
Capítulo Primero
Historia de la salvación
y salvación de la historia
Función crítica y creadora de la filosofía
Por su función crítica y creadora la filosofía no responde a la apreciación de los que la consideran mero reflejo de la estructura socioeconómica o de las ideologías dominantes en cada momento. Al menos este no ha sido el proceder de gran parte de la mejor filosofía, por lo que hay que confiar en sus poderosos factores de liberación, uno de liberación interior o subjetiva y otro complementario de liberación objetiva y estructural.
Es preciso decir que hoy la crítica de la filosofía se orienta, sobre todo, hacia la ideología dominante en la estructura misma del sistema social en vigor y en otros elementos de dicha estructura, como pueden ser el ordenamiento jurídico, económico, y político. La filosofía se ha distinguido siempre por su criticidad; las escuelas filosóficas se han mostrado insatisfechas casi con todo lo que les ha precedido. Los grandes filósofos han sido siempre muy inconformistas con el pensamiento recibido; y han sido muy críticos a la hora de distinguir la verdad de sus falsas apariencias y, particularmente, en diferenciar lo probado de lo no probado.
En este sentido Marx acusaba a los hegelianos de izquierdas de perder el tiempo haciendo crítica de las críticas, limitándose a discusiones ideológicas permanentes, sin pasar por el criterio de la verdadera realidad. Si bien él mismo se dedicó en gran parte a la crítica, en su caso "a la crítica de la economía política, en lo que tenía de realidad". Pero lo cierto es que desde Marx, que exige pasar de la contemplación a la transformación de la realidad social, el tratamiento del tema político en filosofía cambia.
Antes de Marx y después de él, los filósofos han considerado lo político como una realidad especial con sus propias particularidades, lo que requiere un tratamiento especial asimismo. En ellos hay una filosofía de lo político, que indebidamente llaman filosofía política, un tema que trataremos en el epígrafe siguiente. Ahora quiero subrayar que Ellacuría ve muy positiva la aportación de la crítica filosófica para la liberación de las ideologías que encubren la realidad social, porque esta crítica no es meramente negativa, sino que en ella aparecen formulaciones positivas y aspectos inesperados de la realidad.
No obstante, hay que dar un paso hacia formas más creativas que no se limiten a denunciar lo que pueda haber de ideologizado en un determinado discurso, sino que sean capaces de crear un nuevo discurso teórico que, en lugar de encubrir y deformar la realidad, la descubra tanto en sus aspectos negativos como en los positivos. Sin caer en la ingenuidad de creer que las grandes realizaciones sociales e incluso el comportamiento personal dependen de ciertas formulaciones filosóficas. Aunque esto no significa que carezcan de importancia al hacer análisis, valoraciones, interpretaciones e incluso a la hora de la acción y la transformación social y personal. La praxis pura no existe y cuando se pretende constituirla en la única fuente de luz no sólo es una praxis ciega, sino que además es obcecada.
Dicho esto, Ellacuría se detiene en ver cómo la labor filosófica debe acompañar a una determinada praxis hasta convertirla en la teoría refleja y crítica de esa praxis. Esto es lo más significativo de su elucubración: una primera aportación ineludible que hace la filosofía, sin que ninguna otra disciplina pueda sustituirla, es una teoría de la inteligencia o del conocimiento, cuyo fin es dar cuenta de las posibilidades y los límites del conocimiento humano, ya que la forma habitual de enfrentarse el hombre con la realidad es la forma intelectiva. La función de la filosofía es, pues, importante, porque la inteligencia sirve para liberar al hombre y también para oprimirle.
Es necasaria asimismo una teoría general de la realidad, una teoría que informe sobre lo natural, lo histórico, lo objetivo y subjetivo, sobre lo social y lo personal de la realidad. Lograr la verdadera dimensión de la realidad es decisivo a la hora de comprender el mundo y de vivir en él.
Se necesita también una teoría abierta y crítica del hombre, de la sociedad y de la historia, tres realidades que tienen su propia peculiaridad, pero que están muy vinculadas entre sí. Sobre las tres hablan muchas ciencias, pero sobre el tipo de realidad que es cada una, sobre su enfoque en cuanto realidad sólo la filosofía tiene algo que decir.
Ciertamente la aportación de las demás ciencias ha enriquecido mucho a la filosofía, pero estas no han anulado su labor. Es necesaria, pues, una teoría filosófica que fundamente racionalmente la valoración adecuada del hombre y del mundo. El tratamiento que la filosofía ha venido haciendo de los valores y sentido de las cosas, sobre todo desde la ética, no ha sido superado por ninguna otra teoría. Es más, son muchos los filósofos que vienen abandonadondo otras tareas y se interesan ya sólo por la ética o la moral que es lo mismo. La diferencia es que la primera se usa más en el campo civil y la segunda en el religioso, pero ambos términos equivalen a justicia.
Refiriéndose ahora a la ultimidad y la transcendencia Ellacuría dice lo siguiente: la filosofía, en cuanto búsqueda de la ultimidad es siempre transcendental, sin que esto signifique que haya que admitir alguna realidad transcendente, ni absoluta ni relativamente. Pero siempre cualquier pregunta está planteada para ser respondida hasta donde sea posible, aunque sea difícil la respuesta. Ahora bien, en una función liberadora de la filosofía, no basta con criticar los elementos que pueden ocultar o distraer de la realidad, sino que es necesario crear respuestas positivas y, si hay que callar, decir por qué.
La realidad histórica latinoamericana y sus hombres necesitan preguntar y es posible que en sus preguntas vaya ya el inicio de las respuestas deseadas, que precisarán una elaboración conceptual, pero que estarán cargadas de realidad y de verdad. Quizá esa realidad y esa verdad han sido expresadas ya por poetas, novelistas, pintores y teólogos de la liberación, pero toca a la filosofía "expresarla y reelaborarla al modo específico de la filosofía", cosa que aún no se ha hecho satisfactoriamente.
Bibliografía
I. Ellacuría, 'Función liberadora de la filosofía', en Id., Veinte años de historia en El Salvador, 95-116;JA. Herrero, 'Ética y política' en el Mundo (12-VIII-2005.
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Virtudes públicas o laicas
en José Ortega y Gasset
Por Francisco Margallo
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Miércoles, 30 de mayo
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