El Blog de Francisco Margallo

Cartas cristianas del cardenal Tarancón

06.12.10 | 10:00. Archivado en Obispos
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La tentación del poder

Muchos atacan a la Iglesia porque está aliada con el poder. Con el poder económico y con el poder político. Incluso, dicen, que ella misma se ha convertido en una plataforma de poder. Y que se ha valido de su ifluencia para imponer políticamente su doctrina y hasta sus privilegios.

El régimen de cristiandad -siguen diciendo- que la Iglesia acxeptaba como ideal, consistía precisamente en que el Régimen Político era el instrumento o como el brazo secular de la Iglesia para imponer su concepción del hombre, de la vida, e, incluso para procurarse ventajas de todo orden.

Los "privilegios" de la Iglesia han sido durante mucho tiempo un tema fácil para la demagogia. Su deseo de imponer a todos su Verdad ha sido considerada como una manifestación de tiranía.

El tema tiene mucha importancia -a mi juicio, una importancia capital en los momentos actuales de nuestra Patria- porque muchas de las afirmaciones exasperatas y hasta injustas que se hacen contra la Iglesia, y no pocas de las "ventajas" democráticas que algunos proponen y que tienden a limitar la actividad de la Iglesia, se explican tan sólo como una reacción -no pocas veces agresiva y francamente injusta- contra aquellas convicciones.

No cabe duda que por las circunstancias económicas, sociales y políticas del mundo en tiempos pasados, el poder -económico, social o político- estaba rodeado de una aureola casi mítica y ejercía un influjo que yo me atrevería a llamar irresistible. Se daba incluso al poder un carácter "sagrado", profundamente religioso, no sólo porque, según el principio cristiano, toda autoridad redicalmente viene de Dios -Todos los hombres somos esencialmente iguales y nadie tiene poder sobre otros hombres "si no le ha sido dado de arriba", como dijo Jesús a Pilatos- sino porque se consideraba la riqueza, la influencia social o el poder político como un derecho superior al que los demás hombres se debían sujetar.

No es extraño que con esa mentalidad -el poder económico, político, social- fuese considerado como un medio maravilloso para defender la Verdad, que tenía, según decíamos, todos los derechos, e incluso para conseguir que los hombres la aceptasen. Y que se considerase el poder -especialmente el poder político cuando este va afianzándose cada vez más en los pueblos- como un instrumento de evangelización...

Los cristianos y la política.
Cartas cristianas del cardenal Tarancón

Servicio Editorial del Azobispado de madrid- 1977


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