El Blog de Francisco Margallo

Unamuno y Ortega en la República

05.01.19 | 09:08. Archivado en Ortega y Gasset, Manuel de Unamuno, República

J. Ortega y Gasset

Así se manifestó Ortega:

"No estoy dispuesto a
dejarme imponer los
mascarones de proa de un
arcaico anticlericalismo

Ortega no participó de la política militante de los viejos, pero en 1931 tomó parte activa en la joven República española, pues tuvo un puesto preeminente en la vida parlamentaria, aunque no disfrutó de los grandes beneficios del poder.

Elegido diputado, se puso a la cabeza de un pequeño grupo
parlamentario denominado "al servicio de la República", que no tuvo intervenciones destacadas en las Cortes Constituyentes, ni participó de la discusión del tristemente célebre artículo sobre la cuestión religiosa, y tampoco en su votación. Pero censuró severamente su aprobación porque, según él, la Constitución había sido "mechada por unos cuanto cartuchos detonantes introducidos arbitrariamente en ella...

El artículo donde la Constitución legisla sobre la Iglesia me parece de gran improcedencia, y es un ejemplo de aquellos cartuchos detonantes". Ortega quería evitar toda suerte de anticlericalismo-y posiblemente de anti cualquier cosa-, y más dentro de la Constitución.

A raíz de los incendios de iglesias y conventos, publicó el 14 de mayo de 1931, en el diario madrileño El Sol una nota de su grupo parlamentario en la que se arremetía contra tales hechos, calificándolos de "fetichismo primitivo y criminal". Por vez primera desde la proclamación de la República aparecía una crítica del filósofo al radicalismo de los dirigentes políticos. Desde entonces se hizo ver cada vez más frecuentemente.

El acto político más importante de Ortega fue el discurso pronunciado el 6 de diciembre de 1931 en el Cine de la opera, de Madrid, porque en él delineó los fines concretos que se proponía, entre los cuales el principal era la fundación de un nuevo partido político situado entre las izquierdas y las derechas. Ortega hizo una severa crítica a la República y a las democracias de viejo estilo anticlerical. Comenzó diciendo que habían pasado ya siete meses desde la llegada de la República, tiempo suficiente para hacer un primer balance.

Durante estos siete meses la nación había sido gobernada por un grupo de personas que tenían el derecho de hacerlo porque eran las vanguardias republicanas y era necesario ayudarles en el trabajo urgente de elaborar una Constitución, pero una vez aprobada ésta, cada uno debía estar en su sitio para decir la verdad y asumir su propia responsabilidad.

Para Ortega el mayor peligro de aquel momento era la vulgaridad, que se ponía delante de la verdad. Y la verdad era que la República, en los primeros siete meses de su existencia, no había ganado sino perdido en la valoración general de la opinión pública. Por ello, era urgente cambiar su rumbo.

---Ver: ECCLESIA 19 de mayo de 2012


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