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..."La acumulación de poder y recursos, nota
característica de la economía contemporánea,
es el fruto de la ilimitada libertad de los
competidores, de la que han sobrevivido sólo
los más poderosos".
Pío XI Quadragessimo anno.
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Las huelgas generales que se han realizado recientemente en Francia y en España ponen de manifiesto que el mundo del trabajo no acaba de ser aceptado como un factor fundamental para la vida de los pueblos en Europa y en todo el mundo.
Concretamente en la Constitución española los sindicatos ocupan un lugar relevante. No podía ser de otro modo, ya que ellos representan la justicia de los más débiles. Sin embargo, a pesar de que los sindicantos desempeñaron un papel tan importante en el tránsito de la democracia española, todavía siguen siendo el agente pobre en ella, porque no se cuenta con ellos a la hora de las reformas sociales y laborales, como pide la Constitución.
El fundador de Comisiones Obreras, Marcelino Camacho, bien pudo considerársele un gran cristiano, a pesar de su aparente irreligiosidad, porque a los cristianos se los conoce por sus obras, por sus buenas obras. Y él gastó toda su vida defendiendo a los trabajadores de los abusos del capitalismo al que tanto fustigó el Papa Pío XI en la encíclica Quadragéssimo Anno, como veíamos días pasados.
Hoy conocemos a muchos cristianos que han seguido su ejemplo militando en Comisiones Obreras y que contribuyeron mucho a la consolidación de la democracia política y económica, a la paz social y laboral. Una paz que no se ha logrado con las armas, sino trabajando por la justicia en los puestos de trabajo. Cristianos que siguen tomando una clara posición junto a los trabajadores ante esta crisis laboral que padecemos.
La mayoría de ellos son personas austeras que no se dejan arrastrar por el pseudoideal del confort, ni se rinden fácilmente ante el dios consumo, como ordena a sus fieles la economía de mercado. Ciertamente son militantes politizados con la política solidaria del evangelio y acogedores de los emigrantes de los pueblos pobres.
No se puede olvidar tampoco que en este mismo período el sindicalismo contribuyó mucho a lograr la libertad de los trabajadores frente al otro facista de la dictadura. Era urgente que el nuevo Gobierno, ya reforzado y renovado, se reuniera con los agentes sindicales y volvieran a la mesa del diálogo social, cosa que está sucediendo en este momento. Esperamos que continúe y redunde en beneficio del trabajo y de los trabajadores, porque la vida del hombre/mujer es un quehacer. Sin trabajo no hay vida.
www.porunmundomasjusto
Miércoles, 30 de mayo
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
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Juan Jáuregui Castelo
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José Arregi
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