
Vamos a cerrar los ojos a la realidad. Imaginemos por un momento un mundo idílico en el que existen iguales oportunidades de acceso a la enseñanza y la sanidad; que no sufrimos plagas como el SIDA o que no hay prostitutas ni mujeres violadas o, sin llegar a los extremos, que se quedan embarazadas sin desearlo.
Bien, os habréis dado cuenta de que por mucho esfuerzo que hagamos, la realidad supera los mayores alardes de la imaginación, y desde luego, no todos tenemos las mismas posibilidades ni de lejos. Por eso, quienes las tenemos no deberíamos desaprovecharlas. En varios continentes de la Tierra, la ayuda de las organizaciones humanitarias es la única vía de tener cierto conocimiento sobre la propia sexualidad, los anticonceptivos y la forma de controlar que la familia crezca hasta límites en que sólo es posible la supervivencia del más fuerte.
Aquí, por suerte, tenemos la información al alcance de la mano, incluso nos satura gracias a los medios de comunicación. Sin embargo, se sigue dando un elevado índice de embarazos no deseados, inclusive entre adolescentes, de abortos practicados en condiciones de riesgo para la mujer y de personas infectadas de SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual.
¿Cuál es entonces el problema? La falta de formación, la carencia de una educación sexual desde pequeños que no haga diferencias de género, y que fomente la responsabilidad no sólo hacia la salud de uno mismo, sino de los que nos rodean. Porque una puede estar contagiada de cualquier enfermedad y no preocuparse, pero lo mínimo es protegerse con el preservativo para no extenderla a las personas con las que mantenga relaciones sexuales. E igualmente, un hombre no podrá quedarse embarazado pero debería tener en cuenta que su compañera sí y no negarse a utilizar el condón basándose en la egoísta creencia de que le resta sensibilidad.
Casi todos los adolescentes y jóvenes conocen los medios anticonceptivos y pueden ir al médico en cuanto comienzan su actividad sexual y pedirle consejo sobre cuál es el mejor método para su edad, organismo, etc. Sin embargo, les falta la base educativa para tener bien metido en la cabeza que a ellos también les puede tocar el SIDA o que ellas cualquier día se ven en la farmacia y el predictor da positivo y entonces hay que buscar una clínica privada porque “la niña, con lo joven que es, no está preparada para tener un bebé”.
Pues claro que no, pero si está perfectamente dotada para practicar el sexo, también ha de estarlo para prevenir consecuencias indeseables. Ese es justo el papel de los padres, aunque teniendo en cuenta cómo se ha delegado la educación en las escuelas, parece también lógico que sean éstas las que den charlas y resuelvan las dudas de los alumnos para que afronten su sexualidad y dispongan fácil y hasta gratuitamente de los métodos necesarios.
La prevención es la única vía para tener una sexualidad adulta. Porque si no se acostumbra a los jóvenes a cuidarse a sí mismos, se expondrán durante toda la vida, cada vez que tengan relaciones sexuales esporádicas o estables con alguien, a contagiarse de la plaga del milenio.
No somos inmunes, no somos invulnerables, todos vamos a morir... pero habría que intentar tardar lo máximo posible y no joderse la vida por un polvo.
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Leo en El País que más de 1.000 niños fueron secuestrados en varias provincias chinas y vendidos por 500 yuanes (unos 50 euros) para trabajar como esclavos en fábricas de ladrillos. "Algunos habían estado aislados del mundo exterior durante siete años, recibieron palizas y resultaron mutilados por intentar escapar. Los vigilantes también les quemaron las espaldas con ladrillos ardiendo", afirman algunos padres en una carta, citada por el diario.
Ante esto, saco a colación una ponencia que escribí hace ya unos años y que, desgraciadamente, sigue en plena vigencia, porque nada ha cambiado. La escribí para unos inteligentes adolescentes de instituto, pero como en este tema todos pecamos de ignorantes, creo que puede servir igualmente para concienciar de este problema mundial a muchos adultos.
Antes de nada, quiero que os planteéis una cuestión. Si vosotros hubierais nacido en España durante el franquismo o en el mismo año en que nacisteis pero en África o en la India o en Sudamérica, podrías perfectamente estar ahora trabajando en una mina, en el campo o siendo obligadas a prostituiros en lugar de estar aquí pensando en un futuro profesional mejor. Me parece importante tener esto en cuenta porque cuando uno se pone en el lugar de los débiles llega a comprenderles mejor e incluso se indigna como si la injusticia le afectara directamente a uno mismo.
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Ya no volveré a decir nunca más que no me gustan los animales simplemente por el hecho de que no quiero tenerlos encerrados en mi casa bajo una responsabilidad que no tengo ni conmigo misma.
En realidad, esto sí lo puedo decir, lo que no me gustan son esos seres que se hacen llamar humanos pero que no tienen ni la mínima sensibilidad ni el respeto por la dignidad ajena, que es lo que nos haría merecer ese calificativo. Al lado de esto una corrida de toros es casi como una tarde en un entretenido parque temático.
Si después de esto os apetece ir a merendar la agradable tarde del domingo al Kentucky Fried Chicken o a cualquiera de esas franquicias multinacionales, al menos deberíais plantearos vuestro código ético, ya que vuestra salud no parece suficiente razón.
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La impresionante región de Salta, en el norte de Argentina, es uno de esos escasos lugares donde todavía se conserva la cultura aborigen, donde los indiecitos habitan pequeños pueblos en los que lo más interesante que sucede es la llegada de un forastero, por la información que les pueda contar o trasmitir con su vestimenta, su coche o su forma de comprarles objetos autóctonos y artesanales sobre lo que ocurre más allá del horizonte formado por la Quebrada da Humahuaca, declarada Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO por el colorido que le imprimen sus minerales.
En la capital, también llamada Salta, el argentino (resultado de la mezcla de medio mundo latino con el otro medio emigrado) se ha mezclado ya bastante con el indígena oriundo, de manera que ya no sólo se ven personas bajitas con la cara grandota y ancha sentadas a la puerta de sus casas viendo el tiempo pasar, como ocurre en las achicharrantes aldeas rodeadas de cactus delgados y altos como soldados, que es lo que parecen allá en lo alto de la montaña cuando se pasa con el coche por la carretera.
En Salta, una ciudad perfectamente civilizada, ahora hay movimiento como en un avispero, sólo que las abejas vuelan a un ritmo mucho más tranquilo de lo habitual. La población tiene más flema, se toma las cosas de otra manera, ahorita significa cuando tenga un poco más de tiempo y ganas o bastante menos calor y modorra. Los lugareños mantienen la sabiduría ancestral de darle importancia a lo que verdaderamente la tiene en lugar de preocuparse por lo material.
Quizás en ese entorno se entiende mejor la hazaña de un indigente salteño que se encontró una cartera con dinero valorado en 2000 euros, aparte de cheques y varias tarjetas de crédito en una plaza de la ciudad, y no dudó en acudir corriendo a la comisaría para que se la devolvieran a su dueño, quienquiera que fuese. Éste tuvo el detalle de darle una recompensa de 72 euros.
En lugar de autojustificarse con el típico argumento pícaro, tan propio de un español como “si tiene tanta pasta en la billetera, no lo echará demasiado de menos”, el caballero, que se gana la vida vendiendo cartones y plásticos que encuentra por la calle, pensó: "La verdad es que no dudé un instante en devolverlo porque eso era algo que no era mío y si mis amigos o quienes me conocen se hubieran enterado de que me quedé con algo ajeno, me hubieran dado vuelta la cara".
O sea, el señor, prefiere seguir viviendo al lado de un monumento, junto a un grupo de perros y once gatos, que perder la dignidad y el respeto de todos sus amigos y conocidos. Para valorar su gesto, hay que tener en cuenta que con 2000 euros allí se pueden hacer virguerías durante una buena temporadita. La equivalencia aquí sería de 8000 euros, así a bote pronto.
Todo lo cual me plantea varias dudas: ¿cuántas personas de las que conozco (incluida yo misma) habríamos sido capaces de devolver un dineral hallado debajo de un banco del parque? ¿Por qué no nos molestamos ni en considerar a los indigentes siquiera como indignos, de la repulsión que nos causa mirarlos de frente? ¿Por qué no comprendemos que todos ellos son seres humanos “normales” que han caído en desgracia como podríamos caer nosotros en cualquier momento de nuestras vidas?
Hoy, además, he visto en la piscina jugando a un grupo de personas que ya habían ido otras veces. No había reparado especialmente en ellos hasta que me he topado con un colega periodista grabándoles, y le he preguntado qué tenían de especial para merecer un reportaje. “Nada, que pertenecen a una asociación de personas sin techo”. Ah, mira, pues así semidesnudos, con el bañador puesto, nadie lo diría. Un día de estos me tizno un poco la piel, me pongo unos harapos y me tiro a la calle a ver cómo me trata la gente que se jacta de “decente”. A comprobar quién tiene más dignidad.
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Hoy me limitaré a citar a mi admirado Alejandro Jodorowsky, escritor, poeta, cineasta e inventor de la psicomagia que explica en su revelador libro La danza de la realidad (Ed. Siruela). Hay un pasaje de este libro que me marcó absolutamente y que creo que todo el mundo debería leer, básicamente por casi todos tenemos problemas de autoestima, algunos por defecto otros por exceso, y la clave muchas veces está en la infancia, cuyos derechos van mucho más allá de la Declaración de los derechos del niño establecida por convención internacional. Para el que le pueda servir:
Deberías tener el derecho a ser engendrado por un padre y una madre que se amen, durante un acto sexual coronado por un mutuo orgasmo, para que tu alma y tu carne obtengan como raíz el placer. Deberías tener el derecho a no ser un accidente ni una carga, sino un individuo esperado y deseado con toda la fuerza del amor, como un fruto que ha de otorgar sentido a la pareja, convirtiéndola en familia. Deberías tener el derecho a nacer con el sexo que la naturaleza te ha dado. (Es un abuso decir "Esperábamos un hombre y fuiste mujer", o viceversa). Deberías tener el derecho a ser tomado en cuenta desde el primer mes de gestación.
En todo momento la embarazada debería aceptar que es dos organismos en vías de separación y no uno solo que se expande. De los accidentes que ocurran en el parto nadie te puede acusar. Lo que te sucede dentro de la matriz nunca es culpa tuya: por rencor a la vida, la madre no quiere parir y, a través de su inconsciente, te enrolla el cordón umbilical a través del cuello y te expulsa, incompleto, antes de tiempo. Porque no se te quiere entregar al mundo, ya que te has convertido en un tentáculo de poder, se te retiene más de nueve meses, secándose el líquido amniótico y tu piel siendo quemada; se te hace girar hasta que tus pies y no tu cabeza comienzan el deslizamiento hacia la vulva, así van al nicho los muertos, con los pies por delante; se te engorda más de la cuenta para que no puedas pasar por la vagina, siendo sustituido el alumbramiento feliz por una fría cesárea que no es parto sino extirpación de un tumor. Negándose a asumir la creación no colabora con tus esfuerzos y solicita la ayuda de un médico que te oprime el cerebro con su fórceps; porque padece una neurosis de fracaso, te hace nacer semiahogado, azulado, obligándote a representar la muerte emocional de quienes te engendraron...
Deberías tener el derecho a una profunda colaboración: la madre debe querer parir tanto como el niño o la niña quieren nacer. El esfuerzo será mutuo y bien equilibrado. Desde el momento en que este universo te produce es tu derecho tener un padre protector que esté, durante tu crecimiento, siempre presente. Así como a una planta sedienta se le da agua, cuando te interesas por alguna actividad tienes derecho a que te ofrezcan el mayor número de posibilidades para que, en el sendero que elegiste, te desarrolles. No has venido a realizar el plan personal de los adultos que te imponen metas que no son las tuyas, la principal felicidad que te otorga la vida es permitirte llegar a ti mismo.
Deberías tener el derecho a poseer un espacio donde poder aislarte para construir tu mundo imaginario, a ver lo que quieras sin que tus ojos sean limitados por morales caducas, a oír lo que desees aunque sean ideas contrarias a las de tu familia. No has venido a realizar a nadie sino a ti mismo, no has venido a ocupar el sitio de ningún muerto, mereces tener un nombre que no sea el de un familiar desaparecido antes de tu nacimiento: cuando llevas el nombre de un difunto es porque te han injertado un destino que no es el tuyo, usurpándote la esencia. Tienes pleno derecho a no ser comparado, ningún hermano o hermana vale más o vale menos que tú, el amor existe cuando se reconoce la esencial diferencia.
Deberías tener el derecho a ser excluido de toda pelea entre tus familiares, a no ser tomado como testigo en las discusiones, a no ser receptáculo de sus angustias económicas, a crecer en un ambiente de confianza y seguridad. Deberías tener el derecho a ser educado por un padre y una madre que se rigen por ideas comunes, habiendo ellos en la intimidad aplanado sus contradicciones. Si se divorciaran, deberías tener el derecho a que no te obliguen a ver a los hombres con los ojos resentidos de una madre ni a las mujeres con los ojos resentidos de un padre. Deberías tener el derecho a que no se te arranque del sitio donde tienes tus amigos, tu escuela, tus profesores predilectos.
Deberías tener el derecho a no ser criticado si eliges un camino que no estaba en los planes de tus progenitores; a amar a quien desees sin necesidad de aprobación; y, cuando te sientas capaz, a abandonar el hogar y partir a vivir tu vida; a sobrepasar a tus padres, ir más lejos que ellos, realizar lo que ellos no pudieron, vivir más años que ellos. En fin, deberías tener el derecho a elegir el momento de tu muerte sin que nadie, en contra de tu voluntad, te mantenga en vida.
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Leo anonadada que Ángel Acebes, secretario general del PP, califica a José Luis Rodríguez Zapatero de 'líder corrosivo' y de 'lastre' para el PSOE después de que haya provocado en éste una 'crisis' que 'se extiende por toda España', y que, tras las elecciones, su liderazgo 'ha comenzado a desmoronarse'. También le acusa de haber abierto distintas 'crisis' y provocado 'divisiones' en política territorial, antiterrorista, internacional y memoria histórica.
Todas estas acusaciones las hace Acebes porque el presidente del Gobierno no ha hecho lo que el PP desearía, cosa harto lógica porque Zapatero no pertenece a su partido ni, afortunadamente, tiene sus maneras y su ideología. También le lleva a hacer verter todas esas acusaciones la rabia de no aceptar que el PP no puede imponer su voluntad puesto que, por si no lo recuerdan, fue desbancado del poder en 2004. Entre otras razones por las mentiras encadenadas del propio Acebes.
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