
En 1988 al cumplir Pedro sus sesenta años , se cumplen también veinte de su incorporación a Brasil y de su andadura por la Iglesia de Sao Félix do Araguaia. Con este motivo un grupo de amigos deciden hacerle un homenaje muy original, pero que sabían que le gustaría mucho: recopilar los textos más significativos de sus escritos en un libro, dando así una visión global de su pensamiento y de su testimonio, que no existía hasta ese momento.
Pedro había publicado ya 25 libros traducidos a distintos idiomas, además de más de cien prólogos a libros ajenos y multitud de entrevistas concedidas a revistas y otros medios de comunicación, varios discos, casetes y videos. Lo principal de su palabra y su testimonio está tan disperso que no es fácilmente abarcable ni siempre accesible en el mercado del libro, a pesar de las repetidas ediciones que muchas de sus obras han alcanzado. El libro que recapitula en ese momento, 1988, lleva por título Al acecho del Reino.
En primer lugar, la fecha en que aparece el libro, aniversario de los 500 años y celebración de los veinte de Medellín y los veinte de su andadura por Sao Félix do Araguaia, le parece al obispo Pedro Casaldáliga provocadora y al mismo tiempo saludable. En cristiano, dice, todo lo saludable es provocador. La celebración de los 500 años le parece festiva y penitencial, porque él celebra la Muerte de Cristo penitencial y festivamente.
Debe ser una celebración pascual. En los 500 años debemos reconocer todo lo que en esos años ha habido y hay todavía de muerte, de negación, de prohibición de esclavitud , de colonialismo, de etnocentrismo, de reduccionismo…
En segundo lugar, debemos celebrar también todo lo que en estos 500 años ha habido de heroísmo, de riesgo, de martirio…bien entendido que no hablo sólo de los mártires que quizá los indígenas nos hicieron, sino sobre todo de los muchísimos más mártires que nosotros les hicimos a los indígenas. Quiero hablar de todos los “mártires del Reino”, que se han dado en este continente por defender la libertad, la justicia y también por anunciar el evangelio de Jesús.
Ver: P. Casaldáliga, Al acecho del Reino
_¿Fue un descubrimiento?
Él no cree en el descubrimiento, cree que fue un encuentro por casualidad. Fue también un choque de culturas y pueblos. Fue una codicia. Fue más encuentro de continentes, encuentro de pueblos. Cuando los miembros del Consejo Indigenista Misionero de Brasil (CIMI), gobiernos del continente y todos los antropólogos honestos contestamos las políticas de los gobiernos del continente respecto a los indígenas, contestamos la “integración” de esas culturas, de esos pueblos, a una supuesta nación mayor, a una supuestamente mayor o mejor cultura.
Sin embargo decimos que aceptaríamos muy bien una “inter-integración”, el que un continente se encontrase en otro continente, el que unos pueblos se integrasen con otros pueblos y se “inter-integrasen”. América Latina puede, debe darle a Europa, mucha ecología, mucha naturaleza, mucha gratuidad, mucha alegría, mucho colorido, mucha hospitalidad, mucha solidaridad, mucha utopía, mucha esperanza…
_¿Fue una evangelización?
Fue una evangelización compulsoria, muy culturalista, muy impositiva. Fue una evangelización muy poco evangélica. Porque sirviendo al Señor servía al Rey; trayendo el Evangelio traía también cultura europea, ibérica; creyendo anunciar el Reino de Dios imponía el Imperio, por ser poco lúcida en su teología. Quizá las circunstancias no permitieron más, pero nosotros estamos obligados a criticar la historia pasada a la luz de lo que la historia presente nos permite para corregir el futuro...
Fue una evangelización violentadora, que provocó estos eclecticismos que con tanta frecuencia, después, muy fácilmente, hemos querido condenar. El mundo indígena sigue estando ahí. El mundo negro sigue estando ahí también. Afortunadamente, no han acabado todavía, y tienen vitalidad suficiente para continuar siendo ellos aun siendo cristianos, aun _quizá “nuevamente”_ evangelizados.
Fue una evangelización ambigua pues, cuya memoria debería ser una celebración penitencial, para pasar a ser esa evangelización valiente y “nueva” que el propio Juan Pablo II pedía refiriéndose a los 500 años.
Esa evangelización la realizaba ya el obispo Mons Angelli, como refiere Pedro Casaldáliga en el poema que le dedicó y que incluyo aquí:
Caíste en el camino, desabrochando el Llano,
Con los ojos abiertos en asumida cruz.
(Mientras agosto calcinaba de odio, chapado en las guerreras.
Mientras la Iglesia echaba sus cerrojos prudentes,
Negándose a la Muerte y a la Resurrección.
Mientras sobre la Pampa quebraban sus relinchos los
mil potros domados, hijos del viento indómito,
y el gaucho Martín Fierro
lloraba
de vergüenza…
Patria de San Martín, liberadora un día,
triste llama celeste, ¡tu bandera arriada!)
Caíste en el camino, santiguando la marcha. Enrique, pastor
Bueno.
Precediendo tu Paso, Chamical destacaba sus diáconos
Pascuales,
también sobre el camino.
(“Hay que seguir nomás
por el camino
de Emaús, en la tarde.
Por “la tierra preñada de vida” prohibida.
Con el pueblo que anda, noche adentro, callado,
Detrás del alba nueva…)
“Con un oído puesto al Evangelio
y el otro al Pueblo”, fiel entre los fieles”.,
caminabas llanero, en catequesis viva.
Empapadas tus páginas de rocío y sudor y padrenuestros.
Leídas letra a letra, por los ojos del pueblo acompañado..
“Pelado” como un cerro, claro como un arroyo, libre
Libre como Jesús.
Quemados en el fuego del servicio todos los oropeles.
Pelado como el pueblo de los pobres.
Como el cardón
hirsuto de silencio y escucha,
rebelde de esperanza
sin otras concesiones
que la raíz primera
y los desnudos brazos:
¡fibra y vigía de la Patria Grande! …..
P. Casaldáliga, Al acecho del Reino
Ed. Nueva Utopía 1989;y Me llamarrán Suversivo
Salamanca 1988 (Angeli)
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia