo les obsequiaba con al menos un centenar de mis “Guías Gastronómicas Sol”, de gran utilidad entonces pues, salvo la Guía de la Cofradía de la Buena Mesa, excelente pero con otro estilo menos popular que las mías, no había otras que cumplieran la utilidad turística y cultural -cultura alimentaria- que las “Sol” tenían; tanta, que el Ministerio de Cultura las distinguió con el Premio Nacional de Gastronomía 1978.
Sin reproches ni rencores -insisto- vuelvo a la Cadena Sol Meliá, en cuyo Hotel Atlanterra pasé tres noches la semana pasada, quizás para recordar las otras tres que, hace ya demasiados años, disfruté invitado por Bodegas Lan siendo entonces Director de la misma ese gran donostiarra que es Josecho Aizpúrua, posteriormente Director del Puerto de Pasajes, en una de cuyas casas arrimadas a sus aguas, por cierto, durmió Víctor Hugo algunas noches; puede interesar su comentario acerca de los desayunos disfrutados en su habitación mediando el XIX: “Pepa, que se despierta al alba, viene hacia las diez a colocar una servilleta blanca sobre mi mesa con tapete verde; luego me trae un par de ostras arrancadas aquella misma mañana de las rocas de la bahía, una lubina frita, que es un pescado delicioso, huevos al plato, dos costillas de cordero, una crema de chocolate, peras y melocotones, una taza de muy buen café y un vaso de vino de Málaga. Además bebo sidra pues no puedo acostumbrarme al vino de pellejo de chivo”… Diríase que a las tres facetas que distingue de la obra de Víctor Hugo -política, religión y filosofía- deberíamos añadir una cuarta: gastronomía,… muy de esperar, por otro lado, en hombre de su cultura.
Vuelvo al Atlanterra: muy mejorado respecto a aquellos años referidos, y ampliado con 300 habitaciones, los multitudinarios desayunos impiden gozar esa primera comida como el entorno hotelero y natural sugiere -olvidaba decir que está en la misma playa -8 km de longitud- de Zahara de los Atunes, pero el amable y profesional tratamiento permite disfrutar aceptablemente el amplio bufé.
Otra cosa es su restaurante Mediterráneo, que no desdice el breve comentario que del mismo se hace en los ascensores y folletos de la habitación: “Un mar de sabores”. Sólo abre para las cenas, cuyos esperable placeres crecen con por la ubicación del pequeño comedor interior, probablemente poco utilizado en ese clima, que se abre en un tranquilo porche asomado a un amplio y muy atractivo jardín con sólo 6 u 8 mesas colocadas sobre verdísimo césped y bajo discreta y confortable iluminación. No sería difícil calificar allí de excepcionales unas meras sardinas a la plancha,… pero el Director del hotel -Tomás Ruiz- y el Jefe de cocina -Jorge Acerero- decidieron proporcionar percepciones gastronómicas de muy alto nivel, basadas en la tradición pero elaboradas y emplatadas con una vistosa y agradable modernidad. Mi mujer, nuestro hijo Alejandro y yo, cenamos: Gazpacho con guarnición, Ensalada de queso de cabra y membrillo con vinagreta de miel y sidra, Tartar de atún con dados de aguacate y mayonesa de guasawi, Brocheta de pargo y verdura sobre espejo de piquillo, Lomo de atún rojo al grill con ensalada de canónigos y brotes de limón, y Calamar de potera a la plancha con picada de ajillo; para postre, un delicioso Pastel de chocolate negro con manzana asada al caramelo y crema de azafrán. El vino recomendado, un verdadero acierto para tal cena: un Creu de Lavit con el magnífico carácter que imprime haber sido elaborado al 100% con uva Xarel-lo, la mitad de cuyo mosto fue fermentado en la misma barrica donde permaneció guardado tres meses. Difícil comentar las satisfacciones proporcionadas por ese conjunto percibido con los cinco sentidos que, además del suculento menú -¡ah!, y tres infusiones- incluía luna llena, una amable brisa ligera y permanente, y el rumor de las olas que rompían a 100 m sólo con diferentes sonidos y ritmo encantadoramente monótono… No recuerdo el importe exacto del ágape, pues Atlanterra me hizo una Fra. Global de las dos habitaciones, y varios extras -esta cena entre los mismos-, pero sí recuerdo que los tres manifestamos gran sorpresa al ver la “nota”: me parece que no llegó a los 110 Euros. Víctor Hugo hubiera quedado tan encantado como nosotros.
A ver si pronto puedo escribir acerca de las ruinas romanas de Baelo Claudia, próximas, y sobre un magnífico almuerzo disfrutado en el restaurante Almadraba situado en el mismísimo corazón de Zahara de los Atunes.
Comentarios:
Verdaderamente, el restaurante del Hotel Sol Meliá merece una visita. Por lo que cuentas, tienen buena cocina y a un precio que me ha dejado pasmada... Haber en qué sitio de Madrid comes esos manjares con un coste similar.
A la espera de que nos cuentes tu visita a las ruinas romanas de Baelo Claudia y ese almuerzo en el restaurante Almadraba.
Un fuerte abrazo,
Raquel
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Gonzalo Sol
autor
Contacto


