J. Ortega y Gasset

La ley se ha hecho para el hombre y no el hombre para la ley, reza un dicho popular, que se identifica con un texto del historiador romano Tito Livio . Dice así: “Es la ley cosa sorda e inexorable, incapaz de ablandamiento ni benignidad ante la menor transgresión”.
La opinión de algunos sobre una nueva ley laboral como quieren los sindicatos actualmente, de las migraciones para controlar los flujos migratoriso, como quieren otros o una ley que contrarreste el fraude público en todas sus dimensiones, por las que abogan algunos partidos y el mismo Estado, no coincide con el texto del historiador citado. No obstante, grandes pensadores insisten en que la razón de ser de la ley es proteger, liberar a las personas y no esclavizarlas con más leyes.
Así parece reflejarse en la compasión de muchos ciudadanos con los emigrantes ilegales que trabajan en nuestros campos y en el servicio en general. Y esto es ley, porque la suprema ley es la voluntad de los ciudadanos, hasta tal punto que el Estado, sus ministros y todas las instituciones no son otra cosa que “el órgano que ha de expresar y ejecutar esa voluntad” (Ortega y Gasset).
Una ley inexorable, rígida como el mineral, que no se conmueve con el desconsuelo de tantos hombres y mujeres empobrecidos, a los que se les prohíbe ganarse el pan con el sudor de su frente, no es válida para proteger al hombre, niega su esencia, no es ley. A lo sumo es una ley de hierro, que debe ser rectificada, porque de lo que se trata es de devolverle a la ley su sentido originario de protección.
La rigidez, el carácter punitivo en ella, es una degeneración de la ley. La expresión tantas veces utilizada “que caiga todo el peso de la ley sobre él”, lo corrobora. Una ley así no redime al hombre, sino que lo degrada. Si nos volvemos a la historia, vemos que la ley primera es la consuetudinaria, la escrita en la conciencia del hombre/ mujer y que ha sido consensuada desde tiempo inmemorial por los demás hombres mediante la costumbre.
Ella es la norma a seguir por las leyes estatutarias nuevas, en definitiva, es la que determina cómo hay que hacer las leyes.
Se dice que una ley contra la costumbre no es ley, sino pragmática. Por consiguiente, la ley no puede ser nunca emanación de una autoridad personal, la ley que sirve al hombre/mujer es fruto de la concordia de voluntades.
No en balde la historia del Derecho romano gira en torno al concepto de concordia, concordia ordinis, es decir, el llegar a acuerdos los distintos grupos políticos. Una gran lección para nuestro tiempo que hay que resucitar, particularmente entre los parlamentarios, incluidos los italianos que han declarado hoy la guerra a los emigrantes.
En síntesis, la ley es mucho más simple de lo que es ahra, además con muy pocas nos basta. En cambio, los Estados actuales parecen ametralladoras que disparan leyes continuamente y en esa lógica tratan de hacer a los ciudadanos del mundo legales por encima de todo. Pues no, antes que legales hemos de ser muchas cosas: honrados, justos, solidarios, compasivos, serviciales, dialogantes, amables. Si somos educados así, con una ley basta, dijo el Profeta de Galilea.
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Virtudes públicas o laicas
en José Ortega y Gasset
Por Francisco Margallo
http://Fmargallo.bubok.com
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A mí, don Francisco, me gustarìa (¿o no? no lo sé) que Vd. pensara como los realistas y hablara en su propio nombre (como hago yo) y no como "profeta" de alguien. Y si se hace profeta ¿cultivará higos? A mì me gustan: cada noche como uno o dos (según tamaño) de los pasos.
Y no sé por qué tiene tan mal concepto de la Edad Media: hubo gente maravillosa en todos los sentidos (también sinvergüenzas, como ahora). Además, que, para llegar hasta hoy, necesariamente se tuvo que pasar por la Edad Media (que, al fin y al cabo,sólo es un nombre cronológico)
Y yo nunca he visto un becero de oro. Si me lo dieran, en lugar de adorarlo, lo venderìa.
Saludos
A mí, Moisés, me gustaría que pensaras como los utópicos y los profetas, que son los que hacen progresar a los pueblos, a pasar de que etimológicamente la utopía no se da en niguna parte. Yo creo que sí, por eso no estamos como en la Edad Media, aunque podríamos estar mucho mejor, si no nos hubiéramos postrado ante el becerro de oro.
Un saludo
A mí me da igual que don Francisco tenga razón o no. Lo que digo es que en la vida (en la historia) no se ha cumplido NUNCA lo que preconiza. Y aunque no soy adivino ni conozco el futuro (además, por edad, simplemente, apenas tengo) creo que nunca llegará lo que anhela don Francisco porque las teorìas que defiende (al menos, aparentemente) son contrarias a la naturaleza del hombre. Es decir, que es imposible y, además, no puede ser, que decía Rafael Guerra "Guerrita".
Yo tengo Fe, pero no en lo que don Francisco defiende.
Y no me agradezcan el papel: no sé jugar otro y, encima, me entretengo. ¡Qué más se puede pedir!
Saludos
Estoy pensando en el dicho "quien de joven no es izquierdista no tiene corazón pero no tiene cabeza si sigue siéndolo de adulto" . Churchill dijo lo mismo con una frase semejante. Moisés, que hace el papel de adulto, ( el Zoroastro Judío, recuerdas) trata de convertir a Francisco a la realidad. Pero yo, supongo que como Francisco, deseamos realizar nuestros destinos. Mi padre, mi Moisés, me dejó bien claro que los poderosos fijan la ruta de este mundo y que el idealismo está condenado al fracaso. Agradezco a Moisés que juegue su papel. Sé que lo interpreta porqué, en el fondo, ... le gustaría, como a mí, que Francisco tuviera razón. Nos falta la Fe.
No sea exagerado, don Francisco. No se puede "fabricar" un hereje y luego quemarlo por hereje. Sosegaos, don Francisco, que dicen que decía Felipe II a los que recibía y solían estar algo "alterados".
Calma, reposo, sosiego, estudio desapasionado (pero estudio ¿eh?)...
"Culpable de la división de clases", dice. Y "antes" de ese fantasmagórico liberalismo ¿no había clases? ¿Y el pobre don Carlos... "facedor" de hijo "endosado"? ¡Qué cosas, Señor!
Saludos
Las leyes que rigen hoy en el mundo las ha implantado el liberalismo económico, que no da la cara y se ha servido y se sirve del poder político para imponerse. Se ha dicho de él que es injusto, desintegrador y culpable de la división de clases. Sin embargo se ha abierto camino con el lema engañoso de "la liberación de la economía". Tan engañoso e ineficaz es que ya se habla de otra crisis mayor que la de hoy en muy poco tiempo. El crecimiento económico que el neoliberalismo pone en primer término niega los más elementales principios humanos. Por eso desde un planteamiento humanista cristiano es incaceptable. La Iglesia debería concienciarse de ello y poner más énfasis en su erradicación en vez de condescender tanto con él. La opción por los pobres que hace el evangelio se lo exige.
Saludos
Sin ánimo de controversia. Dice HYPATIA: "Hay quien dice, ¡qué listos!, que si no se hubiera puesto en marcha la polìtica de New Deal de Franklin Delano Roosevelt se hubiera resuelto antes y mejor la crisis de los 30 en USA y el mundo". Pues, efectivamente, se ha dicho muchas veces y ahora, con motivo de la famosa y durisima crisis actual, se ha vuelto a repetir. Añadiendo que, si se salió de la crisis, fué debido a la entrada de USA en la Guerra Mundial. Para meditar... después de estudiar, claro.
Creo que el título que has puesto es adecuado. Hierro hace referencia a dureza, inmisedicordia, bronce a la durabilidad, su peremnidad. Los liberales económicos (capitalistas) dirán que estas leyes son "naturales" y permiten alcanzar estados de equilibrio de la economía y que la intervención del estado puede ser perjudicial. Hay quien dice, ¡qué listos!, que si no se hubiera puesto en marcha la política de "New Deal" de Franklin Delano Roosevelt se hubiera resuelto antes y mejor la crisis de los 30 en USA y el mundo. Tu hablas del efecto regulador de la Ley positiva y que debe aflorar la virtud al elaborarla.
Como siempre, Hipatya, tu intervención es muy interesante. ¿qué título crees que sería más acertado? Dudé bastante antes de poner el actual. El mensaje gira alrededor de la cita de Tito Livio y la simplicidad cristiana en torno al tema. En este caso prima la compasión, la solidaridad, la justicia, la cordialidad, el diálogo, en fin, educar primoritariamente en estos valores. Lo demás vendrá por añadidura
Lo que sucede es que con el nombre que has utilizado existe una "Ley económica" denominada "La ley del hierro de sueldos". El economista David Ricardo la formuló en 1817. Viene a decir que el salario tiende a igualarse con el mínimo de subsistencia. Posteriormente Ferdinand Lassalle le dió el nombre de "Ley de bronce económica". Las organizaciones obreras, la doctrina social de la Iglesia, el estado del bienestar actúan elevando la cuantía de ese mínimo de subsistencia. Cuando en dos áreas difiere ese valor hay migraciones. En teoría, sin leyes reguladoras, el flujo migratorio acabaría con las diferencias en el mínimo de subsistencia.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia