
Capítulo Segundo
Teología y praxis de liberación
"No nos engañemos tratando sólo de comprender
el mensaje, nos amonesta Santiago. Pues quien
no convierte la Palabra en praxis se parece a un
hombre que se mira al espejo y luego da media vuelta y se olvida de cómo es" (Sgo 1, 22-24).
Origen de la liberación en la teología latinoamericana
1. Raíces bíblicas
La palabra liberación tiene profundas raíces bíblicas. El nacimiento de Israel como pueblo está muy ligado a ella: es después de la liberación de Egipto cuando comienza a existir políticamente como pueblo. Por eso las referencias a la liberación son constantes, tomando un carácter de acontecimiento, que se actualiza, al rememorar las gestas liberadoras en las asambleas litúrgicas.
El núcleo fundamental, pues, de la revelación bíblica está constituido por una experiencia de liberación: Dios entra en la historia de Israel, un pueblo oprimido, para salvarlo del yugo faraónico, escribe el escriturista Von Rad. Esa es la experiencia radical: "Yahvéh, el que libera a Israel de Egipto". Para los especialistas, esta es la fórmula de profesión de fe más antigua y más extendida. Otras evocan a Yahvéh como el que llamó a los patriarcas y les prometió la tierra etc.
En Ellacuría, que cita repetidamente a Von Rad, el concepto de liberación representa la esencia misma del mensaje revelado, el cual puede ser visto desde otros aspectos, pero si no se ve desde la praxis liberadora, le considera mutilado sustancialmente. Hablar de liberación es un tema frecuente en el mundo de hoy, particularmente en aquellas regiones que tienen que soportar el azote de la opresión. Allí todos hablan apasionadamente de liberación política, social o económica. Por eso él sugiere que se exprese la misión específica y el carisma de la Iglesia latinoamericana con el concepto básico de liberación .
En los años 60 y 70 del siglo XX en toda América Latina y más concretamente en El Salvador el clamor por la liberación era general, un clamor de los pobres que no llega directamente a la Iglesia por ellos, sino a través de grupos radicales de izquierda. Lo que le sirvió de pretexto para decir que el clamor nació civil, político. Estos grupos interpelaron a la Iglesia y la obligaron a mirar a las masas gravemente empobrecidas con ojos diferentes.
Así lo relata él mismo: "La teología de la liberación, que ha introducido tan vigorosamente en el magisterio, en la reflexión y en la práctica de la Iglesia el tema de la liberación, lo ha descubierto fuera de ella misma y fuera de la Iglesia, al menos en un primer momento. Lo ha descubierto no tanto en la escucha del clamor de los pueblos y de las clases oprimidas, sino en los movimientos sociopolíticos de la liberación, que habían recogido efectivamente ese clamor y lo habían articulado en distintas formas de lucha política" .
Es preciso admitir como lo hizo Ellacuría que la verdad no radica sólo en la Iglesia y que muchas veces nos viene de fuera de ella. Esto es, profesar la fe cristiana no quiere decir que poseamos la verdad de cuanto concierne a la vida humana, por tanto, la Iglesia no debe sentir vergüenza de acoger las verdades que le vengan de fuera. Al contrario, es un signo de sabiduría y de humildad que dice mucho en su favor. El influjo del pensamiento de Ortega al respecto es evidente en él.
Para el filósofo que mereció su atención antes que Zubiri, la verdad no es exclusiva de nadie, sino que "tiene el privilegio eucarístico de vivir a un tiempo e igualmente en cuentos cerebros se lleguen a ella...cada individuo es un órgano de percepción distinto, por lo que todos somos insustituibles, necesarios...cada individuo es un punto esencial en su consecución, puesto que la verdad integral se obtiene integrando lo que el prójimo ve con lo que yo veo y así sucesivamente". Es decir, sólo yuxtaponiendo las visiones parciales de todos se logrará la verdad absoluta. Este conocimiento de lo que cada uno ha visto y sabe, "esta omnisciencia, es el sublime oficio que atribuimos a Dios" .
En este sentido hay que decir que todos los promotores de la teología latinoamericana no tienen reparos en asumir la verdad que los movimientos sociopolíticos de carácter liberador persiguen, convencidos de que ella puede influir eficazmente en el cambio sociohistórico que necesita América Latina. Un cambio que se interpreta como liberación, si bien es verdad que, teológicamente, esa liberación significa liberar del pecado, de la ley de la muerte etc. Sin embargo, traducida en términos históricos significa también liberar de todo lo que oprime al hombre y le impide vivir libremente como hijo de Dios, lo que constituye un gravísimo pecado.
Esa situación vivida por el pueblo latinoamericano es descrita por Ellacuría como una situación de pobreza y opresión social y política, como resultado de una injusticia estructural histórica, de la que son responsables distintos sujetos sociales (clases, naciones, imperios) y el sistema económico y político en vigor. Ante semejante panorama, la teología de la liberación en cuanto reflexión cristiana a la luz de la fe y, a la vez, como reflexión racional, de la que no puede prescindir, se pregunta por las causas y, sobre todo por las soluciones, para conseguir que estos pueblos oprimidos puedan ser pueblos libres y "realizar y gozar lo que es posible históricamente de la presencia del reino de Dios entre los hombres".
Bibliografía
G.V. Rad, Teología del Antiguo Testamento I, (Sígueme 1972)167-176
I. Ellacuría, 'Liberation: Mission and Charism of the Latin Americam Church', en id., Freedom Made Flesh. The Mission of Christ and his Church,127ss; I. Ellacuria, 'Liberación', en Revista Latinoamericana de teología 30, 214ss.
Sols Lucia, El legado de Ignacio Ellacuría, 14.
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Virtudes públicas o laicas
en José Ortega y Gasset
http://Fmargallo.bubok.com
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