La Universidad entre la cultura y la barbarie
14.02.08 @ 13:14:43. Archivado en Nacionalismo coactivo
Hace unos días, en Coruña y Vigo, una asociación cívica que defiende lo que en Galicia es una realidad incuestionable: el bilingüismo de los gallegos, sufrió la agresión de unos energúmenos que se manifestaban como defensores de una Galicia independiente, estalinista y sometida a una férrea dictadura lingüística que no respeta los derechos de los hablantes de la lengua del Estado en nombre de un supuesto derecho de las lenguas minoritarias. Como si las lenguas tuvieran derechos y las personas no.
Esta semana medio centenar de estudiantes de ideología independentista han abucheado e intentado agredir a la presidenta del PP del País Vasco, María San Gil, antes de pronunciar una conferencia en la facultad de Económicas de la Universidad de Santiago de Compostela. Escuché al rector de dicha universidad explicar en Onda Cero que en el pasado, ante un caso semejante, tuvieron que recurrir a una ley antiquísima para expulsar por tres años a un alumno que había utilizado la violencia del mismo modo que lo hicieron esta semana los agresores de María San Gil.
A la universidad se va a estudiar, a formarse como buenos profesionales, a humanizarse y no a insultar, practicar artes marciales o intentar linchar a nadie por el simple hecho de que no nos gusten sus ideas. Al menos de momento estamos en una democracia, no en un régimen totalitario.
Lo lógico y coherente en un Estado de derecho, como el que dice la Constitución que es España, sería que existiesen leyes actualizadas que impidiesen que aquellos individuos que se toman la universidad como un campo de batalla y no como un centro de estudio y formación, fuesen inmediatamente expulsados de la misma.
Pero no, no existen tales leyes que nos protejan de la barbarie y sí una justicia que les concede a los bárbaros toda serie de prerrogativas que les permiten campar a sus anchas por centros que debieran ser semilleros de civilización y de cultura. Dentro de poco los ciudadanos normales, que tenemos por toda arma un simple matamoscas para luchar contra tan molestos insectos en verano, tendremos que vivir escondidos debajo de las piedras o en guetos donde nuestras vidas, al menos, no corran peligro.
Ahora que ya tenemos el fascismo bien instalado en nuestra comunidad, ¿qué harán nuestras autoridades? ¿Realmente lo que ha pasado no va con ellas? ¿Quienes, si no, imponen con el dinero de todos la mal llamada “normalización” lingüística que sirve de caldo de cultivo a todos estos salvajes?
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Xoán Xulio Alfaya
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