De las manos a la copa.
28.12.07 @ 13:53:59. Archivado en Análisis
Utilizamos a diario el “móvil”, el correo electrónico e Internet,... por citar sólo tres de los muchos artilugios de esta época en que vivimos, sin reflexionar apenas acerca de lo mucho que significan para nuestra comodidad y eficacia y, a veces también, por qué no, para mayor intensidad de nuestras percepciones y sentimientos, como el pequeño “ipod” o el televisor que cada primero de año nos mete en el Palacio de Holfburg de Viena para escuchar a su Filarmónica interpretando a Johann Strauss. Resulta evidente que nuestra evolución anatómica y fisiológica ha sido -es- un lento pero eficaz esfuerzo natural que venido desarrollándose para, precisamente, lograr esa mejor eficacia física, cerebral e intelectual que en cada etapa de la historia de la humanidad nos ha permitido alcanzar una vida más segura y más cómoda; mejor.
Pienso que los evolucionistas -he tenido la suerte de charlar largamente con Francisco J.Ayala, que tiene viñedo en Califirnia y es Premio Prestigio Rioja 1995- no me corregirán mucho si me atrevo a sugerir que, desde tal punto de vista, podría decirse que en un momento dado y mediante una explosión imaginativa de su cerebro ya avanzado, el ser humano consiguió mejorar su evolución física, creando extensiones de su propio cuerpo, como la lanza, que lo fue de sus brazos, la bicicleta, que lo ha sido de las piernas, el catalejo que mejoró la función de nuestros ojos,... o la copa, que lo es de nuestras manos.
Pretendo que tales sugerencias me sean útiles para hablar de la copa.
Tras haberlo preguntado cien veces, tengo la sensación de que tampoco reflexionamos demasiado acerca de cómo, por qué y para qué hemos llegado a tener una copa en nuestras manos. Y es que parece que no solemos recapacitar tampoco sobre el hecho de que el ser humano tardó millones de años en darse cuenta de que podía juntar sus manos para formar un cuenco con el que recoger el agua y llevársela cómodamente a la boca; antes de tal descubrimiento, tenía que inclinarse incómodamente sobre la superficie del río para acercar sus labios al agua y poder sorberla. Sorprendentemente, en el primer tercio del S.XX, aún había en el centro de Australia algunos grupos humanos que todavía bebían así: la evolución de su cerebro no les había sugerido aquella solución, primera precursora de la copa.
En etapas muy posteriores, ya inventada la copa, ésta fue simplemente un vaso más bello, sin otras connotaciones; el vaso era más barato y menos frágil, por lo que la copa fue durante siglos un adorno más en las mesas de quienes podían adquirirlas. Cuando el gran lujo y el gran artesano surgen con la Monarquía francesa, la copa mejora su cristal y se embellece con formas, colores y tallas nunca antes vistas... Se dice al respecto -y me gusta repetirlo- que las copas para el champagne adquirieron aquella su primera forma inspirándose en los pechos de la bella Marquesa de Pompadour, amante de Luis XV.
Hay quien asegura incluso que el molde para fabricarlas fue el pecho izquierdo,... más próximo al corazón, de Jeanne-Antoinette Poisson, que era su nombre de pila; nunca mejor aplicado aquello de “Si non è vero è ben trovato”. El valor de tales afirmaciones, sin duda anecdótico, marca sin embargo un importante hito en la evolución de la copa,... es decir, de nuestras manos cuenco, obsoletas ya en la Corte francesa: la copa quedó así enriquecida por un nuevo matiz relacionado con el placer; pero no con el placer estético, que ya había sido hallado con preciosos diseños, sino otro lleno de claras connotaciones sensoriales y sensuales.
El siguiente gran salto en la evolución de la copa fue aquel que buscó intentar que ésta fuera un auténtico amplificador de los caracteres sensoriales del vino... Se creía haber llegado a cénit de tal pretensión cuando una copa llamada Afnor, con fórmula del cristal, forma y tamaño perfectamente definidos (norma internacional ISO 3591-1977), fue aceptada en un congreso de Internacional de enólogos celebrado en Turquía en 1977. Desde entonces, la copa Afnor fue utilizada durante años por todos los catadores del mundo hasta que en los años 80 -no creo equivocarme-, Georg Riedel, un importante e imaginativo cristalero austriaco amante del vino y heredero del bienhacer de diez generaciones de la famosa Casa Riedel, decidió amplificar las posibilidades de la Afnor... ¡Y vaya si lo hizo!; incluso llegando a la sofisticación de diseñar copas diferentes para vinos de diferentes variedades de uva.
Yo tuve el honor de ser invitado a participar en una de las tres catas celebradas para definir cual sería la mejor copa para que los vinos Tempranillo expresaran sin límite su color, sus aromas e incluso su textura, La misma tuvo lugar en la sede de la Unión Española de Catadores, entonces presidida por José Luis González Cledera, y fue coordinada por Carlos Falcó. Al terminar la cata y una vez decidido cual de los diseños presentados por Riedel nos pareció el más apropiado para nuestra gran uva -éramos seis catadores y hubo unanimidad- sugerí improvisar una breve cata comparativa entre la Afnor, aún reina, y la que aquel día resultó ser su heredera; me parecía conveniente convencerme de que la recién elegida nos hablaba realmente mejor, como se pretendía. La prueba fue realmente sorprendente: la Afnor había quedado prácticamente muda.
En tanto que otra Cristalera,... o la misma Riedel, no diseñe otras copas -esta Casa las tiene para otros vinos tranquilos, así como para cava y champagne-, éstas son sin duda la mejor extensión que nuestro sistema evolutivo ha puesto a nuestras manos: muy bellas y comunicadoras.

Con la de cava -bellísima y parlanchina- brindo con el profundo deseo de que todos tengamos un 2008 exultante de Paz y amistad.
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Gonzalo Sol
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