Jaime Larrínaga: "¿Tiene solución el País Vasco?"
04.04.07 @ 01:47:54. Archivado en NaZionalismo totalitario
España siempre es distinta a los países vecinos. Mientras que Portugal, Francia y los demás países europeos gozan de tranquilidad, de estabilidad y de una convivencia pacífica y feliz, en España, a principios del siglo XXI, la convivencia pacífica y feliz entre las distintas comunidades autónomas brilla por su ausencia. Me preocupa la vertebración tan débil que existe entre las distintas regiones de España. Los políticos españoles, desde hace más de un siglo, pecan de lo mismo: hacer ensayos de formas de Estado y de convivencia, como si España fuese un laboratorio, con poco espíritu solidario y con poco futuro. No es bueno para España tanto ensayo y cambio caprichoso.
Otra de las grandes diferencias con los países vecinos es la existencia de un terrorismo de carácter nacionalista con una gran incidencia en la vida pública española. No es el terrorismo islamista, como últimamente nos quieren vender, sino el terrorismo de ETA. Es triste reconocerlo, pero la verdad es que en España el terrorismo de ETA manda mucho, repercutiendo incluso en una interpretación muy singular del Estado de Derecho y atentando contra el espíritu de Montesquieu que quería que la Justicia fuese un buen freno a las ambiciones políticas.
Sólo con estas diferencias, yo diría que la situación actual española es muy preocupante. Es cierto que económicamente y en el terreno social hemos avanzado mucho en estos últimos años, pero ha habido un gran retroceso en el terreno espiritual, es decir, en cuanto a nuestros derechos humanos y democráticos, que a la postre son los que marcan la dignidad o indignidad de las personas, así como en cuanto a las buenas relaciones entre las distintas regiones españolas.
En este contexto quisiera reflexionar en público sobre la situación en una región de España, el País Vasco, en donde el terrorismo de ETA ha tenido una incidencia muy negativa a lo largo de estos últimos 50 años, con un saldo de casi 1.000 muertos y el exilio forzoso de cerca de 300.000 personas. La influencia etarra afecta al ánimo de muchas personas que empiezan, unas a cansarse de la persistencia del terrorismo, y otras a rendirse, a negociar con los terroristas, reconociendo implícitamente con su conducta la validez y licitud del terrorismo.
Lo primero que se impone es hacer un estudio sereno, profundo y objetivo de los males que afectan a España. Estudio llevado a cabo por personas totalmente independientes y libres del poder inmediato. En este sentido admiro y añoro el papel de los regeneracionistas del siglo XIX y el de la generación del 98, en una España muy necesitada de auténticos y buenos maestros. Echo mucho de menos a intelectuales valientes e independientes, como los recién citados, que clarifiquen los males de España y valientemente nos recomienden los mejores remedios para el mejor bien común.
Humildemente quisiera participar en esa noble tarea, esperando que, muy pronto, otros mejoren mis pequeñas aportaciones.
Un observador agudo del mundo tiene que descubrir los signos de los tiempos que clarifican y marcan la dirección del mundo: hacia dónde va el mundo. Así como cuando vemos en los árboles brotar las yemas, sabemos que la primavera esta cerca, de la misma manera tenemos que descubrir los signos de nuestro tiempo que nos indican hacia dónde va el mundo. Signos que nos hablan, sobre todo, de globalización, de un mundo en el que cada vez todos nos parecemos más. Vemos cómo hay y habrá menos diferencias en las formas de vivir, de vestir (pantalones vaqueros), de gustos por la comida, por la música. En las discotecas de todo el mundo se oye la misma música y se beben las mismas bebidas, a pesar de los esfuerzos de los nacionalistas por conservar su propia música. Nuestros productos de consumo están fabricados en Birmania, en Filipinas o en Corea del Sur, porque el capital no tiene patria, va donde más produce, su patria es el mundo.
Ante esta coyuntura, los países se unen para formar unos entes supranacionales, porque en ello les va la supervivencia. Es el caso de la Unión Europea. Una Europa unida tiene presente y futuro. ¡Qué sería de una España fuera de la Unión, o de Francia, o de Alemania,..! Poca cosa y cada vez menos. Hoy en día la tendencia es formar grandes bloques: Europa, EE.UU. con toda América, el Sudeste Asiático con Japón y China. África, a pesar de tener muchas materias primas, sin embargo es víctima de las divisiones tribales, así como de falta de capital y de tecnología, por lo que seguirá muchos años postrada en la miseria y en el hambre. Hambre que empujará a su población en los próximos años, aún más, a invadir Europa. No habrá policía que pueda impedir la entrada de esta población africana atraída por lo que ven a través de las ondas hertzianas: no sólo los partidos del Real Madrid (últimamente muy malos), sino también la cantidad y calidad de comida que los europeos echamos a los contenedores. Si las legiones romanas no pudieron impedir las invasiones de los pueblos bárbaros hace 16 siglos, la policía actual europea será incapaz de frenar la marea africana que se nos avecina, la cual conseguirá tener, igual que los bárbaros al comienzo de la Edad Media, su protagonismo en el devenir europeo.
Otra de las grandes enseñanzas que nos da la vida es que los países no deben olvidar su propia Historia, porque siempre es una buena maestra. Nuestros políticos, mini-víctimas de la LOGSE, (digo ‘mini’ porque los políticos de las próximas generaciones serán ‘maxi-víctimas’ de la LOE, ya que sabrán aún menos Historia), olvidan o no conocen la historia de España del siglo XIX y primera mitad del XX, donde están nuestras raíces y cuyos males no se han curado, sino que afloran hoy en día con mucha fuerza. Posiciones de radicalidad, intolerancia, cerrazón, nacionalismo egoísta, dos Españas, ignorándose una a la otra. Una España que gobierna y que desprecia e ignora a la otra España, y que incluso llega al odio. Y este mal, el odio, ha desatado y desarrollado una “memoria histórica” sesgada y manipulada, agravando más aún la división entre los españoles.
Esta “memoria histórica”, como nos ha recordado recientemente la Conferencia Episcopal Española, no puede considerarse un verdadero progreso social, sino más bien un retraso histórico y cívico, con un riesgo evidente de tensiones, discriminaciones y alteraciones de una tranquila convivencia.
Basta ver los distintos debates televisivos en los que hombres y mujeres, que se creen intelectuales, expresan claramente su odio y cerrazón contra la derecha. Lo que pretende esta España que gobierna a lo siglo XIX (ignorando a la otra España) con la ayuda de los nacionalistas, a los que muy poco les importa España, es permanecer en el poder y cerrar a la derecha el paso a dicho poder durante muchos años. De la misma forma que el partido en el poder en el siglo XIX hacía su Constitución, “un traje” a su medida, actualmente los socialistas en el poder, con el favor de los nacionalistas y de Izquierda Unida, construyen la infraestructura para cerrar a la derecha el paso al poder. Esta forma de actuar es nefasta para toda España. Cada vez dudo más si a nuestra izquierda le importa algo España, o le importa sólo el poder y tener doblegada a la derecha, como expresión erótica de su odio. Es lo irracional frente a lo racional. Es el paso del amor al odio, ya que los que más muestran su odio son los que ayer, ellos y sus familiares, fueron el gran soporte del franquismo.
En temas de Estado, como son su constitución interna, el terrorismo y la política internacional, tiene que haber un gran consenso entre los dos grandes partidos, únicos capaces de gobernar España. Dos momentos históricos en los que se logró un consenso, como fue el que consiguieron Cánovas del Castillo y Sagasta en el comienzo de la Restauración y el logrado con ocasión de la Constitución de 1.978 y los años de la transición, trajeron los mejores años para toda España.
Y, sin embargo, no se entiende que el Gobierno, para luchar contra el terrorismo, pueda unirse con los mismos terroristas y con los partidos que se benefician del terrorismo, desconociendo a la otra España, señalándola como la mala y como el obstáculo para la paz. Me recuerda la España del siglo XIX.
Además, el Gobierno, con la complicidad de sus aliados, ha pervertido la palabra PAZ, a la que ha vaciado de su auténtico contenido. Porque la auténtica paz es la construida sobre las bases de la verdad de los hechos, que nos harán verdaderamente libres, y sobre la justicia auténtica, que devolverá la dignidad y colocará a cada uno en su sitio.
Otro de los hechos que se dan en España y que enciende todas las alarmas, es la fuerza y el protagonismo que tienen los nacionalismos, auténticos contrasignos, en pleno siglo XXI. Cuando los nacionalismos excluyentes han desaparecido de los grandes Estados europeos, en España, en cambio, gozan de un poder que nunca conocieron, hasta tal punto que el Gobierno de España prácticamente depende de los caprichos ambiciosos de los partidos nacionalistas. Un botón de muestra: mientras que en Cataluña y en el País Vasco es muy difícil, prácticamente imposible, estudiar en castellano, lengua oficial en toda España, el Sr. Rodríguez Zapatero, para congraciarse con los nacionalistas, solicita a la Unión Europea la oficialidad del catalán y otras lenguas autonómicas, lo que evidencia el gran poder que tienen actualmente en España los nacionalistas. Es un fenómeno raro, que se da sólo en España y que habría que estudiar: por qué en España tienen tanta fuerza el nacionalismo y el anarquismo, aunque éste, menos. ¿Será por el carácter español, -individualista, indisciplinado...- más la envidia, que es el pecado o mal común de los españoles?
Son estos nacionalistas los mejores aliados que tiene el gobierno socialista para aislar al PP. Y lo que en el siglo XX se circunscribía sólo a Cataluña y País Vasco, actualmente, por efecto dominó, se está extendiendo por Galicia, Andalucía y otras regiones.
Por esta razón, todas las comunidades autónomas quieren conseguir las mayores ventajas y para ello son capaces de inventar cualquier mito o leyenda que les haga distintas y concite la admiración de la gente sencilla, para quien los nacionalistas, “los nuestros”, son los que más ventajas y derechos reivindicarán y los que mejor les defenderán. Esta actitud es una total falta de solidaridad y una importante causa de discordia entre las distintas regiones españolas.
Para mayor gravedad, en el nacionalismo vasco concurren unas características que, por suerte, no se dan en otros nacionalismos. Es la existencia del terrorismo nacionalista en estos últimos más de 40 años, con un saldo de casi 1.000 muertos y cerca de 300.000 personas que han tenido que marcharse del País Vasco, como ya he mencionado al principio. Terrorismo que ha impuesto la mayor de las dictaduras en el País Vasco. Pero esta dictadura de terror sólo afecta a la población vasca no nacionalista, porque la nacionalista vive y disfruta de la vida sin ningún temor. Los vascos no nacionalistas que viven en el País Vasco tienen que vivir “muertos en vida”, si vivir sin libertad - una de las virtudes principales de la vida humana – es realmente vivir. Los valientes que no se han marchado y quieren dar la cara frente ETA comprueban que su vida en adelante estará muy limitada e hipotecada a vivir con escoltas. España es el único país en el mundo en el que los políticos de la oposición, periodistas, profesores, sacerdotes - muy pocos por desgracia - tenemos que vivir o malvivir con escolta.
¿Y cuál es la conducta de las jerarquías civiles y religiosas ante esta situación? Están ausentes, mudas y, muchas veces, se convierten en colaboradoras activas o pasivas. No hay que olvidar que los terroristas no son extraterrestres, sino nacionalistas vascos, y que tienen los mismos objetivos que ellos: la independencia, pero valiéndose de la violencia y el terror como medio. Su ideología fundamental, yo diría idolatría, es la independencia de Euskadi y nada más. Lo de Euskadi socialista y otras lindezas son puramente adornos; sólo porque cae bien y la palabra “socialismo” tiene su gancho. Decir que son marxistas es un gran error, ya que la mayoría de los terroristas saben muy poco de Marx, cuya doctrina es contraria a los objetivos y modos de actuar de ETA. Incluso los dos sindicatos nacionalistas, como ELA y LAB, que podrían estar más cerca de Marx, son más políticos que obreristas o sociales. Les importa más la independencia de Euskadi que lograr una mejora en la vida obrera. Los obreros vascos han de estar más agradecidos a la UGT y a CC.OO que a ELA y LAB.
ETA comienza sus atentados en los últimos años del franquismo, ante la simpatía y la admiración de los nacionalistas, entre otras cosas porque son sus “hijos”. Pero también contaron con la simpatía de muchos españoles que aprobaban los atentados por lo que tenían de oposición al gobierno franquista.
ETA aumentó sus acciones terroristas en la transición política y en la democracia, a pesar de que ya el País Vasco disfrutaba de la mayor autonomía que jamás tuvo, autonomía que envidian los nacionalistas irlandeses y los de Québec.
En estos últimos tiempos, como consecuencia de las negociaciones que el gobierno socialista viene manteniendo con los terroristas de ETA, han remitido los atentados mortales. Situación que el Gobierno, con las fuerzas mediáticas a su servicio, que son muchísimas, aprovecha para convencernos de que estamos ante la ausencia total de violencia, y de que es el momento adecuado para negociar con ETA. ¡Qué barbaridad! Que un demócrata diga que en el País Vasco hay ausencia de violencia es de lo más inmoral. Que le pregunten al que tiene que malvivir con escolta, o al exiliado que no puede volver al País Vasco. Que le pregunten a Dª Pilar Elías que en su pueblo de Azcoitia tiene que soportar todos los días, bajo su domicilio, la mirada desafiante de los asesinos de su marido. ¡Pobre democracia ésta, la del País Vasco y la de España!
En el País Vasco se ha implantado un régimen de terror mediante la violencia de ETA.
¿Desconoce el Sr. Presidente del Gobierno español que el objetivo de los terroristas de ETA no es matar por matar, sino imponer un régimen de terror para conseguir de esa forma fácilmente sus objetivos? Indigna y nos ofende el Gobierno con tales manifestaciones a todos los que somos víctimas del terror causado por la violencia.
Además, los no nacionalistas tenemos vetado, cerrado -¡qué democracia la del País Vasco!- el acceso a todos los centros de poder, sean del signo que sean: cultural, recreativo, deportivo, religioso, etc... Así, un no nacionalista no puede ser presidente del Athletic. La selección española de fútbol no puede jugar, como selección española, en el País Vasco. Tampoco la Vuelta ciclista a España, con toda la afición que concita, puede pasar por las provincias vascas. En cambio, el Tour de Francia sí puede tener fin de etapa en San Sebastián o Pamplona. En el campeonato de traineras, con tantos equipos y seguidores como hay en el País Vasco, no quieren o, mejor dicho, no les permiten celebrar en un puerto vasco el campeonato de España. Por el terror que hay, no se puede ondear la bandera española. Cada vez es más difícil estudiar en castellano, a pesar del fracaso escolar para muchos niños cuya lengua materna es el castellano. Ante esta situación de “normalidad” para nuestro Presidente, no tenemos ningún derecho ni para protestar ni para denunciarlo públicamente. Si uno protesta, ya sabe lo que le puede pasar: lo que les pasó a López de la Calle, o a Pagazaurtundua, o a Gregorio Ordóñez. ¿A esto se le puede definir como ausencia total de violencia? ¡Qué inmoralidad!
Desde 1.979, año en que se aprobó y se puso en vigor el Estatuto, la vida para los no nacionalistas se ha ido haciendo cada vez más difícil, más asfixiante. Porque el Nacionalismo considera el Estatuto no como una meta, sino como un punto de partida hacia la independencia. Esta es la esencia del nacionalismo: la independencia. La intoxicación nacionalista en la enseñanza y en los medios de comunicación, ambos en manos del Gobierno Vasco, va en esa dirección. A pesar de todo ello, la existencia de los no nacionalistas en el País Vasco, aunque sea un milagro, es real: son unos auténticos héroes por su resistencia. Para ellos, la única defensa, en teoría, además de su gran amor a España, son la Constitución y el Estatuto pero, en la práctica, nada, ya que tanto la Constitución como el Estatuto son palabras vacías en el País Vasco, donde están al servicio del nacionalismo. No olvidemos que España es uno de los países con más leyes, pero donde menos se cumplen. Es de vergüenza lo que ocurre en España. Un amigo que vive en Japón me decía hace poco que también en Japón hay mucha corrupción y robo, pero que nadie sale de la cárcel sin que devuelva todo lo robado. Casi como en España!.
La enseñanza es nacionalista, y en muchas escuelas se ignora o se odia a España. Los niños no saben lo que es España, o te dicen que es “caca”. Saltan de Euskadi a Europa, odiando o ignorando a España. ¿Dónde esta la figura de la Alta Inspección del Estado para denunciar esta enseñanza? En los años en que me dediqué a la docencia, no tengo conocimiento de la actuación de tal figura en todo el País Vasco.
Los que quieran dedicarse a la enseñanza en el País Vasco tienen que someterse al filtro de un examen de vascuence, o de euskera como dicen ellos. Es de lo más humillante en el campo intelectual: porque el examinando tiene que someterse a la arbitrariedad de un solo profesor, a un examen oral y sin derecho a reclamar. ¡Cuántos profesores humillados! Muchos han tenido que renunciar en el País Vasco a su vocación por la enseñanza.
Uno de los grandes errores de los políticos de la transición fue transferir las políticas educativa y cultural a las Comunidades Autónomas. Esas políticas en manos de nacionalistas han creado y crearán graves problemas que conducen a la discordia y a la ruptura de la unidad española. Países tan descentralizados o más que España, como pueden ser los EE.UU. de América o, en nuestro entorno, Italia o Alemania, mantienen una misma política educativa y cultural para toda la Nación, siempre en manos del gobierno central. Es un peligro que la educación caiga en manos nacionalistas, máxime en el País Vasco, donde una de las bases constitutivas del nacionalismo es el odio a España.
¿Cómo se entiende la conducta de nacionalistas que pasan un mes, pongamos por caso, en La Rioja - región muy apreciada, por cierto, por los vascos desde siempre - en Alicante, Marbella, etc... todos ellos tan felices, y luego, durante 11 meses, quienes se sentían tan felices odien esa misma tierra, que es España? Es una conducta totalmente irracional, difícil de entender: la gran tragedia del nacionalismo actual es, precisamente, su irracionalidad.
¿TIENE SOLUCIÓN EL PAÍS VASCO? Todas los problemas humanos tienen solución, pero aplicando siempre la terapia que requieren.
En primer lugar, hay que erradicar, borrar, acabar con ese cáncer que es el terrorismo de ETA. Pero yo me pregunto: ¿Quieren todos los partidos políticos acabar con ETA? Lo dudo. Y si quieren, que aprueben en el Congreso las leyes para hacerlo, y que el Gobierno aplique el Estado de Derecho. Nunca se debe dialogar o negociar con los terroristas, porque ello significaría la admisión implícita de los terroristas como fuerza política representativa. Los terroristas no tienen futuro y nunca pueden ser interlocutores políticos. El terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa y totalmente inmoral, por lo que todas las instituciones sociales y religiosas están obligadas a trabajar conjuntamente, con todos los medios legítimos a su alcance, para poner fin al terrorismo. Actualmente en nuestro mundo occidental, los nacionalismos son unos contrasignos, como ya he mencionado anteriormente. Los nacionalismos han muerto en toda Europa, salvo en España. Tenemos que mirar hacia adelante. En cambio, el nacionalismo mira hacia atrás porque es pura división tribal.
Y, para terminar con esta situación anacrónica, habría que retocar la ley electoral española y reducir a los partidos nacionalistas, minoritarios, el poder que tienen. La situación española actual es totalmente irracional e injusta y atenta contra toda democracia.
Otra de las medidas en la noble tarea a favor de la paz y de una sana convivencia en el País Vasco es la recuperación por parte del Gobierno Central de las políticas de Educación y de Cultura transferidas a las Comunidades Autónomas, porque el resultado hasta ahora ha sido nefasto para la convivencia y unidad de los españoles. Y esto no debe molestar a ningún demócrata, como no molesta el que, cada vez, Madrid, París o Roma gobiernen y manden menos y, sin embargo, Bruselas, como capital de la Unión Europea, vaya teniendo mayor poder.
Hay que acabar con el continuo bombardeo nacionalista en el campo de la educación, de la cultura y en los medios de comunicación, para establecer una política educativa y cultural a favor de la paz, de la tolerancia, de la convivencia, de la democracia y, especialmente, reconocer con nobleza el protagonismo que los vascos hemos tenido, desde hace siglos, en la Historia de España. Con este cambio, el terrorismo desaparecería en pocos años, ya que los terroristas no nacen predestinados a serlo porque nazcan en el País Vasco, sino que se hacen allí (Belén Peñalva, De Juana Chaos...). En este Centro que representa a la noble región española que es La Rioja, proclamo y me reafirmo en que es posible recuperar una convivencia pacífica en el País Vasco, al igual que, hace cerca de mil años, en los alrededores de San Millán de la Cogolla convivieron pacíficamente hombres y mujeres, expresándose en latín, en castellano y en vascuence. ¡Esa fue su riqueza!
En esta peculiar tarea de “evangelización”, es decir, de establecer relaciones de pacífica convivencia, de justicia, de verdad, de solidaridad y de amor y no de odio, la Iglesia en el País Vasco debería de desempeñar un papel importante, rompiendo ya los vínculos que la han tenido amordazada por el nacionalismo y que le han impedido muchas veces ser fiel al mensaje evangélico. Debería vacunarse contra el virus nacionalista, muy mala enfermedad que impide ver a las personas con los ojos de la fe.
Toda esta acción tendría que contar con la noble colaboración de ese gran poder que son los medios de comunicación. Medios de comunicación cuya gran misión es el servicio a la verdad y a la libertad, en síntesis, el servicio a la población. Nunca deberían someterse al mandato de los grupos de poder, y mucho menos si es para facilitarles que se mantengan en él.
En la época franquista el Ministerio de Información y Turismo controlaba todos los medios de información, lo que imposibilitaba la implantación de la democracia. Actualmente, el Gobierno no necesita ningún Ministerio, ya que la mayoría de los medios de comunicación, o son suyos, o están al servicio, no del pueblo ni de la verdad ni de la libertad, sino al servicio partidista del poder. Y es grande la influencia que ejercen los medios en la población española: creo no exagerar al afirmar que, en este comienzo de siglo, su poder es superior al del ejército.
Una auténtica Democracia exige una información plural, objetiva y siempre al servicio de la verdad y del Bien Común. Nunca los medios deben servir para distraer a la opinión pública de los problemas importantes del país. Como botón de muestra, hace poco, el día en que se conoció la noticia - ratificada por HB, luego no hay duda - de que el Gobierno ha negociado con ETA en un país europeo, - negociación siempre negada por el Gobierno - , una ministra del Gobierno propuso, como proyecto de ley a debatir en las Cortes, la prohibición de matar toros en las plazas españolas. Durante unos días no hubo en España más debate que el de los toros. Hoy ya nadie habla de ese tema. Pero tampoco se ha hablado de la negociación ni de la gran mentira del Gobierno a todo el pueblo español, lo cual, en un país auténticamente democrático, sería sancionado y castigado. En España no ha pasado nada: España es distinta.
Es también tiempo de que los intelectuales españoles, libres de todo vínculo que les pueda atar, se expresen con valentía en los medios, para que su palabra sea oída por toda la población española. Que, como la Generación del 98, sean el “faro” que conduce a buen puerto a tantos hombres y mujeres, víctimas de la confusión y el engaño del poder nacionalista y sus cómplices.
A pesar de todas las dificultades, por nuestra forme de ser, confío en que saldremos adelante en esta gran empresa a favor de la concordia y de la unidad de España, a la que admiran tantos extranjeros por su rica y hermosa variedad.
Solamente nos sentiremos felizmente vascos, riojanos, castellanos, catalanes y de otras regiones, cuando no nos olvidemos de que recibimos toda nuestra fuerza y riqueza del tronco común que es España.
Les agradezco la atención prestada a mis reflexiones sobre nuestra España, que en esta hora nos está pidiendo a gritos atención y dedicación. Nunca perdamos la alegría. Como nos dice San Pablo: "Que la esperanza os tenga alegres".
GRACIAS.
Jaime Larrínaga
Presidente del Foro El Salvador.
Madrid, 8 de marzo de 2.007
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El nacionalismo del PNV no tiene absolutamente nada de democrático. ETA nació como una rama extremista el PNV y ahora ambas organizaciones realizan cada una su papel: unos son los "buenos", los demócratas, etc. y otros son los "malos", los terroristas, los que hacen el trabajo sucio. Pero ambas organizaciones se complementan y se apoyan en los momentos difíciles. Cuando ha sido preciso, el PNV le ha echado una mano a ETA y las nueces del árbol que sacude ETA las recoge el PNV.
¿El PNV democrático? Ni lo fue, ni lo es, ni lo será jamás. Mira la página de los nazis: http://nazi.org/ y verás qué partidos promueven.
Saludos
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JUAN JULIO ALFAYA
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