En las poblaciones claramente turísticas, los restaurantes caen fácilmente en una cocina más o menos despersonalizada, supuestamente internacional, con el fin de intentar evitar el rechazo que el turista puede tener respecto a despensa y recetas locales, distintas a las de la cultura de esos visitantes.
Antes de una breve estancia en Palermo -por suerte, la segunda en este año-, y con el objeto de asegurarme despensa y recetas del profundo arraigo local que siempre busco en mis viajes, llamé al Dottore Elio Marzullo, Consejero Delegado de la Asociación de Vinos de Sicilia -Assovini Sicilia-, a quien había conocido en marzo pasado durante un viaje realizado para visitar bodegas de esa hermosa isla, y le pedí recomendaciones para disfrutar de una cocina, no sólo siciliana sino incluso con fuerte carácter palermitano. Elio, amable y eficaz, me recomendó enfáticamente Bellotero, en la Vía Giorgio Castrioto nº 3. Llamé para reservar mesa (+ 39 091 582 158); éramos ocho (Ramón Tamames -padre e hijo-, Felipe Debasa y yo mismo, con nuestras respectivas-, pedí que tuvieran preparadas sus entradas de la mejor cocina popular lugareña, y anuncié que encargaríamos los segundos a la vista de la carta y de acuerdo a las sugerencias que ya allí nos hicieran.
Bellotero, situado en un bonito barrio residencial a apenas 1 km del puerto, es pequeño -unas 10 ó 12 mesas-, es sencillo y equilibrado, entrañable, y agradablemente decorado con pinturas de autores amigos que allí exponen rotativamente y venden su obra.
La entradas consistieron en una “Caponata barroca” realmente extraordinaria; se trata de un sabrosísimo guiso de pescadores en el que la berenjena es el principal protagonista; ligeramente agridulce -vinagre de vino blanco y miel-, es calificada de “barroca” cuando los hombre de la mar quieren señalar el plato con un carácter festivo, lo que hacen mediante una elaboración más cuidada y… con un leve matiz de cacao y canela que, costosos, indicaban un cierto lujo. Además, unas Sardele -como nuestras xoubas- levemente cocidas, y fritas luego, servidas con una gota de miel cada una, y cubiertas con una pizca de queso rallado. Finalmente, una “M’pannara de pesce”, que es un “pastel” prensado, quizás como una empanada ligera, hecho con pez espada, apio, aceitunas, queso caciocavallo, perejil y algo de menta. Sabrosísimos todos.
Como plato principal, unos pidieron una Fritura de calamar con pwqueñas gambas, cigales, hortalizas doradas y aceite balsámico caramelizado, otros unos deliciosos Espaguetis con trocitos de cherna y erizos, y ralladura de limón; yo disfruté con una extraordinaria Pasta “di Renato” -… creo que el cocinero que diseñó la receta- a la escollera, que en el plato estaba representada por deliciosos mejillones enanos, pequeñas gambas, pulpitos, salsa de tomate y un breve toque de queso caciocavallo; el postre, exquisito también, estaba hecho con nata fresca, chocolate caliente y turrón.
El magnífico menú, servido con muy amable atención -Emanuel Ferrara, propietario; Lorenzo, "il cuoco"; Mauricio, el camarero-, en un trabajo llevado a cabo con orgullo por lo propio, y con excelentes vinos también sicilianos, salió a 37 € por persona.
Bebimos un “Vigna di Garbi” elaborado por la Bodega Donnafugata, propiedad de la familia Rallo desde hace cinco generaciones -me pregunto: ¿la misma familla que elabora en California?-. Tienen viñedos en el extremo Oeste de Sicilia -comarca de Marsala- y en la preciosa isla de Pantelería, situada entre Sicilia y Túnez. El Vigna Garbi está elaborado exclusivamente con la variedad Ansonica, autóctona de Sicilia, para mí la mejor blanca de la isla, aunque cerca de la Inzolía y la Grillo; tiene un bonito color amarillo limón, es fresco y de sorprendente personalidad, muy frutoso y floral, tímidamente ácido; su notable estructura hace que en la boca sea una amable caricia.
El tinto fue un 100% Nero d’Avola ecológico de la Hacienda Monasterio de Santa Anastasia, situada una hermosa zona arbolada y verde del macizo central de la isla; la Nero d’Avola es una variedad tinta de muy difícil elaboración que, cuando se consigue, proporciona vinos de muy bonito color, exultantemente afrutados, con gran carácter y sorprendente expresión; muy buenos.
Una vez más pude aplaudir in situ la admirable actitud de todo el sector vitivinícola siciliano, que lleva ya unos años marginando poco a poco las variedades foráneas impuestas por modas internacionales, y fomentando en cambio, con gran ilusión y fuerza, las muchas autóctonas que tienen; y ello con la esperanza de que no tarde en llegar a ser reconocido el enorme valor sensorial de vinos diferentes, marcados con las diferentes personalidades que proporcionan las variedades autóctonas y sus diferentes lugares de origen. Lo comentaba en marzo pasado con enólogos sicilianos: parece esperable -y deseable- que, a mediano plazo, sus vinos sean más apreciados que los hoy en día elaborados por todo el mundo con las mismas variedades; cierto es que una Merlot cultivada en El Bierzo, por ejemplo, proporciona vinos distintos al de la Merlot cultivada en Burdeos o Nueva Zelanda, pero los vinos de la Mencía de El Bierzo, o de la Godello gallega o de la Verdejo castellana, la Xarel-lo catalana, o la Monastrell de nuestro Mediterráneo, podrán competir mejor en los mercados internacionales, por ser grandes vinos y, sobre todo, vinos diferentes
Parece obvio obvia mi opinión de que en el mayor placer de la mesa reside lo que sugiere el título de mi programa en Radio Intereconomía; “Comer, charlar y beber”. En la mesa de Bellotero, comimos suculentamente bien, bebimos dos excelentes vinos “muy diferentes”, y charlamos animadamente sobre esas opiniones -sé que discutibles y que probablemente erradas- que hace meses crucé con sabios enólogos sicilianos.
Y con Ud., si le apetece, amable lector.
P.D.
Bellotero no tiene nada que ver con nuetras bellotas; se trata del apellido del fundador
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Crónica estupenda. Me acabo de apuntar los datos de Bellotero. Lástima que Palermo no entre en mis viajes de rutina, pero nunca se sabe, a Gonzalo le ha tocado ir dos veces a Sicilia en poco tiempo...ah! y veo que la selección de vinos estuvo hecha a conciencia, los Rallo son gente excelente y su Donnafugata es muy bueno, aparte de que es un nombre fácil de recordar para quienes adoramos Visconti y su obra maestra "Il Gattopardo"
Martes, 14 de febrero
Gonzalo Sol
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Carlos Ferrer
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Chris Gonzalez -Mora
Antonio García Fuentes
José Pómez
Padre Fortea
José Donís Català
Paulino Toribio
José Lozano Galera