A unos 40 km. de Villaviciosa por autovía -a 20 de Colunga- y a 14 de Ribadesella hacia el Este, el Hotel Restaurante Caravia elabora una sencilla cocina lugareña de notables calidades. Fue abierto en 1966 -entonces como hostal de dos estrellas- por Abelardo Artidiello -Tito para todos- y su esposa Dora Celorio, extraordinaria cocinera que hace unos años se fue al Cielo para explicar a los ángeles el carácter de la cocina de esta estrecha costa que se alarga entre la mar y el Sueve. Tuve la suerte de conocerles a tiempo para divulgar sus excelencias en mi Guía Gastronómica de España de 1976.
Su entorno: amplias plácidas playas -la del Arenal de Moris, a 1 km., y algo más allá La Espasa y la de la Isla-, montes -el mirador del Fito, a 10 minutos, que asoma a la mar por el Norte y a Picos de Europa por el Sur, es realmente espectacular-, además de prados, bosques, pomaradas y maizales que invitan al paseo,… y hasta un magnífico campo de golf a sólo 4 km..
Tito ejerce hoy una eficaz dirección -supervisión- paternal, y son sus hijos, con admirable profesión los cuatro, los amables responsables del todo y de las tres ofertas del que hoy es ya un amable Hotel familiar de 1 Estrella: esmerado y cómodo alojamiento, cocina asturiana, y barra-bar que es eje social del lugar y su inmediato entorno. Roberto y Carlos se encargan principalmente de los comedores, en tanto que los fogones son cosa Abelardo y Ángel, de profunda vocación ambos, que elaboran una gran cocina cuya base aprendieron de su madre, y que ellos, sin abandonar aquel carácter, han sabido evolucionar con las esperables actualizaciones que el paso del tiempo obliga: excelsos su Pote, sus Fabes con andariques, con bogavante o con jabalí, su Pulpo -pequeños sabrosos pulpos cogidos en los roqueros vecinos-, así como sus pescados elegidos en la “Rula” -Lonja- del vecino puerto de Lastres; de entre el marisco, las andaricas siguen siendo las reinas, como lo eran hace 30 años… Dora hacía una extraordinaria tarta con almendras que ella misma pelaba una a una, sin prisas, mientras sus ollas hacían chup chup; Ángel ha descubierto su don por la repostería, y hace postres tan deliciosos como sencillos,… caseros muchos de ellos.
Nos sentamos en el nuevo comedor, más amplio que el anterior, adornado con algunas tallas en madera hechas por Ángel, y con amplios ventanales que miran a los verdes próximos. No tenían jabalí, por lo que hubimos de desistir de tan suculentas fabes, y pedimos Pote, cuyo “compango” ellos logran -como su madre- que sea de sorprendente suavidad; luego salmonetes y pixín -rape-, y yo rodaballo… ¡Magnifico almuerzo!.
De la bodega -breve pero muy bien estructurada-, pedimos un gran Verdejo de muy buen precio -Fray Germán, de la D.O.Rueda-, y luego satisfacimos el capricho un inolvidable Rioja Alta Reserva 904 -ya no tan barato-, que acompañó muy bien al rodaballo y a los quesos (inmejorable el Gamoneu y espectacular el del desfiladero de los Beyos, en esta ocasión de cabra,… pues puede ser también de vaca o de oveja),… y nos llegó hasta la charla del café. La “Nota” -sin contar el Rioja Alta- fue de 114 €.
Es reconfortante ver restaurantes en los que los hijos recogen y mejoran el esforzado trabajo de los padres. ¡Enhorabuena, Tito!.
El Hotel Restaurante Caravia está en Caravia Alta. Tlf. 985 85 30 14
Sábado, 18 de febrero
Gonzalo Sol
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
Atticus-444
Juan Fernandez Krohn
Paulino Toribio
José Pómez