Fratría

Sentido tragicómico español (y Claves de la vida 96)

08.06.18 | 14:19. Archivado en Meditaciones

La cultura española aporta a la cultura universal un resquicio de razón sensible, que obtiene una coloración tragicómica. Ello aparecería claramente en ciertos trasfondos culturales, como el flamenco y la tauromaquia. En el flamenco se expresa un chillido de desesperación atemperado por lo festivo, las palmas y su ejecución final catártica. En la tauromaquia el oscuro toro, símbolo de lo trágico, es toreado resueltamente por un torero contrapuntísticamente vestido de arlequín.

Un sentido tragicómico atraviesa la coexistencia humana universal, pero entre nosotros parece dejar algunos rasgos típicos. Entendamos por trágico lo oscuro y sufriente, y por cómico lo elevado, claro o aclarado. Significativos hitos históricos de nuestra idiosincrasia tragicómica, dramática o traumática resultan al respecto tanto nuestra Reconquista nacional, como nuestra Conquista americana, por no hablar ya modernamente de nuestra Guerra (in)civil. La piel de toro hispánica es un tejido continuo y discontinuo, un conjunto disjunto y una disyunción conjunta en una cierta e incierta coyunda. Aquí se entrecruzan duendes del sur y meigas del norte, la morriña galaica (que proviene de morrer-morir) con la seriedad más vasca y la clara apertura mediterránea de Cataluña. Y en el medio o centro, Castilla es la encrucijada entre la más vieja ascética y la más nueva mística.

El singular contraste entre el pesimismo de Quevedo y la alegría de Lope de Vega da buena cuenta de nuestro destino tragi-cómico de la coexistencia. Pero hay cuadros llamativos que presentan en sí mismos este ensamblaje entre la negrura más cerrada y la blancura más abierta: así en Goya y sus Fusilamientos, en los que en medio de la noche más oscura emerge el ángel de la luz con su camisa blanca al aire libre, imago del alma en pena que traspasa este lúgubre mundo de tinieblas en salida trascendental o celeste. Pero una parecida sensación contrastativa obtenemos al comparar la pintura del oscuro Guernica de Picasso con los Cristos cromáticos y flotantes de su contemporáneo Salvador Dalí y su pintura cuasi sardánica.

Hay unos rasgos trágicos o negros y cómicos o abiertos que codefinen nuestra tradición cultural transversalmente. Unamuno representa bien el sentimiento más tragicómico, con su interpretación sublimadora del Cristo de Velázquez. Por su parte, Ortega representa bien el espíritu tragicómico revertido ya en espíritu o estilo dramático, en dramaturgia equilibrada. En nuestro filósofo más significativo, la vida humana es coexistencia y nuestra existencia es trama y drama, melodramática, por cuanto atravesada de razón y pasión, vida y muerte, idealismo y realismo. A partir de aquí, Ortega interpreta el Quijote como el drama de lo real y lo ideal, de Sancho y don Quijote, tal y como lo sintetiza ejemplarmente su propio autor Cervantes.

El Quijote resulta trágico porque fracasa en su idealismo por culpa de la hirsuta realidad, pero resulta cómico porque ello nos mueve a risa o irrisión realistamente, o al menos nos hace sonreír lúcida o escépticamente. El choque entre lo real y lo ideal es así el choque entre la vida y la muerte, la existencia y la desistencia o dexistencia. La solución política y cultural está en reunir lo real y lo ideal, lo trágico y lo cómico, en su mediación tragicómica o dramática, que evite su trauma o traumatismo, proyectando un héroe ya no puro sino impuro o mezclado. Se trata de un héroe antiheroico, héroe de lo posible o composible, el cual se basa no en la razón purista ni en la pasión corrupta, sino en la razón sensible, compasiva y humana. El sentido tragicómico hispánico desembocaría entonces en un sentido dramático de la coexistencia, cuya clave estaría en una razón encarnada y no encaramada, en una razón sensible y no insensible, en una razón afectiva o cordial.

Esta razón humana o humanada sería la larga herencia de una razón hispánica que, a modo de razón sentimental, comparecería metamorfoseada en una razón hispana más amplia, por cuanto coloreada latinoamericanamente. Pensamos que una tal razón consentimental de signo hispano arriba hoy mismo a la cátedra de san Pedro y a la cúpula del Vaticano, en la persona del Papa Francisco. El primer Papa hispanoamericano capaz de exorcizar lo trágico humano desde la alegría del Evangelio, que es o debería ser la alegría del amor interhumano.

CLAVES DE LA VIDA 96

---La Iglesia como la zarza que arde sin consumirse: pero consumiéndonos.
---El reino de Dios en la tierra: pía utopía.
---Pablo D´Ors nos habla en pro del silencio, pero nos habla: y es que nuestro silencio es también simbólico o místico y, por tanto, una inmediatez mediada (como diría su abuelo el filósofo).
---Una cosa es lo paradójico: y otra lo parajódico.
---Nos reduplicamos lingüísticamente: para salvarnos simbólicamente.
---Matar por ideología no es ideología: es matar.
---Los amigos pueden volverse menos amigos si nos ven peor o bien mejor que ellos.
---En Habermas lo más adulto es lo más adusto.
---No el amor del hado (Nietzsche): sino el hado/hada del amor.
---El conflicto entre los hombres adquiere carácter perruno: el conflicto con los perros adquiere carácter humano (con sus dueños).
---Los pillos son los que pillan: el mondongo o la mandanga.
---Lloramos con el otoño nuestra disipación veraniega.
---Lo más interesante de España, según I.Vidal-Folch, es su decadencia: el fracaso nacional como filosofía existencial.
---En el film Los diez mandamientos, Dios habla a Moisés como un Ogro diablesco: con voz dracontiana.
---La aurora no es insurgente sino consurgente o complementaria: como el ocaso o puesta de sol.
---La democracia convierte dos opiniones diferentes en una sola decisión (J.Wagensberg): conversión de opuestos.
---En la antropología de V. Turner el color rojo se asocia con la sangre, el blanco con el semen y el negro con las heces: pero la sangre es vida, las heces muerte, y el semen vida y muerte.
---Fuera de la Iglesia hay salvación individual: pero no conjunta.
---Ha caído en descrédito toda melopea en nombre de la contingencia y la finitud, el límite y la implicación: que son paradójicamente categorías submodernas.
---Sin inciertas melopeas no se puede vivir: con ciertas melopeas tampoco.
---Los números me superan sin supurarme.
---Por supuesto que hay lucha de clases: entre los necios y los más necios.
---Hasta que la muerte nos reúna a todos en el Uno-Todo.


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