El Blog de Francisco Margallo

Teología de Ignacio Ellacuría (curso)

26.10.10 | 10:00. Archivado en Teología de liberación
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Capítulo Primero
Historia de salvación y salvación de la historia

(Cont)

Jesús mediador de la historia salvífica

El mediador por antonomasia que se ha dado en la historia es Jesús de Nazaret. De su mediación hay que subrayar dos aspectos: el encarnatorio, por el que mediante su figura y quehacer históricos se hace presente Dios entre los hombres; y el redentor, por el que reconcilia históricamente al hombre pecador con Dios. Junto a ellos, dándole su configuración histórica concreta, está el aspecto mediador del seguimiento, por el que la vida de Jesús se hace verdad de Dios para el hombre y del hombre para Dios y camino por el que el hombre accede a Dios y viceversa.

Esta estructura encarnatoria y mediadora es la que nos lleva a buscar mediaciones que den carne en la historia al reino de Dios, pero mediaciones que no subordinen el reino de Dios a ellas mismas ni medien otra cosa distinta. El reino de Dios implica la presencia de Dios en el mundo de los hombres, por eso no se consideran válidas como realización del reino cualquier tipo de acciones; tampoco pueden tener una orientación meramente trascendente o puramente humana, sino que ha de unir ambos extremos.

La mediación ha de ser tal que, al buscar la salvación de la historia, es decir, la plena humanización del hombre y de la sociedad, no cierre al hombre sobre sí mismo, sino que le lleve a encontrarse con quien es mayor que el hombre y que la historia. En definitiva, una salvación histórica que no conlleve solidaridad humana no es salvación histórica ni historia de salvación; y una salvación histórica que no abra al hombre a lo que le trasciende, no puede ser signo de Dios, no puede ser historia de salvación ni plena salvación de la historia .

Diego Gracia, en su artículo ya citado en La pasión por la libertad, hace notar que la realización de la salvación de Dios en la historia, tal como Ellacuría la concibe, lleva consigo que la historia sea el lugar de la realización de la ética. La historia no está hecha, es un proceso de creación de posibilidades humanas abierto al futuro, en el que navegan juntos el cristianismo y el mundo hacia un mismo destino. Su tesis es que el hombre tiene la obligación de encargarse de la realidad histórica y que cargar con ella es un imperativo ético. Imperativo que no sólo obliga al hombre individualmente, según el idealismo, ni sólo como miembro de una clase social, caso del marxismo, sino como sujeto a la vez individual y específico y como miembro solidario de la humanidad.

I. Influencia de la filosofía de Zubiri en la teología de Ellacuría

La obra teológica de Ignacio Ellacuría se cimenta sobre una nueva base filosófica. Con su acercamiento a Zubiri ha ido abandonando la filosofía sustantiva o metafísica y asimilando la nueva filosofía procedimental o práctica. Esta no es teórica ni especulativa, sino que intenta tomar parte en la solución de los problemas que aquejan a la sociedad, centrándose en los temas ético y político fundamentalmente. Eso es lo que se llama ahora filosofía práctica, como sinónimo del pensar posmetafísico.

El objetivo de la nueva filosofía no es ya pensar el mundo, sino transformarlo, según la conocida crítica de Marx a los filósofos. En su último análisis, Ellacuría considera la filosofía como una reflexión intelectual sobre los problemas reales o, si se prefiere, sobre la verdadera realidad de los problemas de la vida real en toda su totalidad y ultimidad. Por consiguiente, la actividad filosófica implica que se está viviendo con toda la fuerza de la inteligencia.

Lo que no significa que se esté en una actividad puramente contemplativa, porque los conceptos filosóficos han de ser históricos, efectivos y reales. Ahora que ni siquiera la ciencia ofrece verdades de construcción permanente, escribe V. Verdú, vuelve la filosofía, pero esta vez pertrechada con el lenguaje ético y político que el mundo necesita. Así la tratan hoy los filósofos de más actualidad, entre ellos nuestro autor.

A Ellacuría el proyecto filosófico idealista le resultaba inviable después de la muerte de Hegel, por eso dirige su atención a Marx y estudia el marxismo en profundidad, lo que le valió que se le tachara erróneamente de marxista. Su intención, sin embargo, como afirma Diego Gracia, fue acumular materiales para la construcción de una filosofía práctica y el marxismo representaba una gran contribución en dicha materia.

La acusación de marxismo que se hace a su teología y a la teología de la liberación en general, se desvanece con la reflexión que hace Garaudy: cristianismo y marxismo no se pueden poner en el mismo plano, porque estaríamos poniendo en frente dos ideologías y la fe cristiana, que es el centro de la teología de la liberación, no es una ideología. Tampoco lo es el marxismo, que es un método para entender el mundo y transformarlo. Sin embargo, se complementan mutuamente, porque el marxismo ha aportado a la fe cristiana su dimensión histórica militante, y el cristianismo vivido en el marxismo puede aportar a éste apertura y trascendencia .

En este momento es cuando Ellacuría se encuentra con Zubiri, que sentía un gran aprecio por el pragmatismo filosófico hacia el que nuestro autor se había orientado ya con Ortega. También se acerca a Heidegger, Ser y Tiempo, con cuya filosofía entró en contacto a través de Rahner en Innsbruck (Austria), y en él es notable la huella del marxismo, que, posiblemente, le llegó a través de Lukács.

De manera que el verdadero pensamiemto filosófico actual no es ajeno al tema del pragmatismo y Ellacuría encontró en Zubiri muchas sugerencias a este respecto, puesto que al filósofo vasco le atrajo siempre la filosofía práctica. Por consiguiente, lo que él hizo fue aprovechar ese filón de la filosofía zubiriana y proponer un modelo de filosofía realista y práctica superior a los entoces vigentes. Como he indicado, antes del encuentro con Zubiri Ellacuría se había sentido atraído por el pragmatismo vitalista de Ortega, le había estudiado e incluso había publicado algunos artículos sobre su filosofía .

Bibliografía
Í. Ellacuría, 'La teología frente al cambio socio-histórico en América Latina', en RLT 12 (1987); Id., 'Teorías económicas y relación entre cristianismo y socialismo', en Conc 125 (1977).
I. Ellacuría, Teología política, 4, 8-9
V. Verdú 'Filosofía', en El País 29-V- 1999.
D. Gracia, 'Teología práctica',La pasión por la libertad
R. Garaudy/E. Balducci, El cristianismo es liberación
Sígueme 1973.
A. González, 'A0roximación a la obra filosófica de I. Ellacuría, La pasión por la libertad
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www.porunmundomasjusto

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Francisco Margallo [Blogger] 26.10.10 | 22:16

    Sí, Dubian, ese es el mensaje bíblico, Dios se revela como Padre de todos nosotros y Jesucristo como mediador y salvador del género humano, que como tal tiene que ser anunciado al mundo entero. Entonces, siguiendo su mensaje, será posible un mundo en paz. Pero para eso es preciso traducir este mensaje al lenguaje del hombre secularizado, que sólo se siente motivado por el testiminio de vida que demos los cristianos. Ellacuría perdió su vida en ese intento.
    Un cordial saludo

  • Comentario por Dubian E Duque A 26.10.10 | 18:03

    Jesucristo serâ predicado a todas las naciones como el Salvador, las naciones para Jesucristo, adios al ateismo, el nuevo orden mundial llega cuando aceptemos a Jesucristo como nuestro Dios y salvador, nuestra vida pertenece a Dios, El nos da la paz verdadera; leamos la Santa Biblia ella nos explica mejor

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