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Los políticos de oficio desempeñan un papel vertebrador en la vida pública. Como dice Max Weber han accedido, en democracia, al puesto que desempeñan "a través de la sobria y pacífica búsqueda que realiza el partido en el mercado electoral".
De acuerdo con lo de mercado electoral, porque las campañas electorales se han convertido en un chalaneo de promesas que en buena medida no se van a cumplir. Pero lo de "sobria y pacífica búsqueda" no responde a la realidad, porque lleva aneja un gran derroche de medios económicos y muchas descalificaciones, salvo contadas excepciones, cargadas de ira contra el adversario.
Todo lo cual está poniendo de manifiesto que es difícil de resolver, dentro de las democracias, esa especie de dictadura ejercida sobre las masas, utilizando mecanismos puramente emocionales para movilizarlas. Esto que se está considerando ya casi normal, no responde a los patrones de una mínima ética.
Según la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual del C. Vaticano II, los políticos han sido elegidos por elección libre de los ciudadanos para procurar el bien común de la sociedad dentro de los límites del orden moral (GS 74).
Ciertamente el Concilio hace una benévola y utópica afirmación de intenciones, que tampoco responde a la realidad, porque lo impide el sistema neoliberal imperante en el mundo, en el que priman siempre los intereses del gran capital.
A esto hay que añadir los vicios sociales que han arraigado en los pueblos difíciles de erradicar del todo, como nos dice la experiencia. Los hábitos de antaño siguen actuando sobre nosotros hoy en democracia . También son muchos los casos de corrupción que se han dado en la clase política de los distintos partidos.
Los ciudadanos se irritan ante esta situación, pero no estaría de más que los mismos ciudadanos nos preguntáramos, si no los estaremos induciendo nosotros a ello con nuestro desinterés por cuanto a la vida pública se refiere. (Rodrigues Zapatero nos ha pedido varias veces que participemos en la vida pública). Ciertamente esto no exime de responsabilidad a los políticos, sin embargo, no le falta razón a Aranguren cuando dice que el político refleja lo que es la sociedad.
Este sentir de Arangueren fue intuido previamente por Ortega cuando dice que es más urgente cambiar los usos de los gobernados que los gobiernos muchas veces, y que la verdadera reforma hay que hacerla en la sociedad antes que en la polítia. Un pueblo, cuyos ciudadanos se desentienden del bien público es un pueblo que va a la deriva y ni un gobierno de ángeles es capaz de detenerlo.
-----Virtudes públicas o laicas
en José Ortega y Gasset
Por Francisco Margallo
http://Fmargallo.bubok.com
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Miércoles, 30 de mayo
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