La venganza de la Torá
Al pueblo le gusta que Dios mande
(Cont.)
Este fenómeno no es sólo bíblico, se extiende a casi todas las culturas, está en el origen de casi todas ellas. Quien quiera acudir a los libros del Antiguo Testamento en busca de justificaciones para reforzar su poder político, religioso o dogmático puede encontrar material para fundamentar sus tesis, pero está profanando la acción de Dios en la historia de los hombres. Y no es que haga decir a la Biblia lo que la Biblia no dice. La Bilia puede que diga eso. Pero no todo lo que dice la Biblia lo dice Dios, ni todo está inspirado por Dios.
Secularizar la sociedad no es igual a negar a Dios. Es dejar al hombre que sea hombre para que Dios sea Dios. Al César lo del César y a Dios lo de Dios. Confundir a Dios con el César y al César con Dios es lo que querían los judíos y lo que siempre quiso Roma.
Mientras la jerarquía católica insista en mantener su placenta envolvente sobre sus rebaño de ovejas, ese presunto pueblo elegido no saldrá de las guarderías. Sus jefes siguen creyéndose los pastores y nos quieren niños. Pastores, niños, ovejas, bellas palabras, bellos símbolos. Y todo aprovechándose de una lectura bastarda de las Escrituras.
Pero a pesar del poder sacralizado, el hombre y la sociedad han evolucionado porque llevan en sus genes el imperativo del crecimiento. Y el desarrollo de la sociedad y la persona va vinculado a su libertad para afrontar su contingencia, su finitud, su soledad sin paternalismos ortopédicos.
Podrá parecer ateo o paradógico pero para que la humanidad se acerque a los designios de Dios tendrá que liberarse del pegajoso sistema teocrático originado y difundido, entre otros, por los libros del A.T., asumido por la Iglesia católica. En ellos está la semilla del Corán. En ellos encuentran su justificación todos los talibanes de todos los colores que subyugan, hasta la repugnancia a las multitudes.
El ser humano tiene que liberarse del paternalismo de lo divino y asumir su madurez, su mayoría de edad, la reponsabilidad de su autobiografía, y en consecuencia el progreso de la humanidad. Con frecuencia el infantil recurso a Dios no es otra cosa que la huida de sí mismo , bien por medio bien por abdicación de la libertad.
La estructura sociopolítica de la edad media europea,
y el reducto anacrónico del Vaticano, no pudo ni puede encontrar más justificación dogmática que una infantil e interesada lectura del Antiguo Testamento (o del Nuevo) bajo la luz de una visión judía, en la que, entre otras cuestiones, el hombre no pasó de ser un esclavo de Dios a través de la Ley.
Así dice el Señor:
El cielo es mi trono,
y la tierra, el estrado de mis pies:
¿qué templo podréis construirme
o qué lugar para mi descanso?
Pero en ése pondré mis ojos:
en el humilde y en el abatido (Is 66, 1)
L.Alemán Mur
La ingenuidad Jesús. El triunfo de la Torá
Ed Utopía, Madrid 2002
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Virtudes públicas o laicas
en José Ortega y Gasset
http://Fmargallo.bubok.com
Miércoles, 30 de mayo
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