El Blog de Francisco Margallo

Cristianismo y Secularidad

08.08.18 | 12:53. Archivado en Secularidad, Cristianismo

Capítulo Sexto

Teología y muerte cultural de Dios

Como venimos viendo, en la tarea que tiene encomendada la teología política como teología fundamental en la determinación de la fe, la función de las creencias y del lenguaje desempeñan un papel importante. En su análisis y comprensión estamos empeñados en este momento, siguiendo el proceder del hombre actual que es a quien va dirigido hoy el mensaje. Pero nos encontramos con una dificultad y es que a este hombre, a su conducta y a su increencia, se le atribuye la muerte cultural de Dios. No obstante, la nueva teología política y la de la secularización son esperanzadas al respecto.

Zubiri se hizo eco del problema y se mostraba también optimista. Él no descartaba la posibilidad de que un día este hombre alejado de Dios despierte de su fracaso como de un sueño, encontrándose en Dios y reconociendo que en su ateísmo no ha hecho sino estar en Dios. Entonces se encontrará religado a Él, no para huir del mundo, de los demás y de sí mismo, sino para sostenerse en el ser, porque Dios no se manifiesta primariamente como negación, sino como fundamentación, como lo que hace posible existir.

1. Dificultades para creer hoy

En el pasado no se podía hablar del hombre ni del mundo prescindiendo de Dios, de un Dios trascendente. Actualmente sucede lo contrario. El hombre de hoy se siente mayor de edad y no tiene necesidad de un ser situado fuera de la historia, que dé sentido a su vida y a la vida del mundo. Incluso se siente más libre y realizado prescindiendo de él. Efectivamente, durante los últimos doscientos o trescientos años las corrientes culturales más fuertes de Occidente vienen poniendo de manifiesto que no es necesario creer en ninguna deidad, para que la vida del hombre en el mundo se desarrolle bien.

El testimonio de Bonhoeffer, que reflexionó mucho sobre el tema en la prisión, es muy elocuente: el hombre se ha habituado ya a afrontar todas las cuestiones importantes sin necesidad de recurrir a Dios . Sin embargo, los fanáticos de la religión son muchas veces los que más se oponen a que se realicen en el mundo los planes de Dios sobre él. Es preciso tener esto en cuenta a propósito de la polémica suscitada en torno al tema de la enseñanza de la religión en la escuela, muy candente en nuestro país. Si bien este es un problema que arrastramos desde el siglo XVIII, cuando el esplendor de la razón se propone conseguir que todo hombre-mujer sea sujeto y responsable de su propia historia, después de haber estado sometido en el pasado a la veleidad de muy diversas deidades.

En este contexto hay que decir que el Dios de la tradición juedeocristiana se revela en sintonía con el proyecto de la Ilustración, puesto que desde que se reveló quiere al hombre semejante a él en dignidad y derechos. En efecto, la fe en el Dios bíblico se manifiesta en el Antiguo Testamento en una vida dedicada a la justicia y al servicio del pueblo (Amós 5, 21-24; Is 11, 17). La esencia del Dios verdadero es ser liberador de todo lo que oprime a los pueblos (Exodo). Y sólo le conoce el que practica la justicia y el derecho (Jer 22).

El Nuevo Testamento revalidó toda esta doctrina haciendo del hombre y la mujer el gran sacramento de Dios en el mundo, de modo que lo que se haga al hombre o a la mujer se le hace a Dios: "lo que hagáis a uno de estos a mí me lo hacéis", dice el Dios cristiano. En la misma lógica hablar del hombre equivale a hablar de Dios.

1,1. Distinción entre Dios y religión

Los teólogos que seguimos en este capítulo, particularmente, distinguen entre Dios y la religión. Así Bonhoefer dirá: Jesús no trae una religión, sino que trae a Dios; y Leonardo Boff afirma asimismo: Jesús no vino a fundar una nueva religión, sino a traer un hombre nuevo. Y, aunque pueda parecer extraño, este hombre por el que aboga el cristianismo es obra más de la sociedad y la cultura que de la religión. Cosa muy coherente con lo que venimos repitiendo como leitmotiv de la nueva teología: Dios se revela en la historia que viven los hombres .

En el origen de la teología de la secularización y de la muerte cultural de Dios los teólogos suelen fijarse en el diagnóstico que hizo Bonhoeffer sobre la época actual en sus cartas desde la prisión en el campo nazi de 1943 a 1945. En 1953 habían sido ya traducidas y ampliamente difundidas. Pues bien, la reflexión del teólogo asesinado se basa en el convencimiento de que el hombre de nuestro tiempo se enfrenta a las cuestiones importantes de su vida sin necesidad de tener que recurrir a Dios. Con la ciencia y la técnica a su disposición este hombre, que ha llegado a la madurez, se siente capaz de afrontar todos los problemas que se le vayan presentando sin él.

La lectura que hace Bonhoeffer de este fenómeno, según Rufino Velasco estudioso de su obra, es que se ha abandonado una concepción mítica y falsa de Dios, preparándose de esta manera el camino para encontrar al Dios de la Biblia. Un Dios que no sirve de muleta al hombre ni baja del cielo a rescatarle de los peligros, sino que es un Dios que se encuentra en el centro del mundo, en la debilidad y el sufrimiento. El hombre "mayor de edad" conoce y encuentra a Dios mediante su participación en los sufrimientos de Dios en el discurrir de la vida. Bonhoeffer se ha percatado de la dificultad de tomar en serio la realidad de Dios en un mundo que no tiene sitio para él.

Para los intérpretes de la cultura occidental, esto no supone ninguna aportación nueva. Más bien constatan su tardanza en descubrir lo que hace tiempo venía sucediendo. De manera que el teólogo víctima del nazismo lo que hace es sacar a la luz algo que ya era evidente, aunque la teología de las últimas décadas trataba de ocultarlo. Bonhoeffer, en efecto, conoce suficientemente la tendencia del hombre a entender el cristianismo como religión de misterios y como escapatoria al más allá, eludiendo hacer frente a los problemas del mundo, por eso, él se fija particularmente en este aspecto en su teología sobre la secularidad, aun exagerándolo, como reconocía él.

Así escribía al respecto en su celda privado de libertad: "Necesitamos incluso correr el riesgo de decir cosas discutibles, con tal de que los problemas vitales se planteen". Lo que hace en las cartas que dirige a sus familiares y amigos desde la prisión, que se publicaron después con el título de Resistencia y Sumisión. Cartas que parecen ser un comentario a un libro suyo sobre el cristianismo no religioso que se cree perdido.

En este momento, Bonhoeffer se siente muy vinculado a Barth, a quien reconoce el mérito de haber denunciado en su Carta a los Romanos el intento de reservar un espacio para la religión, en el mundo o contra el mundo; intento que se movía en el entorno de la teología liberal. Igualmente le reconoce el haber sido el primer teólogo que inició la crítica de la religión, aunque luego la sustituyó por una doctrina positivista de la revelación; de modo que en el lugar de la religión estaba ahora la Iglesia, habiendo quedado el mundo solo y abandonado a su muerte.

1,2. Fe cristiana y cultura contemporánea

Mientras tanto, Paul Tillich se esforzaba en los Estados Unidos por tender puentes entre fe cristiana y cultura contemporánea con su obra The Courage to Be. En ella afronta el sentido que puede tener la fe en una cultura que se desprende de las imágenes y conceptos de Dios. Pero Bonhoeffer le reprocha el empeño de interpretar el mundo en sentido religioso en contra de la voluntad de éste y de darle su propia forma por medio de la religión. Ciertamente, reconoce que fué una actividad valerosa la suya, pero el mundo se sintió incomprendido y continuó solo su camino una vez más.

No obstante, desde entonces se ha podido apreciar una creciente apertura de los escritos teológicos al mundo y a la cultura. Y ha sido precisamente esta apertura la que ha preparado el camino hacia la teología radical o de la "muerte de Dios". Así lo ha hecho saber B. Cobb: "El reconocimiento de que no hay más remedio que tomar en serio la cultura, parece al pronto, relativamente inofensivo. Sin embargo, el problema está en que esa cultura a la cual debemos tomar en serio es una cultura cada vez más exenta de forma y de contenidos cristianos. Se trata de una cultura postcristiana, de una cultura para la que Dios ha muerto" .

Bonhoeffer lanzó ya esta idea en una de sus cartas desde la prisión: avanzando hacia un tiempo sin ninguna religión ¿cómo hablamos de Dios a un hombre sin religión? ¿cómo hablamos de Dios en una época secular?. Para Harvey Cox, las preguntas de Bonhoeffer, nos hacen tomar conciencia de dos hechos que en nuestra práctica pastoral entran en colisión. Por una parte, la fe bíblica dice que se debe hablar de Dios, pero constatamos que su palabra, tal como la venimos anunciando, no dice nada al hombre de hoy. Por otra, sabemos que un Dios a quien no pueden alcanzar las palabras humanas no es el Dios de la Biblia. De ahí la mecesidad de un lenguaje secular en la predicación que conecte con el hombre de hoy, a quien está dirigido también el mensaje salvador .

Lo importante en el anuncio de la palabra no es decir lo que quiere uno u otro hombre de Iglesia, sino lo que quiere Jesús que digamos, porque son muchos los elementos institucionales, humanos, doctrinales, que se interponen entre los que nos escuchan y el Jesús que le presentamos los pastores. Es seguro que serían otros hombres muy distintos los que se apartarían de la comunidad eclesial, si Jesús mismo con su palabra estuviera con nosotros en la predicación. Porque él anuncia siempre la liberación del hombre de todo lo que le oprime y agobia, de lo que le preocupa y atormenta, en cambio, nosotros hemos malbaratado la gracia, siguiendo un legalismo programado sin vinculación y seguimiento de Jesucristo .

2. Convivir con la ausencia de Dios...próximo


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