El retorno. Desde Kerala, al sur de India.
03.10.08 @ 11:40:38. Archivado en Sobre el autor
Maravillosa esta región del sureste de India. Estoy ahora mismo la paradisíaca finca de Devalokam (www.devalokam.com), justo en el culo del mundo, rodeada de todos los árboles, de plantas ayurvédicas y de todas las especias que no podríais reconocer ni en un plato de curry, que por cierto están mejor que en mis restaurantes favoritos y me están sentando fenomenal, una prueba más de que tengo el estómago a prueba de bombas.
Esta mañana he hecho yoga con un pareo que traía loco al pobre maestro, que no sabía dónde fijar la mirada, porque con las posturitas de los assanas, el pareo subía y bajaba como un globo aerostático, que es, de hecho, lo que nos habría venido de cine para sobrevolar la zona, pues el camino no por ser de lo más pintoresco resulta más llevadero tras pegarte cuatro horas en una furgoneta cogiendo curvas y topándote hasta con elefantes de frente. Un tratamiendo de ayúrveda a cuatro manos de los que dan allá en paquetes especiales es ideal para olvidarse del traqueteo del viaje.
Hoy he comido las primeras bananas de mi vida. El resto era goma de mascar. Recién cogidas de varias palmeras diferentes, hay bananas rojizas, para vuestra información. Pero lo que más me ha sorprendido es que las piñas crecen de plantas parecidas al aloe vera pero desde el suelo (yo crecía que caían de los árboles, joder). Ah, los cocos, las naranjas, los tomates, y las papayas saben a lo que parecen, no al plástico que los envuelve en los supermercados.
Mañana me dan un masajito ayurvédico a las 7,30 de la mañana, madrugón que, como comprenderéis no me molesta en absoluto, sobre todo teniendo en cuenta que cenamos a las 19,30 y nos vamos a dormir a las 21. Con eso, y que no paro de hablar inglés, me estoy convirtiendo en una inglesa más, lo que me falta es la diplomacia que necesito para darle largas a un sudafricano alcohólico que insiste en llamarme a mi habitación a cualquier hora para que me tome una copa con él.
Y la verdad es que ni aunque me pusiera por delante todo el vino made in India me dejaría emborrachar por ese tipo. Qué decir de los hindúes. Creo que todos los guapos están en los platós de las películas de Bollywood encerrados grabando. Los que andan sueltos por estos parajes olvidados tienen bastante con recogerse la falda para no enseñar sus partes. Gracias a Buda.
Me tengo que marchar que suenan unos tambores que algo me imagino que querrán decir. Todavía no tengo descifrados los códigos de esta población taaaaan interesante. Y tan tranquila, no creo que se arruguen nunca más que por el sol, porque no alteran las expresiones de la cara ni para decirte que no. Te dicen que sí y luego hacen lo que les da la gana. Eso me lo voy a apuntar. Que lo sepáis.
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Elisabeth G. Iborra
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