Nicolas Sarkozy ha decidido poner en marcha un sistema de evaluación a los miembros del Ejecutivo francés. En total, los 33 ministros y secretarios de Estado deberán rendir cuentas sobre su trabajo mediante 30 criterios específicos para cada área. Se ha justificado la decisión apelando a la demanda de los ciudadanos de obtener resultados.
En concreto, el sistema de evaluación, diseñado en colaboración con la consultora privada Mars&Co, quiere fijar objetivos cuantificables a los titulares de cada cartera. Así, por ejemplo, la ministra de Cultura deberá mantener una determinada cuota de mercado para las películas galas y habrá de conseguir que las visitas a los museos franceses aumenten y la ministra de vivienda deberá construir un determinado número de viviendas sociales. La “cultura del resultado” está detrás de este gran cambio, que parece haber inquietado a más de un ministro francés.
Pues bien, ¿se imaginan qué pasaría si este sistema se implantara en nuestro país? Sus detractores afirman que los criterios establecidos no son del todo fiables, y que reducir la labor de un alto cargo a mera estadística no es admisible. Puede que tengan razón, pero lo que es seguro es que a raíz de la implantación de estas medidas, muchos ministros se esforzarán más, trabajarán más y, sobre todo, pensarán más en los ciudadanos.
La filosofía que subyace detrás de esta idea es que la gestión pública debería semejarse mucho más a la gestión de una empresa privada, donde los resultados importan y donde lo principal es que el cliente esté satisfecho.
Miércoles, 30 de mayo
Jaime Noguera
Luis Llopis Herbas
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Juan Carlos Ureta
Kiko Rosique
Rolando Rodrich
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José Miguel Montes
Jesús Pérez
Ramón Tamames