El Blog de Francisco Margallo

La Tierra madre universal 7

15.02.12 | 09:29. Archivado en Cristianismo, Ecología
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El Cristianismo en la fase planetaria de la humanidad

7. Dios es comunión de personas

Si alguien se siente Hijo porque invoca a Dios como Padre compromete la comprensión misma de Dios. Se dice incluso que es solamente bajo la fuerza del Soplo, del Espíritu, que alguien puede decirse Hijo de Dios (Rom 8, 14-16). Entonces Dios ya no es soledad sino comunión del Padre, Hijo y Espíritu.

Es lo que el cristianismo quiere significar al decir que Dios es Trinidad. No quiere multiplicar a Dios, puesto que él es siempre uno y único. Lo Único no se multiplica. No estamos en el campo de las matemáticas. Lo de tres expresa el arquetipo de comunión perfecta. Si Dios fuese uno solo, tendríamos la soledad. Si fuese dos, surgiría la diferencia y reinaría la separación, pues uno es distinto del otro. Siendo tres se fortalece la comunión de todos con todos.

El tres significa no tanto el número cuanto la afirmación de que bajo el nombre de Dios se verifican diversidades que no se excluyen, que no se oponen sino que se incluyen, que no se oponen, sino que se-componen y se ponen en comunión. La distinción es para la unión, tan radical y profunda, que son un solo Dios-amor, Dios-vida, Dios-comunión.

Si la última realidad es relación y comunión, entendemos lo que nos enseña la física cuántica y la cosmología contemporánea: que todo es relación y nada existe fuera de la relación; todo comulga con todo en todos los puntos y en todas las circunstancias, pues todo es sacramento de Dios-comunión-de-Personas.

8. Conclusión: El Génesis está
no en el fín sino en el comienzo

Estas son algunas perspectivas esenciales del mensaje cristiano que, en el contexto de la planetización y de los riesgos a los que todos estamos sometidos, cobran relevancia; es la contribución que el mensaje cristiano ofrece a todos, especialmente a los que se dejan fascinar por la figura y el sueño de Jesús.

El mensaje cristiano es un torrente de esperanza. Frente a la pasión del mundo y de la Tierra alimenta la perspectiva de una crisis que nos purifica y nos permite un salto cualitativo, rumbo a un tipo de humanidad más espiritual y con una relación más amorosa para con la naturaleza y la Madre Tierra.

No creo que estemos ante una tragedia anunciada, cuyo desenlace es fatal. Como decía con acierto Ernst Bloch: "el verdadero génesis no está en el fin sino en el comienzo".

Junto con otras tradiciones espirituales de la humanidad, el cristianismo ayuda a alimentar la llama sagrada que transportamos dentro de nuestro ser. No somos seres errantes en un valle de lágrimas sino que bajo la luz y el calor de esta llama nos sentimos en el monte de las
bienaventuranzas, como hijos e hijas de la alegría.

Ver: Leonardo Boff, Lo esencial del Evangelio
Lo nuevo de la Ecoteología
Ed Nueva Utopía 2011

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