Los hombres se han extinguido
06.11.08 @ 16:12:47. Archivado en Hoy estoy de humor
O nos hemos tornado los papeles. Yo, con estas curvas, cada día me siento más masculina. Si mis padres querían un hijo cuando se enteraron de mi formato embrión, lo han conseguido treinta y un años más tarde. Ahora, cuando quedo con mis amigas, las conversaciones me recuerdan a las burradas que decían mis compañeros (chicos) del instituto. Cuando quedo con mis amigos, me recuerdan a mis amigas de antaño, sensibles y románticos, aún idealistas. Y cuando quedo con los tíos que me gustan, me recuerdan a los amiguitos gays que nunca tuve. Los hombres, en cuanto objeto de deseo, se nos han amariconado. En cambio, los gays hoy por hoy me parece que son los únicos que tienen claro lo que quieren y van a por ello.
Es muy frecuente escuchar entre mujeres treintañeras la frase: “es que ya no nos quieren ni para follar”, típica del hombre de antes, que se quejaba de que no mojaba nunca. Es súper habitual la queja de que han salido de TU casa sin tocarte ni un pecho, dándote un par de besitos y abracitos, en plan “no, la primera noche, no”. Y luego, pese a lo que parecía prometer, ni rastro del ceniciento. Es de lo más triste comprobar la cantidad de testimonios que coinciden en señalar que el individuo en particular ha salido huyendo a la de unos meses con excusas que ya en la adolescencia nos olían a conmiseración y escondían un claro: “no me gustas lo suficiente”.
Ante lo cual: Señores, si merecemos mucho más, lo tendremos que decidir nosotras. Es nuestro problema si somos tan gilipollas de enamorarnos de tipos que aseguran no llegar a nuestro nivel. Igual es que nos habéis idealizado y nosotras tampoco somos tan perfectas como para que necesitéis alejaros a fin de evitar el constante agravio comparativo que vosotros mismos os inflingís.
Paréntesis aclarado, aún es más patético que, invariablemente, esos tipos que nos rehuyen como antes las mujeres se libraban de los puteros (y valga la comparación porque se piensan que, al ser libres, nos vamos con cualquiera), vayan volviendo de vez en cuando a reaparecer, hasta años más tarde, confesando que nunca encontraron a otra mujer igual.
Eso ya es para tirarse de los pelos. Cuando a la mujer por fin le importa un pito el sujeto porque por el camino se ha topado con una decena que muestra las mismas (lamentables) condiciones mentales, van probando a ver si hay suerte y todavía está disponible.
Es una pena cómo encontramos a la persona y desaprovechamos el momento. Y cuando tenemos el momento, no coincidimos con la persona. ¿No nos estaremos esquivando?
Lo estamos analizando. Todas, desde hace años, y la deducción es que nos tienen miedo. Miedito al rechazo, a quedar en evidencia, a no dar el (puñetero) nivel de ser perfecto en todo, miedo a acabar con el ego herido, a ser querido y tener que dar algo a cambio, miedo hasta a hacer lo más instintivo del mundo, como es el sexo, por si el juicio es demasiado duro...
Yo, la verdad, es que conociéndome, y conociendo a mis amigas, no entiendo por qué damos tanto miedo. Y he llegado a un silogismo:
Premisas:
1-Los hombres felizmente emparejados no nos tienen miedo, sino que nos alaban.
2-Los hombres que se quieren relacionar con nosotras porque no tienen pareja sí nos tienen miedo.
Conclusión: los que nos tienen miedo no son hombres, al menos de momento, porque creen que nosotras no les necesitamos como pareja y por eso no se arriesgan a intentar establecerla. No soportan sentirse prescindibles.
Creo que he realizado unas cuantas operaciones lógicas antes de llegar a la conclusión, pero la doy por válida porque la filosofía de COU la tengo un poquillo olvidada. En cualquier caso, lo que es absurdo es que a todos/as nos encante querer y ser queridos y, sin embargo, a todos/as nos resulte tan intrincado esto de relacionarnos de una forma natural y espontánea con el otro género. Mon dieu.
Elisabeth G. Iborra
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