Ella relata: “A los 21 años estudiaba la carrera de comunicaciones en la UNAM; era una mujer completamente alejada de Dios, liberal y altanera; continuaba con mis aventuras hasta que un día me quedé embarazada.
Cuando esto ocurrió, no me alteré y pensé: “no puedo tener un bebé ahora porque interfiere con mi proyecto de vida”… así que decidí abortar.
Pero con mi bebé murieron también todas mis ilusiones… creo que ese día yo misma me asesiné; me hundí en un infierno de tristeza y vi mi proyecto de vida destruido.
Fueron 20 años de insomnio: iba a un psicólogo y a otro, eran unos momentos de histeria y pánico.
Durante las clases en la facultad salía del aula sin ningún motivo, me ponía muy nerviosa y corría a los jardines a buscar un lugar solitario para poder llorar.
En casa, sin saber porqué, no podía dormir en las noches y varias veces escuché el llanto de un bebé… me sentía terrible, era un dolor interminable y una tristeza espantosa.
Tuve que dejar la carrera porque suspendí todas las materias, así que comencé a trabajar, pero no podía conservar un empleo por más de tres meses debido a las crisis que me atacaban.
Años más tarde me casé y me fui a vivir a Cancún.
A un costado de la casa donde habitábamos había una capilla, cuyo sonido de las campanas, los cantos, la Misa entraban por mi ventana.
Pero mi dureza y miedo no me dejaron entrar ahí. Por mucho tiempo permanecí así.
En una ocasión, cansada de la vida, decidí entrar al templo y confesarle al sacerdote todo lo que me estaba ocurriendo.
En ese momento me regresó la paz, porque el sacerdote me enseñó a perdonarme a mí misma”.
Ana Coronado
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Quedé embarazada a los 18 y me hice un aborto, y creo que fue una de las decisiones más acertadas de mi vida. Estaba en una edad en la que no era lo bastante responsable para dirigir mi vida con atino, ¿cómo iba a hacerme cargo de la vida de un niño? Nunca tuve un solo pensamiento de arrepentimiento. Terminé mis estudios en la universidad, hice una carrera, me casé 10 años después, tuve a mis hijos con amor en el momento ideal para ellos y para mí. Creo que si hubiese tenido un niño de mi primer embarazo, hubiese acabado con mi vida. No digo que todas sentamos lo mismo. Creo que cada una de nosotras tiene el derecho de decidir cuál es el camino a seguir según su personalidad, sus creencias y sus valores. Creo también que el síndrome post aborto tiene que ver con lo que nos han machacado desde nuestra niñez. Aunque desde aquel día ya han pasado 40 años, todavía me acuerdo de la felicidad que me embargó cuando salí de clínica y me juré que nunca más me iba a pasar y así fue.
Viernes, 17 de febrero
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