
La debilidad del evangelio
Jesucristo no se apoya en el poder religioso -Sumos Sacerdotes, fariseos- ni en el poder político: Pilatos. Siendo el Hijo de Dios y proclamándose
Rey, confiesa que su reino no es de este mundo y será ajusticiado por los poderes reeligiosos y políticos de la época.
Jesucristo, aunque se vale de su omnipotencia para hacer milagros en prueba de su misión, aparece en todo -en su nacimiento, en su vida ordinaria y en su muerte- como la suma debilidad humana.
Cuando Jesucristo envía a sus discípulos por todo el mundo no les dice que lleven espada sino que ofrezcan la paz, sabe que van a encontrar la persecución y la intriga y les dice que han de ser ovejas aunque estén
en medio de lobos.
El Evangelio -en la vida del Maestro y en la predicación de los Apósteles-no se vale de los poderes humanos -riquezas, poder político, influencia social- sino que se presenta como un "granito de trigo que ha de morir" para que produzca fruto.
Jesucristo nunca impone su doctrina, la predica para que la acepte el que quiera, no coacciona a nadie, solamente invita. Y cuando alguien no acepta su invitación -el jóven rico- le deja marchar sin hacer nada para detenerle, aunque le mire entristecido porque no ha sabido apreciar el don de aquella invitación.
Es cierto que durante siglos la espada ha sido realmente la que ha abierto algunos caminos a la Cruz. Es verdad que la conversión de los Reyes ha significado muchas veces la conversión, al menos aparente, de todos los súbditos. No puede negarse que por motivos religiosos se han proclamado guerras y se han llevado a cabo con la ferocidad de todas las guerras .
Los hombres, por nuestras limitaciones, somos capaces de las cosas más absurdas; por nuestro orgullo somos capaces de enmendarle la plana al mismo Dios. Las circunstancias culturales y sociales eran propicias para esas paradojas, algunas de ellas sangrantes, de las que está llena la historia de la humanidad.
La Iglesia no es una excepción en el modo de comoportarse los hombres. Se aprecia más la verdad que la persona y se llega a matar, a quemar a una persona porque rechaza la verdad.
Era lógico con ese criterio -propio de épocas anteriores ni demasiado cultas ni auténticamente cristianas -esas cosas que ahora nos parecen absurdas se realizasen para mayor gloria de Dios, para el triunfo de la Verdad, por celo religioso. Y que entonces se considerase el poder político o el militar como un instrumento de evangelización
24 de abril 1977
Los cristianos y la política.
Cartas cristianas del cardenal Tarancón
Servicio Editoriales del Arzobispado de Madrid 1977
Vitudes públicas o laicas
en José Ortega y Gasset
Por Francisco Maragllo
http://Fmargallo.bubok.com
pude descargarse de internet.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia