Ya por fin en el mismo inicio de la ruta astur que sugerí en mi post del pasado día 28, “La Comarca de Colunga. De Villaviciosa a Ribadesella (I)” que, desde el punto de vista gastronómico, evoca una acertada frase de Curnonsky: “La cocina es cocina cuando las cosas tienen el gusto de lo que son”.
“La Villa” no es sólo inicio de la ruta que hace días recorrí y ahora propongo, sino lugar con muchos atractivos además de la contemplación del mar y del río haciéndose ancha y fecunda ría. Una vez allí, conviene desentrañarlos,… por ejemplo, pidiendo información a la “Asociación de amigos del Paisaje de Villaviciosa (Cubera)”, de la que me honra ser socio desde los años 80, y que mereció el Premio Príncipe de Asturias 1991.
El nombre de Villaviciosa no está relacionado con el vicio, como algunos pensaron, sino que significa “Villa fértil”. Parece ser que en la primera mitad del siglo XV la puebla de Maliayo -su nombre original-, ya empezaba a conocerse como Villaviciosa y, poco más tarde, en las descripciones del terrible incendio que arrasó la ciudad -1484- se habla ya definitivamente de Villaviciosa; los Reyes Católicos otorgaron importantes mercedes para su reconstrucción y apoyaron la economía agrícola, pesquera y portuaria de la ciudad.
En el referido post hablé -escribí- acerca del hermoso monasterio prerrománico conocido como El Conventín de Valdediós, cuyos signos de esplendor se pueden buscar desde el S.IX, con Alfonso III El Magno, quedando consolidados cuando Alfoso XI de León y su esposa Berenguela decidieron construirlo -1200- para ofrecérselo al Císter. El convento, la comarca maliaya y su capital se vieron favorecidos por las actuaciones de Alfonso X El Sabio -fundador de la comarca de La Nava- para organizar la zona. Los monjes cistercienses lo llamaron Valle de Dios -hoy Santa María de Valdediós- por estar en valle tranquilo, abrigado y próximo a Dios. Desde ese S.XIII es por tanto eje de un indudable impulso cultural y social que permanece. Visitarlo proporciona gran placer, incluso emociones, por lo cuanto sus muros y su historia evocan.
Y si Ud., amigo lector, en vez de estos breves retazos históricos –o además de otros más enjundiosos que aquí no caben- prefiere por ejemplo conocer acerca del pescado de estas costas, en Villaviciosa puede hacer dos cosas: visitar su mercado municipal que, francamente desangelado, tiene sin embargo una de las mejores pequeñas pescaderías del Cantábrico -Pescados Cortina-, con cuyo propietario se puede charlar acerca de las hermosas piezas que ofrece, e ir a comer al Restaurante El Benditu. Ambas cosas hicimos.
Al “Benditu” se entra por su bar con amplia barra en la que se sirve una gran oferta de excelentes tapas de cocina; al fondo, el restaurante: un sencillo comedor con cuatro o cinco mesas amablemente atendidas. La cocina es cosa de un joven cocinero, Fernando Rodríguez Ochandía, cuya madre dejó en él gran vocación por el recetario vasco, que su breve Carta ofrece; nos repartimos una extraordinaria ijada de bonito que acompañamos con un vino de Bodegas Hereu de Ribas -Vino de la Tierra de las Islas Baleares-, el Negre Crianza 2002 -14 €- que, probablemente olvidado en la bodega -el deterioro de la etiqueta parecía corroborar lo que su añada sugería-, había tenido una magnífica reducción en botella: bello color de ciruela roja, aromas frutales muy evolucionados, apenas con madera –limpia y equilibrada-, y un amable paso por boca notablemente expresivo.
En un patio próximo al comedor Fernando maneja con mimo una buena parrilla en la que elabora magníficos asados.
En Villaviciosa es digno de mención el Hotel Casa España, instalado en un hermoso edificio llamado La Casa del Arcediano; y lo menciono, no sólo por su calidad como hotel, que la tiene, sino también porque desde finales del XVIII a finales del XIX fue fábrica de chocolate, industria que tuvo singular importancia en La Villa; además, está en la Plaza de Carlos I, en recuerdo a nuestro Emperador, pues estas tierras fue las primeras de España que pisó tras haber arribado -por error náutico- en el vecino puerto de Tazones cuando decidió venir de Alemania a reinar y aprender español.
Tazones -a 11 km.- es un pequeño puerto por tal razón cuajado de historia,… y cuajado también de de restaurantes -no menos de 15-, especializados todos en pescados y mariscos de la zona; en cualquiera de ellos se puede pedir el típico y suave pixín -rape- rebozado, o las sabrosa andaricas -nécoras-; en mi última visita al “Rompeolas”, las acompañé con un magnífico Rías Baixas -Vionta-, parte de cuyos beneficios comerciales son destinados a la recuperación de drogadictos (doble ¿triple? razón para apreciarlo).
Puestos a recomendar restaurantes próximos a La Villa, no debo omitir dos de la población Venta de las Ranas, a 12 km.: El Cantábrico, donde hace años comimos -también con Estrella y Adrián- unas suculentas becadas, y Los Pisones, cuya propietaria y Jefa de Cocina, Beatriz Fernández, es miembro del Club de Guisanderas de Asturias (una garantía de cocina tradicional).
El Benditu está en la Plaza del Güevu nº 29, muy cerca del Ayuntamiento.
Tlf. 985 892 796
Sábado, 18 de febrero
Gonzalo Sol
Juan Fernandez Krohn
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
Atticus-444
Paulino Toribio
José Pómez