El blog de Gonzalo Sol

Una historia para no creer.

04.01.08 | 10:24. Archivado en Análisis
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En mis 35 años divulgando el hecho gastronómico, no creo que llegue a una docena las veces que he podido hacer comentarios negativos de un plato, un vino, un restaurante o un hotel; una docena, quizás, y apoyado en circunstancias claramente objetivas como, por ejemplo denunciar que la merluza de pincho era congelada y el rodaballo “salvaje” era de piscifactoría,... como en ambos casos me fue posible constatar,.. o cuando el Maestresala-Diector de un conocido restaurante, al saludar a una joven cliente embarazada le dijo,eso si, muy cariñosamente: Se divierte uno...¿verdad, Señora?.

Pienso que la mayor parte de las quejas -o de los aplausos- pueden -suelen- tener una inevitable carga de subjetividad: no es infrecuente leer, por ejemplo, que el pescado estaba demasiado hecho, que el vino carecía de expresión tánica, o que la decoración del comedor era excesivamente recargada: según la receta, a mí me gusta el pescado poco hecho o incluso crudo, naturalmente; tengo amigos que odian los vinos con taninos vivos, y uno de los restaurantes cuya decoración me resulta más fascinante -y a muchos amigos a quienes se lo he recomendado- es sin duda el Frutería del Vero de Barbastro en Huesca, realmente abigarrado de colores, de claroscuros, maderas, cientos de bellos y curiosos objetos, metales y brillos.

Traslado hoy una queja de Antonio Mingote y de su esposa, Isabel, que, con unos amigos, en cierto muy importante restaurante palentino fueron objeto de un trato imposible de creer ni de imaginar si no me hubiera llegado del propio Antonio:

Como muchos pudimos saber pues fue noticia en prensa, radio y TV, a primeros de diciembre pasado tuvo lugar una visita de los Príncipes de Asturias a Ribadesella, a la que el matrimonio Mingote fue invitado con gran protagonismo pues Antonio había decorado el Paseo de la Grúa con sus magníficos y expresivos dibujos que, llevados a azulejos, relatan la historia de la villa: una obra sorprendente que tuve el placer de contemplar en julio pasado en un viaje con Adrián Piera y nuestras respectivas.

José Antonio Martín y Alonso Martínez, viejo amigo de la Academia Española de Gastronomía, que también gozó de aquella visita, había organizado el regreso a Madrid desviándose para comer en el restaurante Arambol que lo es de la Posada de la Casa del Abad (Ampudia de Palencia). Una sugerencia acertada pues, además de tratarse de una hermosa villa, la Posada tiene la noble belleza de piedras, adobe y maderas del XVIII y ofrece una magnífica cocina asesorada por Joachim Koerper, un sabio cocinero alemán que, enamorado de nuestras despensas, hace años adoptó a España como su tierra vital.

Varios días antes, José Antonio había reservado por Internet una mesa para seis -los Mingote y los matrimonios Rufilanchas y Martín y Alonso Martínez-, y en el camino hacia Ampudia incluso llamaron para ratificarla: Llegaremos a eso de las 14:15, dijeron; Si, pero tengan en cuenta que cerramos a las tres, contestaron. El desvío por carreteras no conocidas les obligó a llegar más tarde de lo previsto, pero antes de las tres: exactamente a las tres menos diez. Accedieron directamente al comedor, en el que había dos mesas ocupadas y varias vacías, entre las cuales una de seis ya preparada, que dedujeron por ello ser la suya. Se sentaron y enseguida se les acercó un joven vestido de oscuro, que les espetó autoritariamente ¿¡Quien les ha dejado entrar!?.... ¿Por qué se han sentado en esa mesa?; Porque tenemos reservada una mesa para seis desde hace días y dedujimos que ésta era la nuestra, respondieron. Ya creada una cierta tensión tan inesperable como ilógica en tan importante lugar, el maestresala se dio la media vuelta y regresó al poco para entregar las Cartas que traía mientras comentaba también con tacaña amabilidad: Les advierto que aquí no se puede picar al centro ni compartir. José Antonio Martín y Alonso Martínez, que había propuesto la visita y fue organizador de la mesa, comentó a sus amigos: Me parece que a este restaurante le han quitado de Relais-Châteaux... Lo oyó el maestresala, y saltó enfadado: ¡Sí,... y también nos han quitado la estrella Michelin!... ¡Y qué pasa!, a lo que José Antonio le contestó casi en tono de broma: ¡Hombre, no nos regañe!. No gustó tal al impertinente maestresala -Alberto Polo, se llama-, y volvió a sus andadas con una amenaza no menos sorprendente: ¿Pues saben lo que les digo?:¡que no les doy de comer!; me parece recodar que Isabel y Antonio me dijeron que la frase fue repetida una segunda vez,... y con mayor énfasis.

Aquello no parecía real, por lo que, por un momento, el grupo probablemente debió creerse incorporado a uno de los imaginativos dibujos de Mingote. Pero cuando ante tal actitud, los personajes del mismo solicitaron la presencia del Director pidiendo al tiempo el Libro de Reclamaciones, la respuesta del Sr. Polo, les sacó violentamente de la que podía haber sido una de las geniales historias gráficas que Antonio nos regala cada día: ¡Ni reclamaciones ni nada; yo soy el Director y quien manda aquí soy yo. Y el Libro no se lo doy porque no sé lo que van a escribir!... ¡Manos mal que en el grupo estaba Juan José Rufilanchas, que hubiese podido solucionar de inmediato cualquier problema cardiovascular que tal desafuero podía haber causado a personas educadas y sensible como ellos!; afortunadamente, tal intervención no fue necesaria,... y los seis se fueron a comer al Mesón de Ampudia, cuyos magníficos callos a la palentina les hizo olvidar el trance,... quizás ayudados por Santa Teresa, que cierta vez dijo: Palencia... castillo de buen recato, cocina de buen yantar...

Como antes afirmé, Arambol es -¿era?- un gran restaurante y la Posada de la Casa del Abad una gran hotel; magnífico conjunto gracias a un importante y voluntarioso proyecto de los hermanos García Puertas, que son de la familia secularmente propietaria de todo aquello. Ello me permite seguir recomendando alojarse en la Posada y disfrutar de la cocina del restaurante, pues no me cabe la menor duda de que la Dirección o los propietarios ya habrán solucionado el problema enviando al Sr. Polo a una escuela de Maestresalas -el Curso de la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid puede ser oportuno-, o impidiéndole trato alguno con el público...

¡Puede que en esa oportunidad el Sr. Polo tuviera un mal día!, me sugirió alguien a quien contaba esta situación... Si fuera profesional, le contesté, se lo habría tragado; y si, además, fuera educado, habría puesto unas líneas disculpándose ante aquellos clientes a quienes echó de mala manera. Quizás lo hagan los García Puertas cuando de ésto se enteren, Y si no, Santa Teresa, que siempre ronda entre quienes la necesitamos.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Guillermo 05.03.09 | 19:23

    Casualmente he encontrado su blog. Le oía ya en RNE y muy esporádicamente en Intereconomía, lo confieso. Siempre me han interesado mucho sus comentarios salpicados de su profunda cultura. Querría insertar una opinión al respecto del incidente en el Restaurante Arambol y opinar que este tipo de personas que no saben ejercer su trabajo, deberían ser denunciados en beneficio de quienes sí lo son. Administrativamente han incumplido una normativa que todos hemos de respetar, han de respetar. Yo nunca iría a ese restaurante. Lo que sea cocinado en esas cocinas nunca podrá ser bueno con tan mala sangre caminando por ella.

  • Comentario por Alfredo 25.03.08 | 08:32

    En primer lugar quiero decir que es la primera vez que leo estos comentarios sobre gastronomía que me facilitan desde Periodista Digital del que soy asiduo lector.
    Por otro lado me es muy grato podr leer a D. Gonzalo Sol crítico gastronómico que escuchaba hace ya bastantes años en RNE.
    Respecto al comentario anterior, desgraciadamente todavía existen en nuestro País algunos establecimientos como el referenciado, donde te ponen mala cara cuando rechazas una botella de vino porque está muerto o sabe a corcho ppor poner solamente algunos ajemplos. Suelo viajar bastante por España junto a mi mujer para a la vez quese hace Turismo cultural, realizar también el gastronómico y aunque no conocía este restaurante apartir de ahora quedará borrado de mi agenda. Puede decirle que estos días estado por Galicia, en Campos de Lugo o en San Miguel de Orense hemos recibido un trato extraordinario tanto en lo personal como en lo culinario.

    Amigo Alfredo:
    Saber que ya escuchabas "Comer, Charlar y Beber" cuando Eugenio Domingo y yo lo teníamos en RNE -1977 a 1982- es un auténtico placer. ¡Gracias!.

    Mi gran amigo Eugenio falleció y en 1993 empecé a hacerlo yo solo; desde hace 5 ó 6 años en Radio Intereconomía, los sábados de 13:05 a 14:00 hs.
    En cuanto al comentario de este restaurante, creo recordar que es el 3º o 4 con crítica negativa en mis 35 años de profesión; prefiero escribir sólo sobre aquellos restuarntes, vinos y despensas que me gustan; como en las veces anteriories, en esta ocasión critico algo objetivo e injustificable.

    Un abrazo
    Gonzalo Sol

Martes, 14 de febrero

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