El Blog de Francisco Margallo

Al acecho del Reino. Pedro Casaldáliga

21.01.18 | 22:00. Archivado en Utopía, Evangelización, Espiritualidad

Fe de identidad
Necesariamente políticos,
evangélicamente revoludionarios

Sólo caminamos hacia la Ciudad celeste en la medida en que intentamos instaurarla "utópicamente" aquí, en las embrutecidas calles de la Ciudad terrena.

Quien se niega a construir aquí abajo el mundo del Hombre Nuevo, con los materiales de la Política de que aquí y ahora dispone, está castrando su Fe en la praxis de la vida social que es política, se está negando a construir el Reino de Dios que es también comunidad fraterna, igualdad efectiva, comunión real de bienes. El Mandamiento Nuevo es radicalmente socializador.

El Evangelio es la subversión de los intereses, porque es la demolición de los ídolos. ¿Quién puede encajar las clases sociales en la Constitución del Reino? El presidente de nuestro proceso y su escribano. Eugenio y yo les entregamos a la policía un ejemplar del Nuevo Testamento con esta dedicatoria:"Um dia a Palavra de Deus fará o inquérito de todos nós". Previamente Eugenio le había dicho al Dr Francisco que a la Policía le había pasado por alto el libro "más subversivo" que teníamos en casa.

La socialización del mundo puede ser un intento real de vivir en sociedad cristianamente. Y creo que la sociedad capitalista es la negación radical de ese intento. El capitalismo no puede ser cristiano. El socialismo sí. Si mañana aparece otra cosa mejor _para ser políticamente cristiano en la vida real, que siempre es política_, entonces los cristianos deberemos ser otra cosa mejor. Y así, a tientas posibles y concretas, hasta la Parusía.

La verdadera revolución definitivamente transformadora de la sociedad humana es tanto psicológica como socio-políco-económica. Hemos de transformar simultaneamente _subrayar el adverbio, para evitar escapismos dualistas_ tanto las personas como las estructuras.

Bienaventuranzas de la conciliación pastoral

-----Bienaventurados los ricos,
porque son pobres de espíritu.

Bienaventurados los pobres,
porque son ricos de Gracia.

Bienaventurados los ricos y los pobres,
porque unos y otros son pobres y ricos.

Bienaventurados todos los humanos,
porque allá, en Adán_ son todos hermanos.

Bienaventurados, en fin,
los bienaventurados
que, pensando así,
viven tranquilos...
porque de ellos es el reino del limbo.

Se dice _y con cuántos subterfugios_ que la opción por los pobres ha de ser "preferencial y no excluyente".
Si la opción por los pobres es ponerse al lado de los pobres y contra su pobreza y marginación, la opción que tambien se haga por los ricos deberá ser ponerse al lado de sus personas pero contra su lucro y privilegios. Si no es así, volvemos a lo de siempre. Todos hermanos en Adán y en Dios, pero cada uno en su lugar social, unos pasámdolo muy bien y otros pasándolo muy mal.

Siempre me ha dado mucho recelo ese "preferencial" de la opción. Una albarda, que es albarda sobre albarda si todavía se le añade un "no excluyente" a la opción.

Es evidente que la Salvación de Cristo es universal. A todos se ofrece. Pero pasa por un camino cierto: el reconocimiento efectivo del prójimo como igual, como hermano. Con todas las consecuencias. Nadie es igual cuando se ve obligado a vivir de forma tan diferente. Balancearse equilibradamente entre una y otra clase social es dar el nombre del Padre a la blasfemia. Y los ricos, en cuanto ricos, siempre se excluyen del Reino.

---------Si Cristo es
la riqueza
de los pobres.
¿por qué no es
la pobreza
de los ricos
_para ser
la hermandad
de todos?

Pedro Casaldáliga, obispo
Al acecho del Reino
Antología de textos 1968-1988
Ediciones Edymion. Nueva Utopía, madrid 1989


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