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Antonio Escohotado: filósofo, escritor y psiconauta

Permalink 09.08.10 @ 18:08:20. Archivado en Medios

Fuente: Drogas Inteligentes. Artículo publicado originalmente en la revista Cannabis Magazine.

No hay duda de que el nombre de Antonio Escohotado Espinosa resulta familiar a todos los lectores, ya que es uno de los autores más importantes de la actualidad, no sólo por la relevancia de sus obras, sino también por la amplia variedad de los temas que trata. Para los drogófilos es, sobre todo, el autor de Historia de las drogas y la celebridad que, en sus artículos y apariciones en los medios de comunicación, defiende la ‘normalización’ de las sustancias psicoactivas (devolverles su estatus de cosas normales en el mundo en que vivimos); no tanto la ‘legalización’, que en cierto modo implicaría reconocer su condición de objetos prohibidos, una situación a todas luces anormal.

Un filósofo de nuestro tiempo
Escohotado está incluido en el diccionario de pensadores del siglo XX. Políticamente se define como liberal, en la línea de David Hume y Thomas Jefferson. No entra en la dicotomía izquierda-derecha, sino que le interesa más el debate entre libertad-autoritarismo; toma partido por el primer término y rechaza toda versión del segundo, sin importar su procedencia. Como estudioso y erudito ha investigado numerosos campos del saber (Aristóteles, Hegel, filosofía presocrática, filosofía de la ciencia, pensamiento económico…), y como ensayista ha escrito sobre todos ellos, despertando en ocasiones la ira de muchos supuestos expertos, esos que no toleran que alguien ajeno se entrometa en lo que consideran de su exclusiva propiedad. Es difícil encasillarle, y reconoce que no le gustan los calificativos, pero tal vez el de ‘filósofo’, en su sentido más amplio, sea el que mejor le defina: “Lo que en esta vida me ha mantenido en una actitud de independencia es muchísimo amor y curiosidad intelectual. No admito estancamientos porque a mí lo que me gusta es estudiar y conocer; eso no tiene fin” (1). Es lógico que dos de sus pensadores predilectos sean Aristóteles y Hegel, los máximos exponentes del saber enciclopédico.

Este profesor de Filosofía y Metodología de las Ciencias Sociales que aprovecha el silencio de la noche para estudiar y escribir declara que sus valores supremos son, en primer lugar, el cultivo del conocimiento; en segundo lugar, el amor; y tercero, la ebriedad, el consumo de sustancias psicoactivas (2). Una lista de preferencias que constituye todo un reto para el mundo en que vivimos, tan mediocre, ramplón y apegado a lo inmediato y lo material.

Años de juventud
Filósofo, jurista, sociólogo, escritor, traductor, psiconauta; padre de siete hijos, fruto de tres matrimonios…, Antonio Escohotado nació en Madrid en 1941. Vivió en Río de Janeiro desde 1946 a 1956 porque su padre era agregado de prensa en la embajada española en Brasil. Volvió a España y, como él mismo dice, pasó “del trópico pagano al nacional-catolicismo (expresión acuñada por su amigo Carlos Moya, catedrático de Sociología) mesetario de nuestros años cincuenta”.
Su vocación fue, desde muy joven, la Filosofía con mayúsculas, con la utópica idea de elaborar una ‘Historia del pensamiento occidental’. Por eso eligió esta carrera cuando le llegó el momento de iniciar estudios universitarios, si bien se matriculó también en Derecho haciendo caso a aquel viejo y conocido consejo familiar de “la Filosofía no tiene salidas profesionales, y en cambio el Derecho sí”, que algunos hemos vivido y soportado. A pesar de las altas metas que desde tan joven se marcara, Antonio también tuvo su niñez, edad en la que todos hemos hecho trastadas. Y así, en una entrevista reconocía que le quisieron expulsar dos veces del colegio por blasfemo, tras haber metido sapos en el sagrario, la caja donde se guardan las hostias que se reparten durante el acto de la comunión cristiana (2).

Los primeros años de universidad supusieron un golpe para su espíritu independiente, y con el paso de los años sufriría unos cuantos más. La (por aquel entonces) Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central —después Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad Complutense— era “un diálogo de sordos entre neotomistas, neopositivistas y neomarxistas”. Quien esto suscribe puede dar fe de que la situación continuaba igual treinta años después, si bien el número de neotomistas se había reducido debido a las bajas forzosas por jubilación y fallecimiento; pero para compensar apareció una nueva especie en crecimiento durante la década de los ochenta, la de los posmodernos, que ahora —veinte años más tarde— tal vez se llamen “neoposmodernos”; no lo sé con seguridad. Escohotado se libró de soportarlos cuando estudiaba porque la madre Francia aún no los había parido, pero posteriormente llegó a conocerlos muy bien: “Hoy hemos llegado a intelectuales tipo Baudrillard, por ejemplo, y los que seguirán, de pensamiento débil, posmodernos, pajilleros mentales que protestan y protestan básicamente porque les hacen menos caso cada vez. Se extinguirán, y me alegro. No son científicos, ni exploradores, ni aventureros, ni vividores. Son simplemente dogmáticos vestidos de no dogmáticos” (2).

En vista de la penosa situación en que se encontraba la fábrica del título oficial de filósofo, decidió terminar solamente la carrera de Derecho, después de lo cual sacó unas oposiciones del Instituto de Crédito Oficial —tan popular en la actualidad por los créditos concedidos a empresas en tiempos de crisis—, donde trabajó como asesor jurídico, además de ejercer simultáneamente como profesor ayudante en varias facultades. El joven Escohotado ya apuntaba buenas maneras psiconáuticas, y su primer artículo publicado fue “Alucinógenos y mundo habitual” —en Revista de Occidente, en el año 1967 (3)—, con sus primeras investigaciones sobre el tema, tras haberse iniciado en la LSD un par de años antes. Usó le incluye entre el grupo de jóvenes intelectuales (junto a González Noriega, Martínez Marzoa, Fernando Savater, Carlos Moya, Mariano Antolín Rato, Leopoldo María Panero y otros) que se inició en el consumo de LSD a mediados de los sesenta. Las primeras dosis llegaron gracias a dos americanos de la base de Torrejón de Ardoz, al elevado precio de 1.000 pesetas la unidad. Tras esa experiencia inicial siguió una intensa actividad psiquedélica y en el artículo mencionado se intuía una demanda de ilustración farmacológica frente a la barbarie y la ignorancia (4).

Su carácter de estudioso y erudito quedó patente ya en esta época porque, a pesar de no conseguir el premio extraordinario de licenciatura, redactó su tesis doctoral antes de terminar la carrera. El trabajo trataba sobre Hegel, y el catedrático de Filosofía del Derecho, Luis Legaz, lo leyó y le indicó que bastaría añadir un capítulo dedicado a Kant. La tesis debió haberse leído en 1968, con lo que habría sido el primer ensayo presentado en España sobre Hegel; sin embargo, el decano de la facultad, Luis García Arias, también presidente del tribunal de doctorado, consideró la tesis anticatólica y consiguió ir retrasando su lectura pública en varias ocasiones. Se presentó por fin en 1970, con el título de “La filosofía moral del joven Hegel, con especial referencia al concepto de la ley” (5). Fue publicada en 1972 en Revista de Occidente como “La conciencia infeliz. Ensayo sobre la filosofía hegeliana de la religión”, y recibió reseñas positivas, además del premio de la Nueva Crítica de ese mismo año.

Los problemas para leer la tesis obligaron a que su primer libro publicado fuese Marcuse: utopía y razón (Alianza Editorial, 1969), escrito años después del primero. El propósito de esta obra era analizar la fusión que hacía Marcuse de Hegel con Marx y Freud.

En 1970 deja su trabajo en el ICO y se marcha a Ibiza, en pleno apogeo del movimiento hippie. “Dejé aquello —buen empleo, buen sueldo, importante status— por irme de aventura, a descubrir otros mundos, otros valores. Eso no gustó a mis amigos que nunca entendieron mi decisión. Y es que mi necesidad va más por el terreno de la investigación que por la acumulación de capital” (1).
Dice Juan Carlos Usó que, una vez liquidado el Verano del Amor (California, 1967) y tras la resaca del agitado mayo del 68 en París, se produjo una gran diáspora juvenil. La isla de Ibiza y Katmandú, capital de Nepal, se convirtieron en santuarios, en reductos donde los jóvenes podían vivir con total libertad y en armonía con la naturaleza (6). Sigue contando Usó que los primeros hippies llegaron a España en 1967 atraídos por la devaluación de la peseta, y con ellos llegó la LSD y otras drogas. Escohotado se estableció en la Isla Pitiusa a comienzos de los setenta, y allí se quedó hasta 1983, dedicándose a estudiar y a traducir. Vivió en una casa humilde, pero ideal para estudiar, escribir, traducir, ensayar con drogas y experimentar en primera persona sus efectos sobre la mente. Eran los tiempos de la Ibiza libre, muchos años antes de la movida ibicenca de la ‘beautiful people’ y los famosillos de turno: “Más que hippy, fui freak: quería vivir en la naturaleza, hacer la revolución sexual e investigar con las drogas, pero sin creer en místicas (…) Vivíamos en una choza sin luz ni agua, y trabajaba haciendo traducciones o en lo que salía” (7). Independientemente de la moda imperante, una persona con su carácter y formación no podía identificarse con gente ansiosa por encontrar gurúes, ni tampoco caer en cosas como dietas macrobióticas, atuendos orientales y venta de hebillas y escayolitas en mercadillos. Escribía años después: “El ácido, como el peyote y el hongo psilocibe, fue estandarte para una contracultura algo pueril y abrumadoramente victoriosa al nivel del gusto, que por eso mismo se disolvió sin holocausto dejando una estela de fenómenos tan dispares como ecologistas, toxicómanos sórdidos y el grupo de quienes podían llamarse tolerantes o iniciados” (8). En cuanto a las relaciones sentimentales, fue una época bastante liberal, en la que primero se hacía el amor y después se hablaba de otros temas. En lo relativo a las ideas políticas, estuvo cercano a la izquierda, como casi todos los jóvenes españoles universitarios de los sesenta y comienzos de los setenta; según confiesa, en la embajada de Vietnam del Norte de París intentó alistarse en el Vietcong para luchar contra el imperialismo yanki, pero tuvo la suerte de que le dijeran que allí no podría sobrevivir ni una semana. Afortunadamente, pronto se le pasaron las veleidades izquierdistas.

En Ibiza llegó a regentar el famoso club ‘Amnesia’, donde se consumía libremente cannabis y ácido. Esta discoteca nació de una finca rural y una casa construida a finales del siglo XVIII. En ella vivieron cinco generaciones de la familia Planells, y allí cultivaron la tierra y construyeron un molino. En 1970, la familia decide irse a la ciudad y vende la finca a María Fuencisla Martínez de Campos y Muñoz, una viuda de origen aristocrático. En ese momento se convierte en punto de reunión de los hippies de la isla: tocan grupos de música, bailan toda la noche, fuman hierba y toman LSD. En mayo de 1976, Escohotado, junto a Manuel Sáenz de Heredia, alquila la finca por la entonces respetable cantidad mensual de 20.000 pesetas (120 €) para abrir una discoteca. El primer nombre ideado por nuestro psiconauta fue “Taller del olvido”, para “reflejar que cuando la gente sale de noche es para olvidarse de los problemas y sumergirse en un mundo no aprendido y no rutinario”. Pronto se dio cuenta de que la palabra ‘Amnesia’ expresaba su idea inicial y era además mucho más sugerente; y con ese nombre se quedó lo que hoy es sitio de referencia de la movida. Al año vendió el negocio, que después se convirtió en una de las discotecas más famosas del mundo (9). A pesar del poco tiempo que dirigió la discoteca, para algunos fue todo un símbolo, hasta el extremo de que identifican el fin del flower power español con el momento en que Escohotado traspasó el local (8).

Durante su estancia en Ibiza se incrementó su actividad intelectual. En 1975 publicó De physis a polis. La evolución del pensamiento griego desde Tales a Sócrates (Editorial Anagrama), un texto que se cita como bibliografía sobre los filósofos presocráticos en las facultades de Filosofía. Este libro era, en realidad, un apéndice al trabajo de ontología fundamental que en principio llamó Física como sistema de la lógica, y que tras varias reescrituras se publicó con el título Realidad y substancia, editado por Editorial Taurus en 1985. Ya en esta época comienza a dedicarse menos a la filosofía pura y más a investigar fenómenos humanos complejos. El libro Historias de familia, publicado por Anagrama en 1978, es un ensayo sobre sociología del género, que después amplió en Rameras y esposas (publicado por la misma editorial en 1993).

Madurez
Siempre relacionado con el mundo de las sustancias psicoactivas y apologista de la ilustración farmacológica, en los ochenta tuvo varios problemas con las ridículas y sangrantes leyes antidroga que todos conocemos, por los cuales estuvo cuatro veces en la cárcel. A comienzos de esta década, cuando considera que Ibiza no le aporta nada más, regresa a Madrid.

Una vacante en la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) —la de adjunto para Ética y Sociología— le permitió volver a la universidad. En esta institución ha sido profesor de Derecho, de Filosofía, de Sociología y, finalmente, de Filosofía y Metodología de la Ciencia, junto a su buen amigo Carlos Moya, otro gran psiconauta.

Si en su época de estudiante había sido víctima de la censura académica, ahora —como docente— comenzaría a sufrir en sus propias carnes las acciones de la endogamia y el corporativismo universitarios. Y así, en 1983, cuando varios miles de profesores adjuntos contratados se convirtieron en profesores titulares, fue uno de los pocos —cuatro o cinco— suspendidos, con siete ceros impuestos por un tribunal formado por siete catedráticos, a pesar de su currículo y de su larga lista de publicaciones (o tal vez precisamente por ello en este país de cainitas, expresión muy utilizada por su amigo Sánchez Dragó). Ante la injusticia de la situación hizo un recurso para que los catedráticos justificaran su nota, y tras un año de espera —sin sueldo— el tribunal le dio un condescendiente ‘5’, sin más explicaciones. Fue entonces cuando decidió pasarse del área de Filosofía a Sociología.

Continuando con sus obras, en 1987 publica Majestades, crímenes y víctimas, “un ensayo sobre sociología del poder que examina delitos aparentemente tan dispares como propaganda ilegal, homosexualidad, apostasía, eutanasia, blasfemia, prostitución, prácticas mágicas, idiosincrasia farmacológica, pornografía y contracepción” (10). En 1989 publica Filosofía y metodología de las ciencias sociales, manual de la asignatura que imparte en la UNED.

Su obra más conocida es, sin duda, Historia de las drogas, en tres volúmenes, que empezó a publicar Alianza Editorial en 1989, y cuya redacción dio comienzo durante su estancia en prisión. Casi simultáneamente salió al mercado la parte dedicada a la descripción de las sustancias psicoactivas, con distintos títulos: El libro de los venenos (Mondadori, 1990), Para una fenomenología de las drogas (Mondadori, 1992) y Aprendiendo de las drogas (Anagrama, 1995). Esta sección fue incluida en la edición de Historia general de las drogas (Espasa-Calpe, 1998), de un solo volumen. El propósito de este libro fue, por un lado, una especie de venganza intelectual contra los policías y los mafiosos que le habían perjudicado en Ibiza; por otro, existía un enorme agujero negro en este ámbito de conocimiento y, al creer que se estaba iniciando un movimiento de investigación sobre el mismo, quiso darle un buen impulso (11).

Como presentación, nada mejor que lo que él mismo cuenta en el prólogo. En 1988 la Audiencia de Palma le condenó a dos años y un día de reclusión por un delito de narcotráfico. A pesar de lo dudoso de la imputación (quienes ofrecían comprar y vender eran policías o compinches suyos), y de que el juez redujo a un tercio los seis años solicitados por el fiscal porque el delito se hallaba “en grado de tentativa imposible”, prefirió cumplir la condena sin más demora. Solicitó ingresar en el penal de Cuenca, donde le concedieron todo lo necesario para dedicarse a escribir con total tranquilidad, así que “durante aquellas vacaciones humildes, aunque pagadas, se redactaron cuatro quintas partes de esta obra”. Por supuesto, había fraguado unos años antes el proyecto, el cual fue posible porque conoció directamente las fuentes originales del experimento prohibicionista gracias a su trabajo como traductor free-lance para Naciones Unidas en 1983 y 1984: “La biblioteca de la Narcotics Division en su central de Viena me ofreció el fenómeno con todo lujo de detalles, algo inestimable cuando hasta entonces el tema ofrecía unos pocos estudios de naturaleza científica, y estaba oprimido por toneladas de sensacionalismo y desinformación” (10). Sin duda, la persona más apropiada estaba en el sitio adecuado, en el mejor momento. Fue en aquel tiempo, aprovechando una escala en Suiza, cuando decidió escribir a Albert Hofmann —una leyenda para alguien que tanto había experimentado con la LSD— con el objetivo de conocerle. Pronto entablaron una buena relación y Escohotado fue un “hijo espiritual” para Hofmann. De hecho, alguna vez ha manifestado que perdió a sus padres siendo muy joven, el buen doctor le adoptó y pasó a ocupar el papel de progenitor.

Hofmann vino a España en diversas ocasiones para dar conferencias. Incluso se le pudo ver en 1991 en el programa televisivo de Sánchez Dragó, El mundo por montera, cuando asistió al acto de concesión del doctorado ‘honoris causa’ a su amigo Ernst Jünger por la Universidad de Deusto (12). Escohotado llegó a visitar varias veces la estupenda y modernista casa del descubridor de la LSD en Rittimatte, en un maravilloso entorno situado en la frontera de Suiza con Francia.
Poco podemos decir que no se haya dicho ya sobre Historia general de las drogas, de obligada lectura para quien desee conocer la historia y los usos de los psicoactivos, y obra de referencia para los estudiosos del tema; probablemente la más extensa, rigurosa y mejor documentada. La reseña que podemos leer en la web de la Librería Muscaria destaca el gran número de fuentes históricas y literarias y su estilo ameno, así como las diversas aproximaciones posibles: de un tirón, para consultar temas específicos o para ampliar información gracias a sus numerosas citas a pie de página y su bibliografía (13). El mismo autor comenta que quedó como obra de referencia y que contribuyó a la ilustración farmacológica porque planteó el ámbito de las drogas como un objeto de conocimiento, para acabar con la ignorancia, que es donde realmente radica el peligro (10).
Aparte de esta edición, existe la versión resumida Historia elemental de las drogas (Anagrama). También ha escrito Las drogas: de ayer a mañana (Talasa Ediciones) y La cuestión del cáñamo (Anagrama), además de numerosos artículos en periódicos y revistas, algunos de los cuales pueden leerse en http://www.escohotado.com

Llega la fama
Es en esta época, finales de los ochenta y comienzos de los noventa, cuando Escohotado se convierte en un personaje público y en toda una celebridad gracias a sus apariciones en televisión, en las que es el primero en defender el libre consumo y circulación de sustancias psicoactivas. Ya a comienzos de los ochenta pudimos verle en la pequeña pantalla, momento en que la heroína parecía un problema social; pero es a finales de esta década cuando se hace más popular. En ocasiones se enfrenta a tertulianos de verbo fácil, voz estridente y mala educación; otras veces aguanta las encerronas que la dirección del programa le tiende en forma de madre de toxicómano que achaca a ‘la droga’ todos los males de su hijo, sin pararse a reflexionar sobre la neutralidad de las sustancias, sobre el mal uso como fuente de todos los problemas, ni sobre las conocidas citas favoritas de los drogófilos “Sólo la dosis hace al veneno” (Paracelso) y “No hay drogas buenas y malas, sino usos sensatos o insensatos de las mismas” (Escohotado) (14). Las drogas son consustanciales al ser humano: “Para la juventud son el auténtico rito de pasaje, la ceremonia de maduración, social e individual. Para la gente de 40, 50, 60 años —muchos de ellos prisioneros de los psicodélicos años 60— son una reiteración de costumbres. Pero para los jóvenes son una manera de ponerse a prueba social e individualmente” (15). En el caso de las sustancias modificadoras de la conciencia, de poco sirve la teoría si no se pone en práctica, y su carácter de investigador inagotable le ha llevado a conocer de primera mano los efectos de una gran cantidad de drogas, todo lo cual ha plasmado en los libros citados: “A mí me sigue interesando consumir drogas y descubrir sus efectos en la mente humana. Mi propia actitud intelectualista en este campo hace que no me quede mucho tiempo en ninguna de ellas” (1). Quizá ese enfoque intelectualista es lo que le lleva a criticar a quienes las sacralizan, a quienes las convierten en objeto de culto; frente a este acercamiento místico propone mantener una visión científica.

En 1991 publica El espíritu de la comedia (Anagrama), obra acerca de la sociología del poder político que recibió el Premio Anagrama de Ensayo ese mismo año. En 1997 publica Retrato del libertino (Espasa-Calpe), donde describe el exceso como forma de vida, hace una apología a favor de la ebriedad y en contra de su censura, defiende la eutanasia y habla sobre Ernst Jünger y Albert Hofmann, entre otros temas.

En 1999 sale al mercado Caos y orden (Espasa-Calpe), un manifiesto epistemológico bien recibido por los críticos y reeditado seis veces en tres meses, un verdadero récord para un libro de este tipo, que además recibió el Premio Espasa de Ensayo en 1999. Sin embargo, cuatro profesores universitarios de física y de filosofía de la ciencia criticaron esta obra desde su academicismo integrista, llegando uno de ellos al extremo de dirigir un escrito a los miembros del premio mencionado. Fue un nuevo golpe de la universidad a Escohotado, ya acostumbrado a esto desde su tierna juventud. La universidad española tiene muchos defectos y la endogamia es uno de ellos, cuya manifestación más evidente y sangrante consiste en vetar el acceso a las plazas de profesor a los considerados extraños, y en reservarlas para quienes se han formado en sus centros. El otro gran defecto de los profesores de universidad es arremeter, a base de embestidas dialécticas, contra los extraños considerados intrusos que se atreven a hablar sobre lo que consideran su propiedad exclusiva, contra quienes no han estudiado en sus departamentos y no utilizan su jerga; tal vez porque sienten peligrar sus poltronas, tal vez porque no desean que se demuestre su ignorancia de especialistas en pequeñeces; o quizá simplemente porque les duele que una persona que ha escrito sobre tantas temáticas se atreva con uno de los pocos asuntos a los que ellos han dedicado su vida. Quienes se creen propietarios del conocimiento (de la filosofía de la ciencia, en este caso) no pueden soportar que un ‘outsider’, gracias a su erudición, estudio y buena pluma, publique sobre temas que consideran sólo suyos (16).

En cuanto a lo personal, los noventa son un poco más calmados para nuestro pensador, ya cincuentón. Sin embargo, su eterno espíritu crítico le sigue creando problemas vitales. Por ejemplo, en junio de 1996 viajó a Argentina para presentar su Historia elemental de las drogas y participar en el programa de debate Memoria. En el transcurso de éste —como es lógico y habitual en él— reconoció haber tomado muchos tipos de drogas y aconsejado a sus hijos mayores de edad sobre las sustancias que podían consumir. Esto, que afortunadamente sólo sirve para escandalizar a algún bienpensante en nuestro país, fue motivo para que dos fiscales solicitaran varias medidas de forma inmediata. Un juez federal dictó orden de detención por presunta apología del consumo de drogas, prohibición de salir del país, allanamiento de su domicilio en Buenos Aires y el secuestro de la grabación del programa. La acción judicial y policial fue tan rápida que una brigada de la División de Drogas Peligrosas de la policía se presentó en los estudios de televisión tras la emisión, con la intención de detenerle. Escohotado tuvo suerte de que el programa se emitiera en diferido y de encontrarse ya en Madrid. Varios personajes influyentes criticaron públicamente su intervención en el citado programa, entre ellos nada menos que Maradona, quien afirmó que discursos de esa clase animan a los jóvenes indecisos a entrar en el mundo de la droga; y el entonces presidente Carlos Menem, quien declaró —sin reparar en su propia contradicción— que “hay total libertad de prensa y si se transgreden algunas normas del Código Penal, hay que asumir la responsabilidad” (17). Escohotado posteriormente respondió a la orden de busca y captura compareciendo en Argentina de forma voluntaria, y la causa fue sobreseída con todos los pronunciamientos favorables.

Volviendo a su trabajo como escritor, en el año 2003 publica Sesenta semanas en el trópico, la primera con toques narrativos, tras un año de estancia en el sudeste asiático. Se trata de un libro de diarios y de viajes que contiene numerosas reflexiones sobre pensamiento económico y que alaba los logros del liberalismo. El autor reconoce que este libro nace de una inquietud sobre “la cuestión de la pobreza y la riqueza en el mundo en el que vivimos”, y de la preocupación por “los resortes o motivos que hacen que en unas partes sobre de todo y en otras falte de todo”. Escohotado hizo este largo viaje tras un cambio en su vida personal y familiar, y lo presenciado en Tailandia, Vietnam, Birmania y Singapur da contenido a esta historia que, según él mismo, es un ajuste de cuentas con su generación y consigo mismo.

En lo que respecta a su labor como docente, en el año 2006 decidió presentarse a cátedras por el área de Sociología. Sin embargo, ya en la primera parte del examen —en la que se valora el currículo— volvió a cosechar siete ceros, a pesar de (o quizá otra vez debido a) su larga trayectoria intelectual. No obstante, él mismo asume la situación y no desea entrar en más polémicas: “Me costó anormalmente ser doctor, coseché otros siete ceros en 1983 cuando quise ser titular, y me jubilaré sin llegar al último escalón del oficio. Pero detesto el victimismo y pago sin vacilaciones el peaje de la independencia” (10). A fin de cuentas —concluye su reflexión—, se ha mantenido independiente durante toda su vida y ha podido vivir de estudiar, su sueño desde que era niño.
En lo que respecta a su relación con las sustancias psicoactivas, actualmente sigue experimentando de forma racional. No son el tema de sus escritos actuales porque ya ha dicho todo lo que tenía que decir —que es mucho—, pero siguen formando parte de su vida —el cannabis entre ellas—, dando ejemplo de la ilustración farmacológica que siempre ha preconizado.

La obra de su vida
Los enemigos del comercio es su última obra. Ha publicado el primer volumen, está redactando el segundo y desea publicar un tercero con las conclusiones. Antes de que saliera al mercado el primero, anunció que el libro se titularía ‘Crítica a la conciencia roja’ o ‘La conciencia roja’, y que analizaría “las categorías de la ideología de izquierdas, que nace en el Evangelio, se consolida con Karl Marx y se diluye con la caída del Muro de Berlín”. De joven, igual que gran parte de la intelectualidad española de los sesenta y los setenta, estuvo próximo al Partido Comunista: “Había que atacar a Franco y la única facción que parecía capaz de hacerle daño era el PC. Efectivamente, me integré en una célula, repartía Nuestra Bandera y Mundo Obrero, iba a algunas manifestaciones a recibir porrazos”. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que todo eso no iba con él: “Pero desde el principio, aunque no hubiese estudiado economía, ya me parecía todo aquello de un tosquedad dantesca. Les parecía a mis camaradas un ‘esteticista’, y cuando empezaron las drogas, el sexo y el rock & roll me convertí en un decadente vicioso” (2).

A medida que fue estudiando economía se fue dando cuenta de ‘las memeces’ propias del marxismo, de las otras teorías comunistas y de la izquierda en general. Fruto de sus investigaciones sobre pensamiento social y económico es este libro, al que él mismo llama “la obra de mi vida”. En él hace una historia completa del comunismo, desde sus primeras manifestaciones en Grecia y Roma, pasando por el surgimiento del cristianismo (Jesús fustiga a los mercaderes y los expulsa del templo, imagen utilizada para la portada), y terminando este primer volumen con la Revolución Francesa. Santiago Navajas, en una reseña publicada en el suplemento de libros de Libertad Digital, califica a esta obra como “una especie de Fenomenología hegeliana del Espíritu Capitalista explicada con el lenguaje sencillo y analítico, no por ello menos complejo, de un profesor de Oxford” (18). El segundo volumen arrancará del siglo XIX, momento en que aparecen los teóricos ‘comunistizantes’ más conocidos: Proudhon, Marx, Bakunin, etc. Actualmente se encuentra redactando esta segunda entrega, una labor titánica que le llevará meses terminar.

Labor como traductor
En cuanto a traducciones, ha realizado muchísimas, entre las cuales podemos destacar la del Leviatán de Thomas Hobbes, libro publicado por Editora Nacional en 1979, que yo compré siendo un adolescente, y gracias al cual leí por primera vez a Escohotado (traductor) y a Carlos Moya (autor de la introducción, que por su extensión es casi un libro). También es digna de señalar su traducción al español —con un riguroso y documentado estudio preliminar— de los Principios matemáticos de la filosofía natural (1982), la principal obra de Isaac Newton, el científico más influyente de todos los tiempos. También en esta ocasión el corporativismo universitario hizo de las suyas. Un tiempo después de publicarse la versión de Escohotado salió al mercado otra traducción de este clásico, realizada por un profesor de filosofía de la ciencia. Hasta aquí no hay nada extraño: dos personas traducen al español la misma obra. Sin embargo, un compañero de ese docente, antes de que se editara esta segunda traducción, publicó en el diario El País una crítica muy negativa de la versión de Escohotado, en la que se ensañaba contra él y sobrepasaba los límites de la crítica literario-científica. Que el lector extraiga sus propias conclusiones.

Miscelánea
Escohotado ha sido también divulgador de la obra de Thomas Szasz y Ernst Jünger. Ha traducido al primero: La teología de la medicina (Tusquets), Drogas y ritual (FCE) y Nuestro derecho a las drogas (Anagrama); y ha escrito artículos sobre el segundo (19), además de hablar sobre él en Retrato del libertino. También ha colaborado en numerosos periódicos y revistas, entre ellos El País y El Mundo, por citar los más conocidos. Su verbo fácil y rico léxico le permite ser un buen conferenciante. Ha dirigido varios cursos de verano sobre drogas organizados por la Universidad Complutense de Madrid y la UNED.

No acaba aquí su labor intelectual, sino que es autor de la letra de la canción De la piel pa’dentro mando yo, una declaración antiprohibicionista del grupo de rock experimental Mil Dolores Pequeños. También colaboró en el disco Alta Suciedad (1997), del cantante argentino Andrés Calamaro, en concreto en la canción Nunca es igual. En los últimos años aparece menos en debates televisivos, pero sí pudimos disfrutar viéndole en los programas Carta Blanca y La noche de Quintero (20).

Bibliografía de Antonio Escohotado
No resulta excesivamente difícil ofrecer una lista de los libros publicados por Escohotado, pero sí de todos sus artículos y contribuciones, por lo numerosos que son. En http://dialnet.unirioja.es/servlet/busquedadoc?db=2&t=escohotado+antonio&i=1 (entrar en http://dialnet.unirioja.es/servlet/buscador y buscar por autores “Antonio Escohotado”) puede consultarse una extensa bibliografía suya, que seguramente no será completa.

De la piel pa' dentro mando yo, manifiesto psiconáutico de Antonio Escohotado (21)
Escucha una cosa que te voy a decir;
Sólo de la piel pa dentro mando yo.
Si no hay nadie en casa, escondido en el armario,
de la piel pa' dentro comienza mi exclusiva jurisdicción,
puedo elegir en un arrebato de alborozo,
puede o no cruzar esa frontera.
Soy un estado mando y soberano sin moneda,
y las lindes de mi piel me resultan más sagradas
que los confines de cualquier país.
El mundo está lleno de bocas hambrientas,
de estómagos repletos,
de uñas con ojos que te clavan la mirada,
y de colonias de hongos,
que no siempre huelen bien.

Referencias:

1. Hidalgo, Mariló. “Seducido por el caos”. Entrevista en Revista Fusión (http://www.revistafusion.com/2000/junio/entrev81.htm).

2. Entrevista publicada en el blog de Javier Abdel-Malek (http://teresartieda.blogspot.com/2007/09/entrevista-antonio-escohotado.html, 25 de septiembre de 2007), procedente de los fragmentos de la entrevista de Antonio Ortega publicada en la revista Rolling Stone (nº 32, junio 2002) que no llegaron a publicarse en esta revista.

3. Escohotado, Antonio. “Los alucinógenos y el mundo habitual”. En http://www.escohotado.com/articulosdirectos/los_alucinogenos_y_el_mundo_habitual.html.

4. Usó Arnal, Juan Carlos. Drogas y cultura de masas. Editorial Taurus.

5. Tesis doctoral registrada en la Universidad de Madrid 1970, Derecho, 390 págs., T8759. Director: Luis Legaz Lacambra.

6. Usó Arnal, Juan Carlos. “Historia de la psiquedelia. 50º aniversario de la LSD”. Revista Ajoblanco nº 50, marzo de 1993. En http://www.imaginaria.org/uso.htm.

7. González, Maribel. “Aquellos rebeldes: La versión española”, segunda parte. Diario El Mundo, Magazine 489 (http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2009/489/1233748029.html).

8. Usó Arnal, Juan Carlos. Spanish Trip. La aventura psiquedélica en España. La liebre de marzo.

9. Información de la web http://www.amnesia.es.

10. Escohotado, Antonio. “Autoexposición académica”. En http://www.escohotado.com/articulosdirectos/curriculum.htm.

11. Ansótegui, Jimena. Entrevista para Diario de Ibiza, 4 de octubre de 2009. En http://www.diariodeibiza.es/portada/2009/10/04/mercado-negro-impide-arte-drogas-arte-dosificar/363545.html.

12. Ver http://www.imaginaria.org/entr_hof.htm.

13. http://www.muscaria.com/historia.htm

14. En http://www.escohotado.com/articles/cartaalamadredeuntoxicomano.htm

15. Entrevista con Juan Rendón, publicada en Revista Loft nº 12, mayo 2003. En http://www.escohotado.com/articles/consejosdeabuelo.htm

16. Izquierdo, Javier. “Leviatán y el atractor extraño. Escohotado, Sokal y la vida editorial”. Empiria, nº 3, año 2000. Fernández-Rañada: “Del caos posmoderno”. Revista de Libros, 40, año 2000. Peregrín Gutiérrez, Fernando. “A la atención de los miembros del Premio Espasa de Ensayo, 1999”. Teira, David. “La divina espontaneidad del caos”. Anabasis 3, 2000.

17. J. J. Aznárez y M. Mora, “Orden de detención en Argentina contra Escohotado por defender la droga”. Diario El País, 28/06/1996 (http://www.elpais.com/articulo/cultura/ESCOHOTADO/_ANTONIO/ARGENTINA/Orden/
detencion/Argentina/Escohotado/defender/droga/elpepicul/19960628elpepicul_2/Tes/)

18. Reseña de Santiago Navajas. En http://libros.libertaddigital.com/jesus-de-nazaret-contra-los-mercaderes-1276236916.html

19. Ver http://www.escohotado.com/articles/ernstjunger.htm y http://www.escohotado.com/articulosdirectos/goceyexigenciasdelalibertad.htm

20. Antonio Escohotado en Carta Blanca: http://www.youtube.com/watch?v=zTCdX0qCaYo.
Antonio Escohotado en La noche de Quintero: http://www.youtube.com/watch?v=H5mHg0FB2J8

21. Vídeo del tema en http://www.youtube.com/watch?v=HcJxdjAhILo

También hay una breve biografía, bibliografía y algunos enlaces interesantes en http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Escohotado

Descargar aquí el artículo en formato pdf.

Este artículo puede reproducirse libremente en cualquier medio siempre que se cite la fuente (Revista Cannabis Magazine, http://www.cannabismagazine.es) y el nombre de su autor (Juan Carlos Ruiz Franco, http://www.drogasinteligentes.com.


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