El blog de Gonzalo Sol

Curnonsky (Maurice Edmond Saillant)

19.11.07 | 17:26. Archivado en Gastronomía
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Maurice Edmond Saillant -quien dijo que “La cocina es cocina cuando las cosas tienen el gusto de lo que son”- nació Angers en octubre de 1872 y murió en París en 1956, siendo ya para Francia “El Príncipe de los Gastrónomos”. Sus inicios no fueron dichosos: su madre murió a los pocos meses del parto, se dice que por una imprudencia del médico partero, y su padre le abandonó cuando sólo tenía 11 años, por lo que fue educado por su abuela, Alfonsina, no sólo culta -se dice que leyó completa a su nieto ”La Comedia humana” de Balzac- sino que era además una buena cocinera doméstica conocedora de las suculencias populares de su región, Anjou.

Cuando se hizo periodista le pidieron un seudónimo. ¿Por qué no Sky?, se preguntó, y ¿qué tal en latín, es decir “Cur non sky”? le sugirió alguien también. Además de publicar toda su vida con esa firma enseguida famosa, fue “negro” de no pocos escritores conocidos, entre los cuales Willy, la primera pareja de la escritora Colette, quien, ya separada -hastiada de que Willy le usurpara textos-, dijo de él: “Cur y yo hemos sido los dos principales colaboradores de Willy; nunca hemos trabajado juntos pero ambos hemos trabajado estúpidamente para el señor Willy”.

Terminada la Primera Gran Guerra, Curnonsky empezó a escribir sobre cocina y, en 1921, con el periodista ginebrino Marcel Rouff publicó 28 capítulos de una obra que, titulada “La Francia Gastronómica”, defendía la cocina regional y los mejores restaurantes de Francia que la practicaban. Iniciada a los pocos meses de la terminación del conflicto bélico, el objeto de la obra no fue tanto la mera divulgación de las cocinas pupilares de Francia, algo importante de por sí, cuanto recordar a los entristecidos y empobrecidos franceses que las mismas eran tan sabrosas como las de la “Alta Cocina” y mucho más asequibles, además, por ser elaboradas con la sencilla y económica despensa próxima -propia- de cada “terroir”,... lo cual era mucho más importante en las circunstancias de aquella posguerra

En 1927, un grupo de influyentes amigos líderes de opinión, admiradores de su obra y su persona, le nombró “Príncipe de los Gastrónomos” logrando un decidido apoyo de la revista “Bon gîte et bonne table” -“Gîte” es una amable casa de campo para recibir huéspedes-, en la que él colaboraba. Frecuentemente escribió al alimón con otros periodistas, intentando siempre convencer a sus lectores de la necesidad de defender las cocinas de los terruños franceses, y su porqué.

En 1930 -con 58 años, ya con un peso más que de “costaud” simplemente- fundó la “Académie des Gastronomes” -algo parecido a la “Academia Española de Gastronomía”-, entre la obra de cuyos miembros, la de Edouard de Pomiane vino a apoyar la misión de Cur; su libro “Las recetas preferidas de la “mére” Denise” muy especialmente, pues es en el fondo un tácito elogio de “la cocina de la abuela” que, quizás en recuerdo a la suya, consideraba -yo también- la mejor y más justificada de las cocinas tradicionales: si toda cocina lleva -debe llevar- amor, la cocina de la abuela es una emocionada entrega de amor -y de mendicidad de amor- a quines sabe que pronto dejarán de ser sus seres más queridos.

Arruinado al empezar la 2ª Gran Guerra, Cur se instaló en un tranquilo pequeño albergue breton -une gîte- propiedad de Mme. Mélanie Ronat, una excelente cocinera que él conocía bien; allí escribió buena parte de sus memorias. Mi querida Mélanie -le dijo en cierta oportunidad- quizás tenga problemas para pagarle las cuentas,… a lo que ella respondió con amistad y elegancia: Sin importancia, amigo mío; cuando se ha ayudado a dar prestigio a una Casa, se tiene perfecto derecho a deber una cuenta.

Al cumplir 80 años, cada uno de los 80 mejores restaurantes de París marcaron con una placa de bronce la silla en la que “El Príncipe de los Gastrónomos” y defensor de la cocina francesa solía sentarse a disfrutar. Tras su muerte en julio de 1956 fue creado ilusionadamente el “Premio “Curnonsky-Amunategui” -éste último es un crítico vascofrancés-, que cada año es otorgado a un periodista divulgador del hecho gastronómico.

Tampoco sus últimos días fueron dichosos: aparte de una notable precariedad económica que no parece tener justificación alguna, murió en Paris al caer -se asegura que “al caer”- por una ventana de su humilde casa.

Quienes en España defendimos -e intentamos aún defender- las cocinas regionales, como Curnonsky hacía, nos hemos visto desbordados por la avalancha de quienes desde hace más de quince años las silencian -no las combaten, faltaría más,... sólo las silencian-, en beneficio de una cocina magnífica muchas veces, pero globalizada,... sin patria, siempre.

Pero… ¡claro, por Dios!: España va bien, y no es hoy como era la Francia de posguerra; además, ¿existe aún la palabra patria?... Hace poco, un probo tertuliano de magnífica emisora dio su opinión de patria: “Palabra inventada por quienes quieren hacer la guerra”... ¡Que lástima ¡ ¿no?.

2 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Jeanne B. Barondeau 12.08.09 | 13:10

    por

    Maurice-Edmond Sailland avec d
    Curnonsky à la carte...

    = "Winner gourmand cookbook awards 2008"
    "the best french cuisine book in the world"

    herzliche Grüße aus München
    Ihre
    Jeanne B. Barondeau

  • Comentario por Jeanne B. Barondeau 30.04.08 | 10:29


    bitte beachten : www.curnonsky.com

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