
Aunque me joda reconocerlo, puesto que elegí vivir en Barcelona por su intensa vidilla cultural alternativa, resulta interesante contrastar la propuesta de la Comunidad de Madrid, desde su Consejería de Cultura y Deportes, para Sant Jordi, Día del Libro y del patrón de Catalunya que, paradójicamente, no se considera día festivo en esta comunidad.
Según consta en su página web, La Noche de los Libros, celebrada por segundo año consecutivo, cuenta con “un programa de más de 350 actividades que combina la esencia literaria y los contenidos culturales”. Desde las 16 horas del lunes 23 de abril hasta las 2 horas del pasado martes 24. Reunió a más de 600 escritores, músicos y artistas nacionales e internacionales, implicó “a unas 110 librerías de la región para que permanecieran abiertas, en un horario excepcional, hasta medianoche, para organizar encuentros con autores como Javier Marías, Kristin Gore, Isaac Rosa, Soledad Puértolas o Gustavo Martín Garzo, entre otros.
Todas las bibliotecas se apuntaron a programar monólogos, mesas redondas, lecturas, charlas, conciertos, conferencias y recitales de poesía. Así como El Café Gijón, el Café Central y Café Comercial acogieron tertulias literarias de autores de la talla de Ángela Vallvey, Lorenzo Silva, Martín Casariego, Ángeles Caso, Manuel Hidalgo, David Torres, Espido Freire, Carmen Posadas y Fernando Marías. El auditorio de la Consejería de Cultura y Deportes de la Comunidad de Madrid, tres debates en los que participaron: Tess Gallagher, Javier Calvo, Andrés Barba, Antonia Kerrigan, Blanca Berasátegui, J.J. Armas Marcelo, Rosa Montero, Icíar Bollaín y Lola Beccaria.
Como invitado de honor, Jostein Gaarder, autor, entre otras obras, de El mundo de Sofía, dió una conferencia magistral titulada “Alimenta tu imaginación”, y Sophie Auster ofreció un concierto, acompañada por la banda neoyorquina One Ring Zero, en la Real Casa de Correos. El Círculo de Bellas Artes acogió el encuentro del poeta y Premio Cervantes, Antonio Gamoneda, con estudiantes de secundaria y universitarios, mientras que Tess Gallagher realizó una lectura poética en la Residencia de Estudiantes. Por último, Institutos de Cultura de diversos países se unieron a La Noche de los Libros con un itinerario de encuentros y lecturas bilingües. www.madrid.org
Por su parte, según reza el programa colgado en la web de la Generalitat de Cataluña, ésta organizó un “misa oficiada por el arzobispo de Barcelona”, “una bendición de las rosas en el Palau de la Generalitat”, el cual abrió sus puertas al público con motivo de este día tan ‘catalá’; “un desayuno ofrecido por el presidente Montilla a representantes del mundo político, económico y social, en el Palau de Pedralbes”, seguido de la “audición del Carilló del Palau de la Generalitat, a cargo de la carillonista Anna Ma. Reverté”, la actividad literaria "Sant Jordi, el placer de la lectura" , en la que diversas personalidades leyeron fragmentos de obras literarias, entre ellas el presidente Montilla, que también se reunió con el Premio Nobel de Literatura José Saramago y asistió a los Premios Terenci Moix. Las bibliotecas públicas regalaron un libro titulado "Narracions de Biblioteca", obra inédita de Isabel Clara Simó.
Hubo, asimismo, sardanas en la Plaça de Sant Jaume, y “toda una serie de actividades para grandes y pequeños durante todo el día en el Palau Robert”, destacando “la emisión en directo del programa "Protagonistas", paradas de libros y rosas y el espectáculo infantil "La llegenda". Allí mismo la Secretaría de Política Lingüística tuvo una carpa con información de la campaña "El català va amb tu", que incluyó “juegos variados, un taller de coreografías al ritmo de las versiones de la canción de la campaña, etc”. En la plaza de Catalunya y durante todo el día tuvo lugar el acto festivo "El català, llengua comuna", organizado por la Plataforma per la Llengua y una veintena de entidades representantes de la immigración. Se escucharon “música y danzas africanas, danzas bolivianas, música tradicional paquistaní”; así como las actuaciones de Mònica Green, Nour y Immigrasons.
Aunque lo más importante, como cada Sant Jordi, fueron las famosas paradas de las librerías expandidas por toda la ciudad en las que los autores firmaron cuanto pudieron y se regalaron rosas hasta en los gimnasios de manera que las ventas, muy probablemente, colmaron las previsiones de los comerciantes, a saber: 20 millones de facturación en libros y ni se sabe cuánto en 5,5 millones de rosas.
¿Hace falta que opine al respecto?
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Digo miedito por no decir auténtico acojonamiento. Eso es lo que me provoca la actual coyuntura política y el futuro electoral que nos puede deparar:
Por un lado, una banda terrorista jugando con la necesidad absoluta de acabar con el conflicto y con su terrorífica (y apestosa) manía de matar a todo el que se le ponga a tiro. Y aprovechando la división entre los partidos que apuestan por resolver esa necesidad y el que se empecina en perpetuar el conflicto para sacarle rentabilidad política. No hace falta que aclare que me refiero a todos los grupos parlamentarios y al Grupo Popular, respectivamente, ¿verdad?
Ese último es otro de los elementos que me acongojan: Un Partido Popular incontrolado que no hace más que desbarrar, descalificar, desestimar decisiones y medidas que los mismos dirigentes que ahora tanto ladran aprobaron y aplaudieron mientras gobernaban. Su barriobajerismo político, su incoherencia y su falta de ética, consecuencia de su maquiavelismo, no me preocuparían si no viera que medios (que se las dan de objetivos) les sirven de portavoces con semejante o superior fariseísmo y que millones de ciudadanos de diferentes ideologías les creen como si fueran los profetas y su Biblia.
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Últimamente no paro de oír barbaridades con respecto al canon que la SGAE está imponiendo a todo producto cultural que tenga registrado en su inventario. Destaco lo de producto cultural, es decir, algo susceptible de ser vendido. Sin embargo, aunque no lo recordemos, lo cultural existe previamente a su venta, el mero acto de la creación ya da un resultado calificable como cultural, incluso es ya cultura per se. El capitalismo no puede reconocer que algo exista sin su intervención, esto es, sin que pase directamente a engrosar el mercado, pero durante siglos fue así y ahora, gracias a Internet y a los inmigrantes que trabajan en el top manta, no les quitemos mérito, volvemos a disponer de cualquier manifestación cultural totalmente por la cara. Es magnífico, porque ello nos hace, evidentemente, más cultos a todos, en la medida en que dispongamos de nuevas tecnologías. Y una ciudadanía más culta es una sociedad más libre.
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Nadie nace perfeccionado ni con superpoderes para evitar equivocarse. Todo el mundo puede cambiar de ideología, de físico, de escala de valores, de forma de vivir... Intelectuales, políticos, artistas, etc. tienden a evolucionar en sus trayectorias. Aunque algunos también involucionan.
Confesó Günter Grass en su autobiografía titulada “Pelando cebolla” su pertenencia a las SS nazis durante el final de la Segunda Guerra Mundial, después de cinco décadas ocultándola "por vergüenza". Y muchos críticos se tiraron encima del Nobel alemán alegando que Grass había pasado desde sus 17 hasta sus actuales 78 años intentando dar ejemplo de civismo y democracia, no sólo a través de toda su obra, sino incluso conminando a algunos políticos alemanes que también habían militado en las SS a reconocer su pasado públicamente mientras él guardaba silencio.
Más calmada ya en septiembre la polémica, Günter Grass afirmó: "Yo seguiré abriendo la boca cuando lo considere conveniente y no tengo nada de que retractarme de lo que he dicho en el pasado". El escritor Mario Vargas Llosa en un artículo publicado en el País, titulado Günter Grass, en la picota, se preguntaba: “¿Y sus pronunciamientos políticos y cívicos que ocupan una buena parte de su obra ensayística y periodística? Perderán algo de su pugnacidad, sin duda, sus fulminaciones contra los alemanes que no se atrevían a encararse con su propio pasado ni reconocían sus culpas en las devastaciones y horrores que produjeron Hitler y el nazismo, y se refugiaban en la amnesia y el silencio hipócrita en vez de redimirse con una genuina autocrítica. Pero, que quien estas ideas predicaba con tanta energía tuviera rabo de paja, pues él escondía también algún muerto en el armario, no significa en modo alguno que aquellas ideas fueran equivocadas ni injustas”.
Argumentación que tal vez podría aplicarse Vargas Llosa a sí mismo, puesto que, en un principio, fue de esos muchos intelectuales que apoyaron la revolución castrista, como puso de manifiesto en "Crónica de la Revolución Cubana" (1962). En este libro no dudaba en elogiar a Fidel Castro y se mostraba convencido de la tolerancia hacia la revolución en la isla caribeña. Allá integró el Comité Editorial de la Casa de las Américas hasta que en 1971 renunció, en protesta por los métodos utilizados por el régimen dictatorial. Quizás por eso Llosa se permitía defender a Grass y, en el mismo artículo, escribía: “Mi polémica con él (por Günter Grass) se debió justamente a que me pareció incoherente con su muy respetable posición en la vida política de su país que nos propusiera a los latinoamericanos "seguir el ejemplo de Cuba". Porque si el comunismo no era, a su juicio, una opción aceptable para Alemania y Europa, ¿por qué debía serlo para América Latina? Es verdad que, para muchos intelectuales europeos, América Latina era en aquellos años -lo sigue siendo para algunos retardados todavía- el mundo donde podían volcar las utopías y nostalgias revolucionarias que la realidad de sus propios países había hecho añicos, obligándolos a resignarse a la aburrida y mediocre democracia”.
Lo cierto es que los intelectuales europeos podían ser harto eruditos o incluso piadosos creyentes sin que ello garantizase necesariamente su infalibilidad. Véase el caso del Papa Pío XII o de filósofos de la talla de Heidegger. El primero, Eugenio María Giovanni Pacelli, fue apodado “El Papa de Hitler” por el escritor John Cornwell, a raíz de las investigaciones que recopila en su libro homónimo. Según manifestó el autor en la revista Veintidós, en 1999, había evidencias documentales de que: “La asombrosa antipatía de Pacelli por los judíos venía de 1917, lo cual contradice que sus omisiones fueron hechas de buena fe y que “amaba” a los judíos y respetaba su religión. Pacelli le reconoció al Tercer Reich que sus políticas antisemitas eran asuntos internos de Alemania. El Concordato entre Hitler y el Vaticano creó un clima ideal para la persecución de los judíos. Pacelli no avaló la protesta de los obispos católicos alemanes contra el antisemitismo. Pacelli intentó mitigar el efecto de las encíclicas de Pío XII al darle garantías diplomáticas privadas a Berlín, a pesar de conocer la abierta persecución de los judíos”. Por último, aseguraba Cornwell, Pacelli estaba convencido de que los judíos se habían procurado su suerte: intervenir a su favor sólo podía llevar a la Iglesia hacia alianzas con fuerzas hostiles al catolicismo”. El Vaticano, por supuesto, niega la mayor. Es más, le define como el Papa de los judíos porque, aseguran los católicos, salvo a más judíos que Oskar Schindler.
Siguiendo con los alemanes, Martín Heidegger, a pesar de ser una de las grandes eminencias de la filosofía europea, siempre se vio envuelto en la polémica (más política que filosófica) por su adhesión al Partido naconalsocialista alemán de los trabajadores (NSADAP), de la que nunca se retractó. No así su compatriota filósofo Ernst Jünger, que después de su paso por el movimiento juvenil Wandervögel, de principios hippies y nacionalistas germánicos, se quedó prendado por la guerra hasta el punto de obtener una condecoración Blaue Max al mérito militar. Entre la I Guerra mundial y la subida de Hitler al poder, Jünger “formó parte de la orbita de una compleja corriente político-cultural llamado "Konservative revolution" o revolución conservadora alemana, carazterizada por su nacionalismo radical, su rechazo al liberalismo decimonónico, a la Revolución francesa o la influencia de autores como Nietzsche”, según consta en la enciclopedia Wikipedia. Pero Jünger era demasiado elitista y antisemitista, por lo que ya en 1933 repudió el nacionalsocialismo y empezó a criticarlo, a juntarse con los intelectuales parisinos y a salvar la vida a todos los judíos que pudo. En 1944, “tras el fallido atentado contra Hitler, en el que participó, dimitió de su puesto en el ejército”. Y acabó siendo un autor prohibido en Alemania, aparte de un defensor a ultranza de las sustancia psicotrópicas como el LSD.
Con respecto a Leni Riefenstahl, autora de El Triunfo de la Voluntad o de Olimpiada, documentales que ilustran la plenitud y la grandilocuencia del totalitarismo hitleriano, no se sabe a ciencia cierta si comulgaba con las ideas a las que servía o simplemente ejercía la dirección de sus obras con arte aunque supiera que eran propaganda política. Demostrado está, en cambio, que el austriaco Kart Waldheim, ocupó durante el fascismo un elevado cargo dentro de las SS y que cometió delitos contra la Humanidad en los Balcanes durante la segunda Guerra Mundial, algo que consiguió ocultar durante años hasta el punto de que fue elegido secretario general de la ONU.
Por su propia idiosincrasia, todos los totalitarismos provocan adhesiones y animadversiones escoradas, no iba a ser menos el franquismo. La oposición al dictador llevó al comunismo a jóvenes que hoy en día se posicionan a la derecha de la derecha, como el historiador Pío Moa, que, recuerda Martín Cuneo en su artículo “La ‘izquierda’ y el pensamiento ‘neocon’”, “perteneció en su juventud a los GRAPO y al PC”, mientras que ahora escribe libros en los que trasmite ideas como “Franco dejó un país próspero y modernizado” y “La dictadura de Franco nació de una guerra provocada por las izquierdas”. Con respecto al Estatut de Cataluña, comentó que “se trata de un golpe a la Constitución, de un golpe de Estado, el reto más grande con mucho, que hayan sufrido la paz y la libertad de los españoles desde la Transición, harto más grave que el 23-F”. Semejante recorrido ideológico siguió Pilar del Castillo, desde el partido comunista hasta ser Ministra de Educación durante el gobierno del Partido Popular. Pero no fue la única de los populares que militó en Bandera Roja, órgano central del partido marxista-leninista-maoísta que defendía el derecho de autodeterminación de las nacionalidades. La acompañaban su propio marido, el diputado Guillermo Cortázar; Anna Birulés y Josep Piqué, entre otros jóvenes rebeldes de buena familia que después han renegado de sus ideas revolucionarias, como hizo el candidato a la Generalitat por el PP: "La historia nos ha demostrado con absoluta rotundidad que el comunismo nos ha dejado pobreza material, pobreza moral que raya en la indignidad y pobreza medioambiental en los sitios donde ha gobernado". "No cabe actitud más reaccionaria y retrógrada que el estatismo", observó.
Debe de estar de acuerdo con él Federico Jiménez Losantos, que llegó a militar “en el PSUC y en entornos maoístas. Incluso llegó a viajar a China, donde recibió entrenamiento guerrillero. Lo que vio allí, al parecer, no e gustó demasiado y se fe alejando progresivamente de la izquierda, sobre todo después de que Tierra Lliure le disparase en la pierna tras publicar un manifiesto a favor del castellano”, rememora Martín Cuneo. Lo confirmaba en su blog Roberto Zucco: “El caso de Federico Jiménez Losantos, querido Portorosa, es algo que trasciende a la lógica de los mortales, pero que al espectro social de la derecha le parece admirable y constructivo. Federico es de mi ciudad (Losantos nació en Teruel), y te juro que yo lo conocí cuando dio una conferencia sobre psicoanálisis e izquierda en un Colegio mayor (en la Universidad de Zaragoza). El pelo le llegaba hasta mitad de la espalda, y era tan de izquierdas que se salía del espectro. Yo, pobre pecero, revisionista y entregado, era un pobre gusano de derechas a su lado, como se encargó de demostrar. Bueno, los años pasan y la Virgen del Pilar hace sus gestiones. En mi caso, ninguna. Ha decidido concentrar su influencia en Federico. Hasta en eso es sabia”.
La referencia a Losantos venía a cuento en este blog porque varios internautas habían recordado a Zucco el pasado falangista de su amigo íntimo Eduardo Haro Tecglén, concretamente, después de muerto. Zucco responde: “Conocía perfectamente el efímero pasado falangista de Eduardo Haro, pero soy de las personas que entiendo y respeto la evolución mental, ideológica y personal de la gente. Si colocamos en la balanza de toda una vida, el testimonio, los libros, los artículos, la actitud antifranquista y republicana, etc, de este hombre, y en otra su folklórica y efímera participación en el "Glorioso Alzamiento Nacional", el peso de su vida se inclina hacia la izquierda, aunque no te guste demasiado reconocerlo por lo que veo. Yo, de niño, fui miembro de la Congregación de San Estanislao de Kostka, y en clase de Formación del Espíritu Nacional (FEN) en los años sesenta nos hacían saludar al profesor con el saludo fascista. Si me hubieran hecho una foto alguno de esos días probablemente después alguien me hubiera represaliado por ello. No creo, sin embargo, que esos dos sean los aspectos que definen mi trayectoria ideológica y política, y no me parecería justo que así fuera, no solo en mi caso sino el de otras personas, incluido Eduardo Haro”.
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No me quiero ni imaginar la que se va a montar en el Reino Unido cuando entre en vigor la medida del Gobierno para acabar con la discriminación salarial femenina, esto es, a partir de abril, van a recortar el sueldo de los funcionarios varones de los ayuntamientos británicos hasta en un 40%, para equiparar sus ingresos a los de sus colegas funcionarias.
Yo no sé el poder adquisitivo que tendrán los funcionarios ingleses, pero sí estoy segura de que si esa fórmula la adoptara el Gobierno español, el 50% de las familias se verían obligadas a buscar hueco debajo de un puente.
Por si no fuera suficientemente arduo llegar a fin de mes con el sueldo del marido y lo poco que cobra la mujer aun en el mismo puesto o incluso en un cargo superior que requiera una elevada formación, da un poco de miedito que a los gobernantes no se les ocurra ninguna idea mejor que equiparar a la baja.
Sobre todo porque estamos hablando del Ejecutivo (no de una empresa privada que toma una decisión aislada), con lo cual, se supone que debería erigirse como ejemplo a seguir. Tal y como está el sector empresarial, cómo intentan ahorrarse sueldos, pagas extras, puestos de trabajo, etc. más le valdría al Gobierno no abrirles el camino para que, encima, puedan bajar el sueldo a sus empleados impunemente.
De hecho, ¿quién pondría el límite y dónde? Si, por ejemplo, en una fábrica de coches hay un 90% de hombres y un 10 % de mujeres, ¿quién impediría que rebajaran el salario de la mayoría al de la minoría con la excusa de acabar con la discriminación?
Recordemos que esta situación es la más frecuente en la mayor parte de las empresas españolas porque son muchos más los hombres en activo que las féminas, unas por voluntad propia y otras por tantas razones como casuísticas admita el INEM. Según las estadísticas, la tasa de paro femenino en España casi duplica a la masculina y es casi tres puntos mayor que la del resto de las mujeres de la Unión europea. Y al dato de que todas las mujeres europeas cobramos un 25% menos que los europeos, hay que añadir que los hombres españoles cobran ¡casi 5 puntos por debajo de los hombres del resto de Europa!
O sea, que lo que nos faltaba es que vinieran a disminuir nuestro nivel adquisitivo, en lugar de establecer medidas para equipararlo por fin con el del resto de los países europeos. No se puede conseguir la igualdad, en ningún ámbito, a costa de los hombres, porque ni siquiera ellos están todo lo bien que sería deseable. Lo ideal sería que empezaran por equiparar nuestros sueldos a los suyos y, a continuación, nos los fueran actualizando hasta llegar al nivel europeo. ¿Qué eso significaría un gran desembolso para las arcas del Estado y las entidades y compañías privadas? Indudable. Y lógico. Al final, ninguno de sus engranajes funcionarían sin trabajadores, no tendrían producto o servicio alguno que ofrecer ni, por tanto, obtendrían beneficios.
Así que esos beneficios que ahora les procuramos, bien podrían destinarlos a pagarnos justamente en lugar de despilfarrarlos en los viajes en primera clase, los hoteles de cinco estrellas, las cenas de empresa en restaurantes estelares, las tarjetas de crédito para gastos personales, los móviles de última generación para fardar ante los colegas de profesión, los megasueldos desproporcionados a cuatro altos cargos que, en realidad, no hacen más que figurar detrás del escritorio...
Al final, es lo de siempre, si hay que equilibrar, lo más conveniente es aplicar la justicia distributiva de arriba abajo, en vez de hacer todos los movimientos en el medio y permitir que los de arriba queden intocables. ¿Será que los gobernantes también pertenecen a los de arriba y tienen mucho que perder?
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01.04.07 @ 14:05:24. Archivado en Sobre el autor
Cuelgo aquí mi ponencia en la mesa sobre la Alianza de civilizaciones en la blogesfera para las jornadas Blogs + Ciudadanía organizadas por el PSOE en Valencia.
¿De qué manera los blogs pueden ayudar a compartir visión entre culturas?
Yo creo que es muy difícil empezar a compartir visiones sin un acercamiento previo al otro. Y en ese sentido, si no nos atrevemos a relacionarnos con el carnicero paquistaní de la esquina o con el marroquí de la tetería o con el hindú del restaurante que nos explica porque se empezó a usar el picante en sus curries, resulta muy útil poder intercambiar información y puntos de vista a través de la pantalla, que siempre nos aleja de los (supuestos) peligros del tú a tú.
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