
Fotografía de Bonhoeffer
en la portada del libro
Cristianismo y Secularidad
de Francisco Margallo Bazago
El tema del laicismo a que se ha referido el Papa Benedicto XVI en su visita los dos últimos días a Santiago de Compostela y a Barcelona, ha suscitado nuevamente la polémica, que mantiene un sector de la Conferencia Episcopal Española. Una polémica con la que preteden recuperar el poder que tenían en tiempos del Estado confesional y en la sociedad de cristiandad.
El espíritu de los teólogos del Concilio Vaticano II, que optaron por una Iglesia libre en un Estado laico o aconfesinal, ambos independientes y soberanos cada uno en su campo, es ahora motivo de conflicto.
La Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual dice así: Si por autonomía de las realidades terrestres se quiere significar que las cosas creadas y las sociedades mismas tienen sus leyes y sus valores propios, tal exigencia de autonomía es absolutamente legítima y responde a la voluntad del Creador (GS 36, 2).
El hecho de que el Gobierno español trate de ponerse a tono con los Estados modernos de Europa, lo tachan algunos obispos de laicista y de querer privar a los católicos y a toda organización religiosa de intervenir en la vida pública y en la sociedad. No se concibe a la luz de la doctrina conciliar que la Iglesia quiera imponer al Estado las leyes que estén en consonancia con su doctrina.
El sector conservador del episcopado no es consciente de que la Constitución pastoral citada se propuso entrar en diálogo con el mundo laico o secularizado de nuestro tiempo. En su negativa a esta apertura del Concilio pone de manifiesto que añora todavía la situación de cristiandad, que el teólogo Yves Congar consideraba finiquitada. He aquí su argumentación: Con la noción de mundo y la nueva apreciación del orden temporal, que aporta el Vaticano II, desaparece el antiguo régimen de cristiandad, que mantenía al mundo en estado infantil, porque lo absorbía la Iglesia.
En consecuencia, ha desparecido "el peligro de agustinismo político, que consiste en hacer depender la validez de las estructuras y las actividades temporales de su conformidad con la fe y el orden sobrenatural".
El empeño de devolverle la religiosidad a la sociedad actual es inútil, porque cada vez será más secularizada. Por tanto, si queremos comprenderla y comunicarnos con ella hemos de hacerlo en su inexorable secularidad.
Más aún, para la teología surgida del Concilio la secularidad del mundo moderno no es hostil a la fe, al contrario, el poder histórico de la fe acepta la secularidad del mundo y actúa liberando a este a la vez que se libera a sí misma de sus ancestrales mitificaciones.
En definitiva, la laicidad del Estado no es una desgracia para la fe cristiana, en todo caso será una desgracia para las falsas representaciones del cristianismo que se han hecho en el transcurso del tiempo.
(Francisco Margallo, Cristianismo y Secularidad. Manual de Nueva Teología Política Europea. Ed. Tirant lo Blanch, Valencia 2007, 128ss).
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EL CRISTIANISMO PURO es un movimiento originalmente laico con un anhelo eterno por alcanzar la trascendencia humana y la sociedad perfecta. Que ha soportado los cambios de paradigmas que se han dado en el devenir, los seísmos, la reforma luterana, la contrarreforma, etc. Porque puede enfocarse de diversas maneras y enmarcarse en diferentes contextos, culturas, modelos y religiones; de todas maneras permanece inmutable. Debido a que la doctrina de la trascendencia humana que Cristo ilustró y predicó, tiene un valor genérico y universal; por ello, pudo injertarse al judaísmo y mantenerse en el oscurantismo privado de la luz de la razón durante dos milenios, sin asfixiarse, cegarse o extinguirse. Y también puede enmarcase en el helenismo, el hinduismo, el budismo, el sufismo. Y crecer y desarrollarse en el ateismo, el humanismo, el empirismo, el escepticismo, el misticismo, el positivismo, la nueva Era, la modernidad, la post modernidad, racionalismo, y el sincretismo. El reto es sacar el...
Antonio, en parte puede que tengas razón en tu apreciación, pero la Iglesia también es culpable, en principio, porque el sector conservador de la jerarquía, que hoy es mayoritario, no se aviene a aceptar la doctrina conciliar y eso es grave y, además, es negar la evidencia de una sociedad mayoritariamente laica. Los padres conciliares veían mejor el futuro que nuestra jerarquía refugiada en el pasado. Aquellos quisieron a tiempo instaurar el diálogo con el mundo moderno, hoy, aunque quisieran, ya es tarde. Más que centrarse en negar la laicidad, deberían haber desarrollado toda la riqueza doctrinal sobre el mundo que contiene el concilio, en favor de un mundo más justo y más humano. El cristianismo, en definitiva, no es más que un servicio al hombre y al mundo.
Te anuncio que próximamente voy a publicar un libro en Internet , Virtudes pública o laicas en Ortega. Ya lo iré anunciando.
Un saludo
En mi modesta opinón, en estos tiempos la laicidad y la aconfesionalidad que se pretende instaurar desde el Estado, desde el gobierno que lo rige, no son sino términos que enmascaran un afán profundo de degradación y ataque, por otras razones, a todo lo que huela a religión católica. Pervierten los conceptos para utilizarlos como pantalla y ariete. En el fondo pudiera estar de acuerdo.
Precisamente Bonhoeffer es el ejemplo de cómo lo cristiano debía afrontar el inevitables secularismo, las reflexiones de Bonhoeffer eran muy lúcidas, lástima que desde el catolicismo no haya habido teólogos de este calado, y no es cuestión de "ser modernos", fijémonos lo "moderno" que ha sido siempre un cardenal como el danés Danels y su desastrosa y mezquina gestión de los casos de pederastia en su administración.
Lo que más me gusta (y me intriga), don Francisco, es lo seguro que està Vd. de sus opiniones. Ya gustaría a mì estar la mitad de convencido que Vd. Lástima que, en mi modestìsima opinión, esté Vd. equivocado (quizá por exceso de bondad - que no es mi caso-). Por cierto: antes del Vaticano II (que no definió nada que tuviera que ser aceptado por los católicos) tambien existìa Iglesia y Concilios... ¡A ver si va a resultar que quieran "imponer" dogmàticamente sus ideas para derribar, por dogmàticas, las opiniones de otros!
Cordialmente,
David, el Papa no se ha esforzado por poner en práctica la doctrina del C. Vaticano II, La evangelización del mundo conlleva la apertura y la aceptación del mundo con sus características propias seculares. De no hacerse así, como dice el Concilio, se predica en el desierto.
Es evidente, Hypatia, que la función del Papa y de la Iglesia en general deben ser revisadas, dado que no han sabido dar la respuesta de apertura y diálogo con el mundo laico que el Concilio ha diseñado.
No es un secreto que el actual papa se halla enfrascado en la reforma de la reforma del Concilio Vaticano II. Está claro que no se puede manifestar en contra de un trabajo realizado con tan amplia base. Sigo con la idea de que el "servicio petrino" debería volver a considerar la colegialidad de los obispos y el principio de que el de Roma debía ser como mucho "primus inter pares".
Pero vamos a ver. ¿Qué dijo el Papa, que no esté en sintonía con el Vaticano II?
Explíquese.
Va resultar ahora que la Sta Pajín da lecciones al Papa sobre lo que es un Estado aconfesional.
En resumen: ¿Estamos en un país libre, democrático, con división de poderes, en el que se puede hablar, opinar, proponer...etc.?
¿O estamos en una dictadura?
¡Qué miedo a la libertad, madre mía!
Me alegra, Hypatia, coincidir con tus maestros. Es señal de que siguen la teología surgida del Concilio Vaticano II, que una buena parte de la jerarquía y del clero no saben ni que existe. De ahí que el diálogo con el mundo secular y laico que pretende el Concilio no acabe de cuajar.
Un saludo
Esto es lo que me enseñaron mis mentores sacerdotes. Meridianamente claro.
Miércoles, 30 de mayo
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo
José Manuel Bernal
Sor Gemma Morató
José Alegre
José Arregi
Jose Gallardo Alberni
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.