Partitocracia, el cáncer de los sistemas parlamentarios
25.05.07 @ 00:48:07. Archivado en Partitocracia
La partitocracia es aquella forma de Estado en la cual las oligarquías partidistas asumen el poder total dejándole a una ciudadanía alienada y sumisa el triste papel de ser representada por los "profesionales" de la política, por aquellos que dicen que "saben" y logran convencer de ello a sus electores. La partitocracia es el cáncer de los sistemas parlamentarios. En una partitocracia, aunque teóricamente se vive en democracia, los actores principales y únicos del panorama político son los grandes partidos políticos con mayoría absoluta o en coalición con otros partidos minoritarios. Éstos se van turnando en el poder siguiendo un ciclo que pasa por estas tres etapas: 1ª triunfo electoral, 2ª desgaste, corrupción y progresivo alejamiento de la ciudadanía, y 3ª agotamiento y sustitución por otro gran partido con mayoría absoluta o una coalición de partidos. El ciclo vuelve a repetirse con los nuevos ganadores. Y así "ad infinitum".
La mayoría de los ciudadanos pensamos que los partidos son un mal necesario, pero un mal al fin y al cabo. A mi modo de ver, la única alternativa al poder omnímodo de los grandes partidos y coaliciones electorales es la creación de una sociedad civil fuerte, sólida, bien organizada e independiente de los poderes públicos. La verdadera sociedad civil defiende los intereses reales de los ciudadanos, mientras que los grandes partidos y coaliciones se defienden a sí mismos y, sobre todo, su permanencia en el poder.
La sociedad civil está formada por el conjunto de organizaciones, asociaciones, foros, plataformas ciudadanas, fundaciones e instituciones cívicas voluntarias que forman la base de una sociedad activa, en oposición a las estructuras del Estado, de las grandes empresas y de los todopoderosos medios de comunicación. Las entidades que componen una verdadera sociedad civil madura y desarrollada, sin ser grupos políticos en sí mismas ni vivir a la sombra de los partidos políticos, suelen tener una gran influencia en la actividad política de la sociedad de la que forman parte.
En España la sociedad civil está todavía en pañales. Todavía no ha superado la tentación de arrimarse a la sombra de un gran partido. Esto vale tanto para las organizaciones de izquierdas como de derechas, por utilizar unos términos convencionales, aunque, a mi modo de ver, obsoletos. La sociedad civil debe llevar a la creación de verdaderos grupos de presión en el buen sentido de la palabra. Nada que ver con los lobbies elitistas que van a lo suyo.
Un lobby es un grupo de presión que, por medio de distintas estrategias, trata de influir en los centros de poder con el fin de favorecer sus propios intereses o los de aquellos a quienes representa. Los lobbies no suelen participar directa y activamente en política (por lo que no suelen formar su propio partido) pero sí procuran ganarse la complicidad de algún grupo político que pueda terminar aceptando o defendiendo sus objetivos. Tenemos un claro ejemplo en el lobby gay.
La relación entre democracia y partidos políticos es históricamente problemática. La idea de democracia es anterior a la aparición de los partidos políticos. Las primeras experiencias de democracia en la Grecia Antigua y aún en la República Romana tenían muy poco que ver con lo que hoy llamamos partidos políticos. Sin embargo, en la democracia moderna, los partidos políticos no sólo aparecen como elementos indispensables del sistema político sino que, con el desarrollo de los llamados estados democráticos, su papel se ha ido volviendo de tal manera hegemónico que en algunas concepciones del Estado moderno llegan a sustituir el Estado democrático por un Estado de partidos. Pero, cuidado, no son lo mismo, aunque traten de hacernos creer lo contrario.
Los partidos pasan a asumir un creciente control sobre el ejercicio de la representación popular, sometiendo a los representantes del pueblo a una rígida disciplina partidaria. Si éstos no aceptan las reglas del juego partidario, son expulsados o marginados. De este modo el Estado democrático se convierte en el Estado de partidos.
Conviene, pues, distinguir claramente entre democracia representativa y democracia de partidos. No son lo mismo. Los ciudadanos no debemos confundir ambos conceptos si no queremos delegar irresponsablemente nuestro poder de decisión en quienes utilizan a un electorado conformista y acrítico para llegar al poder y defender ante todo sus propios intereses personales y de grupo.
© Xoán Xulio Alfaya, 2007
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He editado tu comentario para que aparezca completo, pues a mí me llegan completos por email y puedo editarlos al ser el administrador del blog.
Un saludo.
Fíjese qué dato: en Estados Unidos existe una maquinación evidente de los tejidos productivos a la baja para alterar el precio de las cosas al alza (parecido a nuestras cuotas). El Gobierno de turno actúa como comisario de los grupos financieros de las Corporaciones para que esto ocurra. El resultado es de estricta ley de Oferta y Demanda: sube todo de precio.
Imaginemos por un momento que aquellos ciudadanos, que cumplen un gran esfuerzo productivo, porque los anglosajones son trabajadores, vieran que su poder adquisitivo sube a un trescientos por ciento, simplemente porque han cambiado la ley y han abolido la maquinación de su mercado y del resto de mercados.
Esto nos llevaría a cambiar la Economía de Ganancia ILIMITADA, por otro sistema más coherente. Ellos no lo cuestionan, sino que la inflación la toman como cosa 'normal'.
Lo normal en un sistema de alta tecnología como el que se impone para todo el mundo es que el ciudadano tome en sus manos la elaboración de la ley, y aleje a los partidos como si de la Iglesia 'representante' de Dios se tratara.
La información lleva necesariamente a la emancipación.
Los griegos calificaban a la población en dos, los que forjan la LEY, y los otros, los idiotés.
Todo opera a nuestro favor, la sociología ha establecido por experimentos en poblaciones que una Norma presenta cierto grado de incoherencia cuando la dictan POCOS, (aparte su claro oportunismo) y sólamente presenta sentido común cuando la forjan MUCHOS. El mundo necesita urgentemente de COHERENCIA.
Una conclusión lógica: es imposible que el PARTIDO pueda permanecer ante una gran población de gente ya muy informada: sabemos demasiado. Hay que ir pensando que, aún esas 'plataformas, asociaciones, y grupos de presión', algo así como las sectillas protestantes que vienen a vulgarizar la fe, deben también desaparecer junto con su madre universal, ante el tsunami que se levanta de un CIUDADANO hablando con ideas propias: todos conocerán, e internet será como aquellos espléndidos ba...
En Política (de 'polis' ciudad), el único que debe realizarla es el CIUDADANO. En un sistema de alta tecnología en todos los ámbitos como el que ya se vislumbra -esto sí que es imposible que lo aborten-, no hay otro camino que el art. 6 de la Declaración de los Derechos del Hombre: que el ciudadano ELABORE PERSONALMENTE la ley, (y no ceda esto a representante alguno).
Mirando la cosa con perspectiva se entiende mejor, como siempre: el fenómeno 'iglesia' es sólo el medio para sustraer al individuo aquello que todo creyente quiere: la presencia de Dios, y para 'someterlo' se le dice que Dios ha fijado un cuerpo de Moral Inalterable que es la forma psicológica de hacerlo inseguro y en definitiva, inmovilizado. Es, cuando el hombre conoce a Dios, y lo tiene como cosa íntima, que se puede liberar de aquellas instituciones.
En igual sentido que la Iglesia sustrae al hombre la presencia de DIOS, el Partido sustrae a...
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