
3. El pueblo de Dios en Jesucristo que es la Iglesia
(Cont.)
La libertad evangélica, en una postura adulta de fe, en corresponsabilidad asumida, la nueva eclesialidad, que es parte de nuestra espiritualidad, nos comprometen y nos convierten:
* por todo un proceso de inculturación, de inserción, de "proximidad"; centrando la Iglesia en el Reino (reinocentrismo);
*potenciando el ecumenismo y el macroecumenismo;
*con una nueva vivencia de la "comunión de los santos(as), la madre de Jesús en primer lugar, caminantes todavía en la tierra o ya gloriosas
en el cielo; vinculándonos con nuestros hermanos y hermanas sufridores, excluidos, luchadores; celebando la memoria de nuestros mártires y evocando a los antepasados, en la línea indígena y afro de los ancestrales.
Por causa de esta hora de crisis y ante el desafío de los grupos carismáticos, Victor Codina, y otros autores nuestros vienen también hablando últimamente de un nuevo tipo emergente CEB(Comunidades Eclesiales de Base: de una nueva eclesiogénesis, que según Codina consistirá en cierta transferencia o tralado:
* de lo político para lo social y civil;
* del éxodo para el exilio (del cambio de las estructuras hacia la resistencia paciente, hacia la sobrevivencia posible...). Es bueno recoger entre tanto, el grito profético de una pintada reciente en un muro de una calle de nuestra América: "¡No queremos sobrevivir, sino vivir!";
* de lo propfético-apocaliptico a lo sapiencial;
* de cierto complejo de élite eclesial a la religiosidad popular ("CEB y masa" fue el tema de nuestro (IX)Intereclesial, en Sao Luís do Maranhao);
* del simple análisis sociopolítico a la inclusión de la mediación cultural;
* de una Iglesia patriarcal a una comunidad familiar con rostro femenino.
De acuerdo. Siempre que no se vacíe la cruz de Cristo, ni se renuncie a la utopía del Reino, ni queramos "conformar con este mundo" el evangelio, ni hagamos el juego del "fin de la historia" neoliberal. ¡Que nos valga la osadía de nuestros revolucionarios, la sangre de nuestros mártires y el Espíritu del crucificado resucitado!
Cantemos al Dios de la novedad
Todos aquelos que intentan vivir
una vida coherente y nueva,
como la aurora de cada día,
alégrense con lo que de nuevo ha hecho
y todavía siempre hará
el Dios de la novedad.
Él nos garantiza un nuevo Cielo y una Tierra nueva:
la Tierra Prometida en la palabra de su Alianza
y registrada en las Bienaventuranzas
de su hijo Jesús nuestro hermano.
Cantemos a ese Dios vivo
la canción invencible de la esperanza,
incluso en la noche neoliberal.
De noche Abraham pudo ver
las estrellas de la promesa.
Bailemos la danza de la igualdad y del compartir
contra los altos muros del lucro y la exclusión.
Las murallas de la Jericó del capital
caerán bajo las trompetas de los pobres organizados...
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Virtudes públicas o laicas
en José Ortega y Gasset
Por Francisco Margallo
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Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia