
El himno gallego surgió en 1907 en el ámbito del nacionalismo gallego de aquella época, en La Habana. Durante la Segunda República (años 30) se popularizó como canción que empezó a representar al pueblo gallego en algunos eventos regionalistas. Al llegar la democracia, con la fiebre del resurgir del autonomismo, se eligió como himno oficial gallego (Estatuto, 1981).
En la página web del himno se afirma: «Es el único símbolo gallego que no ha sido contestado o criticado, por lo que despierta la adhesión de todos los medios nacionalistas y regionalistas y de personas que no se distingan por un excesivo celo centralista».
Pues ya se ve que eso no es cierto. La voz de los rumorosos pinos simboliza al pueblo gallego, llamado, como firma en el colofón, Nación de Breogán. El himno tendría que manifestar el sentimiento unánime de todos los gallegos. Otros himnos de otros países exaltan el patriotismo contra los enemigos del pueblo, o contra los tiranos o déspotas (puede verse como ejemplo La Marsellesa de los franceses). Pero el himno gallego es muy peculiar.
Los regionalistas gallegos de La Habana de hace un siglo, al igual que los nacionalistas hoy en día, manipulaban la realidad histórica y social, y atribuían a Castilla y a España ataques sin fin contra el pueblo gallego. En su afán victimista el Himno de Pondal anima a no olvidar esa supuesta injuria: «non des a esquecemento / da inxuria e rudo encono...». Pues resulta que muchos gallegos no compartimos esa versión falsificada y antiespañola de la realidad.
El siguiente párrafo del himno es antológico: ¿quienes entienden nuestra voz (la de los gallegos, no la de los pinos)? Los buenos y generosos, que atienden con arrobo lo que les decimos (será poético pero resulta un poco ridículo). Y los que no nos entienden (los que no entienden a los nacionalistas gallegos) ni atienden lo que les decimos, ¿qué son, cómo podemos calificarlos? El Himno nos lo aclara: son unos ignorantes, féridos (en Wikipedia viene traducido como salvajes, pero no lo encuentro como palabra gallega ni castellana), duros (de mollera, se entiende), imbéciles y oscuros.
Piensen un poco sobre la letra, y digan objetivamente si no sería mucho mejor cambiar el Himno Oficial, aunque los nacionalistas se cabreen. El amor a Galicia, el galleguismo, debería impulsarnos a hacerlo y a tratar de tener un Himno que no fomentara el victimismo ni manipulara la historia, ni despreciara ni insultara a nadie por el mero hecho de no entender (o no estar de acuerdo) con los nacionalistas gallegos.
Carmen de Diego
La Voz de Galicia > Cartas al Director
Jueves, 29 de octubre de 2009
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HIMNO GALLEGO (LETRA OFICIAL)
¿Que din os rumorosos
na costa verdecente,
ao raio transparente
do prácido luar?
¿Que din as altas copas
de escuro arume arpado
co seu ben compasado
monótono fungar?
Do teu verdor cinguido
e de benignos astros,
confín dos verdes castros
e valeroso chan,
non des a esquecemento
da inxuria o rudo encono;
desperta do teu sono
fogar de Breogán.
Os bos e xenerosos
a nosa voz entenden
e con arroubo atenden
o noso ronco son,
mais sóo os iñorantes
e féridos e duros,
imbéciles e escuros
non nos entenden, non.
Os tempos son chegados
dos bardos das edades
que as vosas vaguedades
cumprido fin terán;
pois, donde quer, xigante
a nosa voz pregoa
a rendezón da boa
nazón de Breogán.

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Ningún derecho es ilimitado: tampoco el derecho a «vivir en galego», que en una sociedad con dos lenguas cooficiales debiera siempre respetar el de los ciudadanos que quieren vivir solo o en parte en castellano. Traspasar esa frontera, que es lo que algunos exigen como si su reivindicación fuera indiscutible, no tiene nada que ver con impulsar una lengua, sino con imponerla por la fuerza. Es decir, no es una cuestión de lenguas, sino de libertad individual.
Roberto L. Blanco Valdés
La Voz de Galicia
21 de octubre de 2009
Si algún ciudadano de Galicia no pudiese, según su voluntad, «vivir en galego» -que es la fórmula que hoy resume la reivindicación nacionalista en la esfera de la lengua- yo hubiera estado, como el que más, en la manifestación que se celebró el pasado domingo en Compostela. Lo he hecho en el pasado en muchísimas ocasiones -con la democracia y antes- defendiendo otras libertades y derechos y volvería a hacerlo ahora sin dudarlo.
Pero no hay tal: sencillamente no es verdad que alguien, si lo desea, no pueda «vivir en galego» en el territorio de Galicia, si por ello entendemos lo que es de esperar en una sociedad plural con dos lenguas oficiales en la que se respetan los derechos personales. De hecho, lo que ya no es posible en muchas esferas oficiales es vivir en castellano, pues es esa -y no la gallega- la lengua que ha desaparecido oficialmente de nuestras Administraciones públicas, de nuestras universidades o de los medios de comunicación públicos gallegos.
Teniendo en cuenta que un idioma oficial es el que hablan las instituciones, la pura verdad es que uno puede dirigirse en gallego a todas las existentes en Galicia y utilizar esa lengua en todas sus dependencias oficiales. Incluso en la esfera de la Administración de Justicia -donde la penetración del gallego se ha producido con más lentitud, como era lógico-, puede hoy el justiciable utilizar el gallego en todos los trámites (demanda, prueba, alegaciones, vista y conclusiones) que componen el proceso.
¿Qué no puede hacerse en gallego? Tal es la pregunta que deberían contestar los que exigen el derecho a vivir solo en esa lengua, pues su respuesta pondría de relieve cuál es su auténtico objetivo.
Y es que el derecho a «vivir en galego» solo está hoy en Galicia limitado por el de igual valor que otros tienen a vivir en exclusiva o en parte en castellano. Por eso no puede uno exigir, por ejemplo, que un comerciante le conteste a uno en gallego (aunque así sucede habitualmente cuando se le habla en esa lengua) o que rotule en gallego su negocio; o que los periódicos, que son empresas privadas, se editen en gallego; o que utilicen el gallego como lengua habitual quienes tienen todo el derecho a utilizar el castellano, siempre o cuando lo estimen oportuno.
Ningún derecho es ilimitado: tampoco el derecho a «vivir en galego», que en una sociedad con dos lenguas cooficiales debiera siempre respetar el de los ciudadanos que quieren vivir solo o en parte en castellano. Traspasar esa frontera, que es lo que algunos exigen como si su reivindicación fuera indiscutible, no tiene nada que ver con impulsar una lengua, sino con imponerla por la fuerza. Es decir, no es una cuestión de lenguas, sino de libertad individual.
http://www.lavozdegalicia.es/opinion/2009/10/21/0003_8050818.htm

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MARÍA PUEBLA: El líder de uno de los dos partidos políticos que participaron en la manifestación del domingo 18 afirmaba ante las cámaras, sin inmutarse, lo siguiente: "El PP y el señor Núñez Feijoo tienen que oír el mensaje que les manda la sociedad gallega, tienen que cambiar su política". Alucinante: se juntan en Santiago el equivalente al 15% de los votantes del Bloque, y eso ya les parece motivo para que la Xunta tenga que hacer lo que ellos quieran. Pues demuestran poca aceptación del espíritu democrático.
Con un poco de conocimiento sobre nuestro sistema político y social se puede saber que el Gobierno es elegido democráticamente en elecciones al Parlamento, que van precedidas por unas campañas electorales donde los Partidos hacen unas propuestas a los ciudadanos, y éstos acuden a las urnas para elegir a los que durante cuatro años legislarán y gobernarán.
El PSdG y el BNG hicieron una firme apuesta por la galleguización lingüística durante su anterior gobierno; pero a muchos ciudadanos gallegos nos pareció que había mucha imposición, y votamos mayoritariamente a otros partidos, PP y UPyD, que proponían en sus campañas un regreso al respeto a los derechos de los castellanohablantes.
Nadie en la manifestación dijo que quería libertad, o que los gallegos no pueden ser discriminados por elegir cualquiera de las dos lenguas oficiales, o que los niños tienen derecho a ser educados en su lengua materna, como establece desde 1983 nuestra Ley de Normalización Lingüística, en su artículo 13. Artículo que, supongo, todos los manifestantes del domingo quieren que siga sin poder ejercerse, amenazando con actos violentos y huelgas si se aplica, por lo que están defendiendo la ilegalidad.
Sólo en las repúblicas bananeras y golpistas se puede gobernar con gritos y manifestaciones. El pueblo gallego votó el 1 de marzo, y Feijoo debe cumplir lo que prometió y lo que queremos sus votantes, no lo que quiere una parte de la oposición, la que propugna el monolingüismo en gallego, por la fuerza. El Bipartito tuvo su oportunidad y ahora se creen que lo que no ganaron en las urnas lo pueden ganar en la calle. Pues no.
María Puebla
Faro de Vigo
22/octubre/2009
http://www.farodevigo.es/cartas/2009/10/22/manifestacion-democracia/379387.html

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«Por paradójico que parezca, en la actitud de los inquisidores de la lengua hay un profundo antigalleguismo. No hay otra forma de calificar la manía de despreciar la voluntad del país cuando no coincide con las ortodoxias minoritarias.»
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«Que se sumerjan ellos»
Carlos Luis Rodríguez
El Correo Gallego, 3-9-2009
Antes de que llegue el caliente otoño lingüístico que algunos meteorólogos auguran, sería bueno hacer una precisión. Lo que se va a combatir mediante las proclamas y manifestaciones de rigor no es la política de la Xunta, sino la voluntad de la mayoría de los gallegos. Los protestantes estarán en su derecho al alzar su voz contra algo que no les gusta, pero incurrirán en una falsedad si invocan a un pueblo que ni les pertenece, ni les hace caso.
Esa política era, en efecto, del PP antes de las elecciones, pero después pasa a ser patrimonio común de los gallegos que la votaron, bastantes. Más tarde, la consulta a los padres demostró que los modelos de inmersión lingüística, o más bien ahogo, merecen un rechazo mayúsculo. Con razón ciertos grupos se empeñaron en boicotear la democrática iniciativa; sospechaban que los resultados serían los que fueron.
Ni el boicot consiguió disuadir a los padres, ni las denuncias de fraude se confirmaron con pruebas. El fraude consistía en aplicar unos criterios idiomáticos inspirados en el complejo de inferioridad, en la vergüenza que algunos sienten al no portarse los gallegos de acuerdo con los catecismos de la corrección idiomática.
Por paradójico que parezca, en la actitud de los inquisidores de la lengua hay un profundo antigalleguismo. No hay otra forma de calificar la manía de despreciar la voluntad del país cuando no coincide con las ortodoxias minoritarias. ¿Eran poco gallegos los padres que apostaron en la encuesta por la enseñanza bilingüe, o tienen déficit de galleguidad los que se empeñan en no aceptar Galicia como es?
Hace poco, un nacionalista destacado reflexionaba sobre la encrucijada actual del movimiento, con una advertencia llena de sabiduría. Decía que el nacionalismo no se puede dirigir al nueve por ciento de la población (estaban recientes los resultados de las europeas), porque eso lo conduciría a la total marginalidad.
¿Y puede hacerse una política lingüística pensando sólo en un porcentaje parecido de ciudadanos? ¿Debe un Gobierno democrático hacer caso omiso de la mayoría, y dejarse guiar por los que importan modelos idiomáticos distintos y distantes a nuestra idiosincrasia? A propósito de esto último, también tiene gracia otra distorsión de la idea de galleguidad que ha echado raíces en estos últimos tiempos.
Consiste en considerar más gallego al que copia por ejemplo la política idiomática de la Generalidad, que al que procura fabricar otra que se adecúe a la voluntad de los ciudadanos de Galicia. Quienes plagian son los continuadores de aquella tendencia política e intelectual que miraba a Madrid con el mismo arrobo que un musulmán a La Meca. En vez de Madrid, Barcelona.
El debate que se quiere transformar en otoño caliente no sólo es lingüístico, no sólo opone dos formas de entender la normalización, la promoción del gallego o su uso en las aulas. También es un debate sobre los principios elementales de la democracia y la base del galleguismo. Tanto la una como el otro son negados por los que preparan manifiestos y protestas intentando suplantar a la Galicia real.
En Grandola vila morena es el pueblo el que más ordena. No las academias, ni las mesas, ni algunos organismos culturales, ni ciertos intelectuales por brillantes que sean. Ese pueblo optó aquí por un camino para la convivencia lingüística, contra el que se alzan los nuevos aristócratas. ¿Inmersión? Que se sumerjan ellos.
http://www.elcorreogallego.es/opinion/ecg/sumerjan/idEdicion-2009-09-03/idNoticia-463700/
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Entrevista en Es.Radio Ferrol con José Mª Martín López-Suevos, presidente de la Mesa por la Libertad Lingüística. Fue realizada el 20 de octubre de 2009 a las 12:40.
http://www.esnips.com/doc/b5e44ec2-61e6-4469-88f6-23053d6bd21c/RADIO-0002

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Estimado don Víctor:
He leído su artículo "Queremos galego", publicado por La Voz el mismo día de la Manifestación. Usted y sus hijos muy probablemente fueran de los pocos manifestantes que iban realmente a favor del gallego y contra nadie, como usted mismo subraya. Usted dice amar y hablar el gallego porque es la lengua de sus abuelos y de sus padres. Pues muchos gallegos amamos y hablamos el castellano por la misma razón.
Usted reconoce que con el Estatuto de 1981 por primera vez se le daba al gallego reconocimiento oficial. Sin embargo la mayoría de los que le acompañaban por las calles de Santiago piensan equivocadamente que el gallego era oficial en Galicia y que los Reyes Católicos lo prohibieron.
El español o castellano se ha hablado en nuestra tierra desde la misma época en que se fue dejando de usar el latín, y los muchos esfuerzos de los nacionalistas por reinventar la realidad histórica a su gusto no van a cambiar esa realidad. Aunque estén consiguiendo de momento engañar a mucha gente, alimentando el rechazo y el desprecio hacia todo lo que sea castellano, personas que lo hablan incluidas.
En cualquier caso, los gallegos que hablamos castellano no nos sentimos víctimas, como usted insinúa, ni de los procesos históricos ni de presiones de poder. Hablamos castellano y no nos sentimos menos gallegos que los que hablan gallego. Hablar castellano no es ninguna renuncia que nos hacemos a nosotros mismos, como usted dice: parece que piensa que todos los gallegos estamos en su misma situación y tenemos que tener sus mismos sentimientos.
Usted parece que confunde el idioma gallego con el idioma de los gallegos. Cada gallego tiene su idioma propio. Y hay dos idiomas oficiales. Yo le apoyo totalmente en su petición de "querer vivir en gallego". Pero lo que querían los manifestantes, y usted en el fondo lo sabe, no era eso, sino que todos los gallegos vivamos en gallego: "Na Galiza, só em galego". ¿Le suena? Usted dice que reivindica los derechos del gallego: ¿a qué derechos se refiere? ¿Acaso el derecho a obligar a todos los gallegos a tener que usarlo?
Dígame, señor Freixanes: ¿cuántos de esos manifestantes aceptarían que los padres podamos elegir la lengua en la que nuestros hijos reciben la primera enseñanza? Repase el artículo 13 de la Ley de Normalización Lingüística de 1983. Y dígame: ¿qué derecho de qué gallego queda restringido si mis hijos son educados en su lengua materna, que es el castellano, mayoritario en muchas ciudades gallegas? Usted quizá era un alma cándida en medio de tantos que, queriendo sentirse víctimas, se inventan el ataque, y como reacción quieren acabar con los que no comparten la deificación de su lengua.
La promoción del gallego se puede hacer de muchas maneras: la que hizo el Bipartito no fue refrendada por los votos de los gallegos. Espero que al menos usted reconozca que hablar castellano no es odiar ni atacar al gallego. Se lo aseguro.
Reciba un cordial saludo.
Pedro M. Larrauri
La Voz de Galicia
Lunes, 19 de octubre de 2009
http://www.lavozdegalicia.es/cartasdirector/2009/02/21/0112AF4FE67ED4A6BC8300D13A01B4156D0B.htm%5Binicio@11%5D#comentario
NOTA: Víctor Freixanes es Filólogo, Filósofo, Historiador, Periodista, Escritor y Profesor de la Universidad de Santiago de Compostela. Fue Director General de la Ediciones Xerais y pertenece al actual Consejo de Administración de la Editorial Galaxia. Su interés por el gallego está claramente relacionado con su vida profesional.
LEY DE NORMALIZACIÓN LINGÜÍSTICA
Artículo 13
1. Los niños tienen derecho a recibir la primera enseñanza en su lengua materna. El Gobierno gallego arbitrará las medidas necesarias para hacer efectivo este derecho.
2. Las autoridades educativas de la comunidad autónoma arbitrarán las medidas encaminadas a promover el uso progresivo del gallego en la enseñanza.
3. Los alumnos no podrán ser separados en centros diferentes por razón de la lengua. También se evitará, a no ser que con carácter excepcional las necesidades pedagógicas así lo aconsejasen, la separación en aulas diferentes.
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VÍDEO: ¿Quiénes son los fascistas?
Ataque de los impositores del gallego contra reporteros de la TVG en la Plaza de la Quintana, Santiago de Compostela, el 18 de octubre de 2009. Son los mismos que nos llaman fascistas a los defensores de la libertad lingüística. Después de ver este vídeo, danos tu opinión: ¿Quiénes son los fascistas?
http://www.youtube.com/watch?v=Q8CE1mwg3As
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Lo que une a los nacionalistas vascos y a los terroristas vascos (Raúl González Zorrilla). Contiene tres vídeos que ilustran muy bien la colaboración entre nacionalistas y terroristas en el País Vasco.
http://canaltvblogdelpaisvasco.blogspot.com/2009/09/lo-que-une-los-nacionalistas-vascos-y.html

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Ciudadanos (C´s) valora la manifestación celebrada hoy en las calles de Santiago, bajo la convocatoria de la plataforma “Queremos Galego”, y en supuesta defensa del gallego, como la demostración más evidente del interés de los nacionalistas, pero también de los socialistas, de politizar la lengua para seguir sin asumir su derrota electoral del pasado 1 de marzo.
Ciudadanos considera además lamentable que Francisco Caamaño haya ligado su presencia en la manifestación con su cargo en el Gobierno Central. Si bien, respetamos su derecho como ciudadano a participar en la marcha, condenamos profundamente que se atesore la representación del ejecutivo, algo, que de ser cierto, tendría una gravedad extrema.
Desde C´s entendemos que es paradójico que una marcha con calado y convocantes independentistas, donde se critica la composición política de España y se reivindican fenómenos ofensivos con los derechos individuales como es la imposición lingüística, sea respaldada por el Ministro de Justicia.
Ciudadanos hace responsable al Gobierno, y exige que se depuren responsabilidades por la presencia de Caamaño en la marcha. C´s exige que Zapatero aclare si un ministro representaba o no al Ejecutivo en una marcha secesionista e independentista.
Pablo Yáñez González
Secretario de la Federación Norte de España
Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía
Xornal de Galicia | Domingo, 18 octubre 2009
http://xornalgalicia.com/index.php?name=News&file=article&sid=61558

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