El Blog de Francisco Margallo

Evolución del cristianismo

04.05.18 | 09:08. Archivado en Cristianismo, Teología y filosofía, Ortega y Gasset

J. Ortega y Gasset

De un cristianismo mítico a otro racional
El mundo de los símbolos y mitos

Evolución del pensamiento cristiano. Diversas etapas

Vamos a ver detenidamente desde hoy el desarrollo del cristianismo en la historia tal como lo ha visto Ortega en el estudio que ha hecho sobre él.

Para todo hombre-mujer su propia vida es la realidad radical, lo único que tiene y es. Pero desde que nace se encuentra, sin saber cómo, que tiene que existir en una circunstancia determinada. Esta circunstancia en que tiene que estar, y que es tan importante en el pensamiento de Ortega, es su contorno material y social, es decir, la sociedad en que vive.

Ahora bien, aunque esa circunstancia es algo distinto, extraño o ajeno a él, estar en la circunstancia no puede reducirse a estar pasivo en ella, al contrario, vivir es tener que hacer algo para que la circunstancia no le aniquile. Por tanto, su vida es constitutivamente problemática, una gran dificultad a resolver de manera permanente. La vida le ha sido dada, no se la ha dado él a sí mismo, pero la tiene que hacer él, porque no se le ha dado hecha.

Por consiguiente, el hombre tiene que hacerse ideas sobre su circunstancia, interpretarla, para decidir cómo realizar cada uno su vida. Además de esto, estar sumergido en la circunstancia consiste en creer algo sobre ella. El hombre, afirma muy convencido Ortega, está siempre en alguna creencia, vive entre las cosas desde ella.

Por eso considera un error de la época moderna creer que el ser primario del hombre consiste en pensar o que su relación primaria con las cosas es de carácter intelectual. Este error es el idealismo y muchas de las crisis actuales que padecemos son fruto de aquel error. El ser humano no consiste en pensamiento, éste es un instrumento, una facultad que posee lo mismo que tiene un cuerpo.

El hombre, pues, encuentra formando parte de su circunstancia el sistema de creencias de la sociedad en que vive, y no le queda otro remedio que impregnarse de ellas o combatirlas. Pero el hombre tiene que contar con las creencias de su tiempo y esta faceta, como otras muchas de su circunstancia, es precisamente la que hace de él un ser histórico, que quiere decir que el hombre no es nunca un primer hombre, sino siempre un sucesor, un heredero, un hijo del pasado humano.

En el tema que nos ocupa sobre la evolución del cristianismo, podemos presentar varias etapas o escenas:

Primera etapa
De la desesperación a una fe irracional:
San Agustín (S.IV-V)

El hombre en una situación desesperada de su vida se hace cristiano. Ha examinado sus posibilidades vitales, lo que es como ser natural y ve que su vida es impotente para resolverse a sí misma; por tanto, que el hombre natural y su existencia no pueden ser la realidad. ¿Cómo va a ser real lo que no se basta a sí mismo para darse el ser ni para realizarse con plena satisfacción en él? ¿Cómo va a ser de verdad algo suficiente, real, la vida humana, si nadie puede estar seguro de que va a poder concluir la frase: mi vida es algo?.

La vida puede ser aniquilada en cualquier momento y lo que tiene de realidad es hacernos ver que la realidad está fuera de ella. El hombre es un ser impotente que necesita de otro en que apoyarse.

De esta manera descubre el hombre desesperado (desesperado significa el que no puede valerse por sí mismo y necesita de otro para existir) la necesidad de admitir otra existencia y otra realidad firme. Pero esa otra vida la descubre dialécticamente, es decir, como oposición a esta. Esa realidad aparece con unos atributos opuestos a la realidad humana natural: "no tiene comienzo ni término, es intemporal o eterna, es principio de sí misma, omnipotente... Esa realidad es Dios".

Desde este descubrimiento y esta creencia nuestra vida va a ser vivida con una perspectiva nueva. "Todo lo que ella es y lo que en ella hagamos, lo referiremos a nuestra verdadera realidad, esto es, a lo que somos ante Dios o en Dios. Así reabsorbemos nuestra existencia temporal en la eternidad de Dios. En definitiva, el hombre se dispone a vivir de espaldas a esta vida y de cara a la otra vida. Esto representa una transformación radical de lo que se consideraba antes realidad.

Para el hombre griego, que se va a llamar desde entonces pagano, realidad significaba todas las cosas psico-corporales y el cosmos: la piedra, la planta, el animal, el hombre, los astros, todo lo que se ve y se toca más lo que se considera componente invisible e intangible de lo que se ve y se toca. Cuando el filósofo griego meditaba sobre esa realidad intentando descubrir su estructura esencial llegaba a conceptos como sustancia, causa, cualidad, movimiento, es decir, a las categorías del ser cósmico.

En cambio, ahora realidad significa algo que no es corporal ni psíquico -ahora la verdadera realidad consiste en el comportamiento del hombre con Dios-, en algo tan inmaterial, tan incorporal, que llamarlo espiritual, como se le llamó, es ya materializarlo inadecuadamente.

Ver: Francisco G-Margallo: Teología de J. Ortega y Gasset. Evolución del cristianismo, Madrid 2014
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