
Más allá de las declas de Caldera de PProni, en las últimas semanas la secuencia de sandeces por parte de miembros del PSOE ha sido alarmante. Para mí al menos, y ello a pesar de que ideológicamente me encuentro dentro del espectro de izquierdas, y, ante la posibilidad de que gane el PP, no veo más remedio que votar a los socialistas para contrarrestar a los militantes inamovibles de derechas.
Es decir: no me quiero imaginar cómo ha determinado a un ciudadano indeciso o dubitativo la aprobación del canón digital propuesto por la dichosa SGAE cargando ci tasas todos nuestros intentos de culturizarnos por medios asequibles, a la vista de que los precios de los productos culturales son inaccesibles incluso para muchos que sí viven en pareja.
Aquí hay que tener en cuenta un dato: la mayoría de los miembros de la SGAE son progres de antaño que, al haber adquirido un estatus superior, desean conservarlo y, por tanto, se han vuelto conservadores, olvidándose al tiempo de lo que cuesta triunfar cuando eres joven y desconocido. Estos ex-modernillos son todavia el principal apoyo cultureta del PSOE, razón por la cual éste se empeña en aprobar un canon que hasta Rajoy se niega a apoyar, aprovechando que de momento está en la oposición y no tiene que enfrentarse a los empresarios de discográficas, editoriales, etc. (Me juego el cuello a que si algún día llega al Gobierno se lo montará para gravarnos sin aprobar el canon.)
También resultaron disuasorias las irresponsables declaraciones de Solbes, que, con lo serio que parece, se ha atrevido a apuntar que en realidad la subida de precios está en nuestra mente, que no es consciente del valor de euro y cuando nos cobran un kilo de kiwis a 3,55 (lo he visto hoy), dejamos un euro de propina al frutero. No por su simpatía, sino por absoluta gilipollez.
Por no hablar de la sabia recomendación de que en las fiestas comamos conejo, que es más barato. Pues no señor. En mi familia, como en todas, no somos idiotas, y nos gusta el marisco como a las propias familias de sus señorías e incluso más. Y no nos da la santa gana de comer conejo (o gato, que a los vendedores les daría más ganancias) por que lo diga un político que no va a seguir su propio consejo ni harto de vino.
Es que es muy fácil detentar el poder responsabilizando y soltando sobre la espalda de los gobernados el peso de la economía que desde el Ejecutivo no saben dirigir. Desde luego, echarle la culpa a los demás de lo que nos ocurre se nos da muy bien a todos, pero por eso escogemos a ciertos representantes que supuestamente destacan por su capacidad para resolver problemas, y no por la de escurrir el bulto
¡Y digo todo esto porque no quiero que gane el PP!
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Pues a mí ya es lo que me faltaba, escuchar al ministro Jesús Caldera diciendo que cobrar mil euros es poco pero viviendo en pareja no es lo mismo. Evidentemente, no: son 2000 euros, pero divididos para dos. o sea: 1000 euros cada uno. Si a lo que se refiere es a que sale más caro vivir solo que con pareja, estoy de acuerdo con él, porque de hecho a mí me sale más caro vivir sola que a mis padres vivir juntos y mantener a mi hermana viviendo fuera de casa, pagando dos coches y todo lo que conllevan. Yo nunca he conseguido explicarme cómo lo consiguen.
Pero en cualquier caso, ¿qué quiere decir con eso? ¿Que la solución para todos los mileuristas o inframileuristas es buscarse pareja a toda costa con tal de poder permitirse una vida digna con todos los derechos fundamentales que la Constitución supuestamente garantiza? ¿Quiere decir ahora que si no tenemos esa vivienda en condiciones que nos pertenece por derecho se debe a que no somos suficientemente avispados como para juntarnos con alguien? ¿O que el hecho de no tener un trabajo o un salario dignos no sería un problema si estuviéramos emparejados? ¿Que nuestra infelicidad e insatisfacción, en definitiva, es culpa nuestra por no casarnos?
Si quiere decir todo eso, le voy a pedir por favor que se cambie de bando y empiece a ir a las manifas del PP y la plataforma esa de la familia porque le pega mucho más que estar en un gobierno que aprueba el matrimonio homosexual y la ley de dependencia y ayudas para cada hijo, etc.
Con lo que nos ha costado conseguir, por todos los santos, llegar a aceptar que más vale solos que mal acompañados, que no es cuestión de conformarse con el primero que llegue, por cafre que sea, con tal de tener a alguien que nos mantenga o que nos cuide; que las parejas por interés (sí, siempre han sido por interés más allá de que hubiera amor o no) son un nido de infelicidades y están abocadas al divorcio o, en los casos más machistas, al asesinato de la mujer que se rebela... Con lo que ha luchado tantísima gente por concienciar a la sociedad de todo esto y viene un señor ministro hoy con sentencias tan desafortunadas. Parece que se entrenan para perder las elecciones, de verdad.
Por qué no dice el rey más a menudo el mítico ¿por qué no te callas?
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Quería informar a todos los periodistas que aún pretendan hacer algo más que quejarse por las indignas condiciones en las que desarrollamos la profesión de que mañana jueves, 13 de diciembre de 2007, a la 1 del mediodía, el decano del Col·legi de Periodistes de Catalunya, Josep Carles Rius, y Maria Eugènia Ibañez (como a representant de la Comisión de Precariedad) presentarán el documento de Tarifas Mínimas orientativas para el ejercicio de la profesión periodística en el propio CPC (Rambla de Cataluña 10). Para quienes no puedan venir, el documento se colgará en la web del colegio
El documento se dirige sobre todo a regular la situación de los freelance o colaboradores, que carecemos en España de unas tarifas estandart y de unos mínimos derechos para cobrar justamente por nuestro trabajo. La idea es que el documento sirva como referencia para los medios en los que colaboramos y que no permitamos que se nos pague por debajo de esos precios, para no reventar el mercado laboral fastidiando así no sólo a nosotros mismos sino también a aquellos compañeros que sí han conseguido ser pagados con cierta dignidad.
Si aún os atrevéis a reivindicar algo fuera de las comidas y cenas con vuestros amigos, podréis conocer el proyecto de la comisión de la precariedad para salvar nuestro oficio del desprestigio en el que ya está inmerso y llevaros las tarifas impresas para colgarlas con un imán en la nevera. Pare que no se os olvide que sois personas.
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02.12.07 @ 16:23:46. Archivado en Sobre el autor
Bárbaro el reportaje publicado por Bárbara Celis en El País Semanal titulado El Club de los comedores de basura sobre los freegan, término que viene de la suma de free (gratis) y vegan (vegetariano que no come ni siquiera productos derivados de animales, como los huevos o el queso). Aunque los freegan no son todos vegetarianos, sí que comparten esa conciencia por el planeta y los seres vivos que lo habitan. Pero van más allá porque, para evitar consumir y, por lo tanto, derrochar recursos y dinero, salen cada noche a buscar en las basuras depositadas en la puerta de los supermercados porque han descubierto que estos tiran cantidades industriales de alimentos en perfecto estado, sin caducar, sin rasguños, embalados y saludablemente comestibles.
Me ha dado profunda envidia conocer el valor de estas personas para superar el juicio social que seguro que recae sobre ellas cuando los transeúntes se las crucen en su camino y las vean ahí, agachadas, rebuscando en los cubos. Porque no se trata de homeless o de enfermos psiquiátricos emparanoiados por encontrar en las papeleras trozos de bocatas tirados a medias, sino de personas con alta formación, buenos empleos, pisos amueblados y llenos de libros (también reciclados), bien vestidas con ropa de mercadillos benéficos... Con ello no quiero decir que los sin techo o los neuróticos no merezcan respeto a su dignidad, la diferencia es que sus motivaciones responden más a la necesidad y no a la voluntad de regirse por unos principios éticos que, incomprensiblemente dada su lógica aplastante, no son compartidos por la mayoría de la población de los países ricos.
Me fascina que haya gente capaz de ser coherente con sus convicciones morales y consiga no dejarse llevar por la corriente que nos arrastra a casi todos, por culpa, en concreto, de la presión mediática omnipresente pero imperceptible en tanto que se infiltra por todas las rendijas y va calando en nuestras mentes. De tal modo que, cuando pensamos en tomar una decisión, ésta ya está tomada de antemano y pagamos, teledirigidos, por aquello con lo que más veces nos han bombardeado el cerebelo en las últimas semanas. Percatarse de esa influencia subliminal tan poderosa y parar antes de sacar la tarjeta de crédito con la que nos hacemos la ilusión de que todo es posible y asequible me parece admirable y encomiable. Hago el ejercicio todas las veces que puedo, pero no son pocas las ocasiones en las que me sale el ramalazo consumidor y acabo cayendo en la vorágine de las multinacionales.
Es muy sencillo caer, tienen parches puestos en los agujeros más insospechados para que no te des cuenta de que estás entrando en sus fauces. Puedo afirmar que soy todo lo antisistema que quiera, pero mientras me gaste todos mis ingresos, e inclusive ahorrando unos euros habitualmente, estaré dentro del sistema, porque mi dinero está yendo a parar a las arcas de esas empresas y de los bancos que me lo guardan.
Si no gastara, si me atreviera a bajarme a la calle a la hora que cierran los comercios, las panaderías, las fruterías, las boutiques gourmet (tampoco soy imbécil); a ponerme ropa de anteriores temporadas y zapatos requetereparados; si redujera mis pertenencias y mis necesidades a lo básico, si me molestara en reciclar todo lo que uso y evitara malgastar o abusar de papel, electricidad, agua, gasolina, aire acondicionado, calefacción y un eterno etcétera, podría, a lo mejor, asegurar sin miedo a que me reprochen nada, que no formo parte del sistema. Sin embargo, como soy una incoherente y apenas acierto a cerrar el grifo mientras me lavo los dientes y soy incapaz de resistirme a un filete de foie para obtener el cual un pato ha sido torturado cebándolo sin compasión, lo menos cínico que puedo hacer es admitir que soy una pija y mi moral de mantequilla se da de leches con mi forma de vivir la vida. Es así de simple.
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