Fratría

La canción de Aragón (y Claves de la vida 59)

08.09.17 | 17:16. Archivado en Meditaciones

Los de Aragón, arriba el corazón,
pecho a la vida: cantar las penas
que más te hieren (Zarzuela).

Aragón, por qué no olvido tu canción, será porque tanto te amé: un amor de vida y muerte. El cual se funda y funde en nuestro pueblo campestre y alrededor del río Ebro, sin duda con el fin de acompañar su soledad labordetiana. Pero situémonos: al norte el exuberante Pirineo oscense, al sur la seca tierra turolense y, en el centro, la llanura del Ebro con Cesaraugusta y su Pilar matriarcal y barroco. Un cierto estoicismo sobrio de origen romano y cristiano atraviesa Aragón de un extremo al otro, dejándolo ladeado frente a todo epicureísmo carnal (aparcando en este contexto obviamente la carne del ternasco regada al vino autóctono). Lo placentero o playero queda al borde de este reino más bien austero, pero abierto.

Pero las cosas cambian, y el propio himno zarzuelístico aragonés -”Los de Aragón”- ofrece asimismo cambios interpretativos. Esta zarzuela aragonesa musicada por J.Serrano y letrada por J.J.Lorente expone nuestra situación desde la visión bélica de la posguerra, dejando abiertas las puertas hermenéuticas. En efecto, en dicho himno se afirma nuestra vieja reciedumbre sintetizable en no llorar, no dudar, no gemir, no transigir, no deshonrarse, en fin no “reblar”.

Frente a toda cesión o concesión se preconiza aquí heroicamente la virtud patriarcal de luchar, pecho a la vida, o sea apechugar, y arriba el corazón. En dicha música los sostenidos masculinos se imponen a los sufridos bemoles feminoides ampliamente, y sin embargo la interpretación de nuestro genial Miguel Fleta marca contrapuntos llenos de sutileza a través de sus fiatos o filados memorables y de su timbre de voz este sí fúlgido y epicúreo.

Hay pues un arte contrastante típicamente aragonés que oscila entre la entereza y la ligereza, entre lo tosco y lo sensual, como nuestro mudéjar, hasta el punto de producirse un auténtico vayvén lingüístico-musical entre no olvidar el daño o la pena de amor o bien olvidarlo, entre mejor vivir o mejor morir al respecto radicalmente. Ello eclosiona en la canción en un alarde, magistralmente entonado por Fleta, que pone el énfasis definitivo no en silenciar sino en “cantar” las penas más hirientes para así trasfigurarlas. De este modo, la melancolía del pesar queda supurada y aun superada por su cante y canto ennoblecedor, tan típico/tópico de la vieja nobleza baturra, más cívica o cultural que política.

Una tal sublimación del penar atajado por su cante o canto encuentra su equivalente aragonés en la arquitectura sublimatoria de Albarracín, donde el sensible barro queda sutilizado artísticamente en su propia filigrana estética. Ahora bien, el contrapunto antropológico a esta versión refinada del alma aragonesa, irisada de sentimiento, estaría representada por la famosa pintura de Goya “Duelo a garrotazos”, donde la arcaica entereza y reciedumbre vuelven demasiado recias y enteras.

En mis escritos suele comparecer el patriarcalismo aragonés hirsutamente, siquiera en contraste natural con el trasfondo matriarcal de nuestro Pirineo con sus fuentes y cascadas a modo de multimamas o ubres acuáticas de la madre natura, así como con la finura de Albarracín con sus estalactitas y estalagmitas de adobe adobado. En todo caso, los garrotazos que nos hemos propinado no solo entre nosotros ni solamente en nuestra guerra (in)civil, pienso que han podido hacer ya de nuestras fajadas cabezas testarudas o cuadradas, capitostes menos rudos y más redondeados.

Emerge así entre nosotros hoy en día una situación aparentemente más fratriarcal o dialogal, maña o hermana, aunque con nubarrones arriba y abajo, a derecha e izquierda. No nos quedemos inmóviles, pues debemos movernos y transitar el Ebro que nos une y reúne, afincados en su valle estirado pero abiertos cual buenos “aragonautas”. Baltasar Gracián ya relató nuestra aventura real y simbólica a través de un mundo complejo y complicado, recorrido por el arte contrastante típicamente aragonés de Critilo y Andrenio.

Andrenio es la naturaleza bruta o exabrupta, la materia prima; Critilo es la cultura humana y su cultivo intelectual. Como en el himno zarzuelístico aragonés, necesitamos afirmar la tierra y reafirmar su cultura o cultivo, autoafirmarnos y heteroafirmarnos, apoyarnos y abrirnos convenientemente. Y es que la canción de Aragón no tiene olvido, acaso porque el primer amor resulta no solo inolvidable sino también inevitable. Por qué no olvido tu canción, será porque tanto te amé: un amor de vida y muerte.

CLAVES DE LA VIDA 59

---El maestro Eckhart pide a Dios que le libre del Dios.

---Me pregunto sobrehumanamente si Dios tiene Dios, si Dios es Dios para sí mismo: me respondo humanamente que Dios es el símbolo de Dios.

---El hombre es Dios humanamente (X.Zubiri): y el Dios (cristiano) sería el hombre divinamente.

---El anhelo del amor humano traspasa la carne para anidar el alma: trascendencia.

---El hombre se topa con la mujer: la mujer se tapa ante el hombre.

---Abunda hoy la curandería de enfermedades psicológicas como la depresión y el bipolarismo: incluso de afecciones como la melancolía y la tristeza existencial.

---La enfermedad como dependencia exterior e interior: abandonado al otro y abandonado de sí mismo.

---Lo que despreciamos de jóvenes lo apreciamos de viejos.

---Hay que ver la botella medio llena y medio vacía.

---Para andar bien hay que andar mal: cuidarse o contenerse.

---El lupanar es un sitio para andar con lupa.

---Dice Juan Cruz que Messi es un gran pensador, cuando yo creía que es un gran pasador: dispense, los demás despensamos.

---La filosofía despeja todas las dudas: para ponerlo finalmente todo en duda.

---Río sin retorno: el fil de Marilyn Monroe que cuenta su retorno a casa (el hogar).

---Un pajarillo me escolta en mi viandanza junto al Ebro hasta encontrar su comida que arrambla volando: al final me topo con una camada de patitos y su pata madre.

---Una negra bolsa de basura flota vacía en el aire hasta quedar prendida y prendada de la rama de un árbol: ahí se agarra y arraiga cual cuervo inquieto.

---En la mística de santa Teresa hay amor y desamor, presencia y ausencia entre el hombre y Dios, la persona y Cristo, el amante y el amado: es una mística que busca el centro y su desborde, a Cristo y al hombre, a Dios y al otro. (Para Antonio Mas).

---Buscar el centro y su desborde: el círculo que se abre.

---El Papa Francisco apoya a un transexual: la trascendencia apoya a la inmanencia.

---Como dicen por aquí, lo malo de morirse es lo “malico” que te pones”.


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