Papa León XIII
Rerum Novarum
(La contribución temporal de la Iglesia)
(21) No se ha de pensar que todos los desvelos de la Iglesia estén en el cuidado de las almas, que se olvide de lo que atañe a la vida mortal y terrena
_En relación con los proletarios concretamente, quiere y se esfueza en que salgan de su misérrimo estado y logren una mejor situación. Y a ello contribuye con su aportación no pequeña, llamando y guiando a los hombres hacia la virtud. Dado que, dondequiera que se observen íntegramente, las virtudes cristianas aportan una parte de la prosperidad a las cosas externas, en cuanto que aproximan a Dios, principio y fuente de todos los bienes; reprime esas dos plagas de la vida que hacen sumamente miserable al hombre incluso cuando nada en la abundancia, como son el exceso de ambición y la sed de placeres(1 Tim 6, 10).
Contentos con un atuendo y una mesa frugal, suplen la renta con el ahorro, lejos de los vicios, que arruinan no sólo las pequeñas, sino aun las grandes fortunas, y disipan los más cuantiosos patrimonios. Pero, además, provee directamente al bienestar de los proletarios, creando y fomentando lo que estima conducente a remediar su indigencia, habíéndose distinguido tanto en esta clase de beneficios que se ha merecido las alabanzas de sus propios enemigos.
Tal era el vigor de la mutua caridad entre los cristianos primitivos, que frecuentemenete los más ricos se desprendían de sus bienes para socorrer, y no...había ningún necesitado entre ellos (Act 4, 34). A los diáconos orden precisamente instituido para esto, fue encomendado por los apóstoles el cometido de llevar a cabo la misión de la beneficencia diaria; y Pablo Apóstol, aunque sobrecargado por la solicitud de todas las iglesias, no dudó en acometer penosos viajes para llevar en persona la colecta a los cristianos más pobres.
A dichas colectas, realizadas espontáneamente por los cristianos en cada reunión las llama Tertuliano depósitos de piedad, porque se invertían en alimentar y enterrar a los pobres, a los niños y las niñas carentes de bienes y de padres, entre los sirvientes ancianos y entre los náufragos. De aquí fue poco a poco formándose aquel patrimonio que la Iglesia guardó con religioso cuidado, como herencia de los pobres. Más aún, proveyó de socorros a una muchedumbre de indigentes, librándolos de la vergüenza de pedir limosna.
Pues como madre común de ricos y pobres, excitada la caridad por todas partes hasta un grado sumo, fundó congregaciones religiosas y otras muchas instituciones benéficas, con cuyas atenciones apenas hubo género de miseria que careciera de consuelo. Hoy son muchos los que, como en otro tiempo hicieran los gentiles, se propasan a censurar a la Iglesia esta tan eximia caridad, en cuyo lugar se ha pretendido poner la beneficencia establecida por las leyes civiles.
Pero no se encontrarán recursos humanos capaces de suplir la caridad cristiana, que se entrega toda entera a sí misma para utilidad de los demás. Tal virtud es exclusiva de la Iglesia, porque, si no brotara del sacratísimo corazón de Jesucristo, jamás hubiera existido, pues anda errante, lejos de Cristo, el que se separa de la Iglesia.
(22) Mas no puede caber duda que para lo propuesto se requiere también las ayudas que están en manos de los hombres. Absolutamenete es necesario que todos aquellos a quienes interesa la cuestión tiendan a lo mismo y trabajen por ello en la parte que les corresponda. Lo cual tiene cierta semejanza con la providencia que gobierna al mundo, pues vemos que el éxito de las cosas proviene de la coordinación de las causas de que dependan.
Ver: 8 grandes mensajes
BAC 1974
Ver también mi libro:
Miércoles, 22 de mayo
JC Rodríguez, A Eisman
El Pórtico
Francisco Margallo
FEREDE
Religión Digital
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató
Francisco Baena Calvo
Jose Gallardo Alberni
Josemari Lorenzo Amelibia