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El metilfenidato, una droga de moda

Permalink 29.01.10 @ 15:03:11. Archivado en Drogas

Les ofrezco un artículo sobre el metilfenidato y el síndrome de hiperactividad que publiqué en la revista Cannabis Magazine.

En nuestra sociedad el deseo de sentirse mejor, de disfrutar y divertirse, de rendir más mediante la ingesta de estimulantes es bastante habitual, y de ahí la popularidad de los productos excitantes, unos tan habituales y suaves como el café o los refrescos de cola, y otros de mayor potencia, como la cocaína o las anfetaminas. Algunos deportistas, por su parte, utilizan la efedrina, los anabolizantes, los beta-adrenérgicos y otras sustancias ergogénicas. En este artículo vamos a hablar sobre un fármaco que está de actualidad por su empleo en una (supuesta) enfermedad y para fines recreativos.
Leer artículo completo:
Parte I
Parte II
Parte III


Nos referimos al metilfenidato, una sustancia de moda gracias a que se prescribe para el tratamiento de niños con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Pero no es esa su única indicación: se emplea para combatir la narcolepsia, problema que consiste en caer dormido durante el día sin poderlo evitar, muchas veces sin previo aviso. También se utiliza en algunos tipos de depresión y para combatir la obesidad (como anorexígeno). Y no podemos olvidar su uso recreacional —solo o combinado con otras drogas—, donde no siempre abunda la prudencia.
 
Bart Simpson, niño hiperactivo
Para entrar en materia hablando de cosas divertidas, confieso que me encanta la serie de los Simpsons (¿a alguien no?), con esos personajes y esas historias que describen fielmente lo que ocurre en nuestro mundo. Matt Groening demuestra ser un verdadero artista al reflejar la vida cotidiana de la familia norteamericana media con altas dosis de humor. Entre todos los capítulos mi favorito es aquel en que al inquieto Bart se le prescribe un fármaco para que deje de ser tan travieso y pueda concentrar su atención con el objetivo de aprender y ser alguien en la vida. El medicamento se llama Focusyn, clara alusión al Focalin —una presentación comercial de metilfenidato que se obtiene mediante una modificación del popular Ritalin—, con un nombre más atractivo aún por haberlo derivado de focus (“concentrarse”, en inglés). Nuestro pequeño gamberro se convierte, gracias a la droga, en todo un “cerebrín” activo y ocupado. Sin embargo, poco después comienzan los efectos secundarios: paranoia con manía persecutoria.
 
Resumiendo el contenido del capítulo, el director Skinner organiza un simulacro de incendio en el colegio, coyuntura aprovechada por Bart para liar una de las suyas. Después, el director llama a los padres del niño —Homer y Marge— para hablar con ellos e informarles de la travesura. Tras describirla y mostrar a los padres la nefasta influencia de Bart en clase, Skinner da su diagnóstico: “No podemos escapar a la verdad. Bart muestra un caso típico de Síndrome de Déficit de Atención, que induce a los niños a hacer travesuras y distraerse... Señora Simpson, me temo que tendré que expulsar a su hijo, a no ser que acepte probar una nueva droga poco ensayada y potencialmente peligrosa, llamada Focusyn”. Así pues, Skinner, como si de un experto psiquiatra se tratara, diagnostica al niño de hiperactividad y recomienda que tome un medicamento para la supuesta enfermedad.

Tras una visita al laboratorio y la consiguiente negativa de Bart —quien dice no querer consumir drogas— Marge le convence para que ingiera la medicación, con lo que su conducta mejora inmediatamente: presta atención en el colegio, respeta a sus padres, lee, estudia y aprovecha el tiempo al máximo. Sin embargo, pronto comienzan los efectos secundarios (y no se trata de la broma que gasta a su madre: “estoy sufriendo algunos efectos secundarios por culpa de la droga, los huevines no me caben en los calzoncillos”, dice mientras tiene metidos dos bultos redondos en la parte delantera de los pantalones), sino que se vuelve paranoico y cree que la Liga de Béisbol Profesional realiza espionaje y controla las mentes por medio de satélites. Los médicos recomiendan que deje el fármaco, pero Bart se niega, ingiere varios puñados de pastillas y huye. Después llega a un cuartel del ejército y roba un tanque, con el que irrumpe brutalmente en Springfield, su ciudad. Se dirige al colegio, apunta hacia él con el cañón y, cuando todo el mundo piensa que va a destruirlo, dispara al cielo y derriba un satélite de la Liga de Béisbol, repleto de datos confidenciales. Al poco aparece Mark McGwire, famoso bateador de las décadas de los 80 y 90 quien, en lugar de explicar el asunto del espionaje, distrae a la gente con su destreza bateadora y esconde los datos bajo su gorra.

El genial Matt Groening, crítico mordaz de la sociedad actual, lanza varias puntadas interesantes para el tema que nos ocupa. En primer lugar, el diagnóstico lo da el director del colegio, como si una persona sin formación médica pudiera hacerlo. Una de las críticas contra el empleo del metilfenidato en niños inquietos es que la hiperactividad no cuenta con una base biológica clara, como debe tenerla cualquier enfermedad. Consiste en la observación del comportamiento del niño, en la realización de unos tests y en unas pruebas neurológicas poco concluyentes. En realidad, muchos diagnósticos psiquiátricos no se fundamentan en datos verificables. El Síndrome de Down es una enfermedad genética; la esquizofrenia parece tener un fundamento biológico, aunque no se conozca su mecanismo por completo; igual sucede con el autismo, el retraso mental y otros problemas. Sin embargo, no ocurre lo mismo con la hiperactividad, la depresión o la ansiedad, en las cuales no es tan evidente el factor fisiológico, o bien los factores ambientales y de aprendizaje tienen mucho peso. Una de las razones por las que Thomas Szasz afirma que la enfermedad mental es un mito consiste en la ausencia de pruebas objetivas que permitan catalogar los trastornos psíquicos como enfermedades reales. Por esa razón la hiperactividad no llega a esa categoría, sino que se considera un síndrome; y por eso mismo es discutible la utilidad de la prescripción de fármacos.

Otra pulla del autor de los Simpsons es la aparición de efectos secundarios cuando se consumen medicinas para problemas psiquiátricos, una terrible plaga a la que no se da importancia porque se trata de drogas toleradas por el sistema y recetadas por la clase médica. El número de personas afectadas por efectos adversos de psicofármacos es mucho mayor que por drogas psicoactivas. Sin embargo, los problemas iatrogénicos no reciben la atención que merecen y se les considera algo menor y sin relevancia, mientras que cualquier intoxicación por psicoactivos dispara el clásico alarmismo en los medios elevándose a categoría de noticia.
Por cierto, un dato de interés para los melómanos: el título original del capítulo es Brother's Little Helper (“El pequeño ayudante del hermano”), una alusión a la canción de los Rolling Stones Mother’s Little Helper (“El pequeño ayudante de la madre”), grabada en 1965, incluida en el álbum Aftermath, de 1966, y que trata sobre el abuso de tranquilizantes por parte de las amas de casa: “Los niños son diferentes hoy en día, oigo decir a todas las madres / La madre necesita algo que la tranquilice / Y aunque no está realmente enferma, hay un pequeño comprimido amarillo / Va corriendo al escondite del pequeño ayudante de la madre / Y él le ayuda en su tarea, en su agotadora jornada / Doctor, por favor, unos cuantos más / Tras salir por la puerta tomó cuatro más / ¡Menuda droga! ¡Se está haciendo vieja! / La vida es mucho más dura hoy, oigo decir a todas las madres / La búsqueda de la felicidad parece un rollo / Y si tomas más tendrás una sobredosis / No más carreras hacia el escondite del pequeño ayudante de la madre / Sólo te ayudó en tu tarea en el ocupado día de tu muerte”.
Los seguidores del grupo no se ponen de acuerdo sobre si se referían al Nembutal, un barbitúrico (pentobarbital) que viene en pequeñas pastillas amarillas, o bien a la marca más conocida de diazepam, también de ese mismo color (que no citamos directamente porque se comercializa en España8). Quizá se refirieran al diazepam —aunque por esas fechas sólo llevara un par de años en el mercado— ya que el Nembutal, a pesar de ser ya en aquella época un fármaco antiguo, por sus características es menos probable que pueda ayudar a un ama de casa a realizar sus tareas, sino más bien a dormir o quedar fuera de combate. Dicho sea de paso, el pentobarbital es una de las sustancias que tomaba Marilyn Monroe antes de ser encontrada muerta.
 
Farmacología
Pasemos a los datos farmacológicos. El prospecto del nombre de marca más conocido de metilfenidato dice que es un estimulante débil del sistema nervioso central, con efectos más marcados sobre las actividades mentales que sobre las físicas. Continúa admitiendo que no se conoce bien su mecanismo de acción, pero se cree que consiste en bloquear la recaptación de noradrenalina y de dopamina y en incrementar la liberación de estos neurotransmisores en el espacio extraneuronal. No está clara la forma en que ejerce sus efectos mentales y conductuales, ni tampoco cómo estos efectos se relacionan con el sistema nervioso central9.
Es cierto que el metilfenidato es más débil —a igual dosis— que estimulantes clásicos como la metanfetamina o la cocaína. La afirmación de que su efecto es más mental que físico parece dudosa, ya que la estimulación es generalizada para todo el sistema nervioso central, no específica para alguna parte del cuerpo, y menos para la “mente”, esa supuesta entidad inmaterial o conjunto de procesos cerebrales que origina nuestra conducta, pensamientos, deseos, etc. El comentario sobre el mecanismo de acción (“bloquea la recaptación de noradrenalina y dopamina en la neurona presináptica, e incrementa la liberación de estas monoaminas en el espacio extraneuronal”) confirma que se trata de un estimulante.


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