
Rosalía de Castro, poeta y novelista en lengua gallega y castellana, le escribió una carta a su esposo, Manuel Murguía, el 26 de julio de 1881, anunciándole su decisión de no volver a escribir en gallego. Efectivamente, su última colección de poemas en gallego fue "Follas novas" (1880). La gestación y el proceso de esta drástica decisión de esta gran mujer y escritora, la describe detalladamente Alberto Acereda en su artículo "La verdadera Rosalía de Castro", del que extraigo algunos párrafos:
"En ese libro ["Cantares Gallegos" (1863), que escribió antes de cumplir veintiséis años] Rosalía de Castro rechazó la marginación de Galicia desde Castilla, el maltrato a los emigrantes gallegos y la injusticia que estimaba cometía el resto de España con su región natal. Pero Galicia, que era el objeto del primer libro, fue sólo ocasión del segundo: "Follas Novas" (1880), y apenas del tercero, su gran libro –ya en lengua española–: "En las orillas del Sar" (1884). Luis Cernuda, otro poeta y crítico posterior de la llamada Generación del 27, apuntó que la postergación y desdén que, según Rosalía de Castro, sufría Galicia no era sino una transmutación del rechazo que sufrió ella misma en su propia persona. En cualquier caso, Rosalía de Castro se desengañó de esos posicionamientos contra los castellanos y contra España al sufrir en sus propias carnes los ataques del nacionalismo gallego más intransigente.
Su desengaño procede de unos ataques que la misma Rosalía de Castro recibió en su Galicia natal tras un artículo suyo titulado "Costumbres gallegas", publicado en "Los Lunes" de El Imparcial de Madrid el 28 de marzo y 4 de abril de 1881. Rosalía de Castro fue vapuleada inmediatamente, y en una carta a su esposo, firmada en Lestrove el 26 de julio de 1881, aseguraba: "Ni por tres, ni por seis, ni por nueve mil reales volveré a escribir nada en nuestro dialecto, ni acaso tampoco a ocuparme de nada que a nuestro país concierna". Y, al final, la poeta reitera sin dudas su decisión: "(...) mi resolución de no volver a coger la pluma para nada que pertenezca a este país, ni menos escribir en gallego".
A Rosalía le echaron en cara escribir sobre una tradición antiquísima de la hospitalidad gallega. Fue insultada y atacada, pese a ser notorio el amor que profesó por su Galicia natal. Nunca más escribió en gallego, y en otro lugar ella misma dejó escrito: "(…) porque pagada ya la deuda en que me parecía estar con mi tierra, difícil es que vuelva a escribir más versos en la lengua materna". Su decisión de no escribir más en gallego prueba que, a pesar de su compromiso con Galicia, Rosalía nunca quiso ni pretendió crear una literatura y una cultura gallega separadas o distintas del conjunto de España".
("La verdadera Rosalía de Castro", de Alberto Acereda: http://libros.libertaddigital.com/articulo.php/1276229580)
A continuación, reproduzco la carta íntegra que Rosalía le escribió a su esposo:
Carta de Rosalía a su esposo
Lestrove, 26 de julio de 1881
Mi querido Manolo:
Te he escrito ayer, pero vuelvo a hacerlo hoy deprisa para decirte únicamente que me extraña que insistas todavía en que escriba un nuevo tomo de versos en dialecto gallego. No siendo porque lo apurado de las circunstancias me obligan imperiosamente a ello, dado caso que el editor aceptase las condiciones que te dije, ni por tres, ni por seis, ni por nueve mil reales volveré a escribir nada en nuestro dialecto, ni acaso tampoco a ocuparme de nada que a nuestro país concierna. Con lo cual no perderá nada, pero yo perderé mucho menos todavía.
Se atreven a decir que es fuerza que me rehabilite ante Galicia. ¿Rehabilitarme de qué? ¿De haber hecho todo lo que en mí cupo por su engrandecimiento?
El país sí que es el que tiene que rehabilitarse para con los escritores, a quienes, aun cuando no sea más que por la buena fe, y entusiasmo con que por él han trabajo, les deben una estimación y respeto que no saben darles y que guardan para lo que no quiero ahora mentar. ¿Qué algarada ha sido ésa que en contra mía han levantado, cuando es notorio el amor que a mi tierra profeso? Aun dado el caso (que niego) de que yo hubiese realmente pecado, por lo que toca al artículo en cuestión, ¿era aquello suficiente para arrojar un sambenito sobre la reputación literaria grande o pequeña de cualquier escritor que hubiese dado siempre probadas muestras de amor patrio, como creo yo haberlas dado? No; esto puede decirse sencillamente mala fe, o falta absoluta no sólo de consideración y gratitud, sino también de criterio. Pues bien: el país que así trata a los suyos no merece que aquellos que tales ofensas reciben vuelvan a herir la susceptibilidad de sus compatriotas con sus escritos malos o buenos. Y en tanto, ya que tan dañada intención han encontrado en lo que narré, para dar a conocer (y no para alabarla ni censurarla) una costumbre antiquísima, y de la cual aún quedaba algún resto en nuestro país, pueden consolarse leyendo la estadística por lo que toca a cierta cuestión que han sacado a relucir ciertos periódicos escandalizados con mi artículo. Si así arremetiesen contra la estadística sería mejor, a ver si así lograban borrar lo que es peor mil veces que lo que en mí han censurado tan bravamente.
Hazle, pues, presente al editor que, pese a la mala opinión de que al presente gozo, ha tenido a bien acordarse de mí, lo cual le agradezco, mi resolución de no volver a coger la pluma para nada que pertenezca a este país, ni menos escribir en gallego, una vez que a él no le conviene aceptar las condiciones que le he propuesto. No quiero volver a escandalizar a mis paisanos.
Los niños quedan buenos y ennegreciéndose cada vez más al sol; bueno es que parece que han aplacado un poco sus ardores insoportables de esos días atrás.
Nada sé de lo que pasa por Santiago, ni un periódico logro ver de allá. Lo que sí recibo diariamente es El Noroeste de La Coruña, que tienen la tentación de mandarme en lugar de El Clamor. Respecto de El Imparcial, lo recibo un día sí y dos no. Variaciones de Correos.
Me llaman a comer. Recibe cariños de todos y tú sabes te quiere tu mujer.
Rosalía
El texto de la discordia
"Entre algunas gentes tiénese allí por obra caritativa y meritoria el que, si algún marino que permaneció por largo tiempo sin tocar a tierra, llega a desembarcar en un paraje donde toda mujer es honrada, la esposa, hija o hermana pertenecientes a la familia en cuya casa el forastero haya de encontrar albergue, le permita por espacio de una noche ocupar un lugar en su mismo lecho. El marino puede alejarse después sin creerse en nada ligado a la que, cumpliendo a su manera un acto humanitario, se sacrificó hasta tal extremo por llevar a cabo los deberes de la hospitalidad.
Tan extraña como a nosotros debe parecerle a nuestros lectores semejante costumbre, pero por esto mismo no hemos vacilado en darla a conocer, considerando que la buena intención que entraña, así ha de salvar en el concepto ajeno a los que llegan en su generosidad con el forastero a extremos tales, como a nosotros el sentimiento que ha guiado nuestra pluma al escribir este artículo".
Rosalía de Castro – "Costumbres gallegas", página 660.
NOTA: Éste es el texto de "Costumbres gallegas" por el que Rosalía de Castro recibió tales ataques de los fanáticos precursores del actual nacionalismo que decidió no volver a escribir más en gallego.
Yo recuerdo una aldea del Caurel, en la que viví durante un año, en la que el derecho de pernada se siguió practicando hasta bien entrado el siglo XX. El "señor" tenía derecho a pasar una noche con la novia antes de la boda. La última que pasó fue una en la que en vez de la novia, se presentó el novio disfrazado de mujer y le dio una paliza monumental al "señor" que después fallecería aplastado por un enorme castaño recién cortado.
Si hubo intención homicida o no en los leñadores, no lo sé, pero esto se lo oí yo en persona a los ancianos del lugar, testigos de los hechos. O sea que no creo que Rosalía estuviese tan mal informada acerca de los hábitos "hospitalarios" de algunas gentes de nuestra tierra como para que mereciera tan desproporcionados y furiosos ataques.
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Hola, hoy llegaba a la Universidad a dictar mis cátedras de costumbre y un colega me entrega "Gallegos Hispanohablantes" con un artículo sobre Fray Benito Feijoo... obviamente del cual mi padre me contaba. Tal fue mi sorpresa al ver mi nombre y los de mis hermanos que no puedo dejar de preguntar: ¿cómo supo?... Ahora ya estoy en casa y he mostrado su artículo a mis cinco hijos varones, por cierto orgulloso.
Saludos desde Chile,
Eduardo Feijoo
CHILE
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El párrafo al que hace referencia nuestro amigo Eduardo Gustavo Feijoo Guzmán, descendiente de Fray Benito Jerónimo Feijoo en Chile, es el siguiente: “De la familia de Benito se sabe muy poco, pero en la actualidad hay legados de la familia Feijoo en Argentina, Brasil y Chile. Se dice que la familia llegó de un principio a Chile proveniente de España, luego de haber dejado familia se dirigió a Brasil en busca de oro, así nace la familia Feijoo en Brasil y luego en Argentina. En Chile la familia Feijoo estuvo dedicada a la construcción de carreteras y puentes. En la actualidad, Fernando Feijoo, hijo de Carlos Feijoo III de Chile, es dueño de los derechos de algunas aguas y de una planta hidroeléctrica. De los restantes cinco hermanos Feijoo en Chile, Rosa Feijoo trabaja para el gobierno, Carlos Feijoo tiene una empresa, Eduardo Feijoo es profesor y fonoaudiólogo y Mónica Feijoo y Teresa Feijoo se dedican al cuidado de sus casas.”
El texto está tomado de Wikipedia, de autor anónimo, pero sin duda muy bien informado. En la edición actual ha desaparecido, ignoro por qué razones. Añado bibliografía sobre Fray Benito Feijoo por si le interesa a nuestro amigo Eduardo Feijoo y familia:
Bibliografía citada en la Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2005
ÁLVAREZ DE MIRANDA, Pedro: Palabras e ideas: el léxico de la Ilustración temprana en España (1680-1760), Madrid, RAE, 1992.
ÁLVAREZ DE MIRANDA, Pedro: “Ensayo”, en AA. VV. Historia literaria de España en el siglo XVIII, Madrid, Trotta-CSIC, 1996, pp. 285-326.
FEIJOO, B. J.: Obras completas Tomo 1. Bibliografía, por J. M. Caso González y S. Cerra Suárez, Oviedo, CES XVIII, 1981.
FERNÁNDEZ GÓMEZ, Juan: “Algunas ideas de Feijoo sobre su teatro”, en AA.VV., II Simposio sobre el P. Feijoo y su siglo, Oviedo, IFES, XVIII, 1981, pp. 361-366.
GIORDANO, J.: “Feijoo y el género ensayístico”, Grial (Vigo), 30 (1970), pp. 409-417.
HENRÍQUES, Alberto: El humanismo crítico y el vulgo en Fray Benito Jerónimo Feijoo, Quito, Universidad Católica, 1988.
MARICHAL, Juan: Teoría e historia del ensayismo hispánico, Madrid, Alianza, 1984.
McCLELLAND, I. L.: Benito Jerónimo Feijoo, Nueva York, Twayne, 1969.
OTERO PEDRAYO, Ramón: El Padre Feijoo. Su vida, doctrina e influencias, Orense, Instituto de Estudios Orensanos, 1972.
PÉREZ RIOJA, J. A.: Proyección y actualidad de Feijoo, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1965.
SÁNCHEZ BLANCO, Francisco: La prosa del siglo XVIII, Madrid, Júcar, 1992.
SEBOLD, R. P.: El rapto de la mente, Barcelona, Anthropos, 1989.
VALERO, José A.: “Las ideas estéticas de Feijoo”, Ideologies and Literature, III (1988), pp. 30-41.
VARELA JÁCOME, B.: “Las preocupaciones literarias del P. Feijoo”, Cuadernos de Estudios Gallegos (Santiago de Compostela), XXIII (1968), pp. 155-174.
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Nació en Santiago de Compostela el 9 de marzo de 1909 y murió en su casa de Tirán, en tierras del Morrazo, frente al mar de Vigo, el 23 de marzo de 1983. Estudiante famoso en los inquietos ambientes universitarios de la Compostela republicana, licenciado en Derecho, se dedicó más tarde a la docencia universitaria en Santiago. El periodismo fue la actividad literaria en la que cultivó la poesía, la narración y el ensayo. Fue un viajero infatigable por el mundo pero muy especialmente por Galicia que conoció como muy pocos y a cuyo engrandecimiento dedicó la práctica totalidad de su obra literaria tanto en castellano, lo que la hizo mas conocida en el resto de España y del mundo, como en gallego.
Varias de sus obras fueron traducidas a los principales idiomas extranjeros, algunas logrando múltiples traducciones que incluyen el chino, el japonés o el checo. La obra de José María Castroviejo fue fundamental para difundir la cultura gallega fuera de nuestras fronteras y para dar a conocer Galicia a los gallegos y nuestro modo de vivir y de pensar entre pueblos y naciones muy distantes.
Fue uno de los autores gallegos mas leídos en su tiempo en España y en las Américas donde tuvo una gran influencia intelectual que le obligó a viajar al otro lado del Atlántico muchísimas veces para dar cursos universitarios y conferencias. Como conferenciante y en la conversación tenía José María Castroviejo un don especial que hacía un deleite hablar con él y que convirtieron en muy celebradas sus charlas solo o en compañía de otros escritores.
En 1933, para conocer de verdad la mar y la vida de los marineros con quienes iba después a compartir el resto de su vida, se embarca a bordo de un barco de pesca que faenaba en las aguas de Irlanda, en el Gran Sol. Junto con unas impresionantes fotografías de barcos, hombres, galernas y tempestades, de esta experiencia difícil de olvidar trajo su primer libro, "Mar del Sol, poemas de un diario a bordo", publicado unos años más tarde, en 1940 al terminar la Guerra Civil. En él, con imágenes poéticas cautivadoras canta al corazón del hombre lejos de los suyos y al esfuerzo heroico del marinero frente la una naturaleza indomable.
Como muchos hombres y mujeres de letras, José María Castroviejo se siente hondamente comprometido con su tiempo y participa en la guerra civil siendo herido gravemente en combate. De su paso por el frente trajo su segundo libro de poemas. "Altura", que acaba de ser en parte reeditado por el Círculo de Lectores bajo el título "Todo en el aire. Versos sin enemigo". En este libro, que recoge obra de José María Castroviejo y de otros autores de poemas de guerra como Miguel Hernández, Manuel Machado, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Gerardo Diego, etc., el editor Gonzalo Santoja dice: "En los poemas de estos hombres, ideológicamente tan distintos, nadie encontrará, sin embargo, apologías de la muerte, la destrucción y el odio..., estos versos nos pertenecen a todos..., como hombres, supongo, estarían a la altura de las circunstancias; como poetas, al menos en estos versos, estuvieron por encima".
Este libro de poemas "Altura", tiene un importante significado para conocer la José María Castroviejo, hombre independiente y políticamente libre, pues fue hecho en el frente y editado en 1939, fecha en que tenía especialísimo valor publicar, como hace un espléndido cántico elegíaco a Federico García Lorca, posiblemente el primero en letra impresa en la España de la postguerra, en un desafío, muy único, a cualquier forma de censura como la que había entonces.
En 1938, convaleciente de las heridas de la guerra, se casa con Doña María Francisca Bolíbar Sequeiros, nacida en Bueu, Pontevedra, y poco después van a vivir a Tirán donde va a residir hasta su muerte en 1983. Del matrimonio nacerán 11 hijos: Carmen, fallecida en 1942, cuando tenía tres años, Javier, José María, Clara, Santiago, Ricardo, Concha, Teresa, María Francisca -historiadora, autora de "El carlismo en Galicia", fallecida en 1976 cuando cumplía los 23 años-, María y Miguel. Actualmente viven nueve, un poco dispersos por el mundo pero con una unión estrecha, constante, con Tirán que visitan muy frecuentemente y donde continúa residiendo Doña María Francisca.
José María Castroviejo fue un hombre humanamente íntegro, profesionalmente independiente y políticamente libre. Tuvo ocasiones bastantes de demostrarlo, y bien pronto, como cuando hubo de dejar la dirección del diario de Vigo "El Pueblo Gallego" por no querer aceptar las directrices de la censura que dominaba la vida española de los años cuarenta. Su cese, muy costoso personalmente, se convirtió en un ejemplo de ética profesional y de independencia personal.
José María Castroviejo fue un precursor en la defensa de la naturaleza y de la protección del medio ambiente, unos valores que él supo transmitir. Nos defendió con tesón desde los periódicos, con sus artículos diarios, con conferencias, con libros y con gestiones personales ante múltiples instancias. Hoy puede parecer normal, pero en sus tiempos le costó más de un disgusto. Diversos sectores económicos e industriales trataron de presentarlo como opuesto al adelanto cuando él no se cansaba de predicar, entonces, el progreso que hoy todos llamamos sostenible y armonioso.
De una persona independiente no es fácil dar definiciones. José María Castroviejo es "gallego y aun galleguista" para Gonzalo Santonja. Para la mayoría de sus lectores el autor de Tirán es el embajador por excelencia enamorado de nuestra Galicia. Como escritor en lengua gallega, cabe destacar su libro de versos titulado "Tempo de outono e outros poemas", la visión poética de un observador excepcional. Y otro titulado "Memorias dunha terra", narraciones escritas en una prosa brillante y de gran plasticidad; se trata de una obra de recuerdos que la literatura transforma en un arte sencillo y gozoso, amable y tranquilo.
Entre los escritores gallegos de este siglo, José María Castroviejo ocupa un lugar destacado. "El Conde de Gondomar, un azor entre ocasos", a juicio de Pedro Sainz-Rodríguez, es una "de las monografías más interesantes para poder entender los problemas políticos del siglo de oro español. Compostelano de nacimiento, el secreto y el milagro de la Jerusalem de Occidente nos lo cuenta con ojos inocentes y sabios en "Los gozos del cordero santo" o en "La ciudad de Santiago". Describió la gracia de las rías bajas en una guía, "Rías Bajas de Galicia", rica y colorista del paisaje y de los pueblos. Recorrió casi todos los montes y bosques de la tierra gallega. Uno de sus títulos más apreciados era el de "Guarda mayor honorario de caza y pesca fluvial del Reino de Galicia y de la Sierra de los Ancares". Allí cazó el mítico urogallo y el corzo del otoño, y nos lo cuenta con imágenes de una belleza inolvidable en la obra que escribió con su gran amigo Álvaro Cunqueiro, "Teatro venatorio y coquinario gallego", reeditado como "Viaje por los montes y chimeneas de Galicia". El increíble pirata gallego Benigno Soto sigue navegando de forma apasionante en las páginas de "La burla negra". Las tierras del Ulla, los hombres de Galicia viven en las páginas de "Los paisajes iluminados", de "La montaña herida" o de "Las tribulaciones del cura de Noceda". Cuenta como nadie la Galicia histórica y la mágica de la que es uno de los máximos conocedores, pues vio con sus ojos los misterios ancestrales: el barco fantasma en la tempestad marina, la Santa Compaña salmodiando por entre los montículos y los maizales del verano, de los que habla en "Apariciones en Galicia" y en el "Pálido visitante".
Peregrino cultural por el mundo, escribió su viaje por la Galicia materna, tan amada, en "Galicia, guía espiritual de una tierra", un libro tan extraordinario y lleno que de él podría decirse lo mismo que decía la poetisa normanda de la manzana que dormía en la taza de sus manos: todo el olor de mi país cabe aquí.
José María Castroviejo posee en el grado máximo el don de la evocación, su lenguaje es siempre significativo y siempre sugestivo. Alto poeta de apasionada expresión, cantó el mar mayor y el misterio de la muerte y de la vida. Quien acompañe a José María Castroviejo por los caminos de Galicia, llevará con él un mentor incomparable que lo enriquecerá con su música y con sus palabras.
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Gonzalo Torrente Ballester (Serantes, Ferrol, A Coruña), 13 de junio de 1910 - 27 de enero de 1999), novelista, crítico, autor dramático, periodista español, perteneciente a la Primera generación de posguerra.
Biografía
Nació en la aldea de Serantes en Ferrol, provincia de A Coruña, donde comenzó sus estudios en el Colegio de Nuestra Señora de la Merced de Ferrol. Estudió el bachillerato en A Coruña. En 1921 su miopía le impidió iniciar la carrera militar en la Marina. Al año siguiente muere su abuelo Eladio, hombre que influyó notablemente en su formación; le regalan como consuelo su primer Quijote; resulta ser un lector inquieto y voraz y en 1926 ingresa como alumno libre en la Universidad de Santiago; quema sus escritos juveniles y lee a Nietzsche y Oswald Spengler.
Se traslada a Oviedo, donde estudia Derecho, y allí tiene sus primeros contactos con las vanguardias literarias. Inicia su actividad periodística en el diario ovetense El Carbayón. En 1928 marcha a Vigo y lee a James Joyce, Marcel Proust, Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset. Hace viajes a Madrid, donde se instala en 1929. Allí frecuenta la tertulia de Valle-Inclán, inicia los estudios de Filosofía y Letras y empieza a trabajar en el diario anarquista La Tierra. El diario se cerró en 1930 y vuelve a Ferrol. En 1931 se traslada con su familia a Bueu (Pontevedra) y en 1932 contrae matrimonio con Josefina Malvido. Lee a Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire y Stéphane Mallarmé; tras una estancia en Valencia, vuelve a Galicia por el asma de Josefina. En 1933 fija su residencia en Ferrol y trabaja en la Academia Rapariz, dando clases de Gramática, Latín e Historia durante 16 horas diarias. Se matricula por libre en la Facultad de Letras de la Universidad de Santiago y se afilia al Partido Galleguista. Nacen los primeros hijos de su larguísima prole. En 1935 se licencia en Historia en la Universidad de Santiago y ejerce de Secretario Local del Partido Galleguista. En 1936 aprobó la oposición para profesor auxiliar en la Universidad de Santiago en la especialidad de Historia Antigua.
Viaja a París con intención de realizar su tesis doctoral y allí le sorprende el alzamiento militar del 18 de Julio. Tras dudarlo, regresa a España en octubre, para estar con su familia. Sigue la recomendación de un sacerdote amigo y se afilia a la Falange. En 1937 conoce en Pamplona a Dionisio Ridruejo y los demás intelectuales falangistas del Grupo de Burgos (Pedro Laín Entralgo, Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco...) Publica el ensayo Razón y ser de la dramática futura en la revista Jerarquía. En 1938 está en Burgos y allí pulica El viaje del joven Tobías. Milagro representable en siete coloquios, en Ediciones Jerarquía. En 1939 es profesor auxiliar de la Universidad de Santiago. Gana el Premio Nacional de Autos Sacramentales, por El Casamiento engañoso y lo publica en Ediciones Escorial. Publica además Las ideas políticas: el liberalismo, en la Editora Nacional y Antecedentes históricos de la subversión universal en esa misma editorial. En 1940 prepara la oposición a enseñanzas medias y gana la plaza en Ávila, pero queda en Santiago en comisión de servicio. Publica Lope de Aguirre, el peregrino, en la revista Vértice. En 1941 interviene en la fundación de la Revista Escorial, junto a Ridruejo, Laín, Vivanco y Rosales. En 1942 se traslada a Ferrol, donde empieza a enseñar en el Instituto Concepción Arenal. Publica República Barataria. Teomaquia en tres actos, el primero dividido en dos cuadros, en Ediciones Escorial. Publica Siete ensayos y una farsa, en Ediciones Escorial.
En 1943 publica la novela Javier Mariño en la Editora Nacional, pero es secuestrada por la censura gubernativa. En 1944 publica los relatos "Gerineldo" en el diario Arriba y "Cómo se fue Miguela" en el diario El Español. En 1946 publica El retorno de Ulises. Comedia, en la Editora Nacional y El Golpe de Estado de Guadalupe Limón en Ediciones Nueva Época. Traduce, prologa y anota Las elegías de Duino de Rainer María Rilke en Nueva Época.
En 1947 se traslada a Madrid como profesor de Historia Universal en la Escuela de Guerra Naval, puesto que ocupará hasta 1962. En 1948 asiste a conferencias de José Ortega y Gasset en Madrid e inicia su actividad como crítico teatral en el diario Arriba. Publica Compostela y su ángel en Afrodisio Aguado. En 1949 inicia su actividad como crítico teatral en Radio Nacional de España. Publica Literatura Española Contemporánea en Afrodisio Aguado. Participa en el guión de la película Llegada de noche de José Antonio Nieves Conde y de El cerco del diablo del mismo director (estrenada en 1952). En 1950 escribe La Princesa durmiente va a la escuela, que no encuentra editor, y publica Ifigenia en Afrodisio Aguado y Atardecer en Longwood en Ediciones Haz. En 1951 escribe el guión de la película Surcos de José Antonio Nieves Conde. En 1953 escribe el guión de la película Rebeldía del mismo director. En 1954 publica Farruquiño en Cid (La novela del sábado).
En 1957 publica en la editorial Arión El señor llega, primer volumen de la trilogía Los gozos y las sombras, y Teatro Español Contemporáneo; al año siguiente fallece su mujer, Josefina Malvido, y poco después, en febrero, su padre, Gonzalo Torrente Piñón. Recibe en 1959 el Premio de Novela de la Fundación Juan March por El señor llega. Viaja a Mallorca para continuar la trilogía y allí escribe la segunda parte de Los gozos y las sombras: Donde da la vuelta el aire. En 1960 conoce a Fernanda Sánchez-Guisande Caamaño y viaja a París y Alemania. Se compra su primer magnetófono en Ferrol; desde entonces los utilizará para redactar sus obras. En mayo contrae matrimonio con Fernanda. Publica Donde da la vuelta el aire en Arión. En 1961 publica Panorama de la Literatura Española Contemporánea en Guadarrama.
En 1962 firma un manifiesto en defensa de los mineros asturianos en huelga, lo que le cuesta perder su puesto de trabajo en la Escuela de Guerra Naval y sus colaboraciones como crítico en Radio Nacional y Arriba. Publica La Pascua triste, última parte de la trilogía Los gozos y las sombras. En 1963 la escasa acogida de su Don Juan, publicado en Destino, y su pelea con la censura por defender esta obra le desaniman. Vive de las traducciones. Interviene en el Congreso de Escritores de Madrid. En 1964 solicita el reingreso en enseñanzas medias y es destinado a Pontevedra. Inicia la colaboración en Faro de Vigo con una columna titulada "A modo" (en gallego: pausadamente). En 1965 publica Aprendiz de hombre en Doncel.
En 1966 es invitado a enseñar en la Universidad de Albany (Nueva York). En agosto embarca con la familia para Estados Unidos y en 1968 recibe en Albany visitas de Dionisio Ridruejo, Ramón Piñeiro y Dámaso Alonso. Remata su novela Off-side, escrita con una beca de la Fundación Juan March, y comienza la escritura de Campana y piedra, germen de La Saga/Fuga de JB. Publica Off-side en Destino.
En 1970 muere su madre, Ángela. Regresa a España y es destinado al Instituto de Orcasitas (Madrid) cuando pide el reingreso en la enseñanza. En 1971 regresa a Albany temporalmente y termina la redacción de La Saga/Fuga de JB, una de las grandes novelas escritas en español del siglo XX. Publica el libro en Destino y en 1972 pasa algún tiempo en los Estados Unidos. Recibe el premio de la Crítica y el Ciudad de Barcelona por La Saga/Fuga de JB. En 1973 abandona la docencia en USA y es destinado al instituto de La Guía, en Vigo. Inicia la columna Cuadernos de la Romana en el diario Informaciones. En 1975 es elegido miembro de la Real Academia Española (RAE).
Se traslada a Salamanca para impartir clases en el Instituto Torres Villarroel. Publica su ensayo El Quijote como juego en Guadarrama y se publica en libro la columna Cuadernos de la Romana en Destino. En 1976 sufre un infarto, pero publica Nuevos Cuadernos de la Romana, continuación de la columna de Informaciones en Destino. En 1977 lee su discurso de ingreso en la RAE, en la que ocupa el sillón E mayúscula, con el título Acerca del novelista y de su arte. Es contestado por Camilo José Cela. Publica Fragmentos de Apocalipsis y sale el primer y hasta ahora único volumen de su Obra Completa en Destino. En 1978 inicia la redacción de relatos para Las sombras recobradas, libro que publica en 1979. En 1980 se jubila de la docencia y recibe el homenaje de la ciudad de Salamanca y en 1981 en Galicia y otros lugares. Le dan el Premio Nacional de Literatura por La isla de los jacintos cortados e inicia la serie de artículos Cotufas en el golfo, en ABC. Publica Curriculum, en cierto modo, en la revista Triunfo. Supervisa el guión y la producción de la serie de TV Los gozos y las sombras, basada en su trilogía realista. En 1982 recibe el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, con Miguel Delibes Setién.
Se emite en TV la serie Los Gozos y las Sombras, que obtiene un resonante éxito de crítica y público. Publica Ensayos Críticos en Destino; Los Cuadernos de un Vate Vago en Plaza & Janés y Dafne y ensueños en Destino. En 1983 es nombrado Hijo Predilecto de Ferrol y publica La Princesa Durmiente va a la escuela en Plaza & Janés. En 1984 es nombrado Hijo Adoptivo de Salamanca. Publica Quizá nos lleve el viento al infinito en Plaza & Janés; reimprime El Quijote como juego y otros trabajos críticos en Destino. En 1985 recibe el Premio Miguel de Cervantes de Literatura, siendo el primer novelista español que lo consigue; recibe asimismo el Premio Vitalicio de la Fundación Pedro Barrié de la Maza por el conjunto de su obra. Publica La rosa de los vientos en Destino. En 1986 hace viajes al extranjero como conferenciante (Holanda, Dinamarca, Argentina...) Publica Cotufas en el golfo en Destino. Se representa por primera vez una versión de una obra de teatro de la que es autor: ¡Oh, Penélope!, basada en su obra El retorno de Ulises. En 1987 es Doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca y publica Yo no soy yo, evidentemente. Se suceden los honores; en 1988 es Doctor Honoris Causa por las universidades de Santiago de Compostela y Dijon. Caballero de Honor de las Artes y las Letras (Francia). Gana el Premio Planeta con Filomeno, a mi pesar, y publica Ifigenia otros cuentos en Destino. En 1989 es operado de cataratas. La Diputación de A Coruña instituye el Premio de Narrativa Torrente Ballester. Entonces sale uno de sus últimos éxitos, Crónica del rey pasmado, en Planeta, y Santiago de Rosalía de Castro, también en esa misma editorial. En 1990 recibe el premio Libro de Oro de la Confederación Española de Libreros. Medalla de Oro al mérito cultural de Santiago de Compostela. Supervisa el guión de la película El rey pasmado, escrito por su hijo, Gonzalo Torrente Malvido, y Juan Potau. En 1991 publica Las extraordinarias en Planeta. Se estrena la película El rey pasmado basada en su obra y dirigida por Imanol Uribe; gana ocho Premios Goya de la Academia del Cine Español. En 1992 viaja a Cuba para inaugurar la cátedra de cultura gallega de la Universidad de La Habana y se encuentra con Fidel Castro. Doctor Honoris Causa por la Universidad de La Habana. Se inaugura una plaza con su nombre en A Coruña y publica La muerte del decano en Planeta, y Torre del Aire, editada por la Diputación de A Coruña. En 1993 tiene lugar una Semana de estudios sobre su obra en la Universidad de Vigo. En 1994 recibe el Premio Azorín de novela e imprime La novela de Pepe Ansúrez en Planeta, una sátira de los círculos literarios de provincias. En 1995 publica La boda de Chon Recalde en la misma editorial. Recibe al año siguiente el Premio Castilla y León de las Letras. Viaja a Luxemburgo para un encuentro con los traductores de su obra (Claude Bleton, Colin Smith y António Gonçalves). En 1997 visita la Fundación César Manrique, en Lanzarote, y aprovecha para visitar a José Saramago. Participa en un homenaje a Dámaso Alonso, en Lugo. Ingresa en el hospital durante dos semanas en septiembre a causa de una neumonía. Premio Rosalía de Castro, que otorga el Pen Club gallego. Es nombrado Hijo adoptivo de Santiago de Compostela, Pontevedra, Nigrán (Pontevedra) y Fene (A Coruña). Sale Memoria de un inconformista en Alianza. Es una recopilación de los artículos publicados en la columna "A modo" en Faro de Vigo. Publica Los años indecisos en Planeta. En 1998 ingresa en el hospital en julio y septiembre. Caballero de la Orden Santiago de la Espada (Portugal), máxima condecoración a las Artes de la República de Portugal. Se inicia la publicación de su Obra completa en la colección Biblioteca de Autor, en Alianza Editorial. En 1999 fallece el 27 de enero en Salamanca. Es enterrado en el cementerio de Serantes.
Como narrador, Torrente sobresale por el planteamiento y la resolución profundamente irónicos de sus narraciones. Esta ironía se basa en la percepción de lo real en lo maravilloso y de lo maravilloso en lo real, por lo que se le ha solido comparar como la respuesta autóctona española al realismo mágico hispanoamericano. Más comúnmente se conoce esta ironía como "retranca galega"...
Obras
Novela
* Javier Mariño (1943)
* El golpe de estado de Guadalupe Limón (1946)
* Ifigenia (1949)
* Ifigenia (1950)
* La trilogía Los gozos y las sombras, constituida por El señor llega (1957), Donde da la vuelta el aire (1960) y La Pascua triste (1962) Premio de Novela de la Fundación Juan March.
* Don Juan (1963)
* Off Side (1968)
* La saga/fuga de J.B. (1972), premios Ciudad de Barcelona y de la Crítica de 1972.
* Fragmentos de Apocalipsis (1977), premio de la Crítica 1977.
* La isla de los jacintos cortados (1980), premio Nacional de Literatura.
* Dafne y ensueños (1982)
* Quizá nos lleve el viento al infinito (1984)
* La Princesa Durmiente va a la escuela (1985):
* La rosa de los vientos (1985)
* Yo no soy yo, evidentemente (1987)
* Filomeno, a mi pesar (Premio Planeta 1988)
* Crónica del rey pasmado (1989)
* Las islas extraordinarias (1991)
* La muerte del decano (1992)
* La novela de Pepe Ansúrez (1994), premio Azorín.
* La boda de Chon Recalde (1995)
* Los años indecisos (1997)
* Doménica (1999).
Teatro
* El viaje del joven Tobías (1938)
* El casamiento engañoso (1939)
* Lope de Aguirre (1941)
* República Barataria (1942)
* El retorno de Ulises (1946) y
* Atardecer de Longwood (1950).
Ensayo
* Panorama de la literatura española contemporánea (1956)
* Teatro español contemporáneo (1957)
* Siete ensayos y una farsa (1972) y
* El Quijote como juego (1975).
* Cuadernos de un vate vago (1982)
* Diarios de trabajo (1942-1947)
Periodismo
* Cuadernos de La Romana (1975)
* Nuevos Cuadernos de La Romana (1977)
* Cotufas en el golfo (1986)
* Torre del aire (1993)
* Memorias de un inconformista (1997)
Miscelánea
* Compostela y su ángel (1948)
* Santiago de Rosalía Castro (1989)
* Lo mejor de Gonzalo Torrente Ballester (1989)
* Los mundos imaginarios (1994)
Fuente: Wikipedia
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Reformadora social, penalista y pensadora española, realizó una gran tarea en favor de los desvalidos de toda clase, siempre dentro del ámbito y tendencia de la democracia cristiana, de la cual fue precursora en nuestro país.
Vida
Nació el 31 de enero del año 1820, en El Ferrol (La Coruña), y murió en Vigo, (Pontevedra), en 4 de febrero del año 1893.
Su padre, Ángel Arenal, fue nombrado, durante el Trienio Liberal de Riego (1820-23), secretario del Gobierno Superior de la Provincia de Galicia, por lo que, posteriormente sería encarcelado con la restauración de la monarquía absolutista de Fernando VII. En 1829, tras la muerte del cabeza de familia, la viuda y sus tres hijas se trasladaron a Armaño (Santander), población donde Concepción Arenal comenzó a tomar conciencia de las desigualdades sociales de la época, sobre todo de las terribles diferencias de sexo impuestas por la sociedad machista de la España del momento, que se agrandaban aún más en poblaciones rurales o provincianas. Al año siguiente, en 1830, la familia Arenal se trasladó a Madrid, por el deseo de la madre de que Concepción ingresase en un colegio de “señoritas distinguidas y de buenos modales”. Concepción Arenal tuvo que plegarse a los deseos maternos aun en contra de su voluntad. La lectura de los libros que dejó su padre despertó en ella, sin duda alguna, el interés por los asuntos de la delincuencia, del Derecho y de los problemas sociales en general.
En el año 1831 murió el gran literato romántico Larra, este hecho representó un duro golpe para la joven Concepción Arenal, quien ya manifestaba abiertamente el deseo de convertirse en la primera abogada de España, además de continuar formándose por su propia cuenta, rechazando de plano las formas habituales en las que se encerraba y constreñía, por entonces, a las mujeres. Esta abierta rebeldía contra las injusticias que sufrían las mujeres y su decisión firme y apasionada de cursar estudios oficiales (prohibidos para la mujer), contribuyeron a deteriorar cada vez más las relaciones con su madre. Tras un breve período de un año en Armaño (1840-41) para reflexionar sobre su futuro, concepción Arenal regresó a Madrid para asistir como oyente en la Facultad de Derecho. Concepción Arenal tuvo que salvar múltiples obstáculos, llegando incluso a hacerse pasar por un hombre para poder entrar en las aulas de la Universidad. Ese mismo año murió su madre, dejando así a Concepción Arenal con veintiún años y dueña absoluta de su propio destino. Siguió asistiendo a las clases de la Universidad, abarcando todos los cursos de la licenciatura, pero sin pasar examen ni aspirar a título alguno.
El año 1848 fue un año clave para Concepción Arenal. Se casó, libremente y por amor, con Fernando García Carrasco, al que conoció en las aulas universitarias. El matrimonio fue en seguida objeto de ciertas represalias por su decidido talante liberal, lo que provocó que se tuvieran que “exiliar” de la capital y trasladarse a la provinciana ciudad de Oviedo. Ese mismo año, Marx y Engels publicaron el Manifiesto comunista, se estableció en Francia el sufragio universal y Europa fue sacudida por un espíritu revolucionario que apenas llegó a España, ya que fue duramente reprimido por el gobierno reaccionario de Narváez. No obstante, el matrimonio García-Arenal siguió defendiendo sus ideales sociales y políticos, siempre dentro del humanismo cristiano, en varios periódicos de la ciudad asturiana. En el año 1851, murió la primera hija habida del matrimonio, hecho que afectó sobremanera a Concepción Arenal. También fue el año en que publicó su primero obra literaria, Fábulas y romances. En el año 1854 se inició la publicación del diario liberal Iberia, en el que colaboró estrechamente el matrimonio. Al poco tiempo, en 1855, murió su marido, desgracia que volvió a sacudir al ánimo infatigable de Concepción. Ésta, sola y con dificultades económicas, regresó a la localidad cántabra de Armaño para vender todos sus bienes. Seguidamente, se trasladó a Colloto (Asturias), para, definitivamente, establecerse en Potes (Asturias), donde comenzó su actividad caritativa.
En el año 1858 escribió una obra importante, ¡Dios y Libertad!, donde expresó todo su dolor y su traumática niñez y adolescencia, repletas de injusticias y opresiones de todo tipo. Durante toda esta etapa asturiana, Concepción desplegó una gran capacidad de trabajo social y literario, concretándose en la publicación de varias obras interesantes dentro de su prolija producción literaria. Destaca, entre otras, La Beneficencia, la Filantropía y la Caridad, donde hizo un recorrido exhaustivo y bien documentado sobre la historia de la beneficencia en España. Gracias a su amistad con el prestigioso músico cristiano, Masarman, fundó en Potes el primer grupo femenino español de las Conferencias de San Vicente de Paul. Escribió, en el año 1860, El visitador del pobre, traducido en cinco idiomas, para apoyar a las Conferencias. En el año 1861, escribió la obra España en África, y en el 1862 un extenso ensayo con el sintomático título de La igualdad social y política.
En el año 1863, Concepción Arenal se trasladó a La Coruña, a la vez que fue nombrada visitadora de prisiones de mujeres. Entre los años 1865-67 siguió escribiendo obras y ensayos de gran magnitud y calado social, como Cartas a los delincuentes (1865), Oda a la esclavitud (1865), El reo, el pueblo, o la ejecución pública de la pena de muerte (1867). En el año 1868 triunfó en España la “Gloriosa Revolución”, cayendo el gobierno conservador. La reina Isabel II fue depuesta del trono. El gobierno provisional de la República suprimió las Conferencias de San Vicente de Paul. Concepción Arenal protestó enérgicamente por una medida que consideraba arbitraria e inhumana y logró que se volvieran a restituir las Conferencias. Ese mismo año fue nombrada inspectora de las Casas de Corrección de Mujeres, hasta el año 1873, en que fue suprimido el cargo, ya con el establecimiento definitivo de la I República. Concepción Arenal se adhirió con verdadero entusiasmo a los postulados krausistas defendidos por Giner de los Ríos y por su amigo Azcárate, que, entre otras cosas, pretendían sacar a la mujer del medio tradicional y marginado en el que vivían y darles posibilidades de adquirir cultura y valores intelectuales para su pleno desarrollo como seres humanos. En el año 1868 publicó la obra La mujer del porvenir, y, al año siguiente, la Revista General de Legislación y Jurisprudencia publicó su obra Examen a las bases aprobadas por las Cortes para la reforma de las prisiones. En el año 1870, fundó en Madrid, junto con Antonio Guerola, la revista La Voz de la Caridad, donde incluyó su ensayo Cartas a un obrero. En el año 1871 fue nombrada secretaria general de la Cruz Roja de Madrid y escribió su obra Historia de Guerra.
El 29 de diciembre del año 1874 fue proclamado rey de España Alfonso XII, encumbrado al trono por Cánovas del Castillo, que formó un gobierno moderado y de claro tinte conservador. Este viraje político propició el destierro de eminentes catedráticos liberales, como Giner de los Ríos, Azcárate y Salmerón, todos ellos grandes amigos de Concepción Arenal. Ésta, cansada, se retiró hasta el año 1889 a Gijón, donde escribió sus mejores libros y estudios. En el último tercio del siglo XIX, y como reflejo de lo acontecido en la vecina Francia, nació en España un profundo interés por la problemática social y por la situación de la penosa clase trabajadora. La preocupación social de Concepción Arenal derivó hacia un socialismo cristiano, no exento de ciertos rasgos utópicos, debido sobre todo al gran influjo sobre la pensadora española del francés Proudhon, creador del socialismo utópico. En el año 1878, Concepción Arenal fue premiada por la Academia de Ciencias Morales y Políticas, por su memoria titulada La instrucción del pueblo. Al año siguiente se publicó su obra sin duda alguna más importante, Ensayo sobre el derecho de gentes, libro prologado por su gran amigo Azcárate. El Bulletin de la Societé Genérale dens Prisions publicó su trabajo Clínica criminal, en el año 1889. En ese mismo año se trasladó definitivamente a la ciudad gallega de Vigo, desde donde presentó al Congreso Hispano-Portugués-Americano sus trabajos La instrucción del obrero y La Educación de la mujer. Finalmente, el 4 de febrero del año 1893 murió Concepción Arenal, después de una penosa enfermedad.
Concepción Arenal fue una mujer de ideas renovadoras, que mantuvo una rara independencia política y social, siempre defendiendo lo que ella creía justo y necesario, sin falsas modestias ni prepotencia alguna. A estos valores, ya de por sí positivos, habría que sumarles su condición de mujer, ya que tuvo que “sobrevivir” e imponer su libertad como persona en un mundo donde predominaba la mezquindad, la mediocridad, la mentira, el afán de lucro, la beatería, el fanatismo y el más ramplón de los machismos posibles. Concepción Arenal fue lo que ella quiso y luchó por ser. Defensora a ultranza del pacifismo y de la justicia humana, siempre desde una onda cristiana y sincera; pensó, amó y murió tal como ella era, sin más, con una aplastante coherencia.
Bibliografía
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TABIO FERNÁNDEZ, J: Las ideas sociales de Concepción Arenal. Madrid, 1960.
ABELLÁN, J.L: Historia crítica del pensamiento español: la crisis contemporánea, 1875-1936. Madrid, 1989.
CACHO VIN, V: La Institución Libre de Enseñanza. Madrid, 1962.
DÍAZ, E: La filosofía social del krausismo español. Madrid, 1973.
OLLERO TASSARA, A: Universidad y política. Tradición y secularización en el siglo XIX español. Madrid, 1972.
MARTÍN, E: El hospital del siglo XIX en la obra de Concepción Arenal. La Coruña, 1988.
LA CALZADA DE MATEO, Mª J: La otra mitad del género humano: la panorámica vista por Concepción Arenal, 1820-1893. Málaga, 1994.
C. Herráiz García
Fuente: Enciclopedia Universal 1995-2005
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Filólogo y historiador español, nacido en La Coruña el 13 de marzo de 1869 y fallecido en Madrid el 14 de noviembre de 1968.
De padres asturianos, fue el quinto de sus hijos. Durante su infancia y juventud, sigue los pasos de su padre, magistrado, por diversas ciudades españolas: Oviedo, Valladolid y Albacete, donde iniciará el bachillerato, así como Madrid y el destino final del padre en Burgos, donde moriría en 1880. En 1883, la familia se traslada a Madrid, donde reciben el apoyo y la protección de los primos de su madre, Luis y Alejandro Pidal y Mon, segundo marqués de Pidal este último. Ya en Madrid, decide estudiar Filosofía y Letras, bien que, por imperativo familiar, se vea obligado a cursar a la vez la carrera de Derecho. Durante su carrera, tuvo gran importancia en el que sería posterior desarrollo de su obra el descubrimiento de la obra de Milá y Fontanals De la poesía heroica popular castellana que le mostró un método mucho más rigurosos y científico que el que imperaba en la universidad madrileña de mano de profesores brillantes pero superficiales como Sánchez Moguel, con cuya estrechez de miras hubo de tropezar el joven investigador en sus primeros años. Son los años en los que descubre en la biblioteca del Ateneo libros que, como la Gramática de las lenguas romances de Federico Díez o la Gramática de Meyer-Lübke, eran desconocidos o despreciados en la universidad pero que le descubren el comparatismo como método de investigación y los frutos que, en el estudio de la lengua y la literatura española, había dado ya de la mano de numerosos investigadores de toda Europa, especialmente alemanes en tanto. Mientras, nuestros estudios lingüísticos permanecían en manos de aficionados y la universidad permanecía en un estado de languidez casi moribunda.
El único aliento desde dentro del mundo académico vendrá de la mano de Marcelino Menéndez y Pelayo del que fue alumno circunstancialmente durante la licenciatura, aunque no sería hasta los años de doctorado cuando trabaría conocimiento más profundo con el que habría de considerar su maestro definitivo. Con todo, el método de ambos difería sustancialmente en el punto de vista, toda vez que, frente al hispanismo exacerbado del santanderino, Menéndez Pidal será partidario de un enfoque romanista más amplio de miras que el del anterior.
En 1892, se doctoró con un trabajo sobre las fuentes de El Conde Lucanor que nunca lo satisfizo dado que hubo de llevarlo a cabo casi sin dirección, toda vez que Sánchez Moguel apenas le prestaba atención. Fue un trabajo utilizado como base de investigaciones posteriores, toda vez que, cuando pensaba reescribirlo, ajeno ya a la vigilancia de Sánchez Moguel, la Real Academia convocó, ya en 1893, un premio al mejor estudio sobre el Cantar de Mío Cid, premio al que se presentó y en el que resultó vencedor con un trabajo que no se ha llegado a publicar en su estado original y que se conserva, al parecer, en la Academia. Con todo, sin duda el material que incluyese aquel estudio inicial fue utilizado como base de la magna investigación que sobre el Cantar realizaría en años posteriores. En la preparación de este estudio será fundamental la influencia de las obras de Gaston Paris y Leite de Vasconcellos, que le muestran una perspectiva más amplia que la utilizada hasta entonces en España. Mientras, logra un trabajo como funcionario en la Dirección General de Enseñanza que le permite ayudar económicamente a su familia. En 1893 Menéndez y Pelayo le abre las puertas de su biblioteca de Santander, donde lo invita a investigar. Ello afianzará la amistad entre ambos. En estos años, participa en la Escuela de Estudios Superiores del Ateneo madrileño con unas conferencias sobre Los Orígenes de la Lengua Castellana que le valieron duras e injustas críticas de Clarín, enfrentado políticamente con la familia de Menéndez Pidal, especialmente con su hermano Juan, representante en Oviedo de los personajes ultramontanos a los que criticaba en La Regenta.
En 1896 ve la luz su primer estudio: La Leyenda de los Siete Infantes de Lara, que recibirá al año siguiente el premio al talento de la Academia de la Historia, y en 1898 el Catálogo de las Crónicas Generales de España, un intento de establecer un árbol genealógico de cincuenta y cuatro textos de la Crónica alfonsí. De 1898, aunque ampliada en la nueva edición de 1917, es también la Antología de prosistas castellanos, que conoció un éxito editorial sin precedentes, dada la carencia de publicaciones de este tipo en España, y la primera contribución del joven investigador a una revista especializada extranjera: la Revue Hispanique, recientemente fundada en París, a la que contribuye con el artículo "El Poema del Cid y las Crónicas generales de España". Asimismo fue 1898 la fecha de la primera edición paleográfica del Cantar de Mío Cid. A éstos siguen, en 1899, sus Notas para el romancero del Conde Fernán González, con las que amplía el estudio del romancero e inicia su trabajo sobre la leyenda de los orígenes de Castilla.
Por estos años, comienza a tratar a María Goyri, joven filóloga con la que se casará en 1900, apartándose del rumbo que pretendía imponerle su tío Alejandro, quien le preparaba una boda con una rica heredera y pretendía hacer de él el intelectual del partido conservador a la sombra de Menéndez y Pelayo. De su matrimonio nacerán tres hijos: Ramón, muerto en 1908 en la casa de vacaciones de El Paular (Madrid), Gonzalo y Jimena. El poco apego del joven investigador a la vida mundana, así como su visión ajena al nacionalismo exagerado de los conservadores, lo apartan de los senderos políticos por los que se había movido su familia. Al tiempo, su flexibilidad de ideas le permitió mantener larga y profunda amistad con Unamuno, tan distante de él en carácter y formación como en método de trabajo. En 1899, había obtenido la cátedra de Filología Comparada (latina y española) en la Universidad Central de Madrid y en 1902, ingresó en la Academia, institución de la que fue director en 1925 y 1947, tras ser apartado de ella en 1939. En el mismo 1902, el descubrimiento de un nuevo manuscrito del Poema de Yuçuf le lleva a realizar una edición que mejora la anterior de Morf y Schmitz y que, con su modestia habitual, decidió subtitular "Materiales para su estudio".
En 1907, se creó la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas que proporcionó medios a numerosos investigadores de las ramas más variadas de las ciencias humanas. De ella formó parte desde su constitución (primero con rango de vocal y, desde 1910 hasta 1930, como vicepresidente) así como del Centro de Estudios Históricos, creado en 1910 como organismo dependiente de la Junta, desde el que impulsaría todas las ramas de la filología así como la historia y sus disciplinas afines. Ambos organismos permitirían completar al maestro su labor docente y crear toda una escuela. Desde el comienzo, Menéndez Pidal compatibilizó las direcciones del Centro y de la sección de Filología. Las primeras líneas de investigación del nuevo organismo fueron la dialectología, la fonética y la documentación necesaria para el estudio de la lengua medieval, la literatura anterior al XVI y la de los Siglos de Oro, con atención especial al Romancero y al teatro. En 1914, comienza a publicarse dentro del Centro la Revista de Filología Española, en la que colaboran, desde los primeros números, Gili Gaya, Sánchez Cantón, Américo Castro, Navarro Tomás y García Solalinde, así como el mejicano Alfonso Reyes, uno de los primeros alumnos extranjeros del Centro. Durante veintitrés años, fue Menéndez Pidal la cabeza visible de la Revista, bien que no trabaje a fondo en su organización, absorbido por una labor investigadora tan amplia como importante. Con todo, su participación será activa y constante en la revista, como lo muestra la serie de artículos que publica entre 1914 y 1916 con el título de Poesía popular y romancero.
En 1912, ingresa en la Academia de la Historia, aunque no leerá el discurso hasta 1916. Son años de trabajo infatigable y de reconocimiento internacional; la década que va de 1904 a 1914 afianza la figura de Menéndez Pidal como cabeza visible de la filología hispánica tras las muertes de Rufino José Cuervo, Menéndez y Pelayo, Lenz y Hanssen. Así, honores como el de ser nombrado Comisario del rey en el conflicto de fronteras entre Perú y Ecuador en 1904 o el encargo de dirigir la sección de filología de la revista Cultura Española, publicada entre 1906 y 1909. En 1913 fue nombrado consejero especial del Ministerio de Instrucción Pública, honor al que acompañan, en el mismo año, la Medalla de Plata de la Hispanic Society de Nueva York (al acudir a los Estados Unidos a dar varias lecciones magistrales en las universidades John Hopkins y Columbia, entre ellas la leída y publicada en francés L'épopée castillane à travers la littérature espagnole) y la recepción en la Accademia dei Lincei de Roma. En 1914 el Centro publica la edición facsímil del Cancionero de Romances impreso en Amberes entre 1547 y 1549. Asimismo, durante la Segunda Guerra Mundial, visita por dos veces París, dentro de una comisión de intelectuales españoles que apoyaban la causa aliada.
En 1919, al cumplir los cincuenta años, es elegido presidente del Ateneo madrileño y en 1925, con motivo de sus veinticinco años como catedrático, el Centro de Estudios Históricos le brindó un homenaje en el que colaboraron más de 130 lingüistas y filólogos de todo el mundo. En 1927, sufre un desprendimiento de retina en el ojo derecho que lo obligará al reposo y le hará perder la vista en dicho ojo. Fruto de dicha ceguera será la Flor nueva de Romances viejos (1928), recopilación que ha supuesto el primer acercamiento al romancero para generaciones enteras de estudiantes hasta el inicio de recopilaciones posteriores como las de Di Stefano, Alvar o Díaz Roig, preparadas con criterios más modernos.
Hasta 1936, su prestigio no hace sino crecer: desde el Centro de Estudios Históricos dirige numerosos trabajos y va creando escuela y se le otorgan numerosos honores. Asimismo, su valiente carta abierta a Primo de Rivera, firmada y publicada en solitario con motivo de la clausura de la universidad de Madrid en 1929, le acarreó numerosas simpatías. Del mismo modo, su enfrentamiento con Rovira, partidario de una república federal y catalanista extremo, llevaron a que se lo considerara como posible candidato a la presidencia de la República, candidatura que rechazó, así como el acta de diputado que se le ofreció. Su actividad política se había reducido a la de un ciudadano particular que interviene con su opinión en los asuntos de estado cuando estos afectan a su labor profesional. Sí que intervendrá, en cambio, en la creación de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, de la que será secretario su discípulo Pedro Salinas. Asimismo, presidirá la Junta de Relaciones Culturales, dependiente del Ministerio de Estado. Al tiempo, prosigue su labor investigadora y prepara reediciones de trabajos ya agotados y atrasados como el inicial La leyenda de los Siete Infantes de Lara, que ve la luz en 1934. El estallido de la guerra civil lo encuentra en Madrid, donde permanece hasta que consigue permiso para viajar a Burdeos con su familia. Desde allí, tras ocupar durante dos meses una cátedra, acepta la invitación de la Universidad de La Habana para pronunciar una serie de conferencias y ocupar la cátedra de Historia de la Lengua Española. En 1937, se traslada a Columbia, siempre triste por la situación española y siempre deseoso de evitar a ambos bandos, lo que le llevó a romper formalmente con la causa republicana. En 1938, se encuentra en París, donde reanuda sus investigaciones en la biblioteca de La Sorbona.
Tras la guerra, vuelve a Madrid, donde recibirá un trato desigual, toda vez que será sometido al Tribunal de Responsabilidades Políticas y apartado de la dirección de la Academia hasta 1947 por negarse a realizar el juramento en el Instituto de España al que se obligaba a todos los académicos. Con muy diferente actitud, la Academia de la Historia lo ayudó en el cumplimiento de trámite tan enojoso como desagradable para el ya anciano investigador. Los últimos treinta años de su vida, los pasó trabajando de forma infatigable en su casa de Chamartín, sede en la actualidad del Seminario Menéndez Pidal, dirigido por su nieto Diego Catalán, donde recibía las visitas de colaboradores y alumnos. Con todo, recibió desaires como la suspensión por orden gubernativa, en 1947, del acto en el que se lo iba a nombrar hijo predilecto de La Coruña o los ataques de que fue objeto, entre ellos uno particularmente sañudo del profesor Entrambasaguas, por su escasa ortodoxia política y su tendencia a la reconciliación, palpable en la abundante correspondencia con Américo Castro, que se contradicen con hechos como la publicación a cargo del CSIC de siete tomos de Estudios dedicados a Menéndez Pidal que vieron la luz entre 1950 y 1962 como homenaje en sus ochenta años. En estos últimos años, debe enfrentarse, además, a la muerte de discípulos como Amado Alonso, la de su esposa, que fallece en 1954 o la de su yerno, Miguel Catalán, que muere de forma repentina en 1956. En 1965, sufre una trombosis que lo deja medio paralizado, bien que consciente, y de la que nunca se recuperará por completo. Falleció en su casa de Madrid el 14 de noviembre de 1968.
Obra
Su figura alcanzó un relieve internacional suficiente como para sacar de su decadencia a la filología española. En este aspecto, Menéndez Pidal, auxiliado tan sólo por la biblioteca del Ateneo madrileño y el magisterio indirecto de Milá y Fontanals, introdujo el comparatismo en la universidad española, corriente que, todavía a finales del XIX era una completa desconocida entre nosotros. Hasta el final de sus días, su cosmopolitismo, fruto de las investigaciones comparatistas, fue constante en el enfoque de su trabajo.
Su método se caracterizó por el rigor en la sistematización de datos y la búsqueda de un estilo que permitiera una comunicación fácil, alejado tanto de la sequedad científica de Milá y Fontanals como del exceso retórico de filólogos como Gayangos, Cotarelo o el propio Menéndez y Pelayo. Con todo, su principal mérito fue el de establecer una obra que sigue sirviendo como base de investigaciones posteriores que la amplían, corrigen o matizan, superada ya la leyenda blanca que, como señaló Malkiel, envolvía la figura del don Ramón imposibilitando cualquier crítica o retoque a una obra que se consideraba punto menos que sagrada. Muy al contrario, los últimos años han conocido una moda de desprestigiar por sistema la obra de Menéndez Pidal, incluso por parte de aquellos que bebían en las fuentes por él allegadas, que parece remitir al calor de investigaciones como las mencionadas de Samuel Arminstead o de Francisco Márquez Villanueva.
Desde sus primeros trabajos, la figura de Menéndez Pidal destaca por el hecho de fundir las características y los conocimientos propios del historiador, el paleógrafo y el filólogo en disciplinas tales como la etimología, la métrica, la toponimia o la gramática histórica. Con todo, se le ha criticado el excesivo apego a una serie de temas, bien que tal crítica prescinda del constante apoyo brindado a numerosos discípulos que trabajaban en áreas ajenas a las de su propia línea investigadora. Como maestro, su labor crítica se caracterizo por el rechazo del dogmatismo y de la crítica destructiva, lo que alentó a numerosos investigadores a embarcarse en proyectos ambiciosos que tomarían cuerpo en nuevas líneas de investigación. En su estela se sitúan figuras tan sobresalientes en el campo de la filología como dispares entre sí, prueba de la flexibilidad de Menéndez Pidal en el trato. Son investigadores de la talla de Tomás Navarro Tomás, Federico de Onís (los dos primeros discípulos Centro), Américo Castro (con el que mantuvo constante correspondencia hasta sus últimos días y cuya presencia añoró desde el exilio de éste), Amado Alonso, Antonio García Solalinde, Dámaso Alonso, Pedro Salinas, Samuel Gili-Gaya, Rafael Lapesa, Juan Corominas, Vicente García de Diego, Marcel Bataillon o Miguel Asín Palacios, entre otros muchos. Asimismo, dentro de su propia familia, su nieto Diego Catalán y su sobrino-nieto Álvaro Galmés de Fuentes figuran entre los discípulos del gran investigador. Por otra parte, a través de su obra y más allá de su muerte, su figura informa el método de investigadores actuales de la talla de Samuel G. Arminstead, que ha llegado a demostrar muchas de las hipótesis que Menéndez Pidal se limitara a indicar, tales como el parentesco entre la épica y la balada germánica y la española.
Del mismo modo, es preciso tener en cuenta su aportación a campos de los que todavía hoy sabemos poco, como es el de las crónicas en el que se ha avanzado poco desde sus ya casi centenarios trabajos, desidia que, obviamente, no se puede cargar en su cuenta, sino en la de las generaciones posteriores. Desde sus tempranas Crónicas Generales de España (1898), patrocinadas por la Casa Real, siguiendo por la primera edición de la Estoria de España alfonsí, a la que Menéndez Pidal dio el inexacto pero explicativo título de Primera Crónica General de España, que mandó componer Alfonso el Sabio y se continuaba bajo Sancho IV en 1289, publicada en 1906, y en la que trató de dar un texto lo más aproximado al inicial de una obra casi completamente desconocida hasta el momento, a pesar de su conciencia de ser tarea que precisaría de revisión y de corrección posterior. De acuerdo con ello, fue dicha obra la primera en ser editada por el Seminario Menéndez Pidal en 1955, dentro de su costumbre de corregir y actualizar los trabajos que habían quedado atrasados.
Con todo, lo más conocido de los estudios pidalianos es el conjunto de trabajos dedicados al Cantar de Mío Cid y, en general, a la épica española. En ellos plantea para la épica un origen popular, similar al de las baladas germánicas, identificadas con el romancero, que se habría plasmado en la composición de cantos noticieros cercanos a los hechos narrados que habrían permanecido en la memoria del pueblo mediante la recitación, en lo que Menéndez Pidal llamó "estado latente". En esta latencia, tuvieron papel fundamental los juglares, que difundieron dichos cantos y les infundieron su estilo peculiar, adecuado a la recitación memorística, dada la escasa difusión de le escritura. El texto permanecería, por tanto, en la memoria colectiva, bien que no de una forma estática, sino con variantes propias de cada recitador que, por otra parte, no debían llegar a distorsionar la base del relato. Ello otorgaba a cada recitación un carácter único y, necesariamente, efímero. Posteriormente, los cantares fueron fijados por escrito bien por su importancia intrínseca, así el Cantar de Mío Cid, bien por considerarse material adecuado para la redacción de crónicas, en las que con frecuencia se prosificaban fragmentos de cantares sin disimular siquiera las asonancias. Ello llevó a Menéndez Pidal a dos conclusiones de carácter muy diferente: la historicidad de los cantares, harto discutible hoy día, y la antigüedad de la épica, y de las literaturas románicas con ella, que se remontaría mucho más atrás en el tiempo de lo que demuestran los textos conservados.
Estos textos, por otra parte, no serían sino excepciones de lo que fue un universo literario básicamente oral que sólo nos ha llegado parcialmente. Frente a la teoría colectiva y tradicional, varias voces (singularmente la de Bédier) defendieron la existencia de un autor culto que produjo el poema probablemente al calor de unas circunstancias sociales concretas, relacionadas por lo común con las necesidades económicas de los monasterios. La cuestión del autor único, defendida en los últimos tiempos por Colin Smith con tanto denuedo como falta de base científica, cuenta, en cambio, con el problema de la escasez y la dispersión de los textos (habitual en el estudio de las épocas de orígenes) que impiden una certificación de la autoría personal y única. Por tora parte, se puede achacar a la teoría pidaliana un exceso en la reconstrucción de cantares a partir de romances y prosificaciones que iría, también por lo escaso y disperso de los textos, más allá de lo permisible científicamente hablando.
Dentro de la obra de Menéndez Pidal cabe distinguir tres facetas: la lingüística, la de análisis y reconstrucción textual y la literaria e histórico-cultural. En el aspecto estrictamente lingüístico, sus obras maestras son los Orígenes del Español. Estado Lingüístico de la Península hasta el siglo XI (1925, ampliado en 1950), primera parte de una Historia de la lengua española en la que trabajó durante años y que quedó, finalmente, inconclusa, donde publica gran cantidad de textos sobre los primeros tiempos de nuestra lengua, desde las propias Glosas, a los que acompaña un pormenorizado análisis de los testimonios lingüísticos que aportan tales textos, y el Manual elemental de gramática histórica española (1904, ampliado en sucesivas ediciones hasta la de 1940 y que desde la sexta se conoce como Manual de Gramática Histórica), en el que sistematiza por vez primera los elementos que constituyen la lengua española desde un punto de vista histórico, que ponen de manifiesto todos ellos el rigor de su método y la separación definitiva de la filología moderna respecto del estilo retórico y ampuloso de los maestros del XIX, que aún había de perdurar en la obra de otros investigadores. Otros trabajos que afectan al mismo campo son el inicial "Notas sobre el bable hablado en el Concejo de Lena", artículo publicado en 1899 que abre la larguísima lista de libros, artículos y comunicaciones que llegaría hasta 1965; Documentos lingüísticos de España, I: Reino de Castilla (1919), colección en la que sería auxiliado para sucesivas entregas por Navarro Tomás en los referentes al Reino de Aragón; Toponimia Ibero-vasca en la Celtiberia (1950); Toponimia prerrománica hispana (1952-53), El Dialecto Leonés (1906, bien que reeditado y actualizado en 1962), así como varios volúmenes que recopilan trabajos de menor envergadura, como los que integran El idioma español en sus primeros tiempos o La lengua de Cristóbal Colón, ambos de 1942; Estudios de lingüística o En torno a la lengua vasca (1962).
Dentro de la segunda vertiente, la dedicada al análisis e interpretación de textos, es preciso citar en primer lugar su seminal trabajo sobre el Cantar de Mío Cid (1908-1911), ampliación del premiado por la Academia, que conocería sucesivas revisiones a lo largo de la vida del estudioso y en cuyo estudio incluye un apartado lingüístico digno de ser parangonado con los trabajos ya mencionados. Anteriores son La Leyenda de los Siete Infantes de Lara (1896), su primer estudio, al que siguieron las ediciones de la Disputa del alma y el cuerpo y el Auto de los Reyes Magos (ambos en 1900); el Poema de Yuçuf (1902); la Razón de Amor (1905); El Romancero Español (1910); la ya mencionada Flor Nueva de Romances Viejos (1928); Tres Poetas Primitivos. Elena y María, Roncesvalles, Historia Troyana Polimétrica (1948), de los cuales Roncesvalles y Elena y María lo habían ocupado ya en artículos publicados en la Revista de Filología Española; Antología de prosistas españoles (1899 y 1928); Crestomatía del español medieval (1965-66), publicada durante su última enfermedad y redactada en equipo, a partir de los materiales allegados por don Ramón, dirigido por Rafael Lapesa o la por él llamada Primera Crónica General (1955), primera publicación del Seminario Menéndez Pidal.
Finalmente, de la tercera vertiente son estudios como El Cantar del Cid, la epopeya castellana a través de la literatura española (1910), Poesía juglaresca y juglares (1924), libro que supuso un importante avance dentro del campo de la literatura comparada y que recibió un nuevo título en su sexta edición (1957): Poesía juglaresca y orígenes de las literaturas románicas; Historia y epopeya (1934), La España del Cid (1929); De Cervantes y Lope de Vega; Poesía árabe y poesía europea; De la primitiva lírica española y antigua épica; Los españoles en la literatura; Los Reyes Católicos y otros estudios; Idea imperial de Carlos V, sin duda una de las páginas más endebles y menos afortunadas del grandísimo investigador que fue Menéndez Pidal, al tiempo que uno de los trabajos que más han perjudicado a su imagen; El Imperio Hispánico y los cinco reinos; dos épocas de la estructura política de España (1950), trabajo que no está a la altura de los mejores del autor en el que estudiaba la época de Alfonso VII como un intento de restaurar el antiguo imperio leonés y de mantener la unidad de la comunidad hispánica. La obra fue duramente criticada por Vicens-Vives. Posterior es La "Chanson de Roland" y el neotradicionalismo; orígenes de la épica románica (1959), tardío pero excelente testimonio de su infatigable trabajo y de su lucidez crítica que muestra la perspectiva románica que alumbró siempre su trabajo, incluso en momentos tan poco proclives al internacionalismo dentro de España, y su firmeza frente a los ataques de los bedieristas, partidarios de la autoría individual de los poemas épicos. Dedicó, asimismo, Menéndez Pidal varios estudios a la figura del Padre Las Casas, tales como El Padre Las Casas (1962), El padre Las Casas; su doble personalidad (1963) o El Padre Las Casas y Vitoria.
Otros estudios de interés son Los Reyes Católicos y otros estudios (1962); España, eslabón entre la Cristiandad y el Islam y un largo etcétera en la que se sitúan, además, numerosísimos artículos y conferencias publicados a lo largo de toda su vida. En la faceta histórica, se inclina Menéndez Pidal por el estudio de tipo histórico frente a la preocupación estética, casi desdeñada en sus trabajos sobre el Cantar de Mío Cid.
Además de su brillantísima carrera como filólogo, en su faceta como historiador Menéndez Pidal inició en 1927 la Historia de España, un ambicioso proyecto cuyo propósito era "hacer la historia de un pueblo, no de héroes, de reyes o de batallas". La ambiciosa colección sufrió diversas interrupciones y Menéndez Pidal sólo llegó a ver publicados doce tomos, desde 1935 hasta su muerte. Dirigida desde 1975 por José María Jover Zamora, finalmente esta obra colectiva, en la que trabajaron más de cuatrocientos autores, se cerró en 2004 con la publicación de los tres últimos tomos. En total, la Historia de España consta de cincuenta mil páginas y cuenta con veinte mil ilustraciones.
Bibliografía
ALONSO, Dámaso; Menéndez Pidal y la generación del 98; Madrid, Gráficas Benzal, 1969.
MALKIEL, Yakov; "Era omne esencial..." en Romance Philology, XXXIII, 4, 1970, págs. 371 a 411.
PEÑALVER CASTILLO, Manuel, La escuela de Menéndez Pidal y la historiografía lingüística hispánica; Almería, Universidad de Almería 1995.
PÉREZ VILLANUEVA, Joaquín; Ramón Menéndez Pidal: su vida y su tiempo; Madrid, Espasa-Calpe, 1991.
Gerardo Fernández San Emeterio
Enciclopedia Universal 1995-2005
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Salvador de Madariaga y Rojo
Español de una talla intelectual y política impresionante. Ensayista, historiador, profesor, diplomático, polígrafo y poeta, cultivó todos esos aspectos de manera brillante. Nació en La Coruña, el día 23 de julio del año 1886, y falleció en Locarno (Suiza), el día 14 de diciembre del año 1978, tras una dilatada existencia repleta de actividades y de una fecunda creación literaria.
Salvador de Madariaga inició sus estudios en el Instituto de Segunda Enseñanza de su ciudad natal, estudios que acabó en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid. Fue enviado por sus padres a París, para proseguir su formación. Aunque su vocación literaria surgió tempranamente en el joven estudiante, cursó una carrera científico-técnica para no contrariar los deseos de su padre, militar de ideas liberales. Por todo ello, ingresó en la Escuela Politécnica y en la Escuela Nacional de Minas, ambas en París, y se graduó en ambas escuelas en el año 1911, fecha en la que regresó a España para incorporarse a la Compañía de Ferrocarriles del Norte, en calidad de ingeniero de Minas. Al año siguiente contrajo matrimonio con una escocesa, Constance Archibald.
En el año 1916, decidido a llevar adelante su pasión por la literatura, se marchó a Londres, donde se abrió camino gracias a su dominio del inglés y del francés, lenguas éstas en las que se expresará indistintamente en algunas de sus posteriores producciones literarias. En el año 1917 trabajó como editorialista y redactor en el prestigioso periódico inglés The Times y publicó su primer libro en inglés, "Shelley and Calderón and other essays on English and Spanish poetry", dando muestra de su gran maestría en la especialidad de la literatura comparada.
En el año 1921, el gobierno español lo nombró agregado técnico a la delegación en la Conferencia del Tránsito, organizada por la Sociedad de Naciones, en la ciudad de Barcelona. Este puesto abrió a Salvador de Madariaga las puertas del mundo de la política y de la diplomacia, dotándole de un gran prestigio que se concretó cuando fue nombrado miembro de la Secretaría General de la Sociedad de Naciones, con sede en Ginebra, donde desempeñó durante seis largos años la jefatura de la Sección de Desarme. En este período, Salvador de Madariaga entabló contacto con las más importantes y eminentes personalidades políticas y diplomáticas de todo el mundo.
En el año 1927 abandonó tan relevante cargo por dos motivos distintos, pero íntimamente ligados: por un lado, pesó demasiada su afición a la literatura; y por otro lado, la gran decepción que le produjo la propia Sociedad de Naciones como organismo incapaz de impulsar la unión de Europa, como él quería. En el año 1927, la Universidad de Oxford creó la cátedra de Lengua y Literatura Española, la cual fue ofrecida inmediatamente a Salvador de Madariaga. Fue por entonces cuando publicó su obra "Ingleses, franceses y españoles", escrita en las tres lenguas correspondientes y que obtuvo por su versión francesa el premio de L'Europe Nouvelle. Salvador de Madariaga dio comienzo a una de sus etapas creadoras más fecundas. En el año 1930 apareció en inglés la primera edición de su obra "España: ensayo de Historia Contemporánea", en la que, partiendo del territorio y del origen de los españoles, expuso e interpretó magistralmente los acontecimientos decisivos de la historia del país durante el siglo XIX.
Con la llegada de la II República, en el año 1931, el gobierno provisional presidido por Manuel Azaña, lo nombró, sin consultárselo, embajador en Washington, cargo que aceptó con el consiguiente abandono de su cátedra en Oxford. Diputado por la ORGA, encabezada por Casares Quiroga, fue elegido diputado por su ciudad natal y nombrado cuarto presidente de las Cortes Constituyentes. En el año 1932 pasó a la embajada de París, cargo que simultaneó con el de miembro de la Comisión de Desarme de la Sociedad de Naciones, donde trabajó activamente en el contencioso chino-japonés y en la invasión de Etiopía por Italia. En el año 1934 fue nombrado, por el gobierno de Alejandro Lerroux, ministro de Instrucción Pública y también de Justicia, cargo este último debido a la dimisión de su titular. Tan sólo duró en el cargo cinco semanas escasas, ya que aceptó el cargo bajo el cumplimiento de dos condiciones que no satisfizo el gobierno de Lerroux: practicar una política de paz con los socialistas; y mantener la condena al general rebelde Sanjurjo, el cual fue indultado por el gobierno.
En febrero del año 1936 triunfó en las elecciones el Frente Popular, encabezado por Manuel Azaña. El nuevo presidente ofreció a Salvador de Madariaga la cartera ministerial de Hacienda, que éste rechazó honestamente por reconocimiento de su propia incompetencia para realizar dicho cargo. El ambiente enrarecido que hacía presagiar una confrontación armada fue captado y advertido de antemano por Salvador de Madariaga en múltiples colaboraciones periodísticas que no encontraron eco alguno dentro del propio gobierno. Al estallar la Guerra Civil, Salvador de Madariaga se hallaba en su casa de Toledo, de donde pudo salir, gracias a la ayuda del ministro de Estado, Augusto Barciá, en agosto del mismo año. Desencantado, se instaló de nuevo en Oxford para dedicarse por entero a sus tareas históricas y literarias. Fruto de este nuevo período fueron algunas de sus obras más estimadas. También colaboró en la prestigiosa emisora inglesa BBC en emisiones semanales para los oyentes de Hispanoamérica, al igual que hizo a través de la ORT francesa, en las que mantenía su constante crítica contra la dictadura imperante en España.
De una profunda raigambre humanista y liberal, Salvador de Madariaga no transigió con el franquismo ni con el totalitarismo impuesto en España por los militares triunfantes en la contienda civil e hizo multitud de gestiones desde su cátedra de Oxford para intentar restaurar la democracia en España. Gracias a un sinfín de intervenciones públicas y de artículos publicados se acreditó como un agudo polemista en contra de la dictadura franquista.
En el año 1947 se fundó la Internacional Liberal, de la que fue nombrado presidente y de la que se le confirió, cinco años más tarde, el título de presidente de honor. En el año 1949 pudo llevar a cabo una de sus ideas más queridas, con la creación en Brujas (Bélgica) del Colegio de Europa, centro de estudios y convivencia para postgraduados, con la finalidad de consolidar en los estudiantes, con su formación, los ideales de la tan querida unidad continental. El colegio también fue presidido por Salvador de Madariaga, hasta el año 1964, fecha en que fue nombrado presidente de honor. En el año 1950 se constituyó en París el Congreso para la Libertad de la Cultura, del cual también fue elegido presidente de honor, junto con personalidades de la talla de Croce, Dewey, Jaspers, Maritain, Niebhur y Bertrand Russell.
En el año 1954 se estrenó en la Ópera de París la ópera "Numance", con música de Henri Barraud y libreto de Salvador de Madariaga. En el año 1966, con ocasión de su 80 aniversario, el colegio de Europa le rindió un merecido homenaje con la publicación del Liber Amicorum, con textos de Albert Camus, Andrés Segovia, Burckhardt, Sánchez Albornoz, Marcel Bataillon, y una larga lista de amigos y admiradores del pensador español.
En el año 1967 publicó en Buenos Aires su obra "Las memorias de un federalista", en la que plasmó recuerdos de su ambiente familiar y de su infancia, a la par que expuso un pensamiento superador del separatismo intransigente y del unitarismo intolerante, de cuya colisión, una vez superada la etapa política de la dictadura, vendrían los futuros males de España. Salvador de Madariaga intentó publicar un resumen de la obra en el periódico gallego La Voz de Galicia, pero fue denegado dicho permiso tras la iracunda prohibición del ministro de Información y turismo, Manuel Fraga Iribarne.
En el año 1970 volvió a casarse con Emilia Székely, de nacionalidad húngara y antigua colaboradora del maestro. El matrimonio fijó su nueva residencia en Locarno (Suiza). Fue en ese momento cuando culminó el reconocimiento de la figura de Salvador de Madariaga como europeo insigne, digno de figurar entre las personalidades de todos los tiempos que más han contribuido para llevar a cabo la tan deseada unidad europea. En el año 1973, la ciudad de Aquisgrán le otorgó el preciado premio Carlomagno.
Salvador de Madariaga se había negado a regresar a España en vida de Franco. Fallecido el dictador, en noviembre del año 1975, y una vez comprobada la evolución hacía la democracia de la transición española, regresó a su querido país, donde fue recibido por el rey Juan Carlos I, además de obtener una calurosa acogida y bienvenida por parte de casi todos los medios culturales nacionales. Ingresó en la Real Academia Española, de la que era miembro elegido desde el año 1936. Salvador de Madariaga acarició el proyecto de terminar sus días en su añorada Galicia, pero tuvo que renunciar a su deseo por culpa del clima gallego, que no le favorecía. La muerte le sorprendió en Locarno, el 14 de diciembre del año 1978.
A lo largo de su dilatada vida, Salvador de Madariaga recibió múltiples distinciones, premios y condecoraciones, a la par de estar propuesto para el premio Nobel de la Paz por el doctor Münch, ministro danés de Asuntos Exteriores. Salvador de Madariaga cultivó todos los géneros literarios, cuya producción sería imposible de enumerar, todo ello sin contar todas las conferencias y centenares de artículos.
Obras
Ensayos históricos
* España (1931)
* Vida del muy magnífico señor don Cristóbal Colón (1940)
* Hernán Cortés (1941)
* Cuadro histórico de las Indias (1945)
* Carlos V (1951)
* Bolívar (1951)
* El auge del Imperio Español en América (1956)
* El ocaso del Imperio Español en América (1956)
* El ciclo hispánico (1958)
* España. Ensayo de historia contemporánea (undécima edición nuevamente revisada por el autor) (1978)
Ensayos políticos
* La guerra desde Londres (1917)
* Discursos internacionales (1934)
* Anarquía o jerarquía (1935)
* ¡Ojo, vencedores! (1954)
* General, márchese Vd. (1959)
* De la angustia a la libertad (1955)
Otros ensayos
* Ensayos angloespañoles (1922)
* Semblanzas literarias contemporáneas (1923)
* Guía del lector del Quijote (1926)
* Ingleses, franceses, españoles (1929)
* El Hamlet de Shakespeare (1949)
* Bosquejo de Europa (1951)
* Presente y porvenir de Hispanoamérica (1953)
* Retrato de un hombre de pie (1956)
* De Galdós a Lorca (1960)
* El Quijote de Cervantes (1962)
* Memorias de un federalista (1967)
Novelas
* La jirafa sagrada (1925)
* El enemigo de Dios (1926)
* El corazón de piedra verde (1942)
* Ramo de errores (1952)
* Los fantasmas (1952)
* Los dioses sanguinarios (1952)
* Fe sin blasfemia (1952)
* La camarada Ana (1954)
* Guerra en la sangre (1956)
* Una gota de tiempo (1958)
* El semental negro (1961)
* Sanco Panco (1963)
Poesía
* Romances de ciego (1922)
* La fuente serena (1927)
* Elegía en la muerte de Unamuno (1937)
* Elegía en la muerte de Federico García Lorca (1938)
* Rosa de cieno y ceniza (1942)
* Romances por Beatriz (1955)
* La que huele a Tomillo (1959)
* Poppy (1965)
Bibliografía
BRUGMANS, H y MARTÍNEZ, R: Liber amicorun. Salvador de Madariaga. Brujas, 1966.
CÉNIT MOLINA, E: La obra de Salvador de Madariaga: ensayo bibliográfico. Madrid, 1990.
VICTORIA GIL, O: La vida y obra trilingüe de Salvador de Madariaga. Madrid, 1989.
PAREDES, J: Historia Contemporánea de España (1808-1939). Barcelona, 1996.
TÉMINE, E; BRODER, A y CHASTAGNARET, C: Historia de la España Contemporánea: desde 1808 hasta nuestros días. Barcelona, 1985.
CARR, R: España 1808-1975. Barcelona, 1984.
C. Herráiz García
Fuente: Enciclopedia Universal 1995-2005
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Escritora española, nacida en La Coruña el 15 de septiembre de 1851 y fallecida en Madrid el 12 de mayo de 1921, que está considerada una de las personalidades literarias más importantes del siglo XIX y representa la figura más destacada del naturalismo español, movimiento cuyo ideario y estética defendió en sus artículos. En sus dos novelas principales (Los pazos de Ulloa y La madre naturaleza) se apartó de los aspectos más truculentos de este movimiento, y ya en sus últimas obras su estilo derivó hacia una novela con elementos idealistas y religiosos. Recibió el título de condesa de manos de Alfonso XII en 1908.
Vida y Obra
Emilia Pardo Bazán perteneció a una familia de la aristocracia gallega que residía en el pazo de Meirás. Hija de abogado, obtuvo de niña una educación elevada en un colegio francés donde aprendió el idioma de aquel país, lo que más adelante le abriría las puertas de los nuevos movimientos literarios de fin de siglo. Desde su juventud, su interés por la lectura de los clásicos fue decisivo para su formación como escritora; la influencia de obras como la Biblia, la Ilíada o el Quijote, se percibe ya en sus primeros escritos. Estas lecturas fueron acompañadas progresivamente por las obras de los poetas más representativos de aquel tiempo, como Zorrilla, Duque de Rivas, Quintana, Musset o Victor Hugo.
En 1868, fecha en que se produjo en España la revolución liberal conocida como "La Gloriosa", la joven Emilia, con 15 años, se prometió a José Quiroga y Pérez de Deza, joven aristócrata y estudiante de Derecho. El mismo año ambos contrajeron matrimonio y se trasladaron a Santiago de Compostela, donde estudiaba el joven Pérez de Deza. Un año después, el padre de la escritora, José Pardo Bazán -que de antiguo pertenecía al partido liberal de Salustiano Olózoga-, fue elegido diputado por las Cortes Constitucionales, por lo que la pareja también se mudó a Madrid. En esta nueva etapa de su vida, la joven escritora comenzó a departir en infinidad de tertulias matritenses con escritores, artistas y políticos de aquel tiempo. Pero pronto las consecuencias de la revolución antes mencionada obligaron a la familia a abandonar España y viajar por diversos países europeos -Inglaterra, Italia, Alemania o Francia- donde la escritora no perdió la oportunidad de perfeccionar sus conocimientos de idiomas. En Francia trató directamente con parte de la intelectualidad francesa, Victor Hugo, Zola, Daudet, etc., intelectuales a quienes en fechas venideras visitó con frecuencia.
En 1876 la joven escritora presentó su obra Ensayo crítico de las obras del padre de Feijoo a un certamen en la Universidad de Oviedo, en el que concurría, además, Concepción Arenal, otra histórica mujer del XIX. Conseguir este premio ayudó a Emilia Pardo Bazán a orientar su carrera literaria, ya no como una quimera, sino con la reafirmación de su saber literario. Publicó entonces su único poemario, Jaime, dedicado a su hijo recién nacido, cuyos versos fueron alabados por Francisco Giner de los Ríos, amigo de la familia. Su vocación cristiana -se confesaba "neocatólica" aunque practicaba un catolicismo heterodoxo, especialmente en su última etapa creadora- y su progresiva vinculación con la literatura le llevaron a publicar en la revista La Ciencia Cristiana unos artículos, entre lo didáctico y lo erudito, en torno a “Las epopeyas cristianas”. En ellos, Emilia Pardo Bazán analizaba inteligentemente la obra de escritores como Dante o Tasso, a los cuales trataba de vincular con el cristianismo. Además de estos textos literarios, claramente moralizantes, también publicó unos estudios sobre el darwinismo que reunió bajo el título “Reflexiones científicas sobre el darwinismo”, en cuyo desarrollo ya se percibía su acercamiento a teorías europeas (como el determinismo), estrechamente vinculadas al naturalismo francés.
En estos años fue ganándose un espacio en periódicos y revistas de su tiempo. Colaboraba con La Aurora de Galicia, mientras iniciaba la publicación, en Revista de España -dirigida por J. Lázaro- de su primera novela Pascual López, autobiografía de un estudiante de medicina (1879), novela presentada de manera fragmentada y que sorprendió a los críticos, desconcertados ante una novela firmada por una mujer que no ocultaba su nombre bajo pseudónimo y escribía de manera erudita, al modo de los clásicos. Aunque la novela recibió elogios de manera casi general, lo cierto es que respondía aún a los presupuestos realistas de su tiempo, dentro de la corriente representada por autores como Alarcón, Galdós o Valera, aunque ya se atisbaban ciertos apuntes naturalistas. La novela, como tantas de la época, presentaba un cuadro en que se retrataba la decadencia de una familia de la aristocracia, pero al mismo tiempo era notable la influencia de un moderado cientificismo, recurrente en muchos escritores adscritos a la nueva moda europea. Benito Pérez Galdós, por entonces cercano también al naturalismo, inicia una relación amorosa con ella que durará más de veinte años. Ella le engaña sin embargo con amoríos fulminantes con jóvenes como Lázaro Galdiano y Narcís Oller, haciéndose perdonar.
Un año después, en 1880, Emilia Pardo Bazán debía marchar a un balneario situado en la población de Vichy, dada una dolencia hepática que sufría desde hacía un tiempo. Allí, al amparo de un silencio y reposo totales, inició la lectura de Émile Zola (concretamente de su novela L’Assommoir), y acrecentó progresivamente su interés por el naturalismo francés. En 1882 publicó su erudito estudio San Francisco de Asís, que fue alabado por Menéndez Pelayo. Casi al mismo tiempo, Pardo Bazán publicó su segunda novela, producto de sus largos descansos en el balneario de Vichy, titulada Un viaje de novios, una obra realista en la que se perciben ribetes naturalistas ya más acusados que en su primera obra. También en 1882 nacía su hija Carmen.
Si bien abrazaba sin complejos la estética naturalista, por otro lado se apartaba sin denuedos del determinismo característico de la obra de Zola, pues su catolicismo debía llevarla por otros caminos. Con esto quedaba claro que la dirección de la obra literaria de Emilia Pardo Bazán iba en varios sentidos: aunque le interesaba el nuevo modo de novelar de la literatura francesa y se sentía atraída por la nueva moda naturalista, también seguía vinculada a la literatura hagiográfica y erudita. En definitiva, ya era un personalidad literaria que se escapaba, con lógica, de los encasillamientos en que la crítica situaba a los escritores.
Hacia noviembre de 1882, Emilia Pardo Bazán comenzaba a publicar en La Época unos textos críticos fragmentados en capítulos, cuyo título genérico, una vez terminada su publicación, fue La cuestión palpitante. En estos artículos, Pardo Bazán fue exponiendo las teorías naturalistas. Era, pues, todo un manifiesto publicado en forma de libro, en el que la escritora acometía el estudio profundo de esta estética finisecular. El libro, publicado en 1883, resumía a la perfección las inquietudes intelectuales de esta escritora, quien pronto se ganó el respeto de todos los intelectuales de fin de siglo, entre ellos del propio Clarín, que incluso llegó a escribir un prólogo al libro, del que pronto se arrepintió dadas las malas relaciones que surgieron entre los escritores. La escritora continuó viajando, ahora con más frecuencia, a Francia, donde siguió en contacto con Victor Hugo, Daudet o el propio Zola. Este último alabó La cuestión palpitante, que había sido brillantemente traducida al francés por Alberto Savine, amigo personal de Zola y Pardo Bazán.
Desde 1893, la estética naturalista había sido asumida con claridad por algunos escritores españoles, como puede comprobarse en algunos aspectos de una de las más importantes obras españolas del siglo: La Regenta, de Clarín. No obstante, si alguien podría considerarse el líder de esta estética ésta era sin duda Emilia Pardo Bazán. De hecho, fue la escritora coruñesa quien recibió los ataques de los escritores más representativos del XIX español, como Varela -quien opinaba que la escritora "se restregaba con los franceses"-, Menéndez Pelayo o Pereda, quienes no asimilaron bien su magisterio y la acusaron de apegarse demasiado a las modas europeas.
En 1895 la obra de Pardo Bazán dio un giro inesperado hacia los temas sociales con la novela La Tribuna, un fresco novelesco que refería una historia, con marbetes sociales, de fin de siglo, propiciada por las consecuencias de la Revolución de 1968. En ella abordó cuestiones como la crisis política, el movimiento obrero, los derechos de las mujeres o las reivindicaciones de los trabajadores. Se trataba de una de las primeras novelas sociales publicadas, según especialistas como Carmen Bravo Villasante. Pero además, La Tribuna conformaba su primera obra plenamente naturalista. Tras este libro, siguió la producción de la gallega con una obra menor, El cisne de Vilamorta (1885), al tiempo que colaboraba en otro medio importante, El Imparcial. En las páginas de esta publicación se difundieron las continuas polémicas en torno a las nuevas estéticas, las nuevas literaturas europeas en boga, sobre todo la francesa y la rusa, de las cuales era ferviente admiradora la escritora gallega.
En 1886 Emilia Pardo Bazán volvió a tierras francesas, cada vez más convencida de que ejercía de enlace entre lo que ocurría a uno y otro lado de los Pirineos. Esta vez intimó con los hermanos Edmond y Jules Goncourt, Huysmans y, sobre todo, Zola, quien ya consideraba una celebridad a la escritora española. Además, debido a su interés por la novela rusa iba publicó un ensayo titulado La revolución y la novela rusa, que recopilaba trabajos ya publicados en las páginas de revistas literarias. La publicación de estos artículos generó una dura polémica, cuando la escritora fue acusada por F. De Icaza de plagiar un libro similar del francés E. M. Vogue titulado Le Roman Ruse. Al margen de la polémica con el crítico acusador, muchos de los escritores de su tiempo, como por ejemplo Juan Varela, no aceptaron la importancia de Tolstoi, Turguénev o Gogol.
En 1886 se abría una tercera etapa en la novelística de la autora, con la publicación de Los Pazos de Ulloa, novela ambientada en el mundo rural gallego, al igual que su continuación La naturaleza muerta (1888). La escritora describía en ambas el mundo de los pazos en la Galicia rural, y con ello la vida de muchas gentes del ámbito del latifundio campesino. Los Pazos de Ulloa, una de las obras maestras del XIX español, y acaso la mejor obra de Pardo Bazán, exploraba los territorios de ese ámbito rural, donde se produce un enfrentamiento entre la naturaleza y la civilización. Esto, que se refería más a aspectos políticos y sociales, se ensamblaba con una compleja concepción de las relaciones amorosas. En la obra también existe cierta bipolarización entre los protagonistas, Nucha y don Pedro (su marido), que plantean un problema de índole moral, inmerso en el primitivismo de muchos de los personajes de la novela, como Sabel o Primitivo.
La historia iniciada en esta obra continuaba en La madre naturaleza (1888), en la que el mundo rural adquiría una dimensión mayor, al contar la autora el desplome moral y físico del personaje principal, Gabriel Pardo, un señorito aristócrata venido a menos. Esta vez la pareja de la novela, Manuela-Perucho, adolescentes e hijos de los primitivos personajes de la novela anterior, llevaban una tormentosa relación vivida bajo el amparo de la naturaleza terrible y su fuerza descomunal, muy por encima de los personajes, que se hallan siempre a su merced.
El prestigio obtenido con la publicación de estas novelas, esenciales en el naturalismo español, permitió a Pardo Bazán colaborar con una de las revistas más importantes e influyentes de ese tiempo: La España Moderna, dirigida por su amigo Lázaro Galdiano; éste acabó enemistándose con Clarín, debido a que el genial autor de La Regenta demoraba demasiado sus artículos de las novelas de la escritora. Coincidió esta colaboración con un viaje de Emilia Pardo Bazán a París, desde donde mandaba algunas crónicas al diario. De aquí surgió más adelante el volumen Al pie de la torre Eiffel, que presentaba todas sus crónicas parisinas. Precisamente en 1889 se publicaban dos nuevas novelas de la escritora: Insolación y Morriña, las cuales fueron duramente criticadas por Clarín, Pereda y Palacio Valdés. Los tres aprovecharon la ocasión para desacreditar a la escritora, presentando las novelas como “pornográficas” ante la opinión pública, pues ambas reflejaban el sentimiento desnudo de una mujer hacia su enamorado (en caso de Insolación) o hacia su tierra (en caso de Morriña).
La muerte de su padre en 1890 sumió a la autora en una especie de depresión. Con el dinero que había heredado se decidió a poner en marcha una revista literaria a la que llamó Nuevo Teatro Crítico -en homenaje al padre Feijoo- que estuvo en la calle durante el periodo 1891-1893. En esta revista -única en su tiempo- la escritora gallega escribía todos los artículos, desde estudios eruditos y crónicas de estrenos teatrales a críticas de obras de su tiempo. En 1893, el cansancio pudo con la autora, que decidió abandonar esta extraordinaria empresa.
En el tiempo que duró esta publicación, la autora no dio muchas obras a la imprenta. Cerró su etapa naturalista con La piedra angular, una obra mucho más cercana a los postulados de Zola. En ella se describe un mundo sórdido y marginal en el que una mujer de un carretero y su amante cometen un crimen pasional. En estos años colaboró con El Imparcial y con la revista francesa Fortnightly Review y fue candidata a ocupar un sillón de la Academia de la Lengua, pero fue sistemáticamente rechazada, por lo que decidió retirar su nombre de las listas de posibles académicos; ninguna mujer fue admitida en la Academia hasta muy avanzado el siglo XX, aunque tanto Pardo Bazán como Concepción Arenal o Gómez de Avellaneda estuvieron muy cerca de conseguirlo. La escritora avanzó hacia una tenaz campaña a favor de la mujer que no abandonó hasta su muerte. Así, se multiplicarían sus artículos en torno a la mujer, sus derechos, sus virtudes, sus deficiencias. Muy al contrario de lo que pudiera parecer, su nombre era cada vez más respetado por los intelectuales de fin de siglo, aunque sus rencillas con Clarín, Palacio Valdés o Pereda nunca terminaron.
Hacia finales de siglo, la escritora pasó a dedicarse más a la publicación de cuentos que de novelas. Salieron a la luz los volúmenes Cuentos de Marianela, Cuentos de Navidad o Cuentos Nuevos, obras que la convertirían en una de las escritoras de cuentos más importantes de su generación. Quizá la colección de cuentos más representativa que publicó en estos años fue la titulada Cuentos sacros-profanos, cuya estética se encaminaba hacia cierto feísmo, tan propio de la literatura modernista finisecular. En medio de esta experiencia cuentística, la escritora gallega se decidió a escribir (y estrenar) teatro, una de sus máximas pasiones. A partir de 1898 estrenó La verdad, Cuesta abajo o Vestido de boda, pero su fracaso fue total. No estuvo muy acertada en sus planteamientos teatrales y sucumbió ante la feroz crítica de su tiempo. Su incesante búsqueda por conocer otras culturas la llevó, en 1902, a visitar los Países Bajos. Al tiempo que crecía su feminismo más radical, también lo hacía su neocatolicismo. Publicó de esa experiencia un libro titulado Por una Europa católica, donde se advertía cierto “civilizador catolicismo”. Con este libro de narraciones de viajes la autora gallega pretendía traspasar esa moralidad cristiana de los Países Bajos a su país, el cual se hallaba en una especial situación de desmoronamiento político, social y económico. Evidentemente, también moralmente estaba España, según la autora, en un momento crítico.
A principios de siglo, y tras la publicación de una novela corta no demasiado interesante, Misterio (al estilo Dumas), Pardo Bazán publicó La Quimera, otro de sus grandes logros narrativos. En esencia naturalista, aunque marcada por la moda espiritualista que rodeó las novelas de Galdós, La Quimera estaba inspirada en la vida del pintor Vaamonde (amigo personal de la escritora que pintó un famoso retrato suyo). Además de esta novela, sus colaboraciones en medios periodísticos y literarios se cuentan por decenas. Publicó en Blanco y Negro, La Ilustración Española y Americana y La lectura Artística, entre otras muchas. Su fama crecía y entabló, dado su carácter, amistad con jóvenes escritores como Blasco Ibáñez o Miguel de Unamuno, quien hacia 1905 la invitó a su casa de Salamanca, entablándose una certera amistad entre ambos. De hecho, gracias a ella, Unamuno inició la publicación de sus artículos de En torno al casticismo en la revista La España Moderna.
En 1906 fue nombrada directora de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid, lugar al que se hallaba muy ligada desde hacía tiempo. Fueron célebres sus discursos en aquel sitio, donde exponía sin dilación sobre muy diversos temas: feminismo, literatura extranjera, historia, etc. De este tiempo data su estrecha relación con el escritor ovetense Pérez de Ayala, quien veía en la escritora un modelo de intelectual que debía seguirse sin complejos. También publicaba en 1908 La sirena negra y su libro de crítica literaria Retratos y apuntes literarios. En este año el rey Alfonso XII le otorgó el titulo de condesa, que desde ese momento la escritora añadió a su firma: “condesa de Emilia Pardo Bazán”. Después, dadas sus influencias políticas, en 1910 fue nombrada consejera de Obras Públicas.
Dulce sueño, publicada en 1911, es una novela emblemática en el conjunto de su obra literaria. Un año después murió su esposo, del cual ya se había separado hacía años porque consideraba que el matrimonio era incompatible con su labor de escritora. En 1913 publicó su última gran obra literaria, el cuento Belcebú, uno de los inmediatos antecedentes del esperpento vallinesclanesco, en opinión de Bravo Villasante, y también un libro peculiar: La cocina española antigua. De cualquier modo, su labor en estos últimos años se centró en la creación de cuentos que se publicaban en revistas y periódicos de entonces (Mundo Nuevo, Banco y Negro, Las Ilustraciones, etc.). Por su posición política en estos años recibió diversas distinciones como la de la Orden de Damas Nobles de María Luisa o la Cruz de Pro Ecclesia et Pontífice (otorgada por el Papa), etc.
Uno de los últimos hechos relevantes de su biografía se refiere a su experiencia universitaria. En 1916, por mediación de Julio Burell, ministro de Instrucción Pública, Pardo Bazán consiguió la cátedra de Literaturas Neolatinas de la Universidad Central. Sin embargo, sus clases fueron perdiendo alumnos progresivamente (al margen de que se matricularan pocos en un principio) hasta llegar a quedar un solo matriculado. Esto desanimó a la escritora, quien veía que no era considerada un profesor como los demás. Al margen de este hecho, su fama de escritora mayúscula hizo que le abrazasen nuevos literatos surgidos en torno al Ateneo de Madrid. Son los casos de González Ruano, Vicente Aleixandre o los poetas ultraístas, que utilizaron el Ateneo como medio de expresión para sus proclamas vanguardistas. En plena madurez intelectual, Emilia Pardo Bazán moría en Madrid, el 12 de mayo de 1921.
Considerada una gloria de la literatura española, los diarios consideraron su muerte motivo de "Duelo nacional". Fue sepultada en la Iglesia de la Concepción de Madrid y cinco años después fue erigida en su honor una estatua en la calle Princesa, muy cerca de su domicilio familiar. Emilia Pardo Bazán fue quizá la escritora española más grande de todos los tiempos. Sus obras La literatura francesa moderna, Vol. IV, Cuentos de la tierra y Cuadros religiosos se publicaron, póstumamente, entre 1923 y 1825.
Obras de Emilia Pardo Bazán (selección)
Jaime, 1886.
Pascual López, 1879.
Un viaje de novios, 1881.
San Francisco de Asís, 1882.
La Tribuna, 1982.
La cuestión palpitante, 1983.
El cisne de Vilamorta, 1985.
Los Pazos de Ulloa, 1886.
La madre naturaleza, 1887.
La revolución y la novela en Rusia, 1887.
Mi romería, 1888.
De mi tierra, 1888.
Morriña, 1889.
Insolación, 1889.
Una cristiana, 1890.
La prueba, 1890.
La piedra angular, 1891.
Cuentos de Marineda, 1892.
Polémicas y estudios literarios, 1892.
Cuentos de Navidad, 1894.
Cuentos de Navidad y Reyes, 1898.
Cuentos sacroprofanos, 1899.
La quimera, 1905.
La sirena negra, 1908.
La literatura francesa moderna, 1910.
Estudios críticos
Obras completas. Madrid, Aguilar, 1973.
Nueva cuestión palpitante. La Coruña, Librigal, 1975 (edición de Varela Jácome y
Baldomero Cores).
La mujer española. Madrid, Editorial Nacional, 1981 (Introducción y notas de
Leda Schiavo).
Los Pazos de Ulloa. Madrid, Castalia, 1993 (estudio crítico de Marina Mayoral).
La Tribuna. Madrid, Cátedra, 1999 (estudio de Benito Varela Jácome).
Libros y artículos sobre Pardo Bazán
BAQUERO GOYANES, Mariano. La novela naturalista española: Emilia Pardo Bazán. Murcia, Universidad de Murcia, 1955.
CLEMESSY, Nelly. Emilia Pardo Bazán como novelista. Madrid, Fundación Universitaria Española, 1981.
GONZÁLEZ TOREES, Rafael. Los cuentos de Emilia Pardo Bazán. Boston, Florentia Publishers, 1977.
OSBORNE, Robert E. Emilia Pardo Bazán, su vida y sus obras. México, De Andrea, 1964.
PATTISON, Walter T. El naturalismo español, historia externa de un movimiento literario. Madrid, Gredos, 1973.
VARELA JÁCOME, Benito: Estructuras novelísticas de Emilia Pardo Bazán. Madrid, C.S.I.C., 1973.
Ricardo Pérez Virtanen
Fuente: Enciclopedia Universal 1995-2005
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Escritor español, nacido en Villanueva de Arosa (Pontevedra) el 16 de diciembre de 1882 y fallecido en Madrid el 1 de marzo de 1962, que está considerado como uno de los más destacados periodistas españoles del siglo XX.
Nació en una familia de clase media: su padre era médico y maestro de escuela. A los trece años, se escapa de casa y embarca como polizón en un barco que va a Argentina. En Buenos Aires se introduce en los círculos anarquistas y hace sus primeras armas literarias redactando proclamas y panfletos. A consecuencia de ello, en 1902 es expulsado de Argentina, junto a otros anarquistas extranjeros.
En 1906 comienza su carrera como corresponsal en el extranjero, enviando crónicas desde Constantinopla para La Correspondencia de España. A su regreso de Constantinopla inició su relación con ABC, que perduraría hasta su muerte. Ejerce de corresponsal en París y Londres. En 1911 está en Alemania y en 1916 viaja a Nueva York. Vuelve a Madrid en 1917, pero continúa viajando: en 1921 vuelve como corresponsal a Berlín y, de 1929 a 1931 desarrolla su trabajo desde Nueva York. Siguió viajando hasta 1949, fecha en la que, por motivos de salud, fija su residencia en Madrid donde escribe artículos para España Nueva y Los Lunes de El Imparcial. Durante la Guerra Civil española se mostró partidario de la causa nacional. Escribió numerosos artículos, publicados sobre todo en el ABC de Sevilla, en los que satiriza a la República y a sus más destacados líderes.
Su obra se encuentra entre el libro de viajes y la crónica periodística. Algunos de los títulos más sobresalientes son Alemania (1916), Londres (1916), Un año en el otro mundo (1917), La rana viajera (1920), Aventuras de una peseta (1923). También destacó por sus comentarios humorísticos con elementos narrativos; todas sus caricaturas carecen de amargura, incluso en la sátira contra Estados Unidos en La ciudad automática (1932) o contra España en Haciendo de República (1934) y Millones al horno (1948). Sus obras completas se publicaron en 1948. En 2004 se reeditó La Casa de Lúculo, que algunos consideran el mejor libro sobre gastronomía escrito en España.
Eugenio D'Ors trazó un breve esbozo que resume certeramente el quehacer literario y la personalidad de Camba: "En la lectura de Julio Camba hemos saboreado no únicamente la gracia, sino la sintaxis. Hallo en él a cada instante soluciones y variedades de maravilla, agudeza de la observación. Se le habló, una vez, de hacerle académico. Era cuando se escogió también a Manuel Machado. Hubiera sido cosa de coser y cantar. Fue él quien no quiso. Salió con que, ya que podíamos, lo que a él le interesaba era que le hiciéramos torrero de faro."
Murió el 28 de febrero de 1962.
Obra
* El destierro (1907)
* Londres (1916)
* Alemania, impresiones de un español (1916)
* Playas, ciudades y montañas (1916)
* Un año en otro mundo (1917)
* La rana viajera (1921)
* Aventuras de una peseta (1923)
* El matrimonio de Restrepo (1924)
* Sobre casi todo (1927)
* Sobre casi nada (1927)
* La casa de Lúculo o el arte de comer (1929)
* Haciendo de República (1934)
* Esto, lo otro y lo de más allá (1945)
* Millones al horno (1958)
Fuente: Wikipedia y Enciclopedia Universal 1995-2005.
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"La República, contra la República" de Julio Camba
La República es el fenómeno más desmoralizador que se ha producido en España desde hace muchísimo tiempo. Mientras no la teníamos, confiábamos en ella, aunque sólo fuese como en una salida para casos de incendio, y esto nos permitía conservar intacta nuestra moral en medio de las situaciónes más difíciles; pero ahora que la tenemos, ahora ya no nos queda salida ninguna. Ya no podemos, como antes en nuestros momentos de irritación contra lo existente, tomarnos dos copas y gritar “¡Viva la República!”, porque hoy este grito carecería totalmente de sentido. La República nos quitó la ilusión de la República, y lo grave es que a cambio de esta ilusión, no nos ha dado ni la menor partícula de realidad.
Yo reconozco que, para la inmensa mayoría de los españoles, el régimen republicano constituía una solución tan desesperada como la de tirarse por el Viaducto; pero siempre conviene tener en reserva una de estas soluciones desesperadas. Si nuestra vida vale algo, es precisamente gracias a la posibilidad que tenemos todos de presentar el día que se nos antoje nuestra dimisión de seres vivientes, bien tirándonos por el Viaducto —procedimiento mecánico—, bien injiriendo un tóxico —procedimiento químico—, o bien por otro procedimiento de cualquier clase. Esta posibilidad, quitándole al hecho de vivir el carácter de una ley ineludible, le da la apariencia de un acto voluntario y nos permite seguir viviendo sin gran desdoro de la dignidad humana; pero nosotros no nos hemos conformado con la posibilidad y nos hemos lanzado de cabeza a la calle de Segovia. ¿Qué les parece a ustedes?
En tiempos de la Monarquía, nuestros asuntos no iban, evidentemente, muy bien que digamos; pero siempre teníamos a mano un recurso supremo: la República. Ahora, en cambio, no tenemos recurso ninguno, y el caso es que nuestros asuntos no llevan, ni mucho menos, camino de mejorar. Entonces había hasta una cierta elegancia en el hecho de estar mal gobernados, algo así como si dijéramos una desidia de buen tono; pero hoy este hecho sólo significa nuestra incapacidad para gobernarnos bien, y la consecuencia no puede ser de un efecto más desmoralizador.
De mi sé decir que la República me ha hecho perder la fe en todos mis amigos, y un hombre que a mi edad pierde la fe en sus amigos es como si perdiera la fe en sí mismo; pero no abandonemos las líneas generales de la cuestión. Antes, cuando la República no era nada, lo significaba todo para nosotros. Significaba al mismo tiempo el paraíso, la hipotenusa, el viaducto, la órdiga, el tártaro, la intemerata y el verbo. Ahora, en cambio, cuando lo es todo, no significa absolutamente nada más que la presencia física de unos señores determinados en el lugar que anteriormente ocupaban otros.
La República nos dejó sin República, como si dijéramos. Nos quitó la gran ilusión republicana, y esto es, en resumen, todo lo que ha hecho.
(Publicado antes de la sublevación de julio de 1936)
Fuente: Radicales Libres
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José Ángel Valente (Orense, España; 25 de abril de 1929 - Ginebra, Suiza; 18 de julio de 2000), escritor, ensayista y poeta español.
Biografía
Estudió Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela y se licenció en Filología Románica por la Complutense. Figuró en el departamento de Filología hispánica de la Universidad de Oxford. Entre 1958 y 1980 vivió en Ginebra; después repartió su tiempo entre Almería, Ginebra y París. Su cuento "El uniforme del general", incluido en el volumen El número trece, le supuso problemas con la dictadura franquista y en consecuencia fue sometido a Consejo de Guerra en 1972 acusado de alusiones ofensivas al ejército. La muerte de su único hijo le afectó en gran medida.
Adscrito en un primer momento al llamado Grupo poético de los 50 o Generación del medio siglo, desde 1966 su poesía evoluciona hacia una metapoesía que define su lírica dentro de la corriente denominada Poesía del silencio, muy influida por la mística, como la cábala judaica, el sufismo iranio, el cristianismo católico, el taoísmo y el budismo zen chinos, entre otros, y bajo el magisterio de la filósofa malagueña María Zambrano. Asimilando tendencias filosóficas y tradiciones culturales históricas en poesía y prosa y también a través de la música y la pintura, la escritura de José Ángel Valente es una de las más ambiciosas y profundas de la literatura española contemporánea, según la opinión de G. de Cortanze. Se muestra heredero de la tradición mística española y se obsesiona con el problema de la inefabilidad, del vacío y de la nada.
Como ensayista son temas de su predilección la pintura y la mística. Destacan sus libros Las palabras de la tribu, ensayos sobre literatura, Hermenéutica y mística, sobre San Juan de la Cruz y Variaciones sobre el pájaro y la red (1991), una serie de meditaciones acerca de Miguel de Molinos, Santa Teresa y los pintores Matías Grünewald y el Bosco. En 2002 se editaron parte de sus trabajos críticos sobre arte con el título Elogio del calígrafo. Es interesante apreciar la retroalimentación intertextual entre su ensayo y su obra, al hilo de las reflexiones ontológicas que hace sobre la naturaleza del arte, del ser y del origen de la vida, del ser humano y de los seres de la creación. Es una poesía trascendente que mira hacia lo originario en el interior del yo lírico, lo inmanente.
Ha traducido poesía alemana y francesa y escrito ensayos sobre literatura española. Escribió su poesía principalmente en castellano, pero también en gallego.
Es autor de libros de arte en colaboración con pintores como Antonio Saura (Emblemas, 1978), Antoni Tàpies (El péndulo inmóvil, 1982), Paul Rebeyrolle (Desaparición Figuras, 1982) o Jürgen Partenheimer (Raíz de lo cantable, 1991), así como con la fotógrafa Jeanne Chevalier (Calas, 1980).
La productora almeriense 29letras ha realizado un documental sobre su vida, obra y muerte llamado "El Lugar del Poeta". Es un documental conmovedor que expone la obra y la significación que tuvo Almería en la vida de Valente así como su paso por el mundo contado por las voces de sus mejores amigos y colaboradores. Cuenta con la narración de José Sacristán y la voz original de José Ángel Valente y ha sido realizado por David del Águila.
Obra poética
* A modo de esperanza, M., Col. Adonais, 1955 (Premio Adonais 1954).
* Poemas a Lázaro, M., Índice, 1960 (Premio de la Crítica catalana 1960).
* Sobre el lugar del canto, B., Colliure, 1963 (compilación de los dos libros anteriores).
* La memoria y los signos, M., Revista de Occidente, 1966.
* Siete representaciones, B., Col. El Bardo, 1967.
* Breve son, B., Col. El Bardo, 1968.
* El inocente, México, Joaquín Mortiz, 1970.
* Presentación y memorial para un monumento, M., Poesía para todos, 1970.
* Punto cero, B., Barral, 1972 (Poesías completas).
* Material memoria, B., La Gaya Ciencia, 1979.
* Estancias, M., Entregas de la ventura, 1980.
* Tres lecciones de tinieblas, B., La Gaya Ciencia, 1980 (Premio de la Crítica).
* Sete cántigas de alén, La Coruña, Ediciós do castro, 1981 (poesía en gallego, ampliada luego con el título Cántigas de alén, 1989).
* Mandorla, M., Cátedra, 1982.
* Nueve enunciaciones, Málaga, Begar, 1982.
* Tránsito, M., Cuadernillos de Madrid, 1982.
* El fulgor, M., Cátedra, 1984.
* Nueve poemas, Granada, Aula de poesía, 1986.
* Al dios del lugar, B., Tusquets, 1989.
* Treinta y siete fragmentos, B., Ambit Serveis, 1989.
* No amanece el cantor, B., Tusquets, 1992.
* Fragmentos de un libro futuro, B., Círculo de Lectores, 2000 (Premio Nacional de Literatura).
En Cuadernos de versiones (B., 2002) se reúnen sus traducciones de poesía, entre ellas algunas de Paul Celan, John Keats, Constantino Cavafis, Dylan Thomas, Gerard Manley Hopkins, John Donne, Benjamin Péret, Edmond Jabés y Eugenio Montale. Con el título de Punto cero, recogió su poesía en 1972 (incluyendo también Treinta y siete fragmentos, no publicado suelto hasta 1989) y en 1980. Fue antologado en Noventa y nueve poemas (1981), por José-Miguel Ullán, y en Entrada en materia (1985), por Jacques Ancet. Fue traducido al francés, portugués, italiano, inglés y alemán. Alguno de sus poemas castellanos fue traducido al gallego y su obra en gallego fue traducida íntegramente al castellano y al catalán. Escribió también esporádicamente versos en francés, como los contenidos en el pliego A Madame Chi, en remerciement du réveil (1982).
Premios
En 1954 ganó el premio Adonais de poesía con A modo de esperanza. Premio Príncipe de Asturias de las Letras 1988, `Premio de la Fundación Pablo Iglesias 1984, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 1993. Recibió el Premio de la Crítica dos veces, una en 1960 por Poemas a Lázaro y otra en 1980 por Tres lecciones de tinieblas. Premio Nacional de Literatura póstumo en 2000 por Fragmentos de un libro futuro.
Fuente: Wikipedia
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Wenceslao Fernández Flórez (La Coruña, 11 de febrero de 1885 - Madrid, 29 de abril de 1964), narrador, periodista y humorista español.
Biografía
Hijo mayor de Wenceslao Fernández y de Florentina López, el quedarse huérfano de padre cuando tenía quince años le obligó a dejar los estudios y trabajar como periodista. Empezó en el diario coruñés La Mañana y posteriormente colaboró en El Heraldo de Galicia, Diario de La Coruña y Tierra Gallega. A los 18 años dirigió el Diario Ferrolano. Después pasó a dirigir El Noroeste de La Coruña. En 1914 fue a Madrid como empleado en la Dirección General de Aduanas, pero abandonó ese cargo para trabajar en El Imparcial y poco después en ABC, donde empezó la sección "Acotaciones de un oyente", una serie de crónicas parlamentarias que le hicieron muy famoso, y que luego reunirá en Crónicas parlamentarias (1914-1936). También escribió en El Liberal y Tribuna.
Mantuvo estrecha amistad con dirigentes del nacionalismo gallego, como Castelao, que fue uno de los que más frecuentemente ilustraron sus obras. Logró el premio del Círculo de Bellas Artes con su novela Volvoreta (1917), que narra los amores prohibidos entre una sirvienta y su joven señor en el marco de la Galicia rural. En 1926 recibió el Premio Nacional de Literatura.
Aunque de ideología conservadora (seguidor y admirador de la política de D. Antonio Maura), no escatimó sus críticas, a veces acerbas, como en sus obras "El secreto de Barba Azul", "Las siete columnas""y "El espejo irónico", entre otras, a propósito de la política y de los hombres políticos del reinado de Alfonso XIII. Pese a haber sido condecorado en 1935 con la Banda de la República, al estallar la Guerra Civil fue inmediatamente objeto de amenazas de muerte acusado de no haberse mostrado partidario del Gobierno del Frente Popular. Huyendo pues de las llamadas Milicias de Retaguardia, halló refugio en la Embajada de la República Argentina de donde a su vez, y a petición del Gobierno de Holanda, pasó a encontrar refugio en la Embajada de este país. Fernández Flórez era en efecto muy apreciado en Holanda por las admirativas descripciones que de dicho país había hecho años antes en su libro de viajes "La conquista del horizonte". Protegido pues por las autoridades holandesas consiguió salir para Valencia en mayo de 1937 y en julio del mismo año, tras un tenso incidente diplomático entre el Gobierno de Holanda y el de la República por pretender este denegar en el último momento el permiso de salida anteriormente concedido, pudo salir de España.
Sobre sus experiencias en la Embajada de Holanda y en el Madrid de 1936, escribiría dos novelas, Una isla en el mar rojo (1938) y "La novela número 13" (1941). En 1945 ingresó en la Real Academia Española y en 1959 recibió la Cruz de Alfonso X el Sabio. En 1951 adaptó El capitán veneno de Pedro Antonio de Alarcón para el cine con dirección de Luis Marquina y sus mismas obras fueron objeto muy numerosas adaptaciones cinematográficas, en especial por Rafael Gil (El hombre que se quiso matar, 1942 y 1970; Huella de luz 1943; Camarote de lujo, 1959), así como por otros directores.
Publicó unas cuarenta novelas y libros de relatos de humor, caracterizados estos por un fino humor irónico de sesgo gallego a veces cercano a lo fantástico. Se muestra muy sensible al paisaje galaico que envuelve en un profundo lirismo. Muchas de sus novelas y relatos poseen contenidos simbólicos. No se muestra un innovador en cuanto a las formas y estructuras novelísticas, sino que sigue académicamente los modos de la narrativa tradicional. Existen en él reminiscencias de Stendhal y de Eça de Queiroz, al que tradujo. Su obra transmite un mensaje de escepticismo hacia un mundo que cambia sólo superficialmente y descuida valores espirituales y morales permanentes. Sus personajes se mueven entre la frustración y el fracaso. Pese a lo subversivo, a veces, de su conservadurismo, gozó el autor de gran prestigio bajo el franquismo, publicando con regularidad artículos de prensa, haciendo ediciones de sus "Obras Completas" y dando a luz numerosas obras. El progresismo democrático, que no le perdona haberse alineado inequívocamente con el bando opuesto, ha pasado a silenciar su nombre y su obra.
Las preocupaciones morales y el pesimismo del autor se manifiestan en casi todas sus novelas. Así, en El secreto de Barba Azul (1923) se intenta demostrar que las pasiones mueven las acciones humanas, tesis que se repite en Las siete columnas (1926), en que los siete pecados capitales se constituyen, paradójicamente, en los pilares de la sociedad. También se ironiza sobre la hipocresía en Relato inmoral (1928) y en El malvado Carabel (1931), siempre ofreciendo una visión desencantada de la sociedad bajo la apariencia del humor.
Obra
* La tristeza de la paz (1910)
* La procesión de los días (1915)
* Luz de luna (1915)
* Acotaciones de un oyente (Crónicas parlamentarias, 1916)
* Las gafas del diablo (1918)
* Volvoreta (1917), adaptada al cine por José Antonio Nieves Conde en 1976
* Ha entrado un ladrón (1922)
* El secreto de Barba Azul (1923)
* Visiones de neurastenia (1924)
* Las siete columnas (1926)
* Relato inmoral (1927)
* Fantasmas (1930)
* Los que no fuimos a la guerra (1930)
* El malvado Carabel (1931), adaptada al cine por Edgar Neville en 1935, por Fernando Fernán Gómez en 1956 y por Rafael Valedón en 1962
* Aventuras del caballero Rogelio de Amaral (1933)
* Una isla en el Mar Rojo (1938)
* La novela número 13 (1941)
* El bosque animado (1943), adaptada al cine por José Neches en 1945, por José Luis Cuerda en 1987 con guión de Rafael Azcona y por Ángel de la Cruz y Manolo Gómez en 2001
* El toro, el torero y el gato (1946)
* Fuegos artificiales (1954)
Fuente: Wikipedia
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Camilo José Cela es, sin duda, el más odiado de los gallegos "impropios".
Poeta, narrador, dramaturgo, ensayista y articulista español, nacido en Iria Flavia (La Coruña) el 11 de mayo de 1916 y fallecido en Madrid el 17 de enero de 2002 que, a lo largo de su carrera, logró los más prestigiosos galardones literarios: Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1987, Premio Nobel de Literatura en 1989 y Premio Cervantes en 1995. Aunque cultivó prácticamente todos los géneros, destacó con indiscutible singularidad en la novela, el cuento y el ensayo. La brillantez de su prosa, heredera de una plástica acidez que está en la línea del conceptismo quevedesco y el tremendismo valleinclanesco, así como sus audaces innovaciones experimentales en el campo de la novela, hacen de su vasta obra literaria una de las más ricas y fértiles entre las letras hispánicas del siglo XX.
Nacido en el seno de una familia de ascendencia inglesa e italiana por parte de madre, vivió en Madrid desde su niñez, ciudad en la que estudió Derecho y asistió también a clases en la Facultad de Filosofía y Letras, especialmente a las de Pedro Salinas. Frecuentó el círculo intelectual creado en torno a María Zambrano. En 1935 se anunció como poeta en El Argentino, revista de La Plata, prometiendo la publicación del poemario Pisando la dudosa luz del día, que sería impreso en 1945 y del que avanzaba dos poemas en la citada revista. Con todo ello, Cela se situaba dentro de la mezcla de tradición y modernidad del 27 desde el propio título del libro, tomado de un verso de don Luis de Góngora. De hecho, el sustrato surrealista de Cela es palpable a lo largo de toda su producción posterior, especialmente en Oficio de tinieblas 5 (1975). Desde este punto de vista, muchas de las críticas que se le han hecho por fragmentar en exceso sus novelas encuentran respuesta en este carácter lírico. Junto a ello, otro elemento destacable de este lirismo estriba en su preocupación por el léxico, palpable no sólo en su obra creativa, sino también en las adaptaciones realizadas del Cantar de Mío Cid, La Celestina o El Quijote, o en las recopilaciones publicadas con los títulos de Diccionario secreto (1968 y 1971) y Enciclopedia del erotismo (1976-77). Desgraciadamente, y a pesar de su rigor, estos últimos trabajos han obrado en la imagen popular de Cela un efecto similar al que produjeron los chistes sobre Quevedo en la consideración vulgar del gran poeta de nuestro siglo XVII. Cela ha vuelto posteriormente al género erótico con Cachondeos, escarceos y otros meneos (1991). Volviendo a su obra poética, ha continuado como una labor callada que sólo de vez en cuando ha asomado a la imprenta hasta la publicación de un volumen que la recoge toda bajo el título de Poesía (1996).
A partir de 1931, una enfermedad pulmonar le obligó a numerosos períodos de reposo en los que se dedicó a las lecturas que habían de conformar su personalidad literaria: Cervantes, Quevedo y Ortega y Gasset, a los que habría que sumar su desgarrada visión de España, emparentada directamente con la de Goya y Valle-Inclán. A este esperpentismo corresponde en buena medida el carácter brutal de algunas páginas de Cela en libros como El bonito crimen del carabinero y otras invenciones (1947), El gallego y su cuadrilla y otros apuntes carpetovetónicos (1951) o La Familia de Pascual Duarte (1942); tal brutalidad, en parte explotada por el propio autor, se ha sumado a la falsa imagen del Cela zafio y cazurro que, como ya hemos señalado, es tan injusta como la del Quevedo chistoso y chocarrero; porque con ello sólo busca el autor acudir a la raíz primaria del ser humano, más allá de todo lo que implique educación del carácter. La búsqueda de esa misma esencia primitiva fue la impulsora de sus libros de viajes, iniciados en 1948 con el conocidísimo Viaje a La Alcarria, y a los que pertenecen también El gallego y su cuadrilla (1949), Del Miño al Bidasoa (1952), Judíos, moros y cristianos (1956), Primer viaje andaluz (1959), Viaje al Pirineo de Lérida (1965), Páginas de geografía errabunda (1966) y Primer viaje andaluz: notas de un vagabundo por Jaén, Córdoba, Sevilla, Huelva, y sus tierras (1989). A ellos se sumó, en 1986, un Nuevo viaje a la Alcarria, realizado, por contraste con el original, en un Rolls-Royce y con una choferesa negra por acompañante. Este tipo de actos, a los que el autor fue en exceso proclive en los últimos años, han dañado en gran medida su fama literaria, dando al público que no se molesta en leerle una imagen banal que parecía no preocupar demasiado al autor.
Grande será también la presencia de Baroja en la formación de Cela (no olvidemos que el joven Cela será uno de los contertulios habituales del novelista guipuzcoano en sus últimos años), cuya huella se demuestra tanto en la estructura abierta de sus novelas como en la selección de ambientes barriobajeros -como los de La Busca, Aurora Roja o La Feria de los discretos- en muchas de las obras de Cela, y sobre todo en La Colmena, por lo que hay de coincidencia en el ambiente madrileño. También es evidente el carácter lírico de muchas de las páginas narrativas de Cela.
En 1942, la publicación de La familia de Pascual Duarte supuso un revulsivo dentro del desolador panorama de la narrativa española de postguerra. En 1957 ingresó en la Real Academia Española, pronunciando un discurso sobre La obra literaria del pintor Solana, en el que se detuvo en la relación pintura-literatura a la que él mismo no es ajeno y que nos lleva, una vez más, a la búsqueda de lo primitivo por lo irracional que supone la obra de Cela. En 1964 obtuvo el doctorado honoris causa por la Syracuse University de Nueva York, circunstancia que aprovechó para dar varias conferencias por los Estados Unidos y escribir el Viaje a U.S.A., que publicaría en 1967.
Su obra en prosa se inició, como ya hemos indicado, con La familia de Pascual Duarte, en la que el excelente estilo del autor se ponía al servicio del realismo más crudo y sin concesiones. Tal crudeza, constante en la obra posterior del autor, dio lugar a la creación de una corriente denominada tremendismo, que, curiosamente, no sería seguida por el autor, que dejaría que su capacidad de describir con dureza permaneciera dentro del contexto necesario, al menos durante esos años de la primera postguerra, tal y como demuestra Pabellón de reposo (1943), en la que el tono lírico se diluye mediante la utilización de la perspectiva múltiple. A partir de aquí, ha sido especialmente importante para el autor no repetirse en sus novelas, lo que le ha llevado a un constante experimentalismo que no es óbice para encontrar en su narrativa una serie de puntos comunes como los que venimos señalando (onirismo, fragmentarismo, búsqueda de los impulsos básicos del ser humano, con frecuencia identificado con el sexo). Así, en 1944 se volverá hacia el molde picaresco para escribir Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes, reconstrucción literaria que destaca especialmente por la riqueza léxica, a la que seguirá La Colmena, publicada en 1952 y en Buenos Aires por los problemas que le causó la censura en España (sin ir más lejos, la expulsión de la prensa del Movimiento, de la que era colaborador habitual). La Colmena supone la adaptación a España de las técnicas objetivistas y conductistas de la narrativa norteamericana, especialmente Manhattan Transfer, de John Dos Passos. Sin embargo, el desgarro de un país hundido, en el que la lucha por la supervivencia, en el más amplio y terrible sentido de la palabra lucha, es moneda corriente, no podía gustar a quienes pretendían haber construido una nueva realidad. Así, la novela fue criticada y censurada por más que el autor respondiera que se había comportado como el fotógrafo que sale a la calle con su cámara a cuestas para retratar lo que ve. En la obra, más de trescientos personajes, muchos de ellos sólo nominales, se entrecruzan en tres días de diciembre y por dos o tres barrios del centro de Madrid. Los personajes viven casi todos una existencia mísera, o bien gozan de una comodidad que deben a la miseria ajena. La narración de las historias se entrecruza para encaminarse haca un final común que, sin embargo, se deja abierto. Con ello busca Cela no centrar la novela en ninguno de los personajes, por más que uno de ellos, Martín Marco, sirva de hilo conductor dentro de la maraña ciudadana que protagoniza la novela. El crudo retrato de la realidad hace dudar de la pura intención literaria, por más que el autor haga protesta de ella.
Posteriores son otros títulos: Mrs. Caldwell habla con su hijo (1953), un alucinado monólogo de una mujer con su hijo muerto, plasmado -nuevo experimento narrativo- a través de cartas que la mujer escribe; La Catira (1955), recreación de la naturaleza y el lenguaje venezolano, que recuerda por su experimentalismo al Tirano Banderas de Valle-Inclán; Tobogán de hambrientos (1962); y Vísperas, festividad y octavas de San Camilo de 1936 en Madrid (1969), en la que, de nuevo, el protagonista es colectivo. Esta novela está ambientada en los primeros días de la guerra civil en Madrid y sirve a Cela para bucear una vez más en el primitivismo hispano, ahora analizando el cainismo de la sociedad española. Como es habitual en Cela, el sexo cuenta con un papel de suma importancia a la hora de describir, o simplemente sugerir ese primitivismo.
Las últimas novelas del autor fueron: Oficio de Tinieblas 5 (1973), su obra más personal a la que se ha referido, como ya lo hiciera Espronceda con el Canto a Teresa como "una purga de mi corazón"; Mazurca para dos muertos (1983); Cristo versus Arizona (1988) y La cruz de San Andrés (Premio Planeta 1994). En septiembre de 1999 presentó Madera de boj, la novela que aplazó durante diez años, al recibir su premio en Estocolmo y que, a la postre, se convirtió en su última aportación a las letras españolas.
Es también autor de narrativa breve, en la que destacan la observación costumbrista y la búsqueda de lo curioso, arropadas siempre por la cuidada prosa celiana. Son títulos como el ya citado El bonito crimen del carabinero; Timoteo, el incomprendido (1952); Baraja de invenciones (1953); El molino de viento (1956); Tobogán de hambrientos (1962); Las compañías convenientes y otros fingimientos y cegueras (1963); Garito de hospicianos (1963); El ciudadano Iscariote Reclús (1965); Santa Balbina 37: gas en cada piso (1977); Los sueños sanos, los ángeles curiosos (1979); El tacatá oxidado (1981); Los vasos comunicantes (1981); Los viejos amigos, primera y segunda serie (1981); Once cuentos de fútbol (1992) o La dama pájara y otros cuentos (1994), entre otros.
Entre 1956 y 1979, fue director de la revista mallorquina Papeles de Son Armadans, auténtico foro cultural de aquellos años que propició la difusión de los autores exiliados y de las literaturas catalana y gallega, así como la consideración del arte como un todo global, haciendo especial hincapié en la conexión literatura-pintura. También dirigió El Extramundi, revista de creación literaria y crítica filológica.
Son también de interés sus colaboraciones en libros de pintura como Gavilla de fábulas sin amor (1962, sobre Picasso) y El Solitario (1963, sobre Rafael Zabaleta); de fotografía, como Toreo de salón (1963); o de otros temas tan dispares como el mundo de la prostitución (Izas, rabizas y colipoterras, de 1964, serie de estampas comentadas de prostitutas).
Algunos de sus libros de cuentos han aparecido destinados al público juvenil. Es el caso de Vocación de repartidor (1985) y Las orejas del niño Raúl (1986).
Asimismo, es autor de una breve obra dramática compuesta por dos títulos estrenados en 1970: María Sabina y El carro de heno o el inventor de la guillotina, y de diversos ensayos sobre temas varios tales como Vuelta de hoja (1981); Rol de cornudos (1985) o Rol de comidas (1989). En el otoño de 1997, Camilo José Cela concluyó la redacción de una obra de teatro titulada Homenaje a El Bosco, segunda parte, extracción de la locura o El inventor del garrote. Se trata de una pieza dramática escrita por encargo de la Comunidad de Madrid, para conmemorar el centenario de la Generación del 98.
G. Fernández San Emeterio
Premios
* Premio de la Crítica (1956)
* Premio Nacional de Narrativa (1984)
* Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1987).
* Premio Nobel de Literatura (1989). Premio para el que había sido propuesto desde 1982.
* Premio Mariano de Cavia de Periodismo (1992).
* Premio Planeta (1994).
* Premio Cervantes (1996).
Obra
Narrativa
* La familia de Pascual Duarte (1942)
* Pabellón de reposo (1943)
* Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (1944)
* Viaje a la Alcarria (1948)
* La colmena (novela) (1951)
* Mrs Caldwell habla con su hijo (1953)
* La catira (1955)
* Judíos, moros y cristianos (1956)
* Tobogán de hambrientos (1962)
* Viaje al Pirineo de Lérida (1965)
* San Camilo 1936 (1969)
* Oficio de tinieblas 5 (1973)
* Rol de cornudos (1976)
* Mazurca para dos muertos (1984). Premio Nacional de Literatura.
* Izas, rabizas y colipoterras. Drama con acompañamiento de cachondeo y dolor de corazón (1984)
* Nuevo viaje a la Alcarria (1987)
* Cristo versus Arizona (1988)
* Memorias, entendimientos y voluntades (1993)
* El asesinato del perdedor (1994)
* La cruz de San Andrés (1994). Premio Planeta.
* Madera de Boj (1999)
Poesía
* Pisando la dudosa luz del día (1945)
* Poesía completa (1996)
Fuente: Enciclopedia Universal 1995-2005 y Wikipedia
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