¿Estudios científicos o cursos de gallego?
16.02.07 @ 21:55:43. Archivado en Gallego normativo
Hace apenas una semana leía en El Correo Gallego una noticia que, a estas alturas, ya no me sorprende. Después de las recomendaciones al obispo de Astorga en el Plan General de Normalización Lingüística, el absurdo de los husos horarios, las bonecas faladoras y las lápidas en gallego por si las bombas atómicas, ya quedan pocas noticias procedentes de la administración gallega que me quiten el sueño o susciten en mí algo más que un simple gesto de lástima por el país en el que nací y al que amo.
Ahora resulta que la Secretaría General de la Consejería de Sanidad otorgará 10 puntos a todo aquél que entregue un certificado de que sabe hablar gallego (4 puntos a la iniciación, 6 al perfeccionamiento), mientras que obtendrá sólo 2 por el título de doctorado, o por haber invertido varios años en superar un examen como el FIR y hacerse especialista en farmacia hospitalaria.
Un máximo de 10 puntos conseguirán también los que hayan realizado publicaciones o trabajos científicos. Así, y según se publica en el DOG número 6 del 9 de enero de 2007, se darán "0,20 puntos por cada trabajo publicado en revistas científicas relacionadas directamente con la atención farmacéutica", y 0,10 puntos "por cada comunicación científica".
Los gallegos corremos el riesgo de adaptarnos a la rutina de tantas noticias disparatadas procedentes de la Xunta de Galicia y no darles la importancia que se merecen, respondiendo a las mismas con una pasividad o un pasotismo que, a la larga, nos llevarán al colapso o al desastre, lo que implicará, para los ciudadanos de a pie, la vuelta a la emigración como única salida a la falta de salidas en este tierra tan castigada por el aislamiento geográfico, la marginación política, los desastres ecológicos y los no menos devastadores desatinos de nuestros cargos electos.
Teresa Rodríguez, farmacéutica desde el año 1982 con el título de doctora, se lamenta: "Para la profesión soy una colegiada sin ejercicio, porque he montado una parafarmacia hace doce años, y esto no se tiene en cuenta". Además, en el Colegio de Farmacéuticos "tampoco tengo opción a hacer una sustitución o encontrar un empleo en una oficina de farmacia, porque para eso tienes que tener una vida laboral en blanco, y yo estoy trabajando".
Teresa Rodríguez, que posee una gran formación académica como profesora e investigadora, prácticamente tiene que renunciar a participar en el concurso de la Consejería de Sanidad. Dice: "Tengo experiencia, he hecho publicaciones, he participado en congresos, estoy diplomada en análisis clínicos, y poseo otro título en análisis de alimentos, pero todo esto apenas cuenta. También tengo un título de gallego, pero si no has trabajado ya en una farmacia, no tienes opciones".
El decano del Colegio de Farmacéuticos de La Coruña no parece alarmado por el asunto. Dice algo obvio: que esto es el resultado de la aplicación de una norma legal, la Ordenación Farmacéutica de Galicia, aprobada por el parlamento gallego. Vamos, que acaba de descubrir la pólvora. Y, a modo de consuelo, añade que "no hay paro entre los farmacéuticos, sino demanda". Además, según él, "no sólo está la salida de la botica, también están la farmacia hospitalaria, los análisis clínicos o microbiológicos y, entre otros, la industria farmacéutica".
Ignora este señor la gravedad de que el nivel lingüístico en la neolengua de laboratorio en que se ha convertido el gallego tenga más importancia para el desempeño de una profesión en la que se trabaja con personas, no con cosas, que el nivel científico. A mí, por si las moscas, que me atienda un farmacéutico que entienda de farmacia, que conozca a fondo la composición y los efectos de los medicamentos que expende y que después me hable aunque sea por señas.
© Xoán Xulio Alfaya, 2007
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Es verdad que estamos en un país de locos, pero en las comunidades bilingües a la locura general que afecta a toda España, hay que añadir la "locura particular" del nacional-lingüismo que realmente hay que verlo para creerlo, pues ni Kafka en sus mejores novelas creo que haya sido capaz de superar semejantes niveles de absurdo y falta de sentido de la realidad.
Gracias por vuestros comentarios.
Un saludo.
Pero tenemos lo que merecemos. De tal pueblo, tal urnas, tal dirigentes.
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Xoán Xulio Alfaya
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