
Pese a su apodo claramente árabe -Cid es una palabra derivada de la voz árabe “Sidi”, que, como es sabido, quiere decir Señor- no me imaginaba yo que El Cid hubiera tenido casa o cuartel en el Al Andalus, quizás cerca de El Puerto de Santa María, como puede sugerir el hecho de que ha logrado llevar la cultura del vino desde esa cuna de Osborne hasta sus mismísimas tierras castellanas -la Casa tiene bodega en Roa, provincia de Burgos-, así como hasta la Rioja y Toledo -Osborne Malpica- y, ahora, a la comarca vitivinícola de Rueda -La Seca, provincia de Valladolid-, donde elabora este blanco refrescante y sabroso bautizado como “Señorío del Cid”,... e igualmente un noble tinto del mismo nombre que puede ser apropiado para otras oportunidades veraniegas.
Blanco y tinto (5,5 y 6 € respectivamente) están además en los niveles de precios que yo me comprometí a divulgar hace un par de meses con el fin de mostrar que los vinos de esos precios tienen calidades capaces de causar los mejores placeres de la mesa,... y que los de alto e incluso “muy alto”: hace unas semanas, compartiendo mesa con un par de enólogos y dos ilustres bodegueros en un reciente ágape, cometamos la inesperada tristeza de un muy famoso vino francés cuyo precio en el mercado -nosotros éramos meros invitados- era unas 133 veces superior al estos dos Señoríos castellanos.
Quizás tenía razón el poeta andalusí cuando de El Cid escribió: Este hombre, azote de su tiempo por su ansia de gloria, por la prudente tenacidad de su carácter y por su heroica valentía, fue uno de los milagros de Dios. Si el Cid fue un milagro de Dios, esta extensión vitivinícola lejos de los dominios que Osborne ocupa desde 1775 puede ser un milagro del Cid... O de los Osborne, más bien, con su magnífica capacidad empresarial (vaya Ud. a saber, amigo lector).
El blanco -del tinto ocuparé otro día- está elaborado con la extraordinaria Verdejo castellana, que es para mí una de las tres mejores blancas españolas, junto con la gallega Godello y la Xarel-lo catalana (la calidad y magia de los inimitables vinos jerezanos no son fruto de la Palomino sino de su elaboración), a la que ha sido añadida una pequeña proporción de Viura, que quita esa bravura verdejiana -vágaseme la libertad ligüística que los tiempos y las ministras parecen permitir- que algunos encuentran excesiva.
Su color es bello, limpio y brillante con ciertos reflejos verdosos, sus aromas son muy frutales, y en la boca muestra una ligera y refrescante acidez que, a no más de 7ºC, y en estas semanas estivales más que nunca, invita a la segunda copa.
Miércoles, 30 de mayo
Gonzalo Sol
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora