El Blog de Francisco Margallo

Marx y la Biblia

18.10.18 | 15:55. Archivado en Derechos de los trabajadores, Biblia, Marx, Empresarios, opresión

La propiedad privada en cuestión

Testimonio Bíblico y Patrístico

Amós es penetrante en las relaciones causales, con la ventaja de que no alude a persona alguna en particular y se refiere, por tanto, al sistema mismo:

Porque pisoteásteis al indigente y le quitásteis porciones de su trigo, casas de sillares construísteis pero no las habitaréis, viñas selectas plantásteis pero no beberéis su vino(5, 11).

Reuníos sobre el monte de Samaria
y contemplad el tráfago dentro de ella,
las opresiones en medio de ella.
No supieron obrar con rectitud, _oráculo de
Yahvé _ los que acumuláis violencia y despojo
en sus palacios (3, 9-10).

He ahí, pese a todas las apariencias de brillantez y lujo, cuál es la verdadera consistencia de las propiedades de los ricos: Sus palacetes y todo aquello que los constituye a ellos en una clase diferente del resto de la población, son para Amós opresión concretizada, materialización amontonada de violencia y de despojo. En la amenaza del castigo que conmina, Amòs es consciente de anunciar justicia elemental. Porque pisoteaban al pobre y le quitaban porciones de su trigo, por eso pudieron edificar casas de sillares, pero no las habitarán, pues llega el día de la justicia.

A esa misma consistencia de la propiedad diferenciante alude Miqueas contemplando en su conjunto las mansiones y edificios que hay en Jerusalén:

Vosotros que abomináis el derecho
y torcéis la rectitud,
edificando con sangre a Sión
y a Jerusalén con injusticia (3, 9-10).

El capítulo 2 de Habacuc dispara contra la ganancia tanto en su segunda (v. 6b-8)como en su tercera estrofa (v. 9-11), y al final de ésta escucha clamar los muros y las vigas de las casas que con aquellos materiales habían sido construidas:

Gritarán las piedras de los muros,
las vigas de leño responderán (2, 11).

Y prosigue retomando las expresiones de Miqueas :

Ay del que construye la ciudad con sangre
y funda la capital con injusticia (2, 12).

Es inútil alargar la lista de testimonios bíblicos. Hace treinta años no faltaba quien intentara explicar por el origen campesano y antiurbano de los profetas esta unánime captación de la esencia de la propiedad diferenciante; hoy la exégesis científica rechaza tales escapatorias interpretativas de que está llena la historia del cristianismo.

Toda explicación anecdótica o psicológica queda fuera de lugar, pues en los anatemas proféticos hay penetración lúcida del origen económico de la riqueza patrimonial en la ganancia. Aparte de que Isaías y Oseas piensan de la misma manera que los demás profetas y no son campesinos sino ciudadanos; Isaías, incluso, orgullosamente de capital.

---Ver: José P. Miranda Marx y la Biblia,
Ediciones Sígueme 1975


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