Magnífica uva pero mala vendimia.
24.08.09 @ 20:17:05. Archivado en Vinos, Análisis
Con todas las irregularidades meteorológicas que el año ha aportado, más el implacable sol de los últimos meses proporcionando una maduración completa a las uvas, parece que nuestras vides podrán regalarnos de nuevo este año unos vinos excelentes. Pero la crisis pasará factura -la está pasando ya- tanto a viticultores como a bodegueros: ¡mala vendimia!.
Los primeros escucharon bien en marzo y abril aquello de que mencionar una supuesta crisis era signo de mal patriotismo y, como sabido es que nadie es más patriota de su tierra que el campesino agricultor a ella pegado -de ahí los nacionalismos catalán, andaluz, mallorquín, vasco, manchego, valenciano, extremeño, madrileño, riojano, murciano, castellanoleones, canario o gallego, cada uno con su viñedo como bandera-, no hubo viticultor que decidiera entonces hacer posibles recortes en su producción, con vendimias en verde, por ejemplo.
Los segundos, pegados también a sus tierras, y aunque quizás menos crédulos respecto a la solidez de nuestra economía divulgada por el gobierno, con el objeto de procurar obviar las dificultades que pese a todo preveían a corto plazo, no tuvieron más solución que intentar mejorar sus volúmenes de ventas con el fin de no incrementar peligrosamente las existencias que ya venían aumentado inconvenientemente desde bastantes meses atrás, disminuyendo al tiempo sus ingresos; harto complicado el intento:
En el mercado interior resultaron más que nunca evidentes varias importantes dificultades: en primer lugar, el desprestigio que nuestro vino -el concepto global del vino- ha alcanzado pese a la excelente labor del Ministerio, las diferentes Consejerías y los Consejos Reguladores que corresponden, y como consecuencia de -“gracias a”- viejos permanentes ataques de otros,… como hacen evidente los 22 litros capita/año que bebemos -contra más de 50 Francia e Italia- con una desanimada demanda muy difícilmente estimulable-; en segundo, el excesivo número de marcas y etiquetas -a veces más de, 80 ó 100- que ofrecen los catálogos que manejan los equipos de venta; finamente, y salvo excepciones, la escasa formación profesional, la frecuentemente desanimada dedicación y la falta de eficacia que sus vendedores suelen mostrar ante posibles clientes, poco asequibles además, por cierto, al sentirse -al estar- acosados por más de 1.000 bodegas que le ofrecen 4.000 etiquetas diferentes.
En los mercados exteriores, parece que al sector le va mejor, pues nuestros vinos son grandes vinos en cualquier nivel de calidad, con mejor precio que los europeos y, muchos de ellos, también más competitivos que los elaborados en los países vitivinícolas llamados emergentes aunque hace años dejaron de serlo.
Todo lo anterior, para concluir que, por desgracia, se espera una vendimia caliente entre bodegueros y agricultores, cuya dureza parece estar alentada por medios de comunicación con aparente intención de proteger o ayudar a quien cada cual considera quien -bodega, agricultor o sindicato- es el débil a defender.
La poli -en este caso la ciudad del vino- es el entorno social y económico en el que conviven -y no tienen más remedio que convivir- bodegueros y agricultores. Unos no tienen más remedio que comprender -recordar, pues lo tienen a su lado y lo ven a diario- el esfuerzo y las dificultades que los agricultores han experimentado día a día desde la vendimia de 2008 trabajando su negocio,… el viñedo; los otros, deben comprender que si una sola bodega cierra tras pérdidas causadas por compras con precios o en volúmenes inadecuados, en la vendimia de 2010 la demanda caerá sin la menor oportunidad de discutir ni precios ni volúmenes.
Frases reproducidas en los medios como “Que no nos tomen el pelo”, por parte de agricultores,… o “Pues compraremos en otras comarcas”, que se comenta haber sido dicha por algún bodeguero, no conducen a la solución que viñedo y vino merecen y necesitan. Ambos sectores sólo tienen una solución: inspirarse en los añorados Pactos de la Moncloa, invita a terceros desligados del problema pero conocedores del mismo y de ambos sectores, y sentarse a buscar juntos las soluciones; sin discutir ni menospreciar.
Bloquear precios y volúmenes unilateralmente, o bloquear las entradas de bodegas para impedir otras recepciones, no sólo no solucionará nada sino que lo empeorará todo. Según se puede deducir de los medios, parece que las primeras discordias han surgido en el Penedés, tierra del cava por antonomasia, glorioso vino que, por antonomasia también,
nació para brindar, desear y celebrar… Brindo pues, deseo y celebro, para que se lleguen a acuerdos en los que nadie menosprecie los problemas del otro, poniendo en riesgo su futuro propio y el del otro; será la única manera de poder seguir capeando la crisis,… que sin duda alcanzará también a la vendimia del 2010.
Comentarios:
La jugada de la vendimia ha comenzado con esos desabatares "producto de la naturaleza y las circunstancias económicas del país". Esperemos que los contrincantes -bodegueros y agricultores- sepan conducir la partida y lleguen a buen puerto en sus negociaciones. Un brindis por ello.
Besos,
Raquel
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Gonzalo Sol
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