El Blog de Francisco Margallo

Ética de otoño

26.09.11 | 13:20. Archivado en Etica
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J. Ortega y Gasset

La Ética está de moda y es importante en cualquier época del año. Pero hay que tenerla en cuenta especialmente cuando comienza el nuevo curso. Terminadas las vacaciones estivales, se abre el curso político, laboral, judicial, escolar, lo que significa que la vida del país comienza a andar.

Pues bien, para que toda esta actividad sea provechosa, ha de estar guidada por la Ética. Es esta una asignatura de la que el hombre y la mujer tienen que rendir cuentas mientras vivan, puesto que se trata de sus obligaciones como hombre y mujer. Por consiguiente, es una asignatura pendiente que todos los ciudadanos tenemos, no sólo los políticos.

Sin necesidad de remontarnos a los filósofos griegos, nuestros filósofos de hoy tienen argumentos suficientes para hacernos apreciar una vida ética. Así el mayor de todos, J. Ortega y Gasset, valiéndose de la misma etimología de la palabra, nos hace sentir su necesidad. En su raíz primera, dice, ética viene de lo que en un principio se llamó eligentia y luego elegantia y de este vocablo viene, posiblemente, nuestra palabra inteligencia.

De todas formas concluye, Elegancia debiera ser el nombre que diéramos a lo que torpemente llamamos Ética, ya que esta es el arte de elegir la mejor conducta.

Por su condición natural de ser racional y libre, el hombre y la mujer tienen que elegir, lo que significa que tienen de antemano una condición elegante, porque tienen que elegir y elegir bien. Una persona ética es quien prefiere el bien al mal, lo justo a lo injusto. Lo contrario sería una perversión moral. Elegante es una persona que no hace o dice cualquier cosa, sino que hace lo que hay que hacer y dice lo que hay que decir. Es lo que Kant llama una persona con dignidad.

Una faceta importante de la Ética es que ha de ser social, puesto que el hombre y la mujer lo son constitutivamente. Para el filósofo Aranguren es personal y social a la vez. La pérdida de moralidad social que padecemos actualmente no parte de nosotros, la venimos arrastrando como herencia de la ética burguesa del siglo XIX que era muy individualista.

Hoy todos tenemos claro que el hombre y mujer privados tienen que sufrir una metamórfosis y convertirse en hombres y mujeres público, en el sentido de saber anteponer el interés general al suyo propio o, lo que es igual, vivir pensando menos en sí mismos y más en los otros.

Ahora bien, para llegar a ser este hombre y mujer públicos es necesario un estímulo, el hombre y la mujer privados necesitan ser estimulados para salir de su vida individualista. Para ello el estímulo de los que se dedican a la actividad pública es determinante. Pero hoy se echa en falta una vida pública más digna de crédito.

Así las cosas, el C. Vaticano II nos insta a hacer frente a esta civilización pertrechados de valores o virtudes morales, sintiéndonos creadores de una humanidad nueva (GS 30, 2).

Si somos responsables y acogemos el mensaje conciliar, podemos dar paso a la esperanza, porque la carencia de valores puede superarse como se han superado otras carencias a lo largo de la historia. Digo esto basado en que "el hombre/mujer es el único animal que puede emitir juicios de carácter intelectual-moral y por lo mismo está condenado a ser moral. (Sartre). Prueba de ello es que los derechos humanos están hoy en alza, derechos que para el obispo Pedro Casaldáliga son derechos divinos.


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