que como le decía a un lector, es otro cantar.
Las intervenciones que pretenden realizarse sobre el Puente de Piedra (río Ebro, Zaragoza) con el fin de rebajar la solera del mismo deben ser expuestas con absoluta claridad para que se compruebe de modo fehaciente si afectan o no a elemento alguno del BIC. En este tema, como en el de la intervención sobre el río, hay mucha lucha política de por medio, por lo que debemos ser muy escrupulosos a la hora de juzgar los proyectos y analizarlos de manera objetiva.
Si el rebaje de la solera facilita la navegabilidad por el río de embarcaciones de mayor calado, sin afectar en modo alguno a la seguridad de la estructura, ni a elementos patrimoniales protegidos, entonces sea bienvenida la actuación. Si por el contrario, puede verse afectado el Puente en su resistencia, o resultar dañados elementos arquitectónicos que la ley ampara, entonces deben buscarse alternativas al proyecto de rebaje.
En el Balcón de San Lázaro tenemos otro punto de fricción importante: los restos allí encontrados son de gran interés cultural para la ciudad, y deben ser protegidos, estudiados y, si es posible, deberían poder ser visitados en un futuro. Que no ocurra como con el arrabal musulmán de Sinhaya, enterrado para siempre bajo el asfalto, perdido bajo tierra, imposible de disfrutar.