La Constitución Española en el capítulo segundo, art. 16 dice así:
1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.
2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.
3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.
El cardenal Tarancón que cooperó abiertamente con el Estado a la muerte de Franco defendió este espíritu de la Constitución en estos términos en marzo de 1977: "La Iglesia ya ha proclamado públicamente el principio de la libertad religiosa en el ordenamiento civil- y quiere ser fiel al mismo- y sería necesario que todas las tendencias admitiesen también como principio esa libertad, en todo lo que no se oponga al bien común de la sociedad".
El cardenal se mueve en sintonía con el Concilio Vaticano II que dice: La Iglesia no se confunde con la comunidad política ni está ligada a sistema político alguno...La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas cada una en su propio terreno. Ambas, sin embargo, aunque por distinto título, están al servicio de la vocación personal y social del hombre (GS 76). Esto lo desarrolla más extensamente el Concilio en la Declaración sobre la libertad religiosa (Dignitatis Humanae).
Pablo VI se fijó en él para que acopañara el cambio político en nuestro país, y para introducir las reformas exigidas por el Concilio en las relaciones Iglesia-Estado. El mismo Papa pidió a Franco que renunciara al privilegio (no derecho) de indicar a la Santa Sede los obispos que deberían nombrarse en las diócesis. Desde que este privilegio quedó abolido el régimen comenzó a sospechar de los obispos que se nombraban, pero gracias a ello el episcopado se renovó en poco tiempo y comenzó a aplicarse la doctrina conciliar, en parte nada más. Tarancón fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal, para llevar mejor el timón de la Iglesia española.
Por naturaleza el cardenal tenía un carácter dialogante y conciliador, cosa que otros no tienen. El solía decir que los obispos son "pontífices" en el sentido etimológico de la palabra, es decir,constructores de puentes. Su misión es tender puentes entre fe y razón, Iglesia y Sociedad, una generación y la siguiente, conservadores y progresistas. Pero los puentes es lo primero que se derriba en las guerras, por eso cuando la extrema derecha se percató de las reformas "peligrosas" que se estaban introduciendo en España, comenzó a atacarle por instigador.
A pesar de todo, entre 1966 y 1975 se desarrolló mucho la relación Iglesia-Sociedad y la preocupación por los problemas sociales alentados por el Vaticano II. Incluso se consideraba imposible la evangelización, si antes no se clarificaban algunos problemas humanos referidos a la libertad, la cultura y la justicia social. Esto hizo que creciera el descontento de la ultraderecha contra él, hasta tal punto que en el entierro del General Carrero Blanco asesinado por ETA
llegó a gritar "Tarancón al paredón". Por lo que terminado en cortejo fúnebre, el cardenal salió precipitadamente hacia Castellón su tierra natal donde permaneció unos días.
Muy conflictivo fue también el documento de la Conferencia Episcopal "Iglesia y Comunidad Política". Ya antes de que se conociera su contenido, se le consideraba opuesto al régimen, por lo que estuvieron a punto de ser expulsados de España los tres obispos que lo redactaron. Lo que ese documento defiende es algo tan fundamental como la pluralidad de opciones políticas, las cuales son legítimamente compatibles con la fe. En él se dice que una misma fe puede llevar a compromisos políticos diferentes, por lo que la pluralidad de opciones políticas es parte integrante del bien común. Esto que hoy lo aceptamos como normal entonces se consideraba subversivo.
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Virtudes pública o laicas
en José Ortega y Gaset
por Francisco Margallo
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Gracias, Moisés e Hypatia por vuestra aportación. El controlador de internet me ha rechazado dos veces un texto más amplio.
Se referirá al veto ( correcto) de Francisco José.
Espero impaciente, Moisés, tu comentario sobre el cónclave de 1903 cuando los controladores de internet te lo permitan. Debe ser muy interesante, No escatimes el espacio ni el tiempo. Los lectores y yo te lo vamos a agradecer.
No te extrañe si tardo un poco en verlo, porque voy a ir a los teatros de El Canal aquí en Madrid que dan un concierto grauito sobre Chopin.
Un saludo
Estoy intentando hacer un pequeño comentario sobre el Cónclave de 1.903, pero no puedo. Volveré de nuevo, cuando me lo admitan
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia