No; no me refiero a los salvadores de la patria. Primero porque ¿quiénes son o lo fueron?; segundo y sobre todo, porque parece no estar muy extendido ya el concepto ni, menos aún, el sentimiento de patria. Más: hace unas semanas, un reflexivo tertuliano opinó en cierta emisora de radio que la patria es un concepto deleznable que incita a la guerra. Yo, sin embargo, recuerdo haber leído a no pocos autores que relacionan al concepto patria con el de paternidad -como corresponde semánticamente-, así como con el de amor,… sentimiento natural en las relaciones paterno filiales.
Me refiero otros salvadores: a quienes salvan al consumidor de caer en restaurantes, a su juicio deleznables. La verdad es que no leo habitualmente los comentarios de muchos colegas invitando a visitar tal o cual Casa o a evitarla, lo que parece ser más frecuente. Prefiero la información de las Guías, que no son destructoras sino publicaciones periódicas cuyo objeto es guiar al usuario hacia dónde poder comer, charlar y beber a su gusto.
No recuerdo, ni soy capaz de imaginar, un artículo escrito en la sección de viajes de un periódico, por ejemplo, en el que el autor se explaye detallando exclusivamente -o casi exclusivamente- las circunstancia por la que tal o cual ciudad o país no deben ser visitados. Aunque cualquier parte del mundo tiene cultura y paisajes -y cocina- que merecen la pena ser conocidos, frecuentemente puede ser también cuna de culturas rechazables y de paisajes y recetas que conviene evitar. Los escritores de viajes buscan sin embargo lo bello, los positivo y lo sabroso, y nos lo cuentan invitándonos a viajar; si lo negativo fuera allí posible o frecuente, quizás lo mencionan, pero a título de una circunstancia a evitar dentro del magnífico conjunto, y no como argumento para rechazar el viaje. No es tal el tratamiento dado a los Restaurantes, que a veces parece incluso estar animado por una auténtica fruición en destacar principalmente lo malo, dentro de una aparente actitud de desear salvar al consumidor. Un amigo sicólogo me comentaba que se trata a veces de expresiones de debilidad, que se intentan camuflar detrás de una exibición de poder… que no se tiene
Me parece destacable que dentro de la información y crítica del hecho gastronómico no son frecuentes los rechazos a los vinos; siempre son éstos calificados con mejor o peor puntuación derivada de una cata excesivamente aislada de otras circunstancias convenientes para el placer del vino, pero no recuerdo crítica de vino alguno en la que se empiece por divulgar la fealdad de la botella, se siga con la mala calidad de la cápsula, luego la del corcho, la del inadecuado color del vino y de sus aromas después, así como finalmente, la de su precio injustificadamente caro: una concatenación de defectos que no pocas veces -a mi juicio demasiadas- se hace claramente en la crítica de restaurantes.
El gran periodista Carlos Maribona, por ejemplo -hasta hace unos meses nada menos que subdirector de ABC- empleó hace poco unas 300 palabras en el suplemento de ABC “Madrid 360” -toda una página- para destrozar cualquier esperanza de placer sensorial que pudiera intentarse conseguir en el nuevo St. James de la calle Núñez de Balboa. ¿A quién salva un artículo así?... ¿a la sociedad lectora?... Mi opinión -desde luego tan subjetiva como pueden ser las de Peñín, Capel o Maribona- es que en esto de los restaurantes la sociedad quizá prefiera ser informada acerca de dónde puede comer bien determinadas cosas y a qué precio; o sea una crítica -una información- positiva, prácticamente ausente hoy en día, incluso en lo político, lo religioso y lo social. Mostrar agresividad parece ser algo así como mostrar autoridad y fuerza que, como decía el sicólogo, realmente no siempre se posee. Tales noticias no salvan a nadie, y probablemente ponen en peligro la estabilidad laboral del personal de cocina y de comedor...
Acabo de mencionar a Peñín porque, aún cuando en su larga vida comunicando el Vino, no recuerdo haberle leído ni oído nunca destrozar un vino, una etiqueta o una bodega, tal carácter de salvador le ha llamado pues en un reciente editorial de su revista “Sibaritas” denuncia la desfachatez e inoperatividad de Francisco López Canís por haber decidido editar su “Guía Gourmetour” en tiempo bienal en vez de anual, como ha venido haciendo desde hace más de 30 años... “¿Quien puede concebir que una guía de esta especialidad califique cada dos años?” pregunta Peñín con gran autoridad y fuerza. “Su editor -continúa- ha preferido enfrascarse en proyectos más prosaicos pero mucho más rentables, como una feria de alimentación de impacto madrileño bajo el eufemismo nombre de “Salón Internacional del Gourmet”. Peñín, amable colega hasta ahora, ha decidido ser salvador.
Independientemente de que Peñín -o su colaborador- sin duda quiso escribir el adjetivo “eufemístico” en vez del sustantivo “eufemismo” que ahí no corresponde, calla sin embargo que ese “Salón de impacto madrileño” fue el primero de Europa con tan magnífico contenido gastronómico -1987-, y calla igualmente que otro Salón similar copiado algo más tarde en París, hubo de cerrar tras su segunda o trecera edición,… quizás por tener demasiado impacto parisino. Peñín no da valor -o silencia- el hecho de que en su última edición el Salón Internacional del Gourmet fue visitado por más de 70.000 personas, que expuso alrededor de 6.000 magníficos productos extranjeros y unos 40.000 españoles, y que la Comunidad de Madrid tuvo más de 20 expositores de su mejor despensa. Pero Peñín ¡por fin! ha comprendido que conviene demostrar autoridad y fuerza contra negocios claramente prósperos y decididamente beneficiosos para el sector, como es este gran evento que Paco López Canís y su socio Fernando Jover bautizaron hace casi veinticinco años con el sugerente nombre de Salón Internacional del Gourmet.
Que ese Salón Internacional era mejorable lo tuvieron presente Fernando y Paco mejorándolo acertadamente, poco a poco, cada año; ahora, ya con el hijo de éste último, Paco también, su gran acierto ha sido el traslado a IFEMA recientemente contratado. Dada la intuición y la capacidad gestora que la Institución Ferial de Madrid ha venido demostrando ampliamente desde su creación en 1991, parece que lo de llamar a ésto un prosaico proyecto de impacto madrileño no fue sino otro intento de salvar a alguien.
Y uno se pregunta ¿a quién?
Miércoles, 30 de mayo
Gonzalo Sol
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora