El Blog de Francisco Margallo

Dios hoy

21.08.17 | 12:45. Archivado en Dios en la historia



Geópolis y Teópolis

En mi libro El Ordenador Cerebral me he topado con unos programas instalados en esta extraordinaria maquinaria biológica y desconocida llamada cerebro; unos, vía ingenieria genética y otros, vía sensorial, que, una vez instalados y en la medida en que toman posesión del cerebro, empujan al yo consciente/sentiente/volitivo con la palanca de las emociones,
no con el oro, ni con Dios, ni con el agua y Romeo y Julieta, sino con la fames, con las ganas de algo o de alguien.

El ordenador cerebral desde un programa económico (auri fames,
hambre de oro), o teológico (Dei fames que le hace exclamar a San Juan de la Cruz "¿Adónde te escondite, Amado, y me dejaste con gemidos?", o desde tantos otros, advierta al yo "Si ganas" el gordo, te pagaré este placer, si bebes agua ahora, te
pagaré esta satisfacción; si ves a Dios, te haré al fin feliz
del todo..."

El burro prefiere al alfalfa al oro. La clave no está en la alfalfa o el oro, bienes materiales. La clave está en la distinta programación del cerebro del burro, del hombre o del buitre. Para un buitre un cadáver en descomposición, es un manjar delicioso y las heces son un plato apeticioso para las moscas.

El hombre lleva en su cerebro un hambre de oro, pero también de justicia, de solidaridad, de moralidad o ética, de vender el alma al diablo y de no venderla a ningún precio, de vender sus símbolos teológicos (sea la cruz, la media luna, la hoz y el martillo o la estrella de David)al mejor postor y de ser un impostor y de perder su empleo y su vida antes que pisar la cruz, la media luna, la estralla de David o la hoz y el martillo.

De vender la lealtad y fidelidad a su tribu, a su tierra si le pagan bien los adversarios, sea en el terreno de juego de futbol(mercenarios deportivos), sea en el de la guerra (mercenarios), y de no vender a ningún precio la lealtad y la entrega a la tribu...y sin duda a cuantos han dado su vida por sus creencias (Cristo, Sócrates, Gandi...y otras creencias, las que fuere, marxistas, cristianas o musulmanas de la hoz y el martillo o la estrella de David...

No está el ser humano solicitado por progamas únicos, unidireccionales e inevitables como la hormiga, la abeja o el burro. Puede emprender todos los días el camino de vender su alma ética al diablo económico u otro, o bien puede perder su empleo o su vida por no vender su alma a ningún diablo.

"Yo peleé en tal bando, porque me tocó". Éramos cobardes". Afirmaciones de españoles que se alinearon con uno de los dos equipos no por convicción sino por azar, y de este periodista ruso que confiesa al público la actitud y la actuación de muchos rusos que no creen en el marxismo (ahora se verá cómo se comportan los marxistas genuinos, al ser relegados a las catacumbas como los primeros cristianos).

Ante el apremio del primum vivere, ante la presión emocional de "cómo viviré yo y mis hijos", ante la fames auri, la presión emocional del equipo de clase, cada ser humano elige distintas vías: la vía de Cristo, la de Sajarov, la de mártires marxistas (sin duda), la de la prostituta santa (según la teología de Cristo), la del que esconde sus creencias teológicas y éticas sin pisotearlas pero sin defenderlas en público para salvar su piel económica y su piel (¿una inmesa mayoría?), o la de los que montan un chiringuito en el que venden sus creencias, sus símbolos, su Dios y su alma.

Hay que contar en las aleaciones del equipo con la conciencia y elección de cada individuo. El mismo Carlos Marx, a pesar de su materialismo dialéctico e histórico, cuenta con la opción de cada individuo y, por eso exhorta y predica a que nos convirtamos a la verdadera religión:

la de la solidaridad, la del marxismo, la de la teología del ateísmo (si bien Marx, cuando le dice a Engels, su compañero y amigo del alma, "estoy con Job, lleno de plagas, pero no soy como él, tan temeroso de Dios, revela la fames Dei, el hambre de Dios que todo ántropos lleva en su interior, y el interior no es sólo el ordenador cerebral, sino el ordenador cerebral y el yo misterioso de de Carlos Marx que suspira:

"no soy tan temeroso de Dios como Job", plegaria que tal vez sea del agrado de Dios, porque el tono de este suspiro parece emparentarse con la oración del publicano "apártate de mí que soy hombre pecador" y con la de David que, tras haber conseguido acostarse con la mujer de Urías, del que logró "deshacerse" exclama el miserere mei, Domine, quia peccavi "tibi "apiádate de mí porquee he pecado contra tí" que ha inspirado a tantos poetas y músicos en tantos lugares y épocas).

Sienten "en el alma" los verdaderos marxistas que el marxismo haya perdido el juego en Rusia y tribus satélites, que ahora se han independizado de esta supertribu preciamente por motivos eonómicos. Los países marxistas han perdido el juego con los países capitalistas. El auri fames, las ganas de tener autopistas como en Alemania,(la capitalista) ordenadores y aparatos de alta fidelidad como en Japón. Las ganas de vivir en mejores casas, de pasearse en automóviles más lujosos, de comer en mejores restaurantes, de poder comprar en grandes almacenes, no es algo que sea propiedad privada o programación exclusiva de los de una clase u otra.

La diferencia entre ricos y pobres no está en la distinta fames auri, la diferencia está en que unos han ganado el juego y otros lo han perdido. ¿No tiene ganas todo español de clase trabajadora o media de que le toque el gordo? ¿Cómo cambiamos la programación cerebaral de auri fames, de la sed del dinero? Es cierto que no todo ser humano tiene corazón y estómago(ético o estómago a secas) para tragar sapos teológicos y éticos, para vender a su padre y a su madre, para chupar la sangre al obrero, para pisotear sus propias creencia y la de los demás.

Aquí, de nuevo, nos topamos con la opción de cada quisque que aparece continuamente en las páginas de Carlos Marx. El juego económico es a la vez ético y teológico, es a la vez el resultado de diversos equipos -no sólo de clase- y, además de la elección de cada Sajarov, de cada Breznev, de cada Gorbachov, de cada Franco, de cada uno de nosotros que queríamos ganar todos los juegos: el ético, el económico, el teológico, el de los cuentos y el de las cuentas. Pero, según la teología de Cristo, "el que pierde su vida la ganará. Para
ganar ciertos juegos, hay que perder otros.

Ver:José Antonio Jáuregui, Dios hoy

Ediciones NOBEL


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